lunes, julio 15, 2024

¿Venceremos? ¿Vencerán?

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Se necesita una campaña ‘anti-progre’ que le hable a grupos como los evangélicos – conservadores en lo social pero no en lo económico – con un discurso anti-elite, pero pro-orden. Así se puede ganar las poblaciones urbanas con alta abstención y las zonas rurales derechizadas.  


En la primera vuelta de la elección presidencial chilena de 2021 Kast sacó la primera mayoría con un 27,91% – 2,08 puntos más que Boric que tuvo la segunda mayoría con 25,83%. Este resultado ha instalado una sensación de victoria irremontable en los fanáticos de ultraderecha. Pero ¿las primeras mayorías siempre ganan? ¿está la suerte echada? ¿será Kast el próximo presidente de Chile?

No necesariamente. En la primera vuelta de la elección presidencial peruana de 2016 Keiko Fujimori sacó la primera mayoría con 39,86% – una enorme ventaja de 18,81 puntos más que PPK que tenía la segunda mayoría con solo 21,05%. Sin embargo, en la segunda vuelta Keiko perdió. La mayoría no-derechista del país se unió contra Keiko, horrorizada por su promesa de indultar a su padre, un expresidente violador de derechos humanos, e indignada por el grupo de corruptos que la rodeaba. ¿Podría pasar lo mismo con Kast?

Si un gran frente democrático pudo derrotar a Keiko a pesar de su enorme ventaja inicial, Kast – con su margen de ventaja bastante más estrecho – fácilmente podría perder también. Hace tan solo un año 5.892.832 de personas – 78% del electorado – votaron “apruebo” en el plebiscito constitucional, pero ahora estos votantes o dividieron su apoyo entre los 7 candidatos presidenciales que se mostraron favorables a esa opción o se abstuvieron. El resultado de la segunda vuelta dependerá de la posibilidad de unir una parte suficiente de esta gente para vencer al único candidato presidencial que apoyó el rechazo.

Kast – el líder más intransigente de la campaña del rechazo – acaba de sacar 1.961.122 votos, 325.958 más que el rechazo en el plebiscito. Entre personas de derecha que no votaron en 2020 y uno que otro desencantado del desarrollo del proceso constitucional, Kast ya ha aglutinado a casi todos los partidarios de mantener la constitución pinochetista. Pero le falta convencer a la derecha pro-apruebo y los centristas que los temas políticos ahora son otros, que él no es una amenaza para la constituyente sino el único capaz de garantizar la tranquilidad necesaria para la recuperación económica pospandemia. Si lo logra, gana.

Entonces la re-unificación de la mayoría del apruebo requiere refutar este mensaje, ofreciendo una visión alternativa de paz, tranquilidad y estabilidad para la implementación de una nueva constitución que parará con los abusos del modelo actual. La idea de tener derechos sociales universales garantizados por un Estado de bienestar goza de una popularidad refrendada en la votación del plebiscito y la elección de los convencionales. Pero en una elección presidencial se debate otra cosa, ¿quién tiene el liderazgo suficientemente firme y decidido para gobernar el país mientras la convención debate el largo plazo? 

No es factible implementar derechos sociales sin proyectar un liderazgo fuerte, pero Boric no lo hizo. En la primaria la suma de sus votos con los de Jadue fue 1.750.889 mientras que en la primera vuelta sacó 1.814.809 – solo 63.920 votos más. En otras palabras, no logró ampliar su base de apoyo más allá de los seguidores de la coalición Apruebo Dignidad. La campaña presidencial de Boric fue tan desastrosa como la de primarias de Jadue porque las dos partieron del diagnóstico errado que la carrera estaba ganada y que solo importaba hablar con los ya-convencidos.

Este diagnóstico errado de Jadue produjo una campaña excesivamente beligerante, metiéndose en problemas comunicacionales innecesarios. Pretendiendo evitar estos errores no-forzados, el comando de Boric buscó una estrategia de desactivación de conflictos comunicacionales. Pero esto conllevó a otro error, haciendo que el candidato mantuviera un silencio pulcro sobre todos los temas que no le eran cómodos – migración, orden y seguridad – cediendo ese terreno a Kast.

Asumieron erróneamente que la popularidad de la agenda de derechos se traduciría automáticamente en la popularidad del candidato sin tener que demostrar liderazgo en estos tres temas potencialmente controversiales para su base. Seguir con esta estrategia podría regalarle la presidencia a Kast, por lo que el comando de Boric tiene que dejar su obsesión con desactivar conflictos para ir conquistando este terreno ajeno. Pero, ¿cómo hacerlo?

Para juntar nuevos apoyos Boric requiere tener claro el público objetivo. Podría crecer si, en una lectura simplificada de la primera vuelta, se asume que la masa electoral es de ‘izquierda’ en temas económicos, pero de ‘derecha’ en temas valóricos. En simple, la gente quiere derechos sociales con mano dura. La estrategia de sumar el apoyo de tecnócratas concertacionistas es un error. Para sobre simplificar otra vez estos ‘progresistas’ son de ‘derecha’ en temas económicos y de ‘izquierda’ en temas sociales – justamente lo contrario de los votantes que hay que sumar a Boric. Las mayorías están en otra parte.

Por eso no deben moderar el discurso económico sino simplificarlo. Hablar de un Estado no-subsidiario sino de bienestar es popular. La reactivación económica mediante un salario mínimo más alto financiado por subsidios estilo IFE-laboral también. En vez de quitar estas propuestas hay que añadir otras, como tener las policías en las poblaciones combatiendo el narcotráfico en vez de reprimiendo manifestaciones. En eso el problema no es programático sino comunicacional – no se necesita más detalles técnicos sino voceros cuyo lenguaje (verbal y corporal) traspase la burbuja progresista del barrio alto santiaguino.

La estrategia de evitar conflictos hizo que Boric no encantara al votante apruebo menos comprometido ni llegara a zonas rurales. La abstención llegó a 53% subiendo 4 puntos desde el plebiscito – donde había alcanzado su nivel más bajo desde el voto voluntario – volviendo a niveles de la elección presidencial de 2017. La segmentación territorial también fue brutal, con Parisi arrasando en el norte y Kast en el sur. Esto fue el resultado de hacer una campaña nacional sólo hablando por la prensa empresarial y TikTok, metiendo cuñas para la elite empresarial y los jóvenes progresistas.

Urge hablar por las redes más populares con gente mayor (WhatsApp y Facebook) y por medios comunitarios (especialmente las radios locales). Se necesita una campaña ‘anti-progre’ que le hable a grupos como los evangélicos – conservadores en lo social pero no en lo económico – con un discurso anti-elite, pero pro-orden. Así se puede ganar las poblaciones urbanas con alta abstención y las zonas rurales derechizadas. Movilizándose así, aumentaría la participación de segunda vuelta como ha ocurrido antes en Chile (de las 5 segundas vueltas desde 1990 la participación subió en 2 siendo el factor común la competitividad de la elección).  

Movilizar al electorado mediante el miedo al extremismo de Kast también sirve – la campaña de terror funciona para la derecha y puede usarse al revés. Pero no con consignas progresistas contra el ‘fascismo’ o el ‘patriarcado’ o los ‘cavernícolas’ – los eslóganes que fallaron contra Trump y Bolsonaro. Más bien hay que enfocar en lo concreto. Que los seguidores de Kast aplauden a los golpeadores de mujeres y que quieren sobre-endeudar al Estado poniendo en peligro puestos de trabajo. Un discurso así puede unir a una gran mayoría contra Kast. Pero requiere un cambio de estrategia ahora. ¿Seguimos? Ojalá …

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