lunes, julio 15, 2024

Ricardo Oyarzún, artista y activista homosexual: “La ministra Mónica Madariaga empatizó con los colitas de los 80”

Este domingo, después de la gran marcha de la diversidad sexual por el centro de Santiago, y por todas las ciudades del país y el mundo, conmemorando, celebrando y luchando por los derechos de la comunidad LGBTIQ+, conversamos con Ricardo Oyarzún, famoso por su trabajo en la moda y porque viste y diseña para destacadas figuras de la televisión, el espectáculo y la farándula. Ricardo también es un luchador social y comprometido activista de la causa homosexual.

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Ricardo Oyarzún, diseñador de moda, famoso vestuarista de Juan Gabriel y otros emblemáticos e importantes artistas de Chile y el mundo. Polémico y audaz, formó parte del Grupo Integración, la primera organización homosexual durante la dictadura militar. Y en los años 90, atrevido como siempre, marchó junto al Movilh Histórico, sin proponérselo, un 2 de marzo de 1992.

Ricardo es un torbellino de recuerdos e información histórica, destacando una añoranza entre tantas: la recepción sorprendente de una alerta de parte de la ministra de justicia de Pinochet, Mónica Madariaga, quien le avisó al Grupo Integración que la Junta Militar los estaba investigando.

“Yo creo que ella lo hizo porque Madariaga era lesbiana”, asegura Oyarzún. Aquí el dialogo cómplice y cariñoso con un artista y activista que ha marcado pauta en la memoria homosexual de Chile.

INFANCIA Y PRIMEROS PASOS EN EL MUNDO DE LA MODA Y EL ESPECTÁCULO

Primero, cuéntanos un poco de tus orígenes, tu familia, Ricardo.

-Yo soy nacido en Santiago, provengo de una familia media baja, una familia sin tantas pretensiones, sin tantos lujos, una familia sencilla, hijo de un padre que era practicante, un oficio que ahora está desaparecido, era como doctor. Mi mamá dueña de casa, dos hermanos, dos hombres y una mujer. Los dos hombres somos gays.

¿Y cómo te diste cuenta de tu diferencia?

-De chiquitito supe cuál era mi camino, lo que pasa es que cincuenta años atrás era muy difícil reconocerse, poder diferenciarse, aceptarse, reconocer esta cosa extraña que uno sentía. No había información, no había referentes de nada. Las comunicaciones eran nulas, no es como ahora.

¿Cómo llegaste al diseño, la moda, la televisión y el espectáculo en Chile?

-He tenido la suerte de haber vestido a grandes referentes del espectáculo nacional e internacional. Yo he sido artista desde que nací, toda mi vida he estado relacionado al mundo artístico. Recuerdo que cuando eres niño, tú no te das cuenta, pero las cosas surgen poco a poco. Yo siempre tenía tendencia hacia lo artístico. La universidad y los institutos me ayudaron a ordenar este torrente hasta que me decidí a estudiar diseño gráfico y publicidad, que es lo que menos he hecho en mi vida. He pasado por todas las áreas del diseño, hice vitrinas, decoración de interiores, iluminación, escenografía y finalmente el diseño.

¿Y cómo llegaste a ser diseñador de moda?

-Fue a propósito de una pregunta que le hice a una periodista de Revista Paula, que en ese tiempo estaba a cargo del Miss Chile. Y sin haber pegado un botón antes, pregunté quién hacía el traje típico para la chilena que iría al Miss Universo. Me dicen que el proyecto estaba asignado para un diseñador, pero que no estaban conformes. Entonces yo le llevé unos proyectos y me adjudiqué hacer el traje típico. De pasó me gané una carrera de diseñador y un gran enemigo.

FOTO: IRIS COLIL BARRA

EL ROL DE ACTIVISTA EN LA DICTADURA CON EL GRUPO INTEGRACIÓN Y EL DÍA EN QUE LA MINISTRA DE JUSTICIA DE PINOCHET LES DIO UN MENSAJE

Junto con ser un gran diseñador de moda, eres parte de la historia del movimiento homosexual chileno. Tú apareces en una foto de Iris Colil en la portada del libro “Bandera Hueca. Historia del Movimiento Homosexual”. Fue la primera marcha del Movilh Histórico. También estás en las memorias del Grupo Integración de 1977. Tú fuiste parte de ese emblemático y señero grupo, el primer colectivo durante la dictadura de Pinochet.

-Sí, formé parte del Grupo Integración. La verdad es que llegué por razones amorosas. Fue en la famosa Quinta Cuatro, uno de los primeros lugares icónicos de encuentro homosexual por Recoleta. Ahí uno iba a bailar y a conocer gente. Y conocí un personaje, Manuel Plaza, nos hicimos amigos y luego amantes. Este personaje tenía una organización, el Grupo Integración, un colectivo en el que participé finalmente. Decidí integrarme a este grupo, casi como  la “primera dama” porque mi pinche era el presidente del grupo.

Archivo Histórico del Che de los Gays.

Boletín Grupo Integración. Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

¿Y cómo se organizaban, cómo funcionaba el Grupo Integración?

-Nosotros comenzamos a funcionar de forma clandestina, como un acto casi suicida, porque estábamos en plena dictadura militar, uno no podía reunirse, no había reuniones, era todo clandestino. Empezamos a tener reuniones en casa de los monitores, diferentes casas de integrantes del movimiento. Teníamos asesoría médica, religiosa, psicológica y entregamos información a los colitas de la época que estaban completamente desorientados en todos los sentidos. Yo me acuerdo que, incuso, le puse el nombre al Grupo Integración y le hice el diseño, el logotipo. En esa época, principio de los años 80, había recién salido una enfermedad rara que se llamaba SIDA.

Era muy arriesgado y peligroso organizarse en esa época de la dictadura militar, enfrentando el miedo, el peligro.

-Muy arriesgado, por eso funcionábamos clandestinamente. Recuerdo que una vez, a la casa de uno de los integrantes del grupo, llegó Mónica Madariaga, que era ministra de Justicia de Pinochet.

¡No te puedo creer, la ministra de hierro de Pinochet!

-Sí, la misma. Ella fue a aconsejarnos. Nos dijo: “chiquillos, paren esta situación porque no es el momento social político para esto”. Ya la gente de la Junta Militar se está preguntando qué será esto. La ministra Madariaga empatizó con estas colitas jóvenes de los años 80, estos quijotes idealistas.

Mónica Madariaga se manifestó a favor de la libertad, aunque no se mojó el potito. Ella dice luchen ustedes por sus derechos, pero yo les apoyo de lejos. Ella apoyó la libertad, pero nunca reconoció su sexualidad.

¿Ella se atrevió a ir hablar con ustedes, incluso saliendo del closet lésbico?

-Ella no dijo vengo en calidad de lesbiana pero se entendió así. Nos quiso advertir que no era el momento de organizarse, entonces nosotros, no le preguntamos nada sobre su vida personal, no la pusimos en esa encrucijada, nosotros subentendimos que había una empatía con lo LGBTIQ+. Y a raíz de eso tuvimos que parar la situación, hasta años después que comenzaron a aparecer otros movimientos homosexuales.

Muy impresionante la historia que nos relatas, Ricardo, porque todo esto ocurrió en plena dictadura, mucho antes del Movilh, ante de Fundación Iguales, antes de todas las organizaciones. Tú participaste del Grupo integración, que fue el primer grupo que desafío la dictadura militar, incluso realizando ampliado de más 100 personas, si hasta había un cura dentro del grupo.

Sí, Teníamos asesoría religiosa y muchas veces se oficiaban matrimonios simbólicos entre parejas que se querían casar, todo sin pensar que podíamos llegar ahora al matrimonio igualitario en Chile.

PARTICIPACIÓN EN LA PRIMERA MARCHA DE LAS DISIDENCIAS SEXUALES EN 1992

¿Por qué te sumaste a la primera marcha del Movilh Histórico a rostro descubierto?

-Porque era mi decisión de luchar por nuestros derechos. Yo me enteré de esa marcha a través de un amigo, Roberto Zuluaga. Él me comentó y me dijo qué te parece. Yo le dije vamos. Y sin estar abanderados por algún movimiento, no sabíamos lo que era el Movilh en ese tiempo,  nos sumamos. Nosotros íbamos a defender los derechos LGBTIQ+, no nos aliábamos a ningún movimiento, así que nos encontramos con un grupo reducido de personas. Al final se sumó harta gente, algunos con el rostro cubierto porque en esa época era comprometedor, no era fácil estar ahí con la bandera de lucha a la vista.

Existen varias interpretaciones sobre el uso de las máscaras. Roberto Pablo, de Revista Lambda, dice que las máscaras eran para asimilarse a los detenidos desaparecidos, como un homenaje, pero también había un poco de resguardo, había temor…

-Había temor. Yo asistí a esa marcha, sin mayores pretensiones, nunca pensé que sería un hecho histórico y que con el tiempo íbamos a marcar pauta. Yo dije, voy a defender nuestros derechos y aportar mi granito de arena, pero tampoco con tanta conciencia de hacer historia. Yo solamente obedecí a mi emocionalidad y fui a defender mis derechos.

Me imagino que en esos años debiste pagar costos por tu atrevimiento porque en ese tiempo, en los años ochenta, a principio de los noventa, no se hablaba abiertamente de homosexualidad, se mantenía muy oculto.

-En lo profesional no he tenido mayores costos, será porque a lo mejor la carrera que elegí, el camino profesional de diseño de vestuario, permite, a lo mejor, más libertad. Si hubiera trabajado en el banco o en una financiera, si hubiera trabajado en la educación, sería distinto. Los diseñadores, los peluqueros y los artistas tenemos más licencia de mostrar un poquito la pluma. Costos altos no he tenido, tampoco he andado contando, ni ando con el espaldar de plumas a cuestas.  Yo soy quien soy, no tengo que darle explicaciones a nadie.

EL ESCÁNDALO POR EL DESFILE “VÍRGENES FASHION SHOW”

Pero sí pagaste costos con la Iglesia Católica a propósito de tus desfiles de moda provocadores, usando figuras religiosas, desfiles de modas con condones. ¿Es verdad?

-Puede ser porque cuando te digo que no he sufrido mayores costos, me refiero al activismo LGBTIQ+. Sí he pagado varios costos por mi irreverencia. Recuerdo que cuando cumplí 15 años de profesión, me dije, me tengo que celebrar y lo tengo que hacer en grande, buscando algo que provoque urticaria. Hacía poco que había estado en Nueva York y había visto un desfile de Jean Paul Gautier relacionado con las vírgenes. Yo dije, esto tengo que hacer en Chile. Por la estética me pareció muy interesante y porque es un tema que generaba escozor. Así nació vírgenes fashion show.

Fue impactante. Los medios de comunicación me dieron duro como 20 días. No solamente de Chile sino que del mundo. Y la Iglesia Católica interpuso una orden de no innovar en la justicia para impedir el desfile. A lo mejor se imaginaron vírgenes menstruando o vírgenes lesbianas. Y los jueces en un fallo inédito, nunca antes visto, dijeron que sí al desfile.

Fue un show que se hizo en la discoteca Bunker de Bellavista. Ese acto dio urticaria a varios conservadores del país. Imagínate, una discoteca gay comenzando el desfile con la crucifixión de Cristo donde María Magdalena era Anita Alvarado, la geisha chilena. Todas mis amigas faranduleras de esa época lo que menos representaban era la virginidad, entonces, hubo escozor de sectores conservadores que intentaron frenar mi espectáculo.

Entre tus grandes amigas destaca Leslie Santana, una de las primeras transexuales chilenas. ¿Nos puedes contar su historia?

-Grande Leslie Santana, gran personaje, tremenda, una persona con un imán, alta rubia, imponente, intimidante, cuando llegábamos la gente no se atrevía acercarse a ella. Fue una luchadora, una guerrera que consiguió cosas, no solamente en Chile, sino que también en España. Ella luchó por Ley de Identidad de Género y consiguieron avanzar bastante. Leslie se dedicaba a la farándula y estuvo mucho tiempo fuera, la gente se olvidó de ella en Chile. Yo la posesioné en el ambiente, no solamente LGBTIQ+, sino también en el ambiente heterosexual. Recorrimos la meca y la seca, podíamos estar en el Rey de los Porotos con Rienda o podíamos estar en la Gala del Festival de Viña. Ella siempre era un personaje increíble, muy femenina, muy luchadora.

LA AMISTAD CON JUAN GABRIEL, LA CANCIÓN “SIGO SIENDO EL GAY”, LAS GAVIOTAS Y EL VESTUARIO PARA UN GRAMMY

Fuiste muy amigo de Juan Gabriel, incluso dicen que te regaló sus gaviotas y antorchas del Festival de Viña del Mar. ¿Cómo era Juan Gabriel?

-Yo siempre fui muy admirador de él, de sus letras, su propuesta visual y de sus vestuarios. Un día lo contratan para venir a Chile y justo el esposo de una amiga, la argentina Gisela Molinero. Le digo, amiga, me tienes que invitar al concierto y ojalá pudiera vestirlo. Pasó una semana, me llama y me dice: “Che, boludo, Juan Gabriel te espera a las doce del día en el hotel porque quiere que lo vistas”. Yo digo, “no lo puedo creer”, entonces, voy al hotel Ritz-Carlton , tenía todo un piso completo para su corte. Fue muy difícil llegar a él porque sus asesores lo protegían mucho, me hicieron la vida imposible.

Finalmente, logré llegar a Juan Gabriel. Recuerdo que estaba esperando y aparece por un pasillo un señor que no tiene nada que ver con el Divo de Juárez, aparece un señor a pata pelá, con una polera rota y en pantalón corto. Le digo “’Juan Gabriel, no’, me dice, ‘dime Alberto, así me llaman los amigos’”. Y el viejo rompió el hielo, era encantador, carismático, sencillo, pero lo sentí triste, como encerrado en una jaula de oro, la sensación que me han dado todos los grandes que he vestido,lo tienen todo pero no tienen nada.

Me contaron que a Juanga le encantaban tus trajes. Yo creo que de algún modo tus vestuarios homosexualizaron a Juan Gabriel porque usó colores de la bandera gay. ¿Cierto?

-Yo andaba con dos asistentes, que eran colitas también, el viejo nos cachó el resfriado de inmediato. Y por ahí comenzó con la primera empatía, fuimos a su habitación privada. Yo lo estaba probando y tenía un alfiletero que son perlitas de colores que justo armaban un arcoíris gay. Ahí se nos tiró y dijo “la bandera” y ahí nos cantó, el rey, pero en versión gay, en vez de decir sigo siendo el rey, dijo “sigo siendo el gay”. Entonces ahí entablamos una conversación, él estaba muy interesado en cómo se habían gestado los procesos de aceptación de los movimientos homosexuales en Chile. Yo le conté un par de cosas y por ahí comenzó la empatía. Juan Gabriel o Alberto andaba con su pareja, un español joven. Entonces en un minuto le digo, “Alberto quiero regalarte un traje, quiero verte rutilante en el escenario, qué quieres, algún color, algún diseño especial”. Juan Gabriel abre sus manos y me dice “haz de mí lo quieras”.

Pero niña, estarías millonaria, ahora la heredera chilena de Juan Gabriel. ¡Imagínate!

-Yo creo, que si le hubiera dicho a Alberto, vamos al Bunker, vamos al Fausto, habría aceptado, pero no podía porque era Juan Gabriel.

Lo podrías haber llevado al sauna 282 que es más piola

-Podría haber sido. La cosa es que llego al Movistar Arena, le entrego el traje, se lo pone, se mira al espejo y le dice a su productora directa: “Yo quiero que Ricardo me vista cuando reciba el Grammy. Le voy a encargar una colección”. Maravilloso. Fui hasta Las Vegas para entregarle el traje, lo acompañé a la premiación, a recibir sus premios. Eso fue en el año 2009. Estuve varias veces con Juan Gabriel.

Juan Gabriel era muy generoso. De hecho, dedicó todas sus canciones al movimiento LGBTIQ+ de Chile. “Pueden usar todas mis canciones que les gusten. Las canciones, así como los artistas, no tienen sexo”, declaró.

¿Es verdad que Juan Gabriel te regaló las gaviotas del Festival de Viña del Mar?

-Sí, me regaló las gaviotas, me saqué fotos con las gaviotas, pero llegó la producción y me las quitó. Me dijeron “Don Ricardo, disculpe”. Yo entendí porque era como no valorar los premios del público.

 Finalmente, ¿Qué te gustaría decirles a las personas que te leen ahora al cierre del Mes del Orgullo LGBTIQ+?

-Hemos avanzado, hemos ganado terreno, pero falta mucho. Un mensaje especial a los padres y madres para que entiendan a sus hijos, no solo por ser LGBTIQ+, sino por sus formas de ser y de vestir. Lo que importa es el cariño, el fondo y no la forma. Los sentimientos son los que importan.

Víctor Hugo Robles
Víctor Hugo Robles
Víctor Hugo Robles, “El Che de los Gays”, periodista y activista comunitario en VIH/SIDA, conductor de “Siempre Viva en Vivo”.

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