Cultura B

Comprador chileno de arte: Adiós naturaleza muerta, bienvenida vanguardia

Hace solo pocos años, el espectador y comprador de arte local prefería temas y técnicas tradicionales y amables como las decorativas flores, el paisaje y las naturalezas muertas. Ahora, en cambio, las nuevas generaciones les abrieron la puerta a tópicos más contemporáneos e inquietantes.


En marzo de 1994 se inauguró en la Sala Matta del Museo Nacional de Bellas Artes, la exposición “Claudio Bravo, visionario de la realidad”, la que reunió más de 60 obras del mundialmente famoso artista chileno. La muestra, que permaneció abierta por cerca de tres meses, fue todo un hito en la historia de la plástica nacional, pero no por las críticas de los expertos, algunos de los cuales no la trataron tan bien, sino por la cantidad de gente que fue a visitarla.

Chile no es un país donde sus habitantes suelen ir en masa a museos ni galerías de arte y, por ello, sorprendió que más de 200 mil personas hicieran cola y esperaran horas para entrar al palacio del Parque Forestal a contemplar las obras del ahora fallecido pintor realista. Entre las explicaciones que recogió la prensa de la época a ese suceso, estaba que a los chilenos les gustaba “el arte que se puede entender fácilmente”, mientras otros, señalaron, que el público nacional era conservador y que tanto la técnica como los temas de Bravo eran de su agrado. Se trataba de tópicos no conflictivos como retratos muy fieles al modelo y naturalezas muertas donde predominaban los objetos cotidianos como cajas, floreros y frascos.

Claudio Bravo – «Naturaleza muerta con ladrillos» (1992) Óleo sobre lienzo

En esos mismos años, el desaparecido diario La Época confirmó el gusto conservador del chileno después de hacer una pequeña encuesta entre galeristas y dealers de arte. La mayoría de ellos afirmaron que no solo las obras de arte de estilos tradicionales, como la pintura, la escultura y el grabado, costaba menos venderlas, sino que los temas preferidos eran casi los mismos que tuvieron éxito en el siglo XIX. Es decir, los paisajes, las naturalezas muertas, las flores y los tópicos complacientes y decorativos. En cambio, los temas menos considerados por los compradores eran los políticos y los desnudos. Tampoco les gustaban los retratos, menos si el protagonista no era un familiar cercano. “Es que a nadie le gusta tener la presencia de alguien desconocido en su casa”, se explicaba una galerista.

Aún cuando los desnudos han estado siempre presentes en la historia del arte nacional y mundial, no los compraban para decorar las casas porque “podían molestar a las visitas de mayor edad”, comentó esa vez otra galerista. Obviamente, los desnudos frontales masculinos y los temas abiertamente eróticos eran los más eludidos a la hora de las ventas, porque la molestia podía convertirse en espanto en un Chile que recién salía de una larga dictadura y apenas se asomaba a la globalización.

A más de un cuarto de siglo de ese escenario desolador para las vanguardias nacionales, al parecer las cosas han cambiado significativamente. Así por lo menos lo hacen notar algunos críticos y galeristas quienes aseguran que esos paisajes bucólicos con sauces llorones y prados floridos ya están “pasados de moda”, al igual que las poco controversiales naturalezas muertas.

“Esos cuadros típicos de notaría o de casas de gente mayor ya quedaron atrás”, dice entre risas el conocido curador de arte Ernesto Muñoz, a la vez que afirma que en la actualidad todos los artistas y sus obras tienen su propio nicho y público. “Gracias a la globalización, el internet y las bienales de arte, la mirada ha cambiado. Tenemos un público más formado que ya no tiene problemas con determinados temas y está abierto a manifestaciones más contemporáneas como la utilización de medios tecnológicos”, asegura.

Aires contemporáneos

Aunque advierte que no está muy enterado del mercado del arte actual, el teórico y profesor de Historia del Arte, Enrique Solanich, señala que ha notado que obras de autores como el Premio Nacional de Arte 1979 Carlos Pedraza, Ximena Cristi y Augusto Barcia, que en décadas anteriores eran demandados y apetecidos, ahora ya no lo son tanto. Por el contrario, el arte geométrico está despertando mucho interés y dentro de él, los trabajos de Matilde Pérez, la fallecida artista que fue incomprendida y eludida nueve veces por el jurado del Premio Nacional de Arte. “Consumidores de obras que tienen entre 30 y 50 años, buscan mucho este tipo de arte, al igual que temáticas minimalistas”, señala el docente.

Matilde Pérez (1976) Óleo sobre madera

Rosita Lira, socia de la galería ArteEspacio, cree que ese comprador de paisajes y naturalezas muertas ha dado paso a uno mucho más abierto y dispuesto a invertir en arte más controversial, osado e inquietante. “Hay más personas que viajan, han ido a estudiar al extranjero, visitan museos y galerías y siguen la trayectoria de los artistas que les agradan y están al tanto de las vanguardias”, asegura, como también manifiesta que hoy hay más presencia de compradores extranjeros dispuestos a invertir en arte nacional.

La galerista Irene Abujatum recuerda los años 90 como una época en la que el país aún se resistía a manifestaciones más contemporáneas y en que las galerías tenían que vender “puras latas” conservadoras y exhibían casi solo obras de técnicas tradicionales como pintura sobre tela, escultura y grabado. “Ahora las cosas han cambiado mucho porque se han abierto las fronteras del arte gracias a eventos como la Feria Ch.Aco., que muestran problemáticas que son abordadas por los creadores desde diferentes puntos de vista”.

Carlos Pedraza

La experta también rescata que las galerías nacionales se han modernizado y ahora se atreven con soportes como el video y la performance. Según la directora de la galería AFA, también ha contribuido a este nuevo escenario la aparición de un consumidor más informado y ávido de un arte con más contenido, más contemporáneo y con nuevas propuestas.

Por último, el artista y comisario de arte Carlos Navarrete, cree que en este milenio una nueva generación de artistas ha sido acompañada por una nueva generación de coleccionistas. “Ello se debe, en parte, al fenómeno de la globalización en el marco general y en lo particular, al fenómeno de las bienales y ferias de arte, las cuales acercaron esa manifestación a un público más masivo”.

Ximena Cristi

Señala también que, actualmente, en los artistas chilenos subsiste una diversidad temática en donde lo figurativo está a la par de lo abstracto. “De hecho, se siguen vendiendo paisajes y naturalezas muertas, Hernán Gana y Felipe Cusicanqui son dos ejemplos de estos eternos temas de la pintura, pero también se debe concitar el fenómeno en pintura de Guillermo Lorca, que se ha convertido en un referente tanto por lo que pinta y como ello es leído por la audiencia”.

Advierte que aún cuando Chile está más amable con las vanguardias “no se puede descuidar que en el hoy todavía subsiste el ayer creativo, en donde figuras como Gonzalo Cienfuegos, Bororo o Carmen Aldunate se mantienen incólumes, precisamente porque las técnicas digitales han permitido reproducir sus obras a precios módicos como una manera de llegar a otros públicos”.

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