La imaginaria neutralidad técnica del Colegio Médico y del FA
Foto: Agencia Uno
La pretensión de que se puede tener un juicio meramente profesional, separa imaginariamente que incluso el sentido técnico, cualquiera este sea, es en sí mismo un componente político, que es histórico y que depende de los modos de hacer de tal o cual sociedad. Y no nos compliquemos mucho con esto, apelar a una “neutralidad de la técnica” es siempre funcional al sistema instituido en el cual es posible. El sistema que el 80% de Chile, declaró que quiere cambiar.
En estas últimas semanas en las que hemos sido testigos horrorizados del aparente aumento de la adhesión al candidato de extrema derecha José Kast, en una campaña que apuesta a “descargarlo” de sus referentes políticos ligados al pinochetismo más artero, incluso apelando a herramientas comunicacionales inéditas para el sector, el que ha confiado en los esfuerzos de un guionista de comedia, además, ha contado con apoyos impensados, pero muy bien aprovechados por el “olfato” político del representante de Republicanos.
En esto ha sido especialmente importante el actuar del Colmed, quienes, en una aparente acción políticamente correcta, pero impregnada de una ingenuidad irreconocible, han “encontrado puntos que van en el sentido común”, con el programa del candidato que representa al sector que aboga por la pérdida de derechos para las mujeres, que no cree en la justicia de derechos humanos, que desconoce las consecuencias de la actividad explotadora del neoliberalismo en la salud de las personas, etc. y que para una parte relevante de la población sus medidas son fascistoides.
El colegio profesional ha alegado en su defensa frente al amplio cuestionamiento recibido, que se trataría de un rito “tradicional” el conversar con todos los candidatos presidenciales a fin de discutir sus propuestas en materia de salud. Es decir, nadie en el Colmed asume su propio rito como un error político, aunque algunos a regañadientes lo han llamado “un error comunicacional”.
Para ellos, su simbolismo institucional no significa ningún problema que los lleve a cuestionarse, ya que se asume desde un pretendida (y pretensiosa según otros colegios profesionales de salud) visión de que se puede dar una evaluación técnica (comentario o recomendación) desligada de sus aspectos políticos, queriendo pasar por neutrales, en una disputa de intereses situados respecto de materias tan esenciales como la salud de las personas. Este modo de actuar por sobre las posturas políticas, como si ellos fueran un sector “más allá del bien y el mal” que no se afecta por las medidas promovidas por tal o cual sector, muestra una vez más la desconexión con la ciudadanía que tanto se le ha criticado a las élites.
Dada esta ilusión de neutralidad del Colmed, los candidatos son invitados a presentar sus propuestas, las que serán todas consideradas como técnicamente posibles de implementar, sosteniendo una trampa técnico-política en su operar. Y es una muy efectiva trampa, ya que la institución que representa a los médicos supone que puede someter a evaluación a todas las alternativas políticas, pero al defender la imaginaria neutralidad técnica, solo pueden evaluar si se han usado aquellos “criterios neutrales” en la presentación de la propuesta, pero nunca determinar si una de ellas es más apropiada que la otra en términos políticos.
Esta es la trampa en la que cayó el Colmed, y que parecen ver todos menos ellos. Porque no importa si es más o menos técnica la propuesta defendida, por que al ser solo eso, al encontrar aspectos “rescatables” a nivel técnico de los programas de los candidatos, sin diferencias políticas para esos ojos “neutrales”, termina por validar a todas en lo político. Porque una propuesta solo puede ser declarada insuficiente en términos técnicos, no ser “inviable” políticamente, porque no hay criterios en su evaluación que determine eso.
El efecto de ello es que la institucionalidad de los médicos ha realizado una exquisita prestidigitación que ha igualado el programa del candidato Kast al del candidato Boric, en tanto este último también contiene aspectos que ellos avalúan como “de encuentro”, no importando la cantidad de ellos. Es decir, para el criterio técnico neutral del Colmed, ambas posturas se encontrarían en la “zona de aprobación”, produciendo una igualación de dos contenidos que se pretenden completamente diferentes (el técnico y el político). Así o los médicos no leyeron los programas, o en su trampa técnico-político de neutralidad, terminaron por indiferenciar cualquier proyecto político en salud. El colegio profesional de manera impresionantemente poco crítica, iguala dimensiones de realidad social que no pueden nunca perderse de vista, ya que, llevémoslo al extremo, si el Colmed fuera un juez, encontraría “elementos de razón” en las declaraciones con las que un violador sexual justifica la violencia ejercida contra su víctima, llegando a la odiosa conclusión de que de mejorar los argumentos, podría recaer la culpa en la víctima (como tantas veces nos han recordado las feministas que sucede en la justicia que no considera la diferencia social de las mujeres igualándolas con los hombres).
La pretensión de que se puede tener un juicio meramente profesional, separa imaginariamente que incluso el sentido técnico, cualquiera este sea, es en sí mismo un componente político, que es histórico y que depende de los modos de hacer de tal o cual sociedad. Y no nos compliquemos mucho con esto, apelar a una “neutralidad de la técnica” es siempre funcional al sistema instituido en el cual es posible. El sistema que el 80% de Chile, declaró que quiere cambiar.
Por último, habría que preguntarse porqué el candidato del FA asistió a la cita con el Colmed -otros se negaron después del incidente Kast- si se corría el riesgo de perder el apoyo de los médicos, en un mensaje que termina por apoyarlos a todos. En esto, se puede entender la trampa al interior del colegio profesional, pero no al interior del FA. Al menos algo de esto lo explica la misma presidenta del colegio médico, quien señaló a personeros de ese conglomerado (específicamente RD y CS) como sus colaboradores más cercanos, incluso agradeciendo el haber plasmado en el programa de Boric, sus ideas. O sea, existe un maridaje entre ambos y sus “altas esferas”.
A pesar de ello, no parecen haber en ninguna de las dos organizaciones, ojos críticos respecto de promover una postura política que se remita a estar parapetados en un saber aparentemente universal y transparente, o que puedan cuestionar esa pretendida verdad cegadora más allá de toda consideración, sin que terminen poniendo en bandeja no solo la validación del programa de Kast en salud, sino que la indiferenciación con su propio proyecto político, una ingenuidad que parece confundir espacios rituales (Colmed) con su significación en un diálogo y actuar político (FA).
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