Lamento latinoamericano: una generación despide a vocalista de Enanitos Verdes

Los Enanitos musicalizaron muchos y diferentes momentos, “Mi primer día sin ti”, también llegó arrasando en los diales, fue otra canción de amor que los adolescentes de la época cantábamos con el corazón. “Lamento boliviano” vino en la misma época, impregnada con otros tintes sonoros, donde fusionaban instrumentos andinos con su rock en español. El resultado fue muy rico y los desempolvó de su zona de confort.

Este 8 de septiembre, fue un día histórico: murió la Reina Isabel II a los 96 años de edad, tras 70 años en la corona británica; hecho que causó conmoción a nivel mundial. Horas más tarde se anunciaba el deceso de Marciano Cantero, conocido líder de la banda argentina Enanitos Verdes, a la edad de 62. Tras saber sobre su temprana partida, no pude evitar sentir asombro y recordar con nostalgia una época en la que Enanitos Verdes escribía su parte en la banda sonora de una generación.

Nací en 1980, durante esos años en la radio programaban música gringa como Michael Jackson, Whitney Houston y Madonna. De Chile sonaban con fuerza grupos y cantantes como Los Prisioneros, ¡Upa!, Myriam Hernández y bandas argentinas como Soda Stereo, Charly García, GIT, Virus y Enanitos Verdes.

El primer personal stereo que tuve fue en el año 87, recuerdo estar en el antejardín de mi casa en la Villa Frei en Ñuñoa girando el dial, sintonizando con 7 años de edad canciones como “La muralla verde”, “Te vi en un tren”, “Por el resto”, “Igual que ayer” o “El extraño de pelo largo”. Eran canciones con estribillos pegadizos que me gustaban, además que, para mi mente infantil, las letras me llevaban a lugares imaginarios, como pasa con los cuentos. Fantaseaba pensando que “el extraño de pelo largo” era un tipo hippie con la cara de John Lennon, vestido con una camisa a cuadros y unos “blue” jeans, caminando por calles desiertas y las manos en los bolsillos. Con “Te vi en un tren” visualizaba la escena que rezaba el coro de la canción, con Marciano en el vagón y en la estación de tren, tratando de hablar con la mina sin poder conseguirlo.

Pasaron algunos años y la adolescencia me encontró con una guitarra acústica en la mano, comprando cancioneros en quioscos y sacando -sin mucha ambición guitarrística- temas que me gustaban de distintas bandas. Una canción que nadie que tocara guitarra en esos años podía evitar aprender era “Tus viejas cartas” de los Enanitos, que se convirtió en la canción de fogata por excelencia, y en una estupenda rola que a todos nos funcionó para musicalizar alguna desilusión amorosa. “Tus viejas cartas” no sólo se cantaba en las fogatas de playa, se entonaba en los recreos del colegio, se bailaba en las fiestas como “lento”, y se dedicaba con cartas escritas en papel y corazones dibujados.

A esas canciones se sumaron varias más, entre ellas la emblemática “Amigos”, que se coronó como una de las más utilizadas en ceremonias de fin de año de cuarto medio, cuando los escolares terminábamos la etapa de educación escolar y nos despedíamos para siempre de la cotidianeidad con nuestros grandes amigos del colegio.

Los Enanitos musicalizaron muchos y diferentes momentos, “Mi primer día sin ti”, también llegó arrasando en los diales, fue otra canción de amor que los adolescentes de la época cantábamos con el corazón. “Lamento boliviano” vino en la misma época, impregnada con otros tintes sonoros, donde fusionaban instrumentos andinos con su rock en español. El resultado fue muy rico y los desempolvó de su zona de confort. Años antes, esta exploración la había popularizado Soda Stereo, con “Cuando pase el temblor”, una canción que incluyó diferentes instrumentos folclóricos del altiplano, en combinación con el new wave y rock latino que la banda explotaba en esa época. “Lamento boliviano” era algo similar pero más moderno, con una letra que se convirtió en himno, en un grito de idiotez borracha y desolación, un llamado de auxilio ante el despiadado dolor del desamor, empotrado en una melodía más bien alegre que no cuadraba con su lírica,  pero que retomaba la fibra de dolor en el coro.

Es mi situación

Una desolación

Soy como un lamento

Lamento boliviano

Que un día empezó

Y no va a terminar

Y a nadie hace daño

Y yo estoy aquí

Borracho y loco

Y mi corazón idiota

Siempre brillará

Años después viajé sola a Bolivia. Crucé la frontera desde San Pedro de Atacama desde Chile, entrando al país vecino por el paso Hito Cajón, que está a más de 4500 metros sobre el nivel del mar. Luego de hacer el papeleo de migración, subí a la camioneta 4×4 que nos llevaría a mí y a otros turistas a recorrer distintos lugares del altiplano, para llegar luego de tres días de viaje hasta el Salar de Uyuni, uno de los más grandes del mundo. Los demás pasajeros eran estadounidenses, franceses y suecos. Cuando partimos, sonó en la radio del auto “Lamento boliviano”, como si hubiera estado preparada para la ocasión. La única que conocía la canción -por razones obvias- era yo, por lo que entendí ese mágico momento como un regalo que atesoré en mi memoria, probablemente para escribirlo el día de hoy.

Marciano Cantero de los Enanitos Verdes

Pero el lamento ahora es latinoamericano: una generación que creció cantando al unísono con Marciano las canciones de Enanitos Verdes, siente la partida abrupta del cantante y compositor, producto de una afección renal que lo tuvo internado desde fines de agosto en la Clínica de Cuyo, en Mendoza, ciudad originaria de la banda.  Marciano murió el 8 de septiembre de 2022, el mismo día que la Reina Isabel II de Inglaterra, mientras Las Malvinas siguen siendo reclamadas por el pueblo argentino.

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