Opinión

      ¿Vendrá el bingo?

Don Francisco vuelve, una y otra vez, levanta a Chile, “ayuda a Chile”, moviliza al país para “solidarizar” frente a las “tragedias” que lo remecen. Si no es Don Francisco, será alguno que otro animador de alguna familia chilena que organiza un Bingo para costear los altos precios de la salud, en cuanto la “tragedia” y su “solidaridad” comprometida no solo envuelve al país en su totalidad sino a las familias en particular.

                                                 

Bajo el manto del término “solidaridad” el Chile neoliberal ha sido domesticado con el “bingo”. Digamos que por “bingo” entiendo una institución paradigmática de Chile, donde cabe cualquier colecta, campaña pública o privada para recabar fondos en razón de financiar los costos que alguna “tragedia” produjo.

Sea a nivel familiar, donde miles de familias organizan “bingos” para pagar los costos de la enfermedad de algún familiar, sea a nivel nacional donde la Teletón cumple con el objetivo de, año tras año, no solo lavar la imagen del empresariado y construir un dispositivo de “integración” ilusoria donde “todos somos iguales” gracias al espectáculo y nuestra “donación” sino también, permite efectivamente financiera a una institución que ayuda a quienes ha sufren de alguna discapacidad.

Todo bajo el manto de la “tragedia” que, como un destino fatal, imprime la inevitabilidad del desastre y convoca las pulsiones más arcaicas de nuestro catolicismo bajo el término “solidaridad”.

Don Francisco vuelve, una y otra vez, levanta a Chile, “ayuda a Chile”, moviliza al país para “solidarizar” frente a las “tragedias” que lo remecen. Si no es Don Francisco, será alguno que otro animador de alguna familia chilena que organiza un Bingo para costear los altos precios de la salud, en cuanto la “tragedia” y su “solidaridad” comprometida no solo envuelve al país en su totalidad sino a las familias en particular. Todos a la intemperie, todos frente a la crudeza del destino cuya inevitabilidad pareciera ser “natural” y necesaria.

No cabría más que las campañas de “solidaridad”: colectas para scout, colectas para los huérfanos, colectas para la cruz roja, luego bingos, fiestas o eventos varios para financiar operaciones de salud caras y finalmente, enormes cuotas de espectáculo para movilizar a un país y ofrecer la ilusión de la “integración” social vía el show como compensación  de la desintegración generalizada a nivel estructural.

No habrá capitalismo neoliberal chileno sin los dispositivos mediáticos de “solidaridad”. Para ser más exactos: no habrá capitalismo neoliberal chileno sin el clivaje que opera entre “tragedia” y “solidaridad”, en la medida que éste “naturaliza” la situación de precariedad económica y social que el propio capitalismo neoliberal produce.

No quiere decir esto que dichos dispositivos no sean eficaces en recabar dinero suficiente para financiar lo que haya que financiar. Quiere decir, más bien, que si el neoliberalismo no es un simple sistema económico sino un conjunto de dispositivos de control que producen subjetividad, éste despliega mecanismos de sugestión mediáticas que permiten naturalizar la precarización que el propio sistema produce constituyendo  a un sujeto que “acepta” sin más la condición “trágica” que ha sobrevenido.

Así, el orden chileno aparece como si fuera “natural”, evidente, absolutamente inmodificable y sólo administrable gracias a la “solidaridad” de su gente. En otros términos: el mecanismo del “bingo” que la misma sociedad articuló para sobrevivir al orden político y económico instaurado desde la dictadura, es fetichizado por la narrativa del poder invistiéndolo como si fuera la “gran gesta”, el “gran triunfo” de “todo un país” cuando en realidad, no es más que la sobrevivencia de un pueblo apabullado frente a un orden que favorece a los multimillonarios.

Después de las lluvias (invierno) o los incendios (verano) que asolan al país chatarra, después que nos machaquen con la idea de que todo es una gran “tragedia”, probablemente vendrá el “bingo”, la verdadera institución social de Chile. Así, el circuito podrá seguir adelante, sin necesidad de apelar a derechos sociales, de transformaciones estructurales en favor de las mayorías, en suma, sin requerir plantear el problema político de nuestra “tragedia”.

Porque ¿qué es la “tragedia”? Una máquina mitológica que ensambló la oligarquía desde el golpe de Estado de 1973 cuyo orden estuvo a punto de peligrar a partir de los sucesos desatados desde 2019 y que hoy, bajo el gobierno de Kast, no solo pretende consolidarse sino renovarse para inmunizar al orden oligárquico de la impugnación de la multitud. En Chile no hay “tragedias” hay un régimen de dominio feroz que condena a todo aquél a sobrevivir vía el “bingo”.

Así, la máquina Estado-Capital puede dormir tranquila, mientras sus sacerdotes del espectáculo puedan entretenernos con el próximo bingo por venir.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Rodrigo Karmy
Sobre la autora / el autor
Rodrigo Karmy
Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.
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