Cultura B

Tash Sultana: Espíritu callejero

Escribir sobre Tash Sultana es tan fascinante como desafiante. Al ser una persona no binaria, en sus entrevistas prefiere que la prensa se refiera a elle usando el pronombre neutro “they/them” –el “they singular”, como le llaman los lingüistas–, un privilegio que no tenemos en el idioma español, y que nos ha obligado a buscar alternativas no aceptadas aún oficialmente. Como “elle”. Y así, del mismo modo en que nos invita a tensionar y replantearnos el lenguaje tradicional hacia uno inclusivo con perspectiva de género, la música de Tash Sultana opera bajo los códigos del pop y el blues usando sus propias reglas y matices.

Escribir sobre Tash Sultana es tan fascinante como desafiante. Al ser una persona no binaria, en sus entrevistas prefiere que la prensa se refiera a elle usando el pronombre neutro “they/them” –el “they singular”, como le llaman los lingüistas–, un privilegio que no tenemos en el idioma español, y que nos ha obligado a buscar alternativas no aceptadas aún oficialmente. Como “elle”. Y así, del mismo modo en que nos invita a tensionar y replantearnos el lenguaje tradicional hacia uno inclusivo con perspectiva de género, la música de Tash Sultana opera bajo los códigos del pop y el blues usando sus propias reglas y matices.


Hace unos meses, la artista estadounidense Alexandra Savior usaba una de sus historias de Instagram para criticar la idea de “jam session” o improvisación, por tratarse de un modo patriarcal de enfrentarse a la interpretación musical sobre el escenario: competitiva, intimidante, individualista. Sin duda, un punto de vista interesante para poner en tela de juicio un modo de performance comúnmente muy valorado entre músicos y públicos cercanos al jazz, el blues y el rock clásico, especialmente en tiempos en que, por fin, estas instituciones estilísticas de la música popular –de histórica hegemonía masculina y heteronormada– están siendo redibujadas y resignificadas por artistas de géneros distintos al masculino heterosexual. Cuando vi la performance en vivo de Tash Sultana –joven artista de origen australiano– no pude evitar recordar esta idea.

«Al parecer, cuando era muy pequeña andaba por la casa tomando cualquier cosa con forma de guitarra, pero cuando cumplí tres años mi abuelo me regaló una real, así que empecé desde ahí y ahora, no sé, lo tengo en la sangre», declaraba en 2015 a Live Sessions. Y claro, aunque sus mayores despliegues de virtuosismo los podemos ver cuando toca la guitarra, Tash Sultana toca alrededor de 20 instrumentos y se hace cargo de absolutamente todo en sus canciones. Al revisar cualquiera de sus videos en YouTube –tocando en la calle, en su pieza o en un festival masivo–, lo que más resalta es su habilidad con las seis cuerdas, el uso de múltiples pedales, el beatboxing y el elemento clave: los loops, que le permiten construir sus canciones a gusto.

Si bien elle habla de que lo suyo es realmente el reggae (‘Jungle’, su canción más conocida, va por ahí), los estilos que visita en cada canción son varios: desde una habilidad que roza lo innato para el blues y rock psicodélico gracias a la guitarra y su virtuosa voz, hasta una sensible cercanía con el indie pop, gracias a contagiosos ritmos construidos en base al beatboxing y los loops. La mejor muestra de su versatilidad y destreza para moverse entre estilos es Flow State (2018), su único LP a la fecha, aunque en ‘Pretty lady’, su último single, retoma más decididamente el pop.

Las canciones son lo suficientemente buenas para defenderse solas, no obstante, es la forma en que Tash Sultana se presenta en vivo uno de sus principales activos. «Terminé el colegio y, obviamente, tenía que encontrar un trabajo. No conseguí ninguno, solo me despertaba todos los días sin tener idea lo que quería hacer, caí en una profunda depresión, y mi mamá era como ‘tienes que conseguir un trabajo’, así que encontré uno y lo odié. Ahí dije: ‘no, tengo que hacer esto de otra forma’, así que empecé a tocar en la calle. Tocar en la calle me salvó la vida».

Con la música urgiendo salir por los poros, Tash comenzó a tocar sus canciones en las esquinas más cotizadas por los artistas callejeros del centro de Melbourne, Australia. Con el loop pedal como su mejor amigo, además de la guitarra y su voz, durante años los transeúntes pudieron gozar viendo cómo las canciones se iban construyendo capa por capa, toda una demostración de grabación musical en vivo. Ya como artista en plena consolidación, los asistentes a la edición 2018 de Lollapalooza Chile tuvieron la posibilidad de ver este espectáculo sobre el escenario. Lo que tenían frente a sus ojos era toda una jam session individual, sin competencias ni atropellos darwinianos, generando capas sonoras a veces con calculada precisión, otras dejándose llevar por el sentimiento infinito del solo de guitarra. Una forma de mantener viva la intensidad de la improvisación acorde con los tiempos y que desafía los tradicionalismos.

El plan para el 2020 era editar un segundo disco llamado Terra Firma, pero, ante todo, lo más sorpresivo fue su anuncio de que comenzaría a presentarse en vivo con una banda. Si bien aún no hay nombres, hasta ahora se sabe que ésta estaría compuesta por tres multi-instrumentistas y su rol en el grupo está bastante claro:  «Soy muy de blanco y negro. No es como, ‘Tash Sultana tiene banda y todo se va a dividir en cuatro partes’. Son músicos de sesión. Tienes que estar bien con eso y quererlo. Yo escribo las canciones y tú le puedes agregar lo tuyo, lo que aprecio porque todo el mundo tiene su propio estilo», señalaba a principios de este año a NME, cuando recién la pandemia comenzaba y sus efectos aún no estaban del todo claros.

En esa entrevista, también dio luces sobre la ética de trabajo que espera: «tienes que ser capaz de tocar tu parte, lo que no es muy difícil. Tienes que portarte bien y no hacerte mierda en alcohol y drogas. Porque si no llegas a la hora a la prueba de sonido, o si llegas en mala forma, te agarras el próximo avión de vuelta». Considerando que el formato solitario forma parte del ADN del trabajo de Tash Sultana, esta apuesta por lo gregario es arriesgada y cabe la opción de que lo cambie todo. Podría quitar el vértigo a sus presentaciones, o bien llevarlas a un nivel insospechadamente superior. Lo esperamos con ansias.


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