Opinión

Los errores de Boric y el regreso de la prepotencia tecnocrática

¿Hay algo más ideológico que creerse dueño de una verdad que, según se cree, está por sobre las ideologías? Por más que se crea que tras la economía no hay política, lo cierto es que sea quizás el área más politizada de los últimos treinta años en Chile. Quienes defendieron el relato posdictatorial, subyugaron el ejercicio de la política tradicional, institucional, al dogmatismo de quienes creyeron ser los portadores de una verdad revelada.


                   

Debido a la situación económica que atraviesa el país es que los canales de televisión y radios han repletado sus pautas noticiosas de economistas. Los medios escritos no se han quedado atrás publicando cada vez que pueden a expertos contándonos qué es lo que sucede en un área tan importante para el funcionamiento de una sociedad. De pronto el lenguaje economicista se volvió a tomar toda la conversación nacional. Sobre todo la presidencial.

Un ejemplo claro ha sido las críticas que varios de profesionales han realizado a las propuestas económicas de Gabriel Boric. Han escrito columnas no solo haciendo énfasis en los errores que ellos creen que hay en sus planteamientos. También han usado un tono burlesco al referirse a la experiencia o falta de esta que tendrían quienes forman parte del equipo del candidato de Apruebo dignidad. Esto, como siempre, lo hacen desde cierta “neutralidad” inexistente, refugiándose en su calidad de técnicos, tal vez no necesariamente para esconder una postura, sino porque parecen estar convencidos de que sus posiciones político ideológicas no permean su visión del panorama económico.

Claramente no hay problema en que personas expresen su molestia o su espanto frente a ciertas propuestas de candidatos presidenciales. La labor de especialistas en ciertos temas, algunos de suma relevancia, es precisamente hacer apuntes, reflexiones sobre algunas cuestiones que llamen su atención. Sin embargo, en Chile la crítica “técnica” muchas veces es un cuestionamiento político soterrado, bañado de la supuesta imparcialidad que dan los números y las lógicas de mercado que, para algunos, están por sobre cualquier visión ideológica.

¿Hay algo más ideológico que creerse dueño de una verdad que, según se cree, está por sobre las ideologías? Por más que se crea que tras la economía no hay política, lo cierto es que sea quizás el área más politizada de los últimos treinta años en Chile. Quienes defendieron el relato posdictatorial, subyugaron el ejercicio de la política tradicional, institucional, al dogmatismo de quienes creyeron ser los portadores de una verdad revelada.

El problema con los números de Boric, digámoslo, ha colaborado bastante a esto. Al equivocarse en cifras, y al ser una de las principales amenazas para el relato tecnocrático nacional, se ha transformado en objeto de burlas de parte de un “sentido común” que ha establecido que para gobernar se necesita ser un repetidor incesante de porcentajes e inversiones. Pero lo concreto es que no es tan así. Un gobernante tiene otra tarea. Es quien debe saber tomar decisiones, mirar a largo plazo y delegar cuando es justo y necesario.

Sin política no hay decisiones económicas pensadas ni mucho menos conversadas. A falta de ella es la imposición tecnocrática la que decide. Y eso es lo que hemos vivido en Chile durante años. Por más que hayamos tenido a los más grandes políticos de la última mitad del siglo XX encabezando la transición, lo que primó fue el raciocinio de quienes veían con desprecio que se tomara cualquier tipo de decisión sin los parámetros o estándares que ellos establecían como justos y necesarios. Y eso hizo, entre muchas otras cosas, que el 2019 fuéramos testigos de una de las mayores explosiones sociales de nuestra historia.

Por lo tanto, es fundamental recuperar el respeto por el hacer lo político. El “expertismo” es la negación de las contradicciones, las visiones opuestas y el debate democrático. Este, junto al relato de consensos, logró una mezcla en que todo ya estaba decidido de una sola manera de mirar la realidad y la historia. Su impermeabilidad respecto a la ciudadanía que había creado, hizo que esta explotara en mil partes y que hoy todavía estemos recogiendo los pedazos.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Francisco Méndez
Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.
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