Pelúa & Pelao en el País de las Maravillas con ChatGPT
El uso de ChatGPT en esta exposición, lo interpreto como gesto irónico de la pareja de artistas, al sistema del arte y la política.
La imaginación es la única arma en la guerra contra la realidad.
LEWIS CARROL.
Después de mandarse un patache de mariscos en su casa y taller ubicado en La Florida, Claudia Collao y Sergio Guzmán fueron a parar a una clínica dental. Uno de sus comensales no hizo caso a las advertencias. Por andar masticando a la brutanteque, le apareció un fragmento de caparazón que le hizo añicos una muela. Mientras la pareja de artistas acompañaba al goloso, se pusieron a recorrer las instalaciones del estrambótico lugar, con unos recovecos más raros que pescado con hombros.
Acuarios en lugar de tabiques, un piano tocado por el hombre invisible y hasta un jardín japonés, entre otras curiosidades del complejo laberinto, parecen el País de las Maravillas y no lo que uno se imagina cuando lee “Instituto Nacional de Ortodoncia” (INO), donde hasta hace un par de días estuvo abierto el proyecto expositivo de la dupla.
En medio del extravagante diseño y decoración que recubren cada uno de los rincones de esta película de fantasía –nadan peces payasos y se escuchan niños asustados– Collao y Guzmán presentaron obras inspiradas en la ciudad latinoamericana actual y sus habitantes.
¡Cómo fue que terminaron exponiendo en un lugar así! Por apurete, al goloso además se le quedó la billetera, y el matrimonio tuvo que prestarle plata. Cuando fueron a pagar la dolorosa –en todo se van a medias–, la secretaria se percató de su oficio en el revés del carnet de ambos y les propuso la posibilidad de exponer sus obras allí. Pensaron que los estaban agarrando para el chuleteo: Collao respondió que de todas maneras le encantaría poner sus pinturas urbanas cerca de los acuarios; y Guzmán, que sus esculturas cómicas teñirían de alegría a la sala de espera.
“Visiones parciales” y “Ciudadanías críticas”
¡Dicho y hecho! A las pocas semanas, cuando el goloso ya les había pagado la deuda, inauguraron en el recinto ubicado en el límite oriente de Ñuñoa con La Reina. No se detuvieron en caldos de cabeza: son artistas plásticos –de la vieja guarda– que se valen de la práctica cotidiana del oficio manual. Siguen la disciplina que les inculcaron en sus escuelas durante los 80: como trabajan todos los días en su taller, tienen material de sobra para organizar una exposición en poco tiempo, con poca plata y sin inventar tollos o hacer lobby con peces gordos para que los pesquen.
Se sabe que anda mucho artista y curador dando vuelta –jóvenes y no tanto–, que le hace el quite a esos espacios, considerados inferiores por su estrecha cercanía con problemas que le competen a la gente común y silvestre, que grita de dolor de muelas o se tira peos cuando come legumbres.
Gran parte de la responsabilidad detrás del elitismo que se le achaca al arte contemporáneo recae en esas personas, solo dispuestas a exponer su trabajo en muros asépticos y carentes de elementos “distractores”, dirigidos a público emperifollado, con estudios de postgrado o abultadas cuentas corrientes; incluso en paraísos fiscales que les permiten desayunar langosta a diario.
Por el contrario, Visiones parciales y Ciudadanías críticas de Collao y Guzmán, fueron dispuestas a la mirada de pacientes –quizás, clientes– de salud dental, que no necesariamente manejan un alto capital cultural para disponerse a contemplar al arte contemporáneo desde un pedestal sabiondo. Aunque las pinturas de ella y las esculturas de él no fueron hechas especialmente para el contexto clínico, este termina jugándoles a favor, a pesar de estar atiborrado de chucherías por todas partes.
Los lenguajes visuales que ambos han desarrollado por más de 30 años, se valen del exceso de información disponible en la cultura de la basura de la sociedad de consumo. Un exceso de imágenes y palabras imposible de ser procesadas cognitivamente, en la medida de su veloz aparición, que es padecido por Collao y Guzmán. Son pinturas y esculturas que recogen chatarra visual, la traducen cromática y gráficamente con ironías sofisticadas y no tanto, que pueden ser apreciadas en la medida de que nos despercudamos de la vorágine del capitalismo cultural electrónico; no necesariamente devorando mamotretos de autores primermundistas que lo han estudiado como fenómeno visual.
Curador GPT
Ya que viven a la cresta de la loma y prefieren ahorrarse la lata de palabrearle a sujetos que escriban sobre su oficio, validándose en el circuito del arte contemporáneo con la firma de esos notarios, Collao y Guzmán recurrieron a los servicios curatoriales de ChatGPT para formular los textos explicativos sobre sus obras y cumplir con el protocolo por formalidad.
No porque sean conocidos en el rubro como Pelúa y Pelao –en alusión al exceso de chasca de Collao, y a la carencia de esta en Guzmán– van a andar mostrando la hilacha, sin llegar con lo prometido a los boliches donde son recibidos para exponer.
Y vaya que escribe parecido a un curador o artista bueno para el formulario la cosa esa:

“La selección que presento en esta muestra es una recopilación de obras recientes, que abarcan desde pequeños hasta grandes formatos. Mi enfoque artístico se encuentra en la intersección entre el cómic, el cine de ficción y el grafiti, un lenguaje que me resulta profundamente afín. Exploro temas como la deformidad social, el desastre ambiental, las ambigüedades territoriales, el futuro incierto de nuestro planeta y la omnipresencia digital. Estos temas, aunque podrían parecer salidos de un guion apocalíptico, son cuestiones extremadamente actuales que impactan tanto a nivel macro como micro en nuestra sociedad”.
Otra muestra gratis del curador GPT, al nivel de eventos de envergadura internacional como la Bienal de Valparaíso, que hace poco terminó su duodécima versión:
“Esta reunión de esculturas y dibujos constituyen una mirada crítica hacia donde hemos situado nuestra propia perspectiva de sociedad y que constituye el primer punto de la discusión. En un segundo momento, doy una mirada a otros personajes que desde distintos planos y realidades se refieren a su propia perspectiva de ciudadanía. Una ciudadanía crítica se construye a partir de un proceso constante de formación y aprendizaje en el que la participación activa es un elemento fundamental en el proceso de construcción de una sociedad intercultural donde todos y todas deberíamos ser protagonistas”.

No me parece una desidia, ni mucho menos una decisión gratuita que Pelúa y Pelao hayan optado por utilizar esa tecnología para resolver un problema que como muchos otros artistas tienen, a la hora de verse obligados a sostener la validez de su trabajo en asuntos actuales que merecen toda la atención del Ministerio de Desarrollo Social y otras carteras.
El uso de ChatGPT en esta exposición, lo interpreto como gesto irónico de la pareja de artistas, al sistema del arte y la política. A veces esos formalismos llegan a rayar en el absurdo: provocan la pérdida de la imaginación como única arma en la guerra contra la realidad.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.


