Kast y el arte de hacer como si se dice todo sin decir nada
Hay gente muy desesperada porque Kast no contesta. Desde la campaña de Jeannette Jara tratan de que hable, que explique qué va a hacer, cómo, bajo qué estándares y de dónde va a sacar dinero.
La candidata oficialista intenta que el discípulo de Jaime Guzmán reconozca su lógica ignorancia acerca de todo, de lo que dice y omite, para que así quede en evidencia lo que, en el fondo, todos sabemos: el candidato de la derecha es sin dudas el menos preparado de su sector hasta el momento, más tomando en cuenta que Sebastián Piñera trataba de dar una imagen totalmente distinta, como si supiera incluso lo que no tenía la más mínima intención de conocer (se conoce que era experto en leer resúmenes de temas y no profundizar en ellos).
Sin embargo, nada da resultado. El semblante de Kast lo puede todo. Su tono calmado y hasta un poco adormilado, curiosamente, ha logrado transmitir seguridad de que sabe lo que no sabe y que, por la sola intención de querer acabar con las controversias sociales, acabará con ellas y traerá de vuelta el anhelado orden que habita en el inconsciente (cada vez más consciente) de todo habitante de estas tierras.
Sólo basta ver lo que está pasando en las fronteras del país. Únicamente porque José Antonio dijo que los migrantes no formalizados tenían menos de noventa días para irse por sus propios medios, muchos comenzaron a salir temerosos y seguros de que algo les pasaría, aunque parece bastante notorio que ni que él mismo sabe muy bien cómo hará lo que dice que hará para identificar y expulsar a quienes dice que expulsará.
Es el tono. La forma. Las palabras que articula son la clave para que se crea que ocurrirá lo que no sabe cómo se hará, y lo que hace que la estrategia de la centro izquierda, al lado, parezca desesperada y bastante impulsiva.
En un contexto en el que nadie quiere detalles sino sólo creer en algo que retóricamente pueda dar certezas, la excesiva preparación de Jara parece agobiante, demasiado política y detallada, llegando incluso a socavar la simpleza inicial que se le quiso dar a su candidatura.
La política, más aún hoy, es sensaciones, percepciones, establecer un relato que se sostenga no sobre la base de hechos, sino de pretensiones. La pelea es entre los que logran abrazar de manera correcta un relato, y no los que son lo suficientemente capaces para hacer lo que se sabe que son capaces de hacer. Una demostración de ello fue la caída de Carolina Tohá en las primarias oficialistas.
Es decir, el” hacedor” en esta elección no es aquel que más hace, sino el que logra que la gente le crea que, a pesar de su currículo, está determinado a hacer algo. Y eso, lamentablemente, hoy está del lado del candidato del Partido Republicano.
El arte de lo público, aunque se intente sostener lo opuesto, es hacer como si se dijera todo sin decir absolutamente nada y, aun así, lograr que te sigan y confíen en ti.
Decir mucho, en cambio, no es una estrategia de campaña, sino que parece más bien intentar demostrar lo que debe hacerse una vez en el cargo, antes de que lo asumas. Y todo parece indicar que no funciona.
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