Opinión

Tiempo epocal

No es para nada el recomienzo de la guerra fría, sino el comienzo de guerras sucesivas, híbridas y emergentes, que azotarán el planeta por la apropiación de los recursos naturales, estados de excepción, culturización mediática, lo que, con el tiempo, se volverá una necesidad de la violencia de acumulación de capital.

“desde la caída globalizatoria del muro de Berlín a la instalación de un muro geopolítico en Ucrania que pone una interfaz a otro reordenamiento mundial”.

Oh Bárbara/ Menuda estupidez la guerra (Prévert, 1946)

Estamos concurriendo a la destitución de un “imaginario epocal” radicalmente distinto. Los impactos han sido desconcertantes, y muchas veces difíciles de procesar en tiempos indelebles que implican una inflexión en la nueva morfología de la geopolítica internacional del capital.

Son movimientos escalares, “aparentemente “moleculares”, donde la intermediación de diversas capaz conflictivas complejizan el cuadro de la convivencia regional y mundial. Los fenómenos migratorios, por ejemplo, reflejan una crisis muy difícil de resolver, y las claves generan una interdicción de facultades y análisis de todo tipo, esta humanidad se abre camino empujada por el despojo del capitalismo mundial en su fase neoliberal, que ha significado como diría Darvey Harvey un vulgar golpe de clase, sin más teorización que lo fácticamente plausible.

Donde van a parar los circuitos de la historia, sus nexos que no permitían ver un modelo de mundo, que ya deviene en otro mundo, que no es la soñada aldea global emparentada con “the end” de la historia. Se trata de un mundo impactado por las desigualdades estructurales, por batallas psicoculturales de profundas zanjas invasivas en el sentido de lo vivo, luchas por la significación del mundo y la constitución de nuevo “Muro de Berlín” (Ucrania) a manos de oriente y occidente para el siglo XXI. La antesala de una guerra civilizatoria, la caracterización de ese asomo tiene signos de evidencia.

No es para nada el recomienzo de la guerra fría, sino el comienzo de guerras sucesivas, híbridas y emergentes, que azotarán el planeta por la apropiación de los recursos naturales, estados de excepción, culturización mediática, lo que, con el tiempo, se volverá una necesidad de la violencia de acumulación de capital.

Luego de los últimos sucesos, nunca más las significaciones del tiempo vivido volverán a ser las mismas, la evolución de la explotación profundizará la zonificación de la miseria, mientras las tecnologías seguirán otorgando poder excluyente a los detentores de un capital sofocante y destructivo, a costa de crear un mundo insustentable.

No solo bombas caerán sobre Kiev, y contra otros lugares del mundo inclusive, la política por otros medios será el guion del presentismo y un futuro técnico que se desvanece en los aires convulsos de la incertidumbre del siglo XXI. El metal del fuego fundirá todo intento.

Siendo el capitalismo un proceso de “destrucción creativa” el aluvión de “calentamiento global” no se detendrá, el daño es muy fuerte, más que las posibilidades del remedio. La voracidad intensiva del capital terminará por destruir lo vivo, la sustentación de la humanidad ha colapsado por su ineficacia histórica en encontrar otras formas de convivencia.

Las izquierdas en su condición ideológica se han insuflado de manías hayekianas que ya no disputan un mundo mejor, sino las posibilidades que les da el geopolítico capitalismo mundial, y la desfragmentación correlativa de sus apropiaciones y usurpaciones constantes bajo la parodia digital.

La vida resistirá en las comunidades, y en sus convivencias autónomas, pero no confluirá hacia plataformas universales, porque las ideologías de la emancipación carecen de habla, y sufren una profunda incomprensión en sus capacidades de interpretar el devenir de los tiempos.

La humanidad ha vivido de la emocionalidad de la esperanza, y hoy se precipita la tecnología psicopolítica de la ansiedad y la depresión, el soliloquio que ha producido la individuación ha dejado enjaulado el horizonte de lo bello. Tal desarrollo global producirá la involución determinante, la senectud de todo “verbo lumínico” que albergo la humanidad.

Los sujetos populares han emergido cada vez para traernos al viejo Marx, y su “sospecha” tan certera, pero incluso los símbolos del fascismo han podido y podrán capturar estas fuerzas telúricas. En este teatro de fantasmas, ya no queda un sitio seguro, ni un sentido solidificado en el alma epocal.

Se trataba de cambiar el alma, y lo lograron, con minucioso y escrupulosa manía terminaron por erradicar la pulsión de la vida, y en sociedades sin sociedad, un reflejo hibrido e inestable que se mueve amorfo por la geodésica.

Otras guerras biopolíticas serán sucedáneos de guerras intimidantes, y emergentes. Los virus pos-fordistas los fabrica la inestabilidad de los ecosistemas, y sus laboratorios ya no están en la higiene de la ciencia, el laboratorio es la vida misma, el mercado nato. 

De otros será, de otros, el reino de los cielos, aquí solo afecciones epidérmicas que referencian la “crisis como cultura”. La velocidad que hace imposible construir biografías, esa centralidad nodal de la desregulación terminará atomizando todas las prácticas sociales.

En el desarrollo superior del capitalismo, terminaremos con nuevo mapa del planeta, pero también con nuevas rutas internas en torno a lo subjetivo, ni siquiera con necesidad de construir maquinas obedientes, el mejor diseño ha sido no tener diseño, ahí los influjos mueren y/o se procesan por otras vías.

Ni derrumbe, ni restauración de lo que nunca ha caído, fantasías populistas de un recondito insalvable. Revolución constante de la incólume arquitectura del capital y sus procesos de reterritorialización donde el “muro” transgrede el tiempo histórico, y todo lo vivido se cae a pedazos como los intersticios de este mundo. La destrucción creativa de las posibilidades de la vida.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Eddie Arias Villarroel
Sobre la autora / el autor
Eddie Arias Villarroel
Sociólogo. Doctor en Procesos Políticos y Sociales en América Latina. Postdoctorado en Ciencias Sociales.
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