Caso Paola Alvarado: Erwin Soto es condenado a 14 años de presidio sin haber entregado el cuerpo de la víctima
Nancy Cortez junto a fotografía de Paola
Paola Alvarado tenía 34 años cuando desapareció en Curacautín. Su mamá, Nancy Cortez, con mucho dolor y valentía nos contó su historia mientras organizaba otra búsqueda. Con sus amigas han organizado más de 20. Ninguna tuvo éxito. Hoy hay confeso, pero no hay cuerpo. Dice que no parará de buscarla. Aquí te contamos sobre la última conversación que tuvimos con ella.
Este martes el Tribunal Oral en lo Penal de Temuco condenó a 14 años de presidio a Erwin Aedo Soto como autor del delito de homicidio simple en contra de la joven de 34 años, Paola Alvarado, desparecida desde el 9 de abril de 2018 en Curacautín, Región de la Araucanía.
Cabe recordar que el pasado 17 de agosto el tribunal había declarado culpable a Soto, solicitando la Fiscalía 15 años de presidio mayor por el delito de homicidio simple. Sin embargo, Alejandro Guzmán, el abogado de la familia, pidió que la pena fuera de 40 años por los delitos de homicidio y secuestro calificados.
«Esta sentencia marca un precedente porque en definitiva confirma una tendencia más moderna del derecho penal chileno a considerar que no es necesario el cuerpo de la víctima para que exista una condena por homicidio, siempre que existan otros elementos que den cuenta de la existencia de la actividad delictual, como por ejemplo la ropa de la víctima, los últimos llamados captados y -lo más importante- el hallazgo de ADN de la víctima levantado desde los zapatos del imputado, ya que quedaron salpicaduras de sangre en ellos», explicó entonces Guzmán.

Sin embargo, el abogado ya había mencionado que si la sentencia de este martes era finalmente por homicidio simple, se evaluará junto a Nancy Cortez, madre de Paola, interponer un recurso de nulidad del fallo con el objetivo de que el agresor sea condenado por homicidio calificado y a las penas que corresponda aplicar.
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Desde la última vez que conversamos, Nancy ha pasado meses entre Curacautín y Santiago. Para ella cada búsqueda es un rito. Ha viajado desde su antigua casa en Peñalolén a Temuco, y desde Temuco a Curacautín por dos años. Años de vida itinerante.

«Hicimos la última búsqueda de mi hija en verano. Porque así el clima nos permitía buscar de mejor forma. Fue tan lindo, sabe. Fueron casi 80 personas, entre la ONG ‘Nueva Imperial’ -quienes se dedican a hacer rescates marítimos y terrestres-, bomberos que viajaron de Concepción, amigas y gente del pueblo que solo nos ha querido ayudar», cuenta Nancy.
Suspira bien profundo y relata: «No la encontramos. La gente me pedía disculpas. ¿Qué culpa iban a tener ellos? Ellos solo han ayudado. Volví a Santiago, otra vez sin mi Paola. Y pasé toda la cuarentena allá».

EL JUICIO
Con la pandemia Nancy tuvo que estar en Santiago, pero no se quedó tranquila. Hasta que la llamaron para avisarle que sería el juicio de formalización de Erwin Soto Aedo, quien hoy se encuentra preso por confesar haber asesinado a Paola. Sin embargo, nunca ha querido decir dónde está su cuerpo y ha relatado en dos ocasiones diferentes testimonios sobre el asesinato.
«El 2 de agosto declaré. Fue duro. Tener a ese hombre en frente, mirándome. Tener que relatar todo lo que hemos vivido con mi familia, con el hijo de la Paola», recuerda su madre.
Dice que no se quedará tranquila con la sentencia para Erwin Soto, que no solo basta eso; necesita encontrar a Paola.
«Ellos creen que yo me voy a quedar sentada mirando. Vivir así es un tormento. Estoy como la gente del ’73 que hasta hoy no encontraron a sus familiares. No quiero ni pensar cómo vivieron esas madres. Imagínese, yo estoy en mi casa y me hago mapas en la cabeza, pensando en qué lugar del fundo no recorrí. Son 4.200 hectáreas. No voy a parar», dice.
Nancy nos cuenta que está preparando la próxima búsqueda que sería en noviembre, cuando se cumplan 3 años de la desaparición de Paola. Hace énfasis en cómo se han acompañado en estos meses junto a Marcela, la mamá de Antonia Barra, y otras de sus compañeras de la agrupación de víctimas de femicidio.
Finalmente, con un poco de alivio, nos da la noticia que la tiene contenta por estos días. El escultor Luis Castillo les regaló a ella y a la mamá de Antonia una escultura de sus dos hijas de la mano.

«Saldrán las dos de la mano. No se miran sí, porque ellas nunca se conocieron. Nos ofreció el artista estas esculturas para que las pongamos donde queramos o quizás las rifemos. Porque a ambas nos ha salido muy caro buscar justicia. Yo sigo pensando en vender mi casa. Estas ayudas nos entregan un poco de esperanza. Estamos juntas», concluye Nancy.


