Palestina y la falsa neutralidad
Y es que no son ni Hamás ni Hezbolá los objetivos de guerra de Netanyahu y su gobierno sino el pueblo palestino y su territorio.
“CARNICERÍA NETANYAHU “
Sin atención a público
ni por súplica.
Puertas cerradas
a toda palabra sollozo.
Oídos tapiados con muros
a lamentos de otros
a otra diáspora.
En los ventanales
se pega
una necro-actividad profesional.
Cuerpos faenados
cuelgan de los ganchos.
Es una carnicería.
Bajo la puerta
escurre un mar de sangre.
Baña nuestros pies
nuestro silencio.
(Elvira Hernández )
Es Elvira Hernández, Premio Nacional de Literatura
2024 quien desde la creación intenta exorcizar nuestros silencios. “Bajo la puerta/escurre un mar de sangre./ Baña nuestros pies /nuestro silencio “.
Digo silencios como sinónimo de omisión, de elusión, de ocultamiento…de complicidad ¡
Para romper esta afasia surge “ Palestina, Anatomía de un genocidio”, libro editado junto a Paulo Slachevsky y Rodrigo Karmy , y en el que convocamos en enero de este año a más de una decena de voces de intelectuales de origen tanto judío como palestino de distintas partes del mundo a reflexionar en torno a lo que luego del ataque de Hamas del 7 de octubre ya se develaba no solo como una masacre perpetrada por las fuerzas de ocupación israelí sino como un genocidio, como lo advertiría la propia relatora de Naciones Unidas para los DDHH del pueblo palestino, Francesca Albanese .
El libro nacía precisamente para interpelar la elocuencia de un gran silencio proveniente de los gobiernos de Europa y EEUU, de líderes de opinión, de intelectuales y de los grandes consorcios mediáticos, que desde una narrativa deshumanizadora desprovista de contexto histórico y de adhesión a principios básicos a los DDHH, y a la institucionalidad internacional exhibía los pormenores de “una guerra”, omitiendo que se trataba del ataque a un pueblo víctima de la ocupación colonialista de parte de un Estado que por 76 años ha desoído los acuerdos y recomendaciones de Naciones Unidas aplicando una política de limpieza étnica y apartheid sin precedentes en el siglo 21.
Por ello resulta significativo constatar que mientras se desarrollaba el genocidio en la franja de Gaza, que hoy cobra la vida de 42 mil personas , entre ellas 12 mil mujeres , más de 17 mil niñas y niños y de cerca de 100 mil heridos, Israel llevaba a cabo la mayor confiscación de tierras en Cisjordania en 30 años , en un claro intento de frustrar el establecimiento de un Estado Palestino, como lo denunció el periódico británico The Guardian el 20 de junio último , así como la intención de trasladar a 500 mil colonos israelíes a la Cisjordania ocupada.
Mientras escribo estas líneas que nos introducen a un libro que pone bajo la lupa distintos conceptos como por ejemplo antisemitismo o antisionismo bajo el cual se parapetan quienes niegan no solo el genocidio en curso sino el derecho a existir del pueblo palestino, vemos cómo recrudecen los ataques de las fuerzas israelíes en el Líbano buscando objetivos ahora de Hezbolá, mientras miles de civiles libaneses mueren por los bombardeos y líderes políticos importantes con arraigo popular, como Hasan Nasrala son brutalmente asesinados.
Se teme otra Gaza cuando siguen las secuelas de los asesinatos que nada tienen de selectivos a través de la detonación de diferentes aparatos de comunicación que provocó explosiones en mercados y otros lugares públicos en Líbano y Damasco, en la locura bélica de un Netanyahu para quien la expansión de su guerra es la continuación de sí mismo.
Es una carnicería dirigida por su propio dueño, como bien describe nuestra Elvira Hernández, de una dirigencia israelí que sigue haciendo caso omiso a cualquier resolución o llamado de la comunidad internacional.
Por ello este intento de escalar el conflicto puede leerse también como una clara respuesta del gobierno sionista a la histórica resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas que el 17 de septiembre último aprobó por 124 votos a favor, 42 abstenciones y 14 votos en contra que Israel ponga fin a su presencia ilegal en el territorio palestino ocupado a mas tardar 12 meses después de la aprobación de la resolución y cese inmediato de toda nueva actividad colonialista y evacué a todos los colonos del territorio palestino ocupado.
Además, la Asamblea General exigió en dicha resolución que Israel devuelva las tierras confiscadas desde que comenzó su ocupación en 1967 y permita que los palestinos desplazados regresen a sus hogares.
Y es que no son ni Hamás ni Hezbolá los objetivos de guerra de Netanyahu y su gobierno sino el pueblo palestino y su territorio, porque Hamas no está en Cisjordania y sin embargo, la última incursión de las fuerzas de ocupación israelíes a mediados de septiembre en Qabatiya, Cisjordania, ratifican esta tesis cuando leemos que soldados sitiaron casas palestinas, incendiaron vehículos y rodearon escuelas con excavadoras y gases pimienta; que en ese ataque siete palestinos fueron asesinados, y que luego se vieron imágenes de soldados israelíes arrojando cuerpos de palestinos sin vida desde una azotea de un edificio palestino, y a un soldado pateando uno de los cuerpos hasta lanzarlo al vacío.
Pero en Gaza el horror no tiene límites. Según el periódico británico The Independent, Israel utiliza escudos humanos con civiles palestinos incluidos niños menores de 11 años.
La ONG israelí Breaking the Silence, denunció que el uso de civiles es una práctica “ampliamente utilizada” y “sistemática” hace décadas por el ejército de ocupación.
Nadav Welman , ex soldado israelí, y directivo de dicha ONG expresó que “desde el 7 de octubre se han soltado todos los frenos. La forma en el que ejército israelí opera dentro de Gaza-con órdenes que nunca pensamos que oiríamos -se ha amplificado y se ha intensificado”
“Palestina, anatomía de un genocidio” demuestra que esto no partió el 7 de octubre como mañosamente algunos pretenden instalar degradando el debate público al omitir que se trata de una ocupación ilegal, de una colonización que, como señala Ilan Pappe, se basa en asentamientos y en el deseo de eliminar la presencia de los ocupados, hoy a través de un genocidio previo proceso de deshumanización impulsado por quienes otrora víctimas del horror del holocausto entierran su capital simbólico en los escombros de Gaza.
Sin embargo, más allá de la complicidad de gobiernos y consorcios mediáticos y pese a que cerca de 200 periodistas han sido asesinados en Gaza desde el 7 de octubre, en las calles y universidades de gran parte de las capitales del mundo se han desarrollado manifestaciones de repudio al horror cometido por las fuerzas de ocupación sionistas y de solidaridad con el pueblo palestino. Especialmente en los campus universitarios donde los jóvenes expresan su rechazo a que sus casas de estudios mantengan convenios con universidades israelíes involucradas en la locura sanguinaria de Netanyahu.
Me detengo entonces en el argumento de la supuesta neutralidad académica en este genocidio y cito un fallo de la Corte Internacional de Justicia -CIJ-que apoya el boicot a la academia israelí afirmando que es una “obligación” dado el apartheid y la ocupación de Israel en territorios palestinos.
Y es que nada se ha dicho de que gran parte de los académicos que defienden los derechos palestinos enfrentan censura, persecución y represalias por parte de las propias instituciones universitarias.
Que las universidades han apoyado abiertamente las campañas militares israelíes ofreciendo infraestructura, recursos e incluso reclutando estudiantes para labores de apoyo en redes sociales.
Que instituciones como la Universidad de Haifa han liderado campañas de apoyo a la guerra en Gaza.
Que profesores como la académica Nadera Shalhoub-Kevorkian, de la Universidad Hebrea de Jerusalén fue atacada públicamente y detenida por firmar una petición de alto al fuego en Gaza.
Que la Universidad de Tel Aviv recluta estudiantes para operar en redes sociales y contrarrestar las críticas al genocidio .
Que, en definitiva: “Las disciplinas académicas, los programas de grado, la infraestructura del campus y los laboratorios de investigación están al servicio de la ocupación israelí y del apartheid, mientras que las universidades violan los derechos de los palestinos a la educación, sofocan la investigación crítica y reprimen violentamente la disidencia estudiantil.”, como señala la destacada antropóloga y académica judía Maya Wind, en su libro “Towers of Ivory and Steel”.
De estos y otros temas trata Palestina, anatomía de un genocidio. Un alegato coral contra la complicidad, la indiferencia y la desinformación que une voces de judíos y palestinos por la justicia, la dignidad y la libertad del pueblo palestino y que nos habla también de la libertad y el coraje intelectual en tiempos de crisis cuando muchos prefieren guardar silencio y ocultarse en una falsa neutralidad.
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