¿Hasta cuándo ANID financia a investigadores con comprobadas faltas a la ética?
Es preciso destacar que la principal responsabilidad ética de este engranaje de malas prácticas recae sobre el investigador Claudio Hetz, sin embargo, también involucra a la universidad patrocinante, pues el actuar de la Universidad de Chile en este caso es a lo menos cuestionable.
Quiero abordar una crítica desde las ciencias sociales al financiamiento público de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) a investigadores con comprobadas faltas a la ética como es el caso del académico de la Universidad de Chile Claudio Hetz.
El caso de Claudio Hetz es paradigmático en varios sentidos. Por una parte, la soberbia y la falta de autocrítica del investigador es escandalosa, pues a pesar de haber reconocido la adulteración de imágenes en sus papers y además haber sido cuestionado en una veintena de publicaciones científicas por inclusive una experta mundial en fraudes científicos como es Elisabeth Bik, igualmente se presenta para competir por fondos públicos para financiar sus investigaciones (Interferencia, 2022).
Y, por otra parte, es paradigmático porque la misma casa de estudios a la que pertenece Hetz y que lo investigó por faltas a la ética, comprobando la veracidad de estas acusaciones, al mismo tiempo, le prestó patrocinio institucional para postular al concurso Fondecyt Regular 2022, del cual hoy es uno de los investigadores con proyecto adjudicado.
Es preciso destacar que la principal responsabilidad ética de este engranaje de malas prácticas recae sobre el investigador Claudio Hetz, sin embargo, también involucra a la universidad patrocinante, pues el actuar de la Universidad de Chile en este caso es a lo menos cuestionable.
A pesar de lo anterior, me parece que más allá de la controversia con la institución patrocinante, es necesario cuestionar el rol de ANID en el financiamiento de proyectos de investigación.
Hay un listado de aspectos que el Ministerio de Ciencias, Tecnología, Conocimiento e Innovación debe abordar con seriedad durante este nuevo trayecto político que nos convoca a través de la revuelta social y del proceso constitucional: nivelar las brechas de género existentes, abordar y proponer cambios sustentables en materia de implementación de nuevas tecnologías, hacerse cargo en términos de políticas públicas del financiamiento para el capital humano avanzado que forman y que luego queda eternamente cesante, en fin, el listado es largo y el desafío es enorme. Sin embargo, aquí a un punto central que atraviesa transversalmente la conversación científica y es la pregunta de ¿para qué se investiga?
En esa interrogante existe un imperativo ético que en el caso de Claudio Hetz se obvia sin mediar cuestionamiento, porque ¿qué pasa en otros casos, por ejemplo, cuando se investiga con seres humanos? ¿Se puede consultar a distintas personas, comunidades o pueblos para obtener la información que queremos y luego repetirla sin diferenciar identidades, proyecciones futuras, modos de ser, prácticas cotidianas, etc.? ¿Y en esta repetición de resultados ganar fondos públicos, publicar papers, obtener patrocinios institucionales y hacerse reconocido como académico?
Mi crítica (y autocrítica por cierto, pues soy parte de este mundo académico) desde mi campo de estudio que son las ciencias sociales , es la necesidad de que la academia haga un reconocimiento al histórico rol colonial que ha sustentado en la obtención de datos y en el manejo de información y que dicho reconocimiento vaya de la mano con transformaciones en las prácticas éticas de investigación, para que se posibilite la construcción de una academia menos elitista que deje de absorber el conocimiento local para beneficio propio, sin generar metodologías y mecanismos que permitan una devolución equitativa de lo entregado por las comunidades (Tuhiwai, 1999).
En este sentido es válido también preguntarse acerca de ¿cuál es la formación en ética de la investigación que imparten los programas de posgrados? ¿Cuán éticamente preparados salen a investigar los académicos/as en Chile? ¿Es una materia que les importa a las Universidades en la formación científica que ofrecen?
Mi impresión sobre este punto es que la ética en la investigación no es abordada con la seriedad que amerita y que más bien se trasforma en una temática subyacente, que se asume como sabida, pero que no se trabaja a un nivel institucional ni mucho menos desde un enfoque crítico-reflexivo del rol que la investigación puede y debe cumplir en los distintos ámbitos del desarrollo humano y científico.
Ahora bien, ninguno de estos argumentos es válido para el caso de Claudio Hetz. Nadie medianamente involucrado en temas científicos podría asumir que no sabía lo que estaba haciendo o que manipuló datos sin darse cuenta -a pesar de que la Universidad de Chile señale en su declaración pública de que el investigador no tuvo la intención de defraudar-.
El tema pasa por ¿qué viene después de este escenario repetido en el tiempo? ¿Esto queda en simplemente la molestia de un sector de la comunidad científica? o bien podemos llegar a impulsar desde todos los ámbitos involucrados/as -sujetos de estudios, investigadores, ANID, rectores, universidades-, cambios significativos en materia de ética de la investigación para mejorar la calidad de la relación investigadores-sujetos/objetos de estudio y conocimiento?
Lo digo porque no puede ser que los estándares éticos del investigador/a no sean considerados al momento de adjudicar financiamiento público por parte de ANID. No puede ser que un académico tenga comprobadas faltas a la ética y a nadie le importe.
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