Opinión

“Quien controla el pasado controla el futuro”: Contra la canonización de Sebastián Piñera Echeñique

Bien podría pensarse, que este escrutinio en exceso bondadoso sobre Piñera está enmarcado por una regla cultural insuperable: “No se debe hablar mal de los muertos” sin embargo, existen antecedentes suficientes para indicar que estamos en presencia de una operación política que lleva un par de años, la cual intenta, mañosamente y cada vez con más éxito reescribir la historia reciente de este país.

Ahora la democracia, que tiene miedo de recordar, nos enferma de amnesia; Pero no se necesita ser Sigmund Freud para saber que no hay alfombra que pueda ocultar la basura de la memoria.

       

                                         Eduardo Galeano.

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George Orwell, célebre escritor británico, nos dejó en su novela “1984” un auténtico tratado político. En aquel texto, Orwell nos enseña lo horroroso de los regímenes totalitarios y nos advierte, con excepcional inteligencia los mecanismos utilizados para su consolidación. Reflexiona Orwell allí, en torno a la verdad, y nos comenta, que existen aparatos, máquinas, y dispositivos, capaces de instalar relatos, marcos y certezas, inclusive, a contrapelo de relatos, marcos y certezas que estuvieron presentes durante largo tiempo en una sociedad. Diremos con Foucault años más tarde: “La verdad también se inventa”

“El Ministerio de la verdad dijo que Oceanía nunca había sido aliada de Eurasia. Él, Winston Smith, sabía que Oceanía había estado aliada con Eurasia cuatro años antes. Pero, ¿dónde constaba ese conocimiento? Sólo en su propia conciencia, la cual, en todo caso, iba a ser aniquilada muy pronto. Y si todos los demás aceptaban la mentira que impuso el Ministerio de la verdad, si todos los testimonios decían lo mismo, entonces la mentira pasaba a la historia y se convertía en verdad”

Por supuesto que la inteligencia humana, hoy por hoy, lejos está de aquel tipo de control mental, y en una sociedad… digamos por ahora, “abierta” no existe un poder represivo- policial con tal nivel de efectividad. Sin embargo, valga la transcripción de aquel relato para avanzar con una teorización que nos ofrece el escritor: “El que controla el pasado, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado”

SEBASTIÁN PIÑERA ECHEÑIQUE.

No es novedad. Han pasado apenas unos días de la muerte del Expresidente Piñera y su figura ha sido simplemente glorificada. Políticos de un amplio espectro y un circuito mediático casi en su totalidad funcional al orden vigente, hoy, comunican a cuatro vientos que el exmandatario, ya entra en la selecta categoría de estadista.

Líder intachable, exigente y de gran corazón, impulsor de los grandes acuerdos que llevaron a Chile por la senda del éxito, ideólogo de la democracia de los acuerdos…hombre de Estado, demócrata ejemplar, emprendedor furibundo, genio de las finanzas, articulador de la campaña del NO… ¿falta algo más?

En dimensiones monumentales, se engrandece la figura de Piñera. Como ha dicho Mario Desbordes: “Gran líder, abocado al fortalecimiento de una derecha democrática, no populista” Pese a que hace apenas un par de meses ofreció su respaldo a Javier Milei. Piñera, como ha dicho Kenneth Bunker siguiendo a Isaiah Berlin fue: “Un zorro, una persona incapaz de entender el mundo a través de un solo lente. A diferencia de los erizos, que entienden todo a través de la ideología” Pese a que todos sus analistas indican que uno de sus grandes defectos fue su reflexión lineal, sometida siempre a la lógica de los negocios.Piñera, como ha dicho el Presidente Boric: “Demócrata desde la primera hora” Olvidando los mítines públicos donde solidarizaba con el “senador” Pinochet, o bien como indica Lucía Santa Cruz: “El Presidente que salvó la democracia en 2019” celebrando, que Piñera supuestamente haya optado por la vía institucional…un segundo, no me queda del todo claro, ¿estaban pensando repetir la otra opción? por si acaso faltara una más… como ha dicho su ExMinistro Pedro Pablo Errázuriz: “Piñera es la versión más cercana que tenemos en Chile a un Leonardo Da Vinci” ¿En síntesis? Se presenta a un hombre por encima del bien y el mal, que vistas así las cosas, bien podría ser canonizado.

Bien podría pensarse, que este escrutinio en exceso bondadoso sobre Piñera está enmarcado por una regla cultural insuperable: “No se debe hablar mal de los muertos” sin embargo, existen antecedentes suficientes para indicar que estamos en presencia de una operación política que lleva un par de años, la cual intenta, mañosamente y cada vez con más éxito reescribir la historia reciente de este país.

Lo están haciendo con la revuelta, la que progresivamente se convierte, Oporto et al, “en el momento terrorista y delictual de Chile” y con la Convención Constitucional, la que quieren perfilar, Kaiser et al, “como la intentona revolucionaria que buscaba adueñarse del poder total”. Hoy lo hacen con Sebastián Piñera, que, de responsable político directo por violaciones generalizadas a los Derechos Humanos hoy es presentado como casi un promotor de aquellos. ¡Quien controla el pasado contra el futuro! Valgan estas líneas, como una oposición ante tales movimientos.

            EL GESTO REPUBLICANO.

Ciertamente, Piñera no es Pinochet, pero esto no es más que un hecho público y notorio, que dudo que alguien mínimamente serio, pueda soslayar. Fue Senador y también fue electo dos veces Presidente de la República. Bajo este legítimo manto democrático, casi la totalidad de los líderes de opinión han pedido que en este momento institucional ¿solemne? se suspendan los juicios críticos y en clave ritual, litúrgica, se busque “generar un clima de unidad tan necesario en el país”. Conceptualizan sus peticiones bajo la categoría de “gesto republicano”.

A mi humilde entender, aquel gesto, siguiendo a Galeano ya citado, sería colocar la basura bajo la alfombra. Pienso, que la lealtad y los “gestos republicanos” no van de la mano con este silencio impuesto y están más cercanos al legítimo juicio político y a la conversación franca en torno a la memoria. La política, como lucha de interpretación sobre los hechos no da tregua… y en estos días, claro está. Impúdicamente, sus propios partidarios han utilizado la muerte para posicionar a sus candidatos, cobrarle cuentas al gobierno e inclusive, generar hitos refundacionales. Chiristian Pino lo transparenta: “Hoy se hizo realidad, la otra historia comienza a escribirse” Pero bien, dejemos de lado la hipocresía del adversario, que nos pide silencio mientras vocifera y miremos a Piñera más allá de su condición de hijo, padre, abuelo, esposo o buen amante. 

         MÁS ALLÁ DE SU PERFIL Y DE SU PRONTUARIO.

Cualquier día la muerte no borra nada. Quedan siempre las cicatrices

Mario Benedetti.

                                                 

Loreto Daza y Bernardita del Solar, en su libro “Piñera. Biografía no autorizada” construyen un perfil del ExPresidente: Inteligente, aplicado, trabajólico, animal político. Pero también y así lo muestran apenas y entradas las primeras páginas, Piñera fue una persona extremadamente competitiva, adicta a la adrenalina, destemplada, torpe emocionalmente, algo narcisa, hiperactivo, en fin. Algunos de sus colaborades, indica el libro, lo caracterizan como un jefe implacable: “Hay que tener cuero duro para trabajar con Sebastián, porque es irónico, descalificador y, aunque seas su mano derecha, te puede humillar en público” Por otro lado, es Daniel Matamala quien brevemente reconstruye su prontuario: Prófugo por 24 días en el conocido caso “Banco de Talca”. Utilizó entre 1992 y 2004 “empresas zombies” para eludir el pago de impuestos, protagonista del caso “Chispas” en el cual Allamand indicó, refiriéndose a Piñera: “no se puede ser protagonista de la política y al mismo tiempo activista de los negocios”. Usuario de información privilegiada en las “Acciones de LAN”, misma situación que ocurre en el caso EXALMAR y, por si fuera poco, gestor personal de los negocios de su amigo íntimo, en el caso “Dominga” mientras era Presidente de la República.

Más allá del perfil y del prontuario, podemos indicar, siguiendo a Alberto Mayol en su libro “Piñera Porno”, que Sebastián Piñera es quien trae a nuestro país el apocalipsis, si utilizamos aquí el sentido propiamente etimológico del término, que quiere decir revelación. Sin seguir por ahora, la reflexión teológica que es la que Mayol desarrolla en aquel punto, podemos indicar que Piñera revela varias cosas.

En primer lugar, nos muestra el modelo al desnudo, permitiéndonos ver con total claridad el anudamiento entre democracia y neoliberalismo y, por otra parte, la trenza entre poder empresarial y poder político. Piñera dice superar esta teórica dicotomía e intenta mostrar mediante su propia personificación que no hay contradicción entre capital y política: ¡El servidor público puede usar su poder para hacer sus negocios! Muestra también Piñera la fragilidad e incapacidad del Estado de Derecho para procesar lo propiamente político.

Si bien, el gobierno de Piñera quiso impulsar una nueva “revolución de los gerentes” alcentrar los problemas de Chile en la gestión del modelo, suturando definitivamente aquella pregunta o interpelación incipiente de 2006 con las primeras revoluciones pingüinas, sus esfuerzos resultan infructuosos. En sus dos gobiernos la discusión en torno a lo político simplemente estalla. Se habla de incapacidad y de soberbia… pero eso dejémoslo para una próxima vez. Por último, y a mi entender más importante que todo lo anterior, Piñera, revela el rostro oculto de una derecha que había comprometido un “Nunca más”. Pese a larguísimos años de trayectoria política, en momentos álgidos y cuando su liderazgo fue puesto a prueba de fuego, elige la violencia por sobre la política.

Declara la guerra a todo un pueblo. Una guerra real, con heridos, presos, muertos, y mutilados. Con violaciones, a lo menos generalizadas, a los Derechos Humanos acreditadas por diversos organismos internacionales. Piñera como responsable político, golpeó al país dejando en él otra cicatriz. Una tergiversación histórica mayor, sería indicar que Piñera es justamente lo contrario, y que prefirió la política antes que la violencia, impulsando un proceso constituyente que siempre rechazó.

Solo bajo amnesia se puede negar que el proceso constituyente fue una conquista del pueblo, un triunfo arrebatado a un poder institucional que durante años se resistió y con el que, tras iniciarse, el propio Piñera fue hostil.

Hoy el cuadro mediático casi en su totalidad omite el perfil, el prontuario y clausura el juicio político, bajo la excusa del respeto y el momento oportuno. Aprovechan así, de armar, consolidar y sellar una historia que nos presenta a un Piñera inmaculado y tal santo, libre de todo pecado. Pero bien, hay que decirlo de una vez: ¡Nuestro rey está desnudo!

                MEMORIA Y MÍMESIS.

Ha dicho Carmen Castillo, “En la lucha por la memoria, no hay descanso”. Este tipo de sucesos, lo confirman, con brutal claridad. Como amplio mundo de las izquierdas, la tarea por construir, consolidar y resguardar la memoria democrática es fundamental. Por último, anteponemos el juicio político, pero por supuesto que no festinamos con la muerte de Piñera.

Nuestra victoria también es liberarnos del dominio de la tanatopolítica que nos ofrecen quienes se mofaron de la muerte de Teillier, de quienes niegan la ceguera de Campillai y de los que aún no dicen dónde están. Hoy recordamos y también resistimos a la mímesis.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

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