Opinión

Sobre Karina, las empanadas, los torniquetes, la desconexión de la tele y los ministros de Kast: la culpa siempre la tiene el pueblo

A esos se les exige cumplir con el deber ético y moral de pagar su pasaje, mientras algunos de sus vecinos de Lo Barnechea, Chicureo o Vitacura, evaden impuestos, se llevan la plata a paraísos fiscales o ni siquiera le pagan las cotizaciones a su nana, a esos no se les exige nada más que unas clases de ética.

El otro día, me escribieron de un programa de farándula. Estaban hablando de mí. Querían que respondiera un comentario de Julia Vial: “El problema de la Ale es que siempre creía tener la verdad”, dijo. Curioso comentario viniendo de alguien que lleva más de veinte años haciendo el mismo tipo de programas, programas en que panelistas debaten, es decir, defienden un punto de vista. 

Resulta que por estos días, una periodista de la tele, que hace un programa en las tardes (en el que muestra las miserias de la gente como si estuviera mostrando la oferta del mes) se equivocó diciendo que las empanadas se hacen con dos masas. Ya, bueno, pensé yo, claramente no ha hecho una empanada en su vida y ¿qué tanto si no sabe cocinar?

Claro que la periodista, Karina Álvarez, la hizo de nuevo esta semana. Pero ahora no sobre una receta chilena, sino sobre algo mucho más importante: el transporte público.

“Uno no entiende”, dijo muy suelta de cuerpo, “por qué no aplicaron una solución tecnológica a cada bus, por ejemplo, torniquetes como los que hay en el metro, pero en la subida de los buses”. ¡Brillante idea!… El problema es que los buses sí tienen torniquete, ¡desde hace 20 años! 

Cómo se nota que no te subes a una micro en décadas, niña. Y ese no es un problema. Álvarez lleva años ganando un buen sueldo con su trabajo en CHV, seguramente se sube a su camioneta suburbana, llega al canal por las carreteras y no ve lo que pasa en esas misteriosas orugas llenas de gente. 

Pero ¿ni siquiera por interés sabe como son? Somos periodistas, tenemos el deber de ponernos en los zapatos de las personas para poder informar de mejor manera. Claramente, esta colega no lo hace y no recuerdo que algunos de mis compañeros en matinales y espacios faranduleros lo hayan hecho.

Karina fue un paso más allá, eso sí. Su discurso sobre que la gente debe pagar el transporte público y dejar de evadir, fue para apoyar la súper brillante idea del gobierno de poner un grupo de personas vestidas como policías gringos para evitar a esos “malulos”, que no pagan su pasaje.

¿Has pensado alguna vez, Karina, por qué hay personas que no pagan? ¿Sabes que hay choferes con muchísima más conciencia de clase que tú y que dejan pasar a las personas mayores que cargan con los pañitos de cocina que estaban vendiendo en la esquina del mall? ¿O conductoras que hacen la vista gorda con estudiantes que suben cansados, con grandes mochilas y maquetas?

Y quizás ahora te queda más claro Julita por qué me fui de la farándula, por qué cuando salí de la tele estaba agotada de personas como Karina Álvarez, personas que comentan la vida del ciudadano común desde sus autos de lujo, sin tener idea de cómo viven aquellos que se pasan hora y media apretados entre micro y metro, esos que ganan un poquito más del sueldo mínimo y hacen la bicicleta desde hace años, que no tienen aumento de sueldo mientras las cosas suben y suben. 

A esos se les exige cumplir con el deber ético y moral de pagar su pasaje, mientras algunos de sus vecinos de Lo Barnechea, Chicureo o Vitacura, evaden impuestos, se llevan la plata a paraísos fiscales o ni siquiera le pagan las cotizaciones a su nana, a esos no se les exige nada más que unas clases de ética. 

¿Qué tienen que ver los desayunos de los niños y niñas de las escuelas rurales con la elusión de impuestos? Nada. ¿Qué tienen que ver los recortes en los hospitales con las colusiones de las farmacias? Nada. ¿Qué tienen que ver las cotizaciones de las nanas con las pensiones miserables? Nada. Según gente como Karina y el ministro De Grange, la culpa la tiene esa chusma inconsciente, que salió a las calles indignada y luego votó por Kast, creyendo que el pije de ojos azules y corbata le iba a solucionar la vida, mientras se suben a la micro por atrás ante la mirada cómplice de la chofer y los demás pasajeros. Porque al final, todos los que estamos ahí, sabemos que la culpa siempre la paga el pueblo.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medios de comunicación hegemónicos.