Capital y desastre
Llamar al perfeccionamiento individual en ciencias y humanidades bajo la nominación de “capital humano” demuestra ese corrimiento de límite en la creación de mercancía en la que es la propia vida la que se narra como un bien y como tal transable en el mercado.
Foto: Agencia Uno
El capitalismo es la relación dinámica entre mercancía y valor, estos estarían a la base del plus valor y del capital. El modo de producción dominado por la mercancía describe el trabajo en dos sentidos: trabajo concreto en el que los y las trabajadoras invierten tiempo y energía y trabajo abstracto que es el que crea valor.
Un análisis del capital que atendiera a esa formulación inicial debería emprender un estudio de la mercancía excediendo la restrictiva figura del “objeto concreto” para avanzar a un tipo de estudio de ella en tanto forma social[1]. Un análisis tal debería llevarnos a poner atención no sólo a la acumulación y la explotación, sino que también al tipo de sociedad que da lugar, a saber, las subjetividades que permite, las transformaciones del trabajo, las formas políticas que le son afines y las tecnologías que les son propias. Al comprender a la mercancía como una forma de vida resulta necesario un tipo de análisis del capital situado y no aquel transhistórico que se organiza entre dos polos estáticos y claramente antagónicos: capitalistas apropiadores de plusvalor y trabajadores/as explotados/as.
A comienzo de siglo XX, Rosa Luxemburgo da inicio a este tipo de análisis económico político describiendo al capital como el modo de producción de mercancía que incorpora zonas cada vez más amplias de la existencia (trabajo, producción de bienes, recursos naturales, sociales y saberes)[2]. Llamar al perfeccionamiento individual en ciencias y humanidades bajo la nominación de “capital humano” demuestra ese corrimiento de límite en la creación de mercancía en la que es la propia vida la que se narra como un bien y como tal transable en el mercado.
De tal modo, el orden de dominio que produce el capital tiende a la totalidad, va tras la captura y conquista de cada una de las zonas que constituyen la existencia ya no sólo de los sujetos, sino que del planeta como si fuese un objeto limitado.
El historiador canadiense Moishe Postone describe a este movimiento progresivo y totalizador en la figura de una rueda de molino. El tiempo de la forma valor es la aceleración, vuelta tras vuelta, se van transformando cada una de las zonas de la vida como forma social productiva: tecnología, vivienda, transporte, comunicación, educación y formas de relaciones interpersonales”[3]. El enlazamiento entre mercancía, valor y forma de vida la vemos a plenitud, por ejemplo, con la aparición de los lentes Apple Vision Pro, si bien es una mercancía concreta, los modos de interacción con los sujetos impone una transformación radical de la subjetividad y de las relaciones entre los sujetos.
Este movimiento progresivo hace, a su vez, del capital -la lógica del valor que le da sustento- una máquina de depredación y desastre; pensemos en la todas las formas actuales en que es posible advertir la acumulación por violencia: sustracción de tierras; estratégicos incendios para el desplazamiento forzado de personas para luego la construcción de hoteles, edificios, incluso carreteras; tráfico de armas, tráfico de personas; crimen organizado y trabajo semi esclavo.
Ilan Pappé da visibilidad a una de las formas más extremas en que la acumulación por violencia ha tomado lugar: la cárcel a cielo a abierto. La forma cárcel del capitalismo securitario de la que habla Ilan Pappé ha mutado en genocidio del pueblo Palestino en Gaza por el Estado de Israel[4].
La temporalidad del capital es la de un tiempo que se piensa en una proyección futura ilimitada. La ficción que habilita esta temporalidad es la ilimitación de recursos. El carácter expansivo y colonizador de la mercancía hace que todo se vuelva un objeto de especulación económica. El despliegue de esta lógica del capital es también el despliegue de un tipo de sociedad que vincula bienestar y progreso de modo ilimitado (al menos esa es la ficción que alimenta). La forma política de esta sociedad del capital es la democrática descrita de manera históricamente situada y su modo de integración son las imágenes.
[1] Algunos de los análisis más interesantes desde esta perspectiva son los realizados por Roswitha Scholz, Robert Kurz y Moishe Postone.
[2] Rosa Luxemburgo, Reforma o revolución, Madrid, Akal, 2015.
[3] Moishe Postone, Tiempo, trabajo y dominación social, una interpretación de la teoría crítica de Marx, Trad. María Serrano, Madrid, Marcial Pons, 2006.
[4] Ilan Pappé, La cárcel más grande de la tierra. Una historia de los territorios ocupados, Madrid, Capitán Swing, 2018.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.


