La marea verde lo consiguió: Hoy en Argentina el aborto es legal

El Senado aprueba la ley de interrupción voluntaria del embarazo con 38 votos a favor y 29 en contra. Para las feministas se trata de un hito histórico, la victoria de una lucha de más de treinta años que ahora abre el camino a otras batallas, para que la legalización del aborto sea aplicada y efectiva en todo el territorio nacional.


Un grito de miles de voces llena la plaza del Congreso a Buenos Aires. Son las 4 y 17 minutos de la madrugada y la interrupción voluntaria de embarazo es ley en Argentina. El sector de los pañuelos verdes estalla de cantos, abrazos y muchísima conmoción; del otro lado de la plaza, la parte celeste asume la derrota. Fueron 12 horas de intenso debate en el Senado mientras miles de mujeres lo acompañaban desde las calles y las principales plazas del país.

“No lo puedo creer, es una gran victoria, es la victoria de las compañeras de otras provincias que no tienen posibilidad de ir a un hospital tan rápido, las que viven con pocos recursos, es un grado más de libertad”, dice Beatriz que aguantó la vigilia junto con varias amigas hasta la aprobación. 

El Senado era el desafío de este año, donde en 2018 el proyecto de ley sobre el aborto fue rechazado a pesar de que la masiva concentración feminista estuvo empujando la decisión hasta el último suspiro. Hoy, con el resultado de 38 votos a favor y 29 en contra, las argentinas lograron reescribir la Historia.

Este año, el movimiento feminista contaba con una ventaja, el actual presidente Alberto Fernández había declarado su intención de llevar de vuelta al Congreso el proyecto de ley, que fue votado junto con el llamado “Programa de los Mil días”, pensado para extender las ayudas del Estado sobre las mujeres embarazadas y sobre los primeros años de vida del nacido. Además, el extenso debate que acompaño el voto en el 2018 se instaló en las casas, en las escuelas, en los lugares públicos y sacó definitivamente el aborto del tabú el cual estaba confinado.

Los pañuelos verdes, símbolo de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito que trabaja hace 15 años en Argentina, dieron la vuelta al mundo surfeando la ola feminista que despertó en los últimos años movilizando las generaciones más jóvenes junto a las mujeres que históricamente han levantado esta lucha. 

Condenadas por abortar  

“Yo estoy acá porque aborté cuando era adolescente, y estuve muy sola en ese momento”, confiesa una joven mujer. Tiene ganas de contar su historia. Está sentada en la plaza, los ojos pintados con glitter verde, así como la niña que le sostiene la mano. “Hoy estoy acá con mi hija, que elegí tener años más tarde, pero esa soledad es algo que no tienen que vivir las chicas hoy”, relata. En sus palabras se encuentra una de las principales características de la marea verde que abrazó la lucha por el aborto libre: Reconocer en otras mujeres la propia historia y así aunar fuerzas, perder el miedo y avanzar juntas hacía el reclamo de un derecho fundamental.

Así lo explica Celeste McDougall, 39 años, profesora: “La lucha por el aborto es un asunto central en los feminismos, la gran palanca de la historia, que es en definitiva la lucha por la autonomía de los cuerpos”. Celeste empezó a conocer el feminismo a los 19, yendo a los Encuentros Nacionales de Mujeres, y hace diez años viene militando en la Campaña, hoy es una de sus referentes. Cita a las feministas francesas retomando un concepto que, explica, sigue válido hoy para enfrentar el patriarcado: “Si no logramos la independencia de nuestros cuerpos, la batalla política ni siquiera puede comenzar”.

En Argentina, hasta el día de ayer, interrumpir el embarazo ha sido posible sólo en caso de riesgo para la vida o la salud de la mujer o si era fruto de una violación. En el resto de casos estaba sancionado con hasta 4 años de cárcel, como ocurrió por ejemplo con Belén, la joven tucumana privada de libertad por un aborto espontáneo en 2014, que abrió un amplio debate en la sociedad argentina y fue finalmente absuelta después de dos años y medio de encierro.

Como Belén – nombre ficticio usado para proteger su identidad – hay muchas mujeres sometidas a judicialización, incluso cuando el aborto correspondería a una de las causales que están despenalizadas desde 1921. La Campaña, junto con el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales ) y el Centro Universitario San Martín realizaron un informe donde recopilan datos sobre la criminalización por aborto y otros eventos obstétricos en la Argentina a partir del 2012 hasta hoy. Denuncian la sistemática falta de datos estadísticos por parte de los órganos judiciales, y aún así pudieron rastrear 73 casos de criminalización en noticias de prensa, mientras la información oficial de doce jurisdicciones arrojó 825 causas por aborto y 37 por eventos obstétricos.

En Argentina se registran alrededor de 450 mil abortos al año. Además de la penalización, el aborto realizado de forma clandestina representa la tercera causa de muertes maternas, y son más de 45mil los egresos hospitalarios por aborto incompleto que se registran cada año en el país.

Otro problema relacionado con la penalización del aborto es la vulneración de los derechos humanos de niñas y adolescentes forzadas a llevar a término un embarazo, que muchas veces es fruto de violaciones y abusos sexuales sobre todo dentro del entorno familiar. A este propósito, el Comité de los Derechos del Niño alerta sobre el mayor riesgo de experimentar síntomas depresivos y desarrollar pensamientos suicidas al cursar un embarazo en esa edad en comparación con las personas adultas. En 2018 fueron 87.118 las menores de 20 años que tuvieron un hijo en Argentina, y de ellas 2.350 eran niñas entre 10 y 14 años.

Tucumán es la provincia que más ha perseguido los casos de aborto. De allí vienen Belén y también Lucía, otro nombre de protección elegido para una niña de 11 años abusada y embarazada por su abuelastro de 65. “Estuvo internada durante un mes en el cual se dilató y se obstaculizó la interrupción, y donde todos los trabajadores de salud se declararon objetores de conciencia”, contó en el debate plenario de Senadores la invitada Cecilia Ousset, médica católica objetora, que terminó realizando el aborto de Lucía. “En realidad no todos eran objetores pero estaban asustados, porque la fiscal penal de la provincia había mandado oficio al hospital para que no se realice la interrupción”, explicó la doctora, mostrando como el mapa de la pobreza por provincias en Argentina coincide con el voto contra el aborto de los gobernadores.

La objeción de conciencia es uno de los puntos donde el proyecto de ley aprobado hoy difiere de la histórica propuesta de la campaña, como apunta la activista Jamila Picazo: “Para nosotras es importante no regular ningún tipo de objeción porque en la práctica se utiliza para obstaculizar el acceso a todos los derechos sexuales y reproductivos”.

Por otro lado Jamila reconoce que la legalización “es un hecho realmente histórico, se va a poder saldar esta deuda de la democracia y es un punto de partida, porque sabemos que las leyes pueden ser muy buenas pero después hay que aplicarlas y garantizarlas”.

La larga lucha por los derechos

Está de acuerdo con esta lectura Marta Alanis, integrante de Católicas por el Derecho a Decidir e activista histórica por el derecho al aborto. “Ahora, primero vamos a festejar, luego haremos una plenaria nacional y decidiremos qué pasará con la campaña: queda mucho para hacer después de la ley, porque la resistencia que van a poner los sectores conservadores en los hospitales va a ser grande”, comenta. 

Católicas en Argentina se fundó hace tres décadas y siempre promovió el derecho de las argentinas a decidir sobre sus cuerpos. “Trabajamos para que el Estado sea laico, pensamos que cuando una institución religiosa pretende imponer sus creencias al resto de la población, está siendo antidemocrática y no está respetando al conjunto de la población”, explica Marta, que ve en la última generación un gran enriquecimiento del movimiento feminista.

“Con el pañuelo y el feminismo las jóvenes volvieron a tener una cuestión identitaria que no hubo por varias décadas. Celebramos la revolución de las hijas, la revolución de las nietas”, dice Marta y sonríe.

La composición actual del feminismo argentino es muy diversa, porque su genealogía tiene muchas capas. Así lo describe Luci Cavallero, socióloga que indaga los cruces entre feminismo y economía. “Es innegable el papel y la herencia de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, pero también encontramos el movimiento piquetero de 2001 así como el movimiento peronista, que convive y confluye en pensar a la fuerza feminista como el relanzamiento de un proceso democrático”.

Hay diferencias, evidencia Cavallero, pero “confluimos en un vocabulario común, nos encontramos en acciones como el paro de mujeres, o como la lucha por el aborto legal”, explica.

El ciclo feminista de los últimos años obliga a repensar categorías clásicas según Veronica Gago, a preguntarse “Qué significa que las organizaciones, incluso las clásicas como los partidos y los sindicados, se han visto impactadas y conmovidas por la militancia feminista en su interior, que a la vez desborda estas instituciones: hay una relación que se va complejizando y le da fuerza a las feministas dentro de esos espacios”.

Las dos intelectuales coinciden en caracterizar el movimiento de la “marea verde” como un feminismo de masas, “porque tiene muchas genealogías, pero nunca existió en la escala que tiene hoy” argumentan, y al mismo tiempo hacen hincapié en su radicalidad, en distintos planos.

“El análisis y la definición de lo que hoy son las violencias, conectando las machistas con las económicas, financieras, políticas y del extractivismo permite hoy al feminismo formular un diagnóstico más fino de qué significa la violencia neoliberal en su complejidad”, concluye Verónica Gago, “y al mismo tiempo la narración de estas violencias no queda impotente, en el rol de víctima, al contrario muestra una capacidad de hacer, de incidir en la realidad”, concluye.

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