Palimpsesto: Revisitar el estallido social sin lacrimógenas ni perdigones
Hasta el domingo 23 de octubre se puede visitar Palimpsesto, instalación fotográfica y sonora que revive el ambiente del estallido social, llevando la calle a una sala del Centro Gabriela Mistral GAM.
‘El derecho de vivir en paz’ recibe a quien cruce el umbral de esta exhibición que permite sumergirse en los días de revuelta popular en Chile. Como muchos fotógrafos, Alexis Díaz (1977) también salió a la calle a partir del 18 de octubre. Tras fotografiar gente, marchas, enfrentamientos, su lente se enfocó en los muros de la zona cero. Esta conversación sucedió entre gritos, rayados y un perro ladrando, acaso un eco del Matapacos.
“Mamá: si no llego fueron los pacos”
Con estudios de Economía y una maestría en Fotografía por la Universidad de Valencia, Díaz ha desarrollado un extenso trabajo como fotógrafo. También se ha desempeñado como editor, creando la editorial de fotografía Haikén; y más recientemente, se estrenó en la curatoría al organizar la exhibición Plebiscito en Chile, 1988 de Álvaro Hoppe en el Museo de Arte Contemporáneo MAC. Por el tiempo del estallido cursaba un diplomado de Antropología Visual en la Universidad Católica. Quizás de ahí la mirada etnográfica con la que abordó este proyecto, que contó también con la participación del Laboratorio de Antropología y Arqueología Visual de la UC.
Eligió tres muros, el edificio de la Telefónica o Movistar, el GAM y la calle Irene Morales, los que registró en forma sistemática dando cuenta de sus cambios en un lapso de seis meses. “Fue un fenómeno global, potente y uno tenía conciencia de estar viviendo un momento histórico”, dice en medio de la exhibición. En el día de la marcha más grande grabó en video el mural de Gabriela Mistral en el cerro Santa Lucía y vio que estaba rayado. “No nos callarán”, decía. Se dio cuenta que debía registrar los muros de una manera expansiva para abarcarlos en su totalidad. Comenzó a tomar panorámicas de los tres puntos escogidos de manera periódica, lo que es la base del proyecto y puede verse al comienzo de la muestra. Los tres muros aparecen tal como estaban el último día antes del confinamiento por la pandemia. En la página web del proyecto se aprecian los cambios de los tres puntos desde el 29 de octubre al 22 de marzo. La exhibición podría ser infinita.
Así como empezó por una consigna, para cerrar buscaba algo que se refiriera a la pandemia, y lo encontró. “Lo hizo la brigada Chacón y lo pegó en el GAM: ‘El modelo no se toca ni por una pandemia’. Tac, lo tengo, dije”, recuerda. Después no se pudo salir a la calle y la vitalidad de los muros se fue perdiendo.

“Hasta que valga la pena vivir”
La poesía es revolucionaria porque siempre trastoca espacios y los va diciendo de formas distintas. La palabra escrita en la calle significa un espacio letrado, un espacio con letra de la calle, letra popular que nace ahí mismo, y ojalá ese sea un lugar de memoria, de la memoria del estallido. Carmen Berenguer
“Pacos macumberos, lumeros”, lee la poeta Carmen Berenguer en la puerta de su casa en Plaza Dignidad. Justamente en esos tiempos sacó un libro con ese nombre. En 40 años ha visto el devenir del país desde Plaza Italia, Baquedano, hoy Dignidad. Su testimonio, junto al del fotógrafo Claudio Pérez, la antropóloga Francisca Márquez, la música aymara Sandra Caqueo, el historiador e investigador del Centro de Estudios Interculturales e indígenas Claudio Alvarado Lincopi, el diseñador Eduardo Castillo, el artista visual Caiozzama, y otrxs figuras de la cultura, puede oirse y verse a un costado de la exhibición.
“El primer muro elegido fue el GAM porque tenía un desarrollo gráfico bien potente, pero también cumplió funciones super estratégicas durante el estallido. Fue un lugar donde se debatió, se conversó, se hicieron seminarios, brigadas de salud adentro, y el oriente era como campo de batalla, y además por todo el peso histórico y político del edificio, de la UNCTAD con Allende, sede de la junta de Gobierno con Pinochet, y la recuperación del edificio con Bachelet”, señala Alexis Díaz.
Varios artistas salieron a la calle y adaptaron sus obras al paste up, otros como Caiozzama venían trabajando en la vía pública desde antes. Sus obras comenzaron a dialogar con expresiones populares anónimas, que convirtieron estos espacios en una especie de collage colectivo, un palimpsesto como el nombre del proyecto aludiendo a pergaminos antiguos en que un texto se escribe sobre otros.
Se constituyeron así contramonumentos populares a contrapelo de la historia oficial con otros símbolos antipatriarcales, que fueron dando cuenta de los temas pendientes además de la desigualdad social: los derechos humanos, la violencia de género, el derecho al aborto libre, la necesidad de verdad y justicia, el dónde están.
Son tantas las consignas que uno de alguna manera se enfrenta a esta suerte de cadáver exquisito dadaísta con una serie de frases que como lector y espectador uno va leyendo e hilvanando en su experiencia. Eduardo Castillo, diseñador y magíster en Artes Visuales.
Los ojos de Catrillanca, Gustavo Gatica sonriendo, Camiroaga de Superman y con el ojo sangrante, Gabriela Mistral de bototos y con la bandera negra. Los muros fueron la expresión de los deseos, de la rabia, de los sueños postergados y del derecho a homenajear y hacer memoria. “Piñera a la cárcel”, “La calle no se suelta”, “Lucha como Gladys”, “Si no vuelvo quemen todo”. Y de pronto todas las direcciones fueron 1312. En todas partes se leyó ACAB, enardeciendo aún más a la policía. No quedó un centímetro de la piel de la ciudad sin escribirse.
“Y la culpa no era mía ni dónde estaba ni cómo vestía”
Como un muro de los lamentos define Díaz el costado de la Telefónica, que era golpeado constantemente generando el sonido caracterísitico de la protesta: las piedras contra el metal mientras cientos de cucharas de palo golpeaban las ollas en todo el país. “El edificio representa el modelo neoliberal, en términos de la empresa de telecomunicaciones de capital extranjero, fue un edificio representativo cuando éramos los jaguares en los 90; tenía toda esa carga, por lo tanto también había que registrarlo”, explica.
Estamos acostumbrados a una ciudad ordenada con los muros siempre pulcros. Pero somos todos un poco dueños de los muros de la ciudad. Mucha gente se enteró de cosas ahí; solo podíamos hacerlo en los muros. Caiozzama, artista visual.
El tercer lugar escogido fue la esquina de Irene Morales con Alameda, convertida hoy en una gran animita para recordar a Mauricio Fredes, quien perdió la vida tras caer a una fosa con agua cuando escapaba de Carabineros. Ahí actualmente figuran también los rostros de otras víctimas de la violencia policial durante el estallido. Así como Baquedano y su caballo amanecían con rayados que eran borrados con la pintura censuradora para ser vueltos a rayar una y otra vez, los muros y rincones de la zona cero fueron parte de un gran “contramonumento”, en que el ciudadano común se arrogó del derecho a reconstruir el espacio público para dar cuenta de sus propios héroes, de sus propios anhelos y esperanzas, a contrapelo de la historia que nos han querido contar. Ofrendas en el árbol de la vida, ropa intervenida y colgada en memoria de quienes ya no están, y el Jardín de la resistencia, dan cuenta de una espiritualidad popular.
El espacio público es de todos, nada tiene que ver con la propiedad privada. En lo público siempre está la posibilidad de manifestarse. Francisca Márquez, antropóloga.

Con la llegada de la pandemia, Díaz se puso a analizar el material que tenía. Había captado el detalle de los muros por fragmentos. “Reconstruir cada muro era una pega infinita porque el GAM por ejemplo está construido como por 50 imágenes, la Telefónica por 40, el otro por 12”, relata. Cada sector fue registrado además unas 13 veces. Finalmente comenzó a pensar en una gran exhibición, y en proyectar estas imágenes en lugares emblemáticos de la lucha social, la resistencia, las tensiones con los pueblos originarios y los temas pendientes en materia de justicia. Fotos de las calles de la zona cero proyectadas en Humberstone, un cerro con geoglifos, Pisagua, un centro de detención y tortura en Puerto Montt, un bosque milenario en el sur de Chile, pueden verse en la segunda parte de la exhibición. Y lo más espectacular quizás, es un video a pared completa que muestra los cambios en los muros del estallido acompañado de un paisaje sonoro creado por la artista Ana María Estrada con los sonidos que fueron parte de las manifestaciones junto a otros vinculados a la historia chilena de las últimas décadas, como el mar o el desierto aludiendo a la desaparición forzada.
La exhibición va acompañada de microvideos con entrevistas a distintas personalidades del mundo social y cultural que permiten leer mejor estos muros, y reflexionar sobre lo que sucedió en esos días álgidos en que los ojos del mundo estuvieron puestos en Chile. Este sábado 22 de octubre a las 17:30 horas se realizará la última visita guiada, antes del cierre de la exhibición al día siguiente.
Todo el sistema económico de este país sigue regido por la dictadura de Pinochet. El fotógrafo es peligroso para el sistema, porque tú estás ahí, son tus ojos, es tu espíritu, estás consciente. El anhelo de la población de estallar uno también lo tenía. Claudio Pérez, fotógrafo
Más información en: palimpsesto.info



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