Opinión

Milei, el sueño húmedo de la tecnocracia chilena

Las ideas que el nuevo socio de Mauricio Macri profesa son las que han alimentado el discurso de la derecha nacional. La imprudencia retórica del autodenominado “león” provoca pequeños orgasmos ideológicos en los feligreses y profetas de la religión gremialista/neoliberal que ha evangelizado la política y su relación con el Estado acá en nuestro país.

Cada cierto tiempo recordamos que los dueños del “orden” y la “prudencia” chilena tienen un carácter fanático y sumamente ideológico. Los economistas “serios” de derecha, que colman las páginas mercuriales o de otros medios, salvo honrosas excepciones, cuando ven un personaje que secretamente les parece interesante, no escatiman en formas de hacerlo notar, sin que a veces se den cuenta.

Un caso es Javier Milei, el nuevo Presidente de Argentina. El economista trasandino, a pesar de que se vea feo decirlo en público, enarbola ideas que al economicismo chileno le provocan algo de placer. Los “tecnócratas” ruborizados por la idea refundacional que permeó las cabezas “estallistas” de muchos de quienes querían hacer una revolución sin saber qué significaba eso, no tienen problema cuando escuchan que Milei quiere terminar con ministerios, con las más mínimas políticas sociales y hasta con el Banco Central de su país.

Al contrario, cuando el ex panelista de televisión argentina habla fuerte y se jacta de la radicalidad con la que entrará a gobernar, lo cierto es que pareciera haber algo de placer de parte de quienes acá condenarían que cualquier persona de izquierda osara en decir algo parecido.

Es cierto, el legado del peronismo, particularmente de su versión Kirchnerista, es un Estado pesado, inamovible, sumamente burocrático y hasta con un hálito de fracaso. La “estabilidad peronista” está construida a costa de un manejo económico al debe y de una mirada de la política que acá en Chile aún nos cuesta entender. De eso no debería caber ninguna duda. Sin embargo, la pregunta es si a una población acostumbrada  a una relación con el aparato estatal le vendría tan bien un quiebre tan brusco como el que el sucesor de Alberto Fernández quiere implementar. Teniendo en consideración que hubo una experiencia similar en los noventa, encabezada por Carlos Menem, guardando las proporciones del contexto, que no terminó nada bien.

En estas tierras eso no se cuestiona. Si bien la figura de Milei es demasiado pintoresca para quienes se perciben como los guardianes de la modernización chilena, cierto también es que sus pequeñas críticas u observaciones del personaje se remiten a asuntos “valóricos” o de “formas”, más no así de contenido.

Y esto no nos debería extrañar. Las ideas que el nuevo socio de Mauricio Macri profesa son las que han alimentado el discurso de la derecha nacional. La imprudencia retórica del autodenominado “león” provoca pequeños orgasmos ideológicos en los feligreses y profetas de la religión gremialista/neoliberal que ha evangelizado la política y su relación con el Estado acá en nuestro país.

Su desprecio hacia todo lo estatal y lo que signifique nutrir la idea de lo público y de la obligación de contribuir con lo que representa, es algo que quienes ejercen el poder económico comparten a cabalidad. Por lo que toda su locura, su desfachatez y su rabia pareciera ser un sueño húmedo de quienes ven extremismo en todo, salvo en lo extremo de sus convicciones.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Francisco Méndez
Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.
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