Artista chileno expone en Buenos Aires obras inspiradas en “El ladrillo” de los Chicago boys y reflexiona sobre la economía de la dictadura

Patrick Hamilton presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires esta muestra que invita a reflexionar sobre la política económica de la dictadura chilena.

Aunque se dio a conocer públicamente recién en 1992, el libro conocido como “El ladrillo” fue escrito en la década de los 70, cuando Salvador Allende aún estaba en el poder. Ese documento, que criticaba la economía de ese entonces calificándola de cerrada, inflacionaria, regulada y desequilibrada, proponía una diametralmente opuesta.

Redactado por varios economistas egresados de la Universidad de Chicago y conocidos como Los Chicago Boys, ese libro se convirtió en la base de la política económica de Augusto Pinochet y un ejemplo de la aplicación de la economía liberal en su estado más puro e implacable. Con “El ladrillo” como una suerte de glosario de reglas sagradas se liberaron los precios internos, disminuyó el volumen del sector público y las empresas de estado, se fijó un tipo de cambio e instauró una política de descentralización comercial, monetaria, fiscal, tributaria y se privatizó la previsión y la seguridad social. Ese modelo que para sus detractores es frío, individualista y uno de los grandes culpables de la desigualdad, todavía es aplicado en Chile, inclusive en democracia.

“El ladrillo” y su propuesta ha sido trabajado los últimos años el artista nacional Patrick Hamilton y es el tema central de la exposición que abrió en varias ciudades del mundo como Madrid y Ciudad de México y ahora lo hace para el público argentino, en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires.

Titulada simplemente “El ladrillo”, la muestra contiene obras de factura simple pero de gran significado compuestas con materiales de construcción como ladrillos, guantes de seguridad, lijas, entre otras herramientas como también imágenes y objetos.

El artista nacional residente por varios años en España se encuentra en Buenos Aires debido a actividades en torno a esta exposición y desde allí explicó su atracción por el tema.

¿Qué fue lo que te hizo interesarte en El ladrillo, elaborado por los llamado Chicago Boys, para tomarlo como tema de tu obra?

-La historia es larga. Estudié Arte en la Universidad Arcis y en la Chile y tuve profesores que fueron muy importantes e influyentes para mi desarrollo artístico e intelectual como Nelly Richards, Pablo Oyarzún, Francisco Brugnoli, Guillermo Machuca, entre otros. Es decir, un grupo bastante importante. En ese momento, empecé a leer cuestiones vinculadas a la economía y a la relación entre arte y política y así, desde el inicio de mi formación, abordé esos cruces. En específico, a partir de 2016, me interesé en cómo y porqué se implantó el modelo neolibreal en Chile y allí nació el proyecto de los Chicago boys y llamé El ladrillo a una serie de exposiciones que he hecho en varias ciudades y que tienen tres acepciones: uno es el nombre del libro que rectaron estos economistas y que fue la base de la política económica de Pinochet. Otra es que El ladrillo fue como se conoció en España la crisis del mercado inmobiliario. Es que me interesaba ese arco que va del ladrillo como construcción de un modelo y esa crisis que fue provocada por la especulación y la desregulación brutal de los mercados financieros. En tercer lugar, está el ladrillo como objeto físico, que lo ocupo mucho para fabricar esculturas dentro de la misma muestra.

¿Qué es lo que te gustaría que provocara esta muestra en las personas que la visiten?

-Ufff. Ayer vino un tipo super de derecha y estaba enojadísimo con mi exposición porque pensó que era “una vinculación mañosa y retorcida, típica de la izquierda, entre la violencia de Estado ejercida por los militares en Chile y las medidas económicas que ese mismo gobierno tomó”. No me había pasado nunca que alguien reaccionara con violencia y con desprecio hacia la muestra. Yo me considero un artista conceptual y para nada activista o que esté pensando en reivindicar grandes causas. Soy bastante más modesto y no tengo aires de redentor. Lo que hago es simplemente poner sobre la mesa o en los muros ideas y conceptos para generar una reflexión. Creo que la función del arte es mirar bajo la alfombra, de manera distinta. Es ese caso mirar un proceso social desde el filtro del arte.

– Pero en su opinión, ¿qué provocó en la sociedad chilena el modelo neoliberal de El ladrillo?

-Produjo riqueza pero también mucha desigualdad y una sociedad enferma con esa idea de consumir, del tener, pero también cosas positivas. Por ejemplo, nací en un Chile pobretón, blanco y negro, sin brillo, muy conservador y en los años 90, empezó a cambiar y todos nos beneficiamos de alguna manera de ese crecimiento sostenido. La apertura económica hizo que mucha gente tuviera acceso a cosas que antes les era imposible. Pero, claro, en Chile también hubo concentración económica, casos de corrupción donde la justicia no ha funcionado bien. A los tipos que se coluden y roban millones nos les hacen nada o los mandan a cursos de ética, pero el que se roba un celular se va a la cárcel. En fin, como digo el modelo tiene tanto partes positivas como negativas, que debían haberse corregido mucho antes.

-¿En qué está trabajando ahora que ya está terminando de exponer El Ladrillo?

– Estoy trabajando en un proyecto sobre el desierto de Atacama y el cobre, porque esa relación me interesa mucho ya que tiene vínculos, económicos, políticos, está vinculada a la guerra. Existen episodios como la historia de la nacionalización del cobre, decisión de Allende que en parte explica el golpe militar…

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