Opinión

Más allá de Baquedano y su caballo: Plaza Dignidad y las batallas por nombrar

¿Qué dice el nombre Plaza Dignidad? ¿Qué flujos nos recuerda? ¿Qué tipo de expresiones políticas son las que vinculamos a ese nombre? Comencemos con algo obvio: Plaza Dignidad no nombra únicamente un espacio físico ni constituye una denominación alternativa de Plaza Italia o Plaza Baquedano. El nombre Plaza Dignidad es, ante todo, una experiencia sensible en el espacio público, que nos recuerda ocupaciones masivas, consignas, cánticos, celebraciones, la violencia policial que allí se verificó y también, cosa no menor, la aparición de los fantasmas plebeyos; Allende, Parra, Jara, Mistral, entre varios más.

PLAZA

¿Cómo se llama la plaza? ¿Italia o Baquedano? ¿Dignidad? Desde hace muchos años que esta disputa por el nombre existe en nuestro país, las respuestas que se dan no son baladí, algo indican. Este punto quedó muy claro a propósito de los sucesos de los últimos días. Luego de una larga y millonaria restauración Baquedano regresó a su plinto. El alcalde de Providencia para estas fiestas patrias le organizó una celebratoria parada militar de bienvenida, la oligarquía en pleno festinó por su regreso. Todo en orden, hasta que una opinión disidente incendió la pradera: “Pongan el monumento que quieran, esa plaza es y seguirá siendo Plaza Dignidad” dijo Jaime Bassa.

Para Alejandro Gana la discusión sobre las denominaciones y las delimitaciones de la Plaza exceden lo anecdótico, aquellas están vinculadas a las dimensiones del espacio público y sus flujos. Así, la controversia entre esos nombres son la manifestación de posiciones diversas ante procesos de enunciación e intensivos procesos políticos vinculados a los ánimos festivos y democráticos.

¿Qué dice el nombre Plaza Dignidad? ¿Qué flujos nos recuerda? ¿Qué tipo de expresiones políticas son las que vinculamos a ese nombre? Comencemos con algo obvio: Plaza Dignidad no nombra únicamente un espacio físico ni constituye una denominación alternativa de Plaza Italia o Plaza Baquedano. El nombre Plaza Dignidad es, ante todo, una experiencia sensible en el espacio público, que nos recuerda ocupaciones masivas, consignas, cánticos, celebraciones, la violencia policial que allí se verificó y también, cosa no menor, la aparición de los fantasmas plebeyos; Allende, Parra, Jara, Mistral, entre varios más. 

Italia, Baquedano o Dignidad es una disputa que trasciende lo nominal: es una lucha por realzar o desprestigiar un tipo de experiencia en el espacio público. Es, propiamente, una batalla política, si entendemos que en una de sus acepciones la política es, sobre todo, una disputa por la narrativa, un combate por nombrar.

     NOMBRAR

La cuestión del nombrar es un asunto relevante en las disputas políticas, lo ha dicho con mucha claridad Gramsci, Mouffe, Laclau y Lakoff, entre otros. La revuelta social es un buen caso a observar en el que se verifica la batalla por nombrar, puesto que sobre este asunto las denominaciones y los esfuerzos para imponerlos son significativos.

Sebastián Piñera, por ejemplo, decía que la revuelta podría comprenderse como una guerra o un golpe de Estado no convencional. La filósofa Lucy Oporto ha dicho que el octubre chileno no es más que un momento lumpenconsumista. El rector Carlos Peña ha indicado que las movilizaciones sociales masivas de 2019 no eran más que un momento pulsional, infanto juvenil, Alberto Mayol habla de estallido social precisando que este fue un Big Bang anómico, caótico, descontrolado, sin dirección y así…

Principalmente son las derechas quienes durante los últimos siete años, han desarrollado una tarea intelectual y militante en torno a la interpretación de los acontecimientos. Tomando como referencia el aprendizaje gramsciano que, según Claudio Berríos, la derecha chilena ya habría interiorizado, han buscado afianzar durante este tiempo sus propias lecturas sobre los acontecimientos del último ciclo político transformador (2019-2022).

Las derechas llevan varios años trabajando sobre la política del nombrar. En los términos planteados por Lakoff, este trabajo en la derecha comenzó a ser entendido como una tarea política prioritaria: construir infraestructuras, producir e instalar intelectuales, ocupar espacios en programas de televisión y radio con “investigadores” y elaborar una serie de argumentarios académicos y contenidos para redes sociales que les permiten construir y consolidar marcos de interpretación.

Esta cuestión no debería resultar novedosa para las izquierdas. El propio movimiento obrero comprendió tempranamente la importancia de esta disputa, como lo demuestra la histórica preocupación por la creación y control de periódicos, medios y espacios propios de producción y circulación de ideas. Sin embargo, aquello que las izquierdas saben desde hace bastante tiempo parece hoy haberse desplazado de sus prioridades políticas.

 DESMONUMENTALIZAR

Más allá de Baquedano y su caballo, por tanto, más allá de la estrecha discusión que se ha dado en los medios de comunicación de la derecha empresarial, es posible observar que la desmonumentalización es un fenómeno que acontece con habitualidad en las revueltas sociales, puesto que en ellas se libran combates patrimoniales, por las formas, diseños y símbolos que rigen la ciudad. Según Chiristian Matus, Macarena Ibarra y María Luisa Mendez las disputas por el patrimonio van más allá de la óptica estrecha de la vandalización. Para los autores, en esos actos se observa con claridad una lucha por la resignificación y la apropiación de la ciudad.

En su investigación Matus, Ibarra y Mendez revisaron varios procesos de desmonumentalización a lo largo del país. Adelanto la ¡sorpresiva conclusión! : detrás de estos procesos hay un fuerte sentido político. Los autores, nos dicen, por ejemplo, que en Arica el busto de Cristóbal Colón fue vandalizado en una manifestación donde se conmemoraba a las víctimas de la violencia policial del octubre chileno, el 30 de noviembre de 2019. En Antofagasta, la Plaza Sotomayor, centro neurálgico de los encuentros revoltosos fue rebautizada como “Plaza de la Revolución” mediante la remoción de las placas que daban nombre a la plaza. En la Serena, específicamente en su Alameda, fue derrocada la estatua de Francisco de Aguirre, la que fue reemplazada por “Milanka” una escultura de una mujer diaguita.

En ese mismo contexto, los autores nos recuerdan que la avenida fue re nombrada como “Avenida Diaguitas” En Concepción el 13 de noviembre de 2019 y a un año de la conmemoración del asesinato del comunero Camilo Catrillanca una gran núemero de personas derribaron el monumento de Pedro de Valdivia el que fue dejado como ofrenda frente a Lautaro, como bien recuerda Manuela Badilla en una bella crónica llamada “Ahí va Pedro. Chao Pedro. Que te vaya bien Pedro: No son 30 pesos son 500 años”  Misma suerte corre Pedro de Valdivia en la araucanía, donde se derribó una cantidad importante de símbolos ligados a la violencia colonial, dentro de los que se incluye la decapitación de Dagoberto Godoy, García Hurtado de Mendoza y del mismísimo Diego Portales cuya cabeza fue dejada como ofrenda ante el monumento de Caupolicán. Finalmente, en Magallanes en la Plaza de Armas de Punta Arenas, la confrontación ciudadana fue dirigida contra José Menéndez Menéndez, empresario local sindicado como el exterminador de los selknam en la Patagonia.

Es decir, lo que ocurrió con Baquedano es una disputa urbana que se verificó en todo Chile. Aquella impugnación es profundamente política, puesto que aquella desacralización y aquel quehacer iconoclasta están vinculados a una serie de demandas políticas y sociales que desafían las narrativas propias de la historia oficial.

    DIGNIDAD

Francisca Parra me recuerda que, en Quintero, el año 2018, los manifestantes rebautizaron su Plaza de Armas como Plaza Dignidad. La idea de dignidad está vinculada a un proceso político y democrático más amplio. La palabra dignidad, por tanto, trasciende el momento revoltoso de 2019 y se encuentra profundamente vinculada a históricas luchas sociales, la vivienda, el medio ambiente, el trabajo, etc. Por esta razón, es posible comprender el terremoto que generó en la oligarquía que Bassa trajera nuevamente a la mesa la idea de dignidad.

Parece ser que dignidad activa el terror y la vergüenza que experimentó la élite durante nuestro octubre revoltoso. Terror, porque se encontró con un pueblo indómito y rebelde que masivamente salió a las calles a manifestarse, deliberar y exigir una agenda de cambios estructurales. Vergüenza, porque aquella impugnación se dirigió al corazón del modelo y, por tanto, a sus propias posiciones de privilegio dentro de este orden social injusto.

     LEGADO

La revuelta social chilena, vista por muchos como una experiencia inoperosa, sí tiene un legado: la dignidad. Una izquierda que no teme decir su nombre debe volver a situar la vida digna en el centro, como horizonte de su proyecto y como razón de su lucha.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

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