Francisco Saavedra y las raras gaviotas del Festival de Viña del Mar
Que nuestro querido Francisco Saavedra se mueva y sienta más presente, más activo y más combatiente.
Foto: Agencia Uno
Hace casi 30 años, junto al querido e inolvidable Pedro Lemebel, escribimos un pequeño texto sobre la presencia LGBTIQ+ en el Festival de la Canción de Viña del Mar. El escrito se llamó “Raras gaviotas en Viña. O una loca mirada a la fauna festivalera” y fue publicado en un boletín del Movimiento de Liberación Homosexual Movilh Histórico. Era febrero de 1995 y desde el Movilh iniciábamos nuestra emblemática lucha en contra del artículo 364 del Código Penal que castigaba con cárcel la sodomía consentida en Chile. Ya han pasado muchos años de esa triunfante e importante batalla.
La sodomía fue despenalizada en 1999 y la loca fauna festivalera continuó su emplumada historia en el Festival de Viña del Mar. En aquel textito, gesto increíble porque es el único escrito que tejimos mano a mano con Lemebel, incluimos a Cecilia Pantoja con su incomparable canción “Como una ola”, unida lésbicamente a su amiga Maritza con la balada “Si me miran a los ojos”.
Igualmente, bordamos de secretos deseos sodomíticos las teatrales letras de Rafael de España con su “Digan lo que digan” o “Qué sabe nadie”, así como recordamos el “Yo no soy esa” de Mari Trini, rechazando su gesto cómplice con la dictadura chilena cuando le regaló una rosa al mismísimo general Augusto Pinochet presente en la Quinta Vergara. Más adelante, creyéndonos las Yolandas Montecinos de las locas noches festivaleras o las Italas Passalacquas del espectáculo nacional, incluimos en este especial recuento a Miguel Bosé con su “Don diablo se ha escapado”, Sandra Mianovich con “Soy lo que soy”, Ana Gabriel y su ronca voz macorina, terminando el colorido abanico gay con las chiquillas de Locomía, todas ellas bellas y audaces, algunas fallecidas a causa del SIDA. Hasta ahí llegó nuestra lista porque todavía no había venido a Chile e impactado en el escenario de Viña del Mar el amado e inigualable Juan Gabriel, más conocido entre las locas amigas del Noa Noa como “Juanga”.

Y así, mientras leo el viejo boletín del Movilh, llamado “Moviéndose”, pienso en lo mucho que hemos avanzado como movimiento y comunidad de personas sexo-diversas. Hemos avanzado y movilizado por diversas e importantes leyes. Hemos avanzado y movilizado por múltiples cambios políticos, sociales, estéticos y culturales. Hemos avanzado y nos hemos movido a través de protestas, luchas e incidencias. Y hemos avanzado en nuestra loca presencia festivalera.
No son pocos, más bien son muchas las amigas y compañeras que han pisado y pasado por la Quinta Vergara expresando su arte en diversos ámbitos. Pienso en diseñadores, peluqueros, maquilladores, vestuaristas, bailarines, fotógrafos, periodistas y animadores. Y sí, animadores. Este febrero de 2024, efectivamente, se ha destacado la presencia gay visible del animador Francisco Javier Saavedra Guerra y así lo ha celebrado la comunidad LGBTIQ+ y organizaciones como ACCIONGAY, Movilh e Iguales. Y no se trata de un avance gratuito y fortuito.
Han sido años de luchas, años de calles. Mucha agua bajo el puente social y cultural de Chile tuvo que pasar para valorar positivamente y visibilizar públicamente nuestra loca presencia festivalera y muchos, muchísimos charcos de miedos y homofobias en la TV, como el bullying de Nicolás Copano, debió enfrentar y cruzar Francisco Saavedra para animar el más grande e importante evento artístico y cultural de Chile y Latinoamérica, el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar.
A Francisco Saavedra lo conocí a medidos de los años 90 en la Agrupación de Personas Viviendo con VIH/SIDA del Hospital San José. Ahí, un día de muchos, mientras realizábamos diversas actividades comunitarias en nuestra sede social de calle Artesanos, apareció un joven periodista, simpático y guapetón, Pancho Saavedra, buscando conocer y entrevistar a personas VIH positivas.
Su comprometido y amoroso gesto de colaboración fue agradecido y valorado por todos. Y no fue una sola vez, ni el único guiño de complicidad que une a Pancho con las luchas de nuestra comunidad. Fueron también sus esfuerzos por realizar una película sobre el incendio de la discoteca Divine de Valparaíso, su solidaridad en tiempos de pandemia con las compañeras del Circo Show Timoteo, su colaboración en la película sobre la cantante Cecilia de Vane Miller, su generosa participación en el programa “Siempre Viva en Vivo” de Radio Universidad de Chile y su hermosa amistad con Francis Francoise, la reina madre del transformismo en Chile, amiga del alma que integra sus ángeles custodios en eventos importantes como animar el Festival de Viña 2024.
Estos últimos días han sido de dulce y agraz para Francisco Saavedra. Muchos han celebrado su conducción en el Festival de Viña, mientras otros tantos han criticado su “empaquetamiento” y la falta de “espontaneidad”, extrañando bromas y expresivas carcajadas del conductor de “Lugares que hablan”. Todo eso es predecible e incluso bienvenido porque forma parte del derecho a la crítica.

Lo que no resulta aceptable es la burla y humillación pública usando chistes homofóbicos en contra del animador de Viña del Mar como lo hizo el asesor parlamentario de la UDI, exdiputado Giovanni Calderón, presentado en X como “católico”. El muy confeso Calderón escribió: “Si esto le pasó a Javiera Contador en la comuna de Coihueco, no quiero ni pensar lo que le hubiera pasado a Pancho Saavedra”. Lo positivo estuvo en la reacción en redes sociales y medios de comunicación que tildaron al funcionario legislativo como “homofóbico”. Yo mismo le respondí y le dije que “ni Piñera, ni el Papa Francisco aplaudirían su tontería disfrazada de chistecito fome”. Me bloqueó.
Y así, pasan los días y noches del Festival de Viña y poco a poco despierta el monstruo y se hace escuchar el ciudadano común, a veces ni tan juicioso, ni tan respetuoso. Un festival despolitizado e indiferente a los horrores de la historia, como el genocidio en Palestina, pero dolido y solidario frente a la tragedia de los incendios, brindando un justo reconocimiento a la valiosa labor de Bomberos de Chile.
Quedan pocas jornadas festivaleras y espero que el Festival de Viña retome su pulsión sociopolítica y que la homofobia no se apodere del debate público porque hasta ahora habíamos avanzado en respeto y dignidad de comunidades perturbadas por el humor de comediantes de turno que graban “cicatrices de risas en la espalda”, como escribió Pedro Lemebel en su “Manifiesto. Hablo por mi diferencia”. Y deseo, afectuoso y cariñoso, que esa diferencia homosexual se haga visible en la Quinta Vergara.
Que nuestro querido Francisco Saavedra se mueva y sienta más presente, más activo y más combatiente. Que como me dice la reconocida activista travesti de Valparaíso, Francisca Cáceres: “Es hora que Panchito tenga alguna salida de madre como lo hace en sus programas de Canal 13, algún gesto cómplice con la comunidad de la diversidad, esas risotadas en vez en cuando o por último, lo más importante, hacer flamear nuestras locas banderas de la libertad”.
El Cortijo de Conchalí, 28 de febrero de 2024.
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