Crítica de teatro “Boîte Bijoux”: A Chile le falta cabaret
Magdalena Max-Neef y Rodrigo Bastidas crean un homenaje vibrante a Eliana y Tomás Vidiella, reviviendo el espíritu irreverente del histórico Cabaret Bijoux, a cinco décadas de su debut. Humor, música y memoria teatral para un género que nunca debió dejar de tomarse en serio.
“No nos toman en serio”, dice Tomas Vidiella con decepción, mientras se desmaquilla en el camarín del teatro que él mismo fundó en plenos años 80. Su hermana y compañera de aventuras, Eliana Vidiella, lo consuela y le responde que el teatro que ellos hacen está infravalorado, y que pocos pueden hacer lo que ellos hacen: filas que dan la vuelta a la manzana en el Teatro Caupolicán. Esa escena no es un simple diálogo: es la tesis encarnada del montaje.
Boîte Bijoux, dirigida por Rodrigo Bastidas y protagonizada por Daniel Alcaíno y Magdalena Max‑Neef en el Teatro Nescafé de las Artes, desmiente con soltura y solidez ese prejuicio de que el género de la comedia es menor a otros como el drama o la tragedia. Porque si bien es un homenaje a la historia teatral de Tomás y Eliana Vidiella, precursores y maestros del género vodevil/café concert en Chile, no los convierte en estatuas patrimoniales, sino que hacen vivo aquel teatro popular de los Vidiella sin pedir disculpas y en todo su esplendor: rebozante de humor negro, coreografías y emociones por doquier.
No es un detalle menor. Tomás Vidiella fue considerado el pionero del café concert en Chile, y junto a su hermana Eliana, fundaron compañías de gran éxito comercial como Teatro Hollywood (1976), Anfiteatro Lo Castillo (1980) y El Conventillo (1983). Cabaret Bijoux, estrenada en 1976 en el Hollywood, llegó a convertirse en un hito popular, al punto de llenar varias veces el Teatro Caupolicán representando el mundo del travestismo mucho antes que lo hiciera Andrés Pérez con el personaje de Esperanza de La Negra Ester o que aparecieran las crónicas de Pedro Lemebel.
Por eso esta nueva obra no queda en la anécdota, sino que entra y revive una zona decisiva del teatro chileno.

El gran acierto de Boîte Bijoux es entender que un homenaje como este sólo vale si además funciona como el espectáculo que está destinado a ser. La obra alterna la intimidad del camarín de los Vidiella, la reconstrucción del montaje original de Cabaret Bijoux y una sucesión de números que sostienen un ritmo ágil durante sus dos horas. Esa estructura evita la solemnidad típica de un homenaje y deja aparecer lo más vivo de la propuesta: la química y la complicidad entre los personajes de los hermanos Vidiella.
Alcaíno captura la chispeza, la rapidez mental y el humor negro de Tomás sin caer en la caricatura; y Max Neef interpreta la ironía, los anhelos y el peso histórico de Eliana con una fineza que, de paso, corrige la desproporción de visibilidad entre ambos hermanos, en tanto Eliana nunca tuvo la misma visibilidad que Tomás adquirió por sus papeles en emblemáticas teleseries.
La dirección de Bastidas tiene todo bien aceitado y entiende algo esencial del universo Vidiella: la masividad no tiene por qué entrar en conflicto con la precisión, el perfeccionismo y los detalles. Y en esos detalles está la clave de la obra. Los pantalones rojos que utiliza Tomás, por ejemplo, refleja un aspecto crucial no solo de su personalidad, sino también de su arrojo de no esconder quién era y qué representaba en medio de la dictadura. Otras como la anécdota del auto Jaguar y la insistencia en la precariedad del oficio hacen que un espectador que no conozca la historia de los Vidiella salga con la sensación de haber rozado una intimidad verdadera.
Por eso Boîte Bijoux funciona perfecto como homenaje, sí, aunque podría aspirar a algo más fecundo. Como propuso Federico García Lorca en su Charla sobre teatro: “en vez de homenajes yo organizaría ataques y desafíos en cuales se nos dijera ¿A que no tienes el valor de hacer esto?” El desafío para esta producción sería salir de su zona de confort y presentar masivamente la obra en esos lugares donde el teatro tiene una infraestructura tan precaria -o derechamente no tienen- como la que poseía y representaba el teatro de los Vidiella.
Además, porque en esos escenarios menos rígidos que un Nescafé de las Artes y más cercanos al público, el vodevil y el cabaret que la obra invoca probablemente encontraría su forma más libre y justa. Allí el tributo dejaría de mirar sólo hacia atrás y volvería, como en la época de los Vidiella, a florecer en su máximo esplendor, aumentando el prestigio y el rol de la comedia en tiempos donde cada noticia es peor que la anterior.

Dirección: Rodrigo Bastidas
Dramaturgia: Rodrigo Bastidas y Magdalena Max-Neef
Elenco: Magdalena Max-Neef, Daniel Alcaíno, Magdalena Max-Neef, Claudio Olate, Claudio Castellón, Javiera Wayne, Blue Mary, Marianne Lukacs, Valentina Catalán | Elenco de bailarines: Isidora Artigas, Violeta Benavides, José Tomás Bresky.
Del 23 abril al 3 mayo — 20:00 hrs (dom. 19:00 hrs). TEATRO NESCAFÉ DE LAS ARTES.
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