Zona de sacrificio en Plaza de la Dignidad: Las secuelas físicas y emocionales a un año de la represión en el centro de la protesta

Los barrios Lastarria, Bellas Artes y San Borja son parte de la denominada “zona cero” del estallido social. Por más de un año, quienes residen allí han tenido que convivir con la permanente represión policial, las bombas lacrimógenas y los gases tóxicos. Los vecinos se han organizado y no saben qué daños a la salud les provocará vivir en el sector. Problemas psicológicos, abortos espontáneos y enfermedades respiratorias han llevado a que muchas familias abandonen sus hogares para vivir más tranquilos.

Javiera Márquez (29) alcanzó a vivir un mes y medio en el centro de la protesta hasta que su cuerpo evidenció el desgaste provocado tras respirar gases lacrimógenos constantemente. Ella vivía en el pasaje Nueva Bueras junto a su pareja, a 350 metros de la Plaza Baquedano, y la entrada a su hogar se convirtió en uno de los puntos de salud más importantes del Eje Dignidad. Recuerda que una noche de los primeros días de diciembre de 2019, tras ver lesionados por perdigones y escuchar gritos de auxilio de cientos de heridos tendidos abajo de su departamento, se durmió angustiada.

Despertó de madrugada con la garganta seca, apretada y con una sensación incómoda que nunca antes había experimentado, como si tuviera flema constante. El aire de su habitación aún picaba, los ojos le ardían y tosió durante varios minutos sin parar hasta que comenzó a botar sangre. Al día siguiente, preocupada por lo ocurrido, buscó urgente un médico broncopulmonar. Jamás imaginó escuchar lo que el especialista le diagnosticó tras ingresar una cámara por su nariz: sus vías respiratorias estaban quemadas y debía irse lo antes posible de la vivienda.

De niña sufría asma alérgica y nerviosa, pero desde el estallido social los ataques de tos comenzaron a ser más recurrentes.

-Yo pensaba que era el estrés laboral de la época, pero no. El médico me dijo que lo más probable que mis vías respiratorias se quemaron con los químicos y que debía hacerme exámenes para verificarlo, y efectivamente fue así. Estornudaba sangre y tras un mes y medio de estar expuesta, tuve que irme lejos- , relata.

Tres días antes de su crisis asmática severa, Javiera llegó al pasaje más cansada de lo habitual. Por esos días, acercarse al Barrio Lastarria después de la jornada laboral era una pesadilla constante, ya que sus habitantes debían caminar esquivando perdigones en la oscuridad del Parque Forestal, el ataque del “zorrillo” o el carro lanza aguas. Sus vecinos protegían el territorio de los piquetes de Carabineros y evitaban dialogar con Fuerzas Especiales que siempre los amenazaban, incluso delante de Observadores de Derechos Humanos. Los médicos de la ONG “Salud a la Calle” atendían sin descanso a los heridos.

A las nueve de la noche, se tendió en la vereda y descansó por unos minutos apoyada en una manguera que funcionaba como barrera de seguridad en calle Coronel Santiago Bueras. En ese momento comenzó la barrida policial, se levantó rápidamente y no quiso seguir ahí, caminó a la casa que estaba a pocos metros, pero al querer abrir la reja y se desvaneció.

-La Xime, que era una vecina enfermera, me despertó y llevó a su departamento. Me dio sal de fruta y ahí comencé a despabilar lentamente. Me dijo que los que me había pasado era consecuencia de una intoxicación por químicos-, cuenta.

Hoy Javiera vive con su pareja en Pucón, lejos de todo lo que soportó y tuvo que buscar un nuevo trabajo.

-Quedé con secuelas. Actualmente se me agudizó el asma crónica. Ahora que empezó la primavera, me duele para hablar y tragar-, dice antes de terminar la entevista.

***

El 18 de octubre de 2019, Belén (33), como mucha gente ese día, caminó desde su trabajo en Las Condes hasta su departamento ubicado en las inmediaciones del Barrio Bellas Artes. Cuenta que se sorprendió al ver tanta cantidad de personas yendo al poniente. Aún se quiebra al recordar esos primeros días del estallido en las calles, con el Metro cerrado y los helicópteros sobrevolando la capital. Se sumó a las protestas ese histórico viernes, llegó hasta la Plaza de Armas y caceroleó durante horas.

-Fueron días bien álgidos, estuve mucho en Plaza Dignidad. Respiré lacrimógenas, corrí bastante y fue súper intenso-, recuerda.

Esos días, ella aún ignoraba que estaba embarazada. El 20 de octubre protestó junto a sus vecinos por Lastarria. No se sentía muy bien de salud, así que regresó a su casa, entró al baño y botó un coagulo de sangre. Había sufrido un aborto espontáneo.

-La ginecóloga me dijo que había perdido un embrión de 20 días, que estaba muy pequeño y lo más probable es que no resistió todo lo que había pasado. Emocionalmente fue muy desgastante porque fue imprevisto, fue una situación súper violenta para mí en lo personal. Mis papás estaban súper afectados, porque ellos esperaban que sí tuviera guagua. Ese día lloré harto-, recuerda emocionada.

La abogada Karla Díaz (39) es parte de la comunidad “Rosal Organizado” del Barrio Lastarria. El estallido social también la sorprendió con pocas semanas de embarazo. Sus vecinos buscaron diversas formas de protestar y darle sentido a todo lo que estaba pasando esos días.

-El ambiente que se generaba acá en la ‘zona cero’, los ruidos propios de la protesta y la represión que es lo que más me perturba. Los autos de Carabineros, los disparos, las lacrimógenas. Hemos visto cómo se llevan detenidas a las personas en la esquina de nuestra casa, cómo reprimen a los artesanos y vendedores del barrio. Cómo lanzan lacrimógenos a las casas de los vecinos. Estando embarazada, todo para mí se complejizó aún más-, explica.

La hija de Karla nació prematura, cinco semanas antes de lo programado.

-Conversé con los médicos de las brigadas de salud y nos dijeron que eran inciertas las consecuencias de los gases lacrimógenos en las embarazadas. Cuando supe eso me dio pánico. Yo no puedo saber si el nacimiento prematuro tuvo que ver con la situación que vivimos con los gases, pero es una posibilidad. Hemos estado sometido a mucho estrés y concretamente e, tema de los gases ha sido muy fuerte- , recalca preocupada.

Los problemas se extendieron hasta estos días.

El pasado viernes de 18 de diciembre, al igual que los meses más duros de la protesta del año pasado, Karla tuvo que refugiarse dentro del baño de su casa para evitar que su niña de siete meses respirara gases químicos.

-Es una anormalidad en la vida estar encerrada en un baño para no respirar en otros lugares de tu casa. A la hora que estaban reprimiendo, mi hija dormía y tuve que moverla, despertarla y correr con ella. Además, justo a esa hora, mi compañero paseaba a nuestra perrita y los atacaron con gases a los ojos a ambos. Tuvo que bañarse, quitarse la ropa y fue un ataque mucho peor a los ocurridos el año pasado-, comenta.

Los vecinos de Rosal se han conocido entregándose contención lo largo de un año y dos meses, debido a la fuerte presencia policial en el sector. Juntos se han organizado y existen otros grupos, como “Winkul Bellas Artes” y “Primavera Huelén”, con quienes mantienen contacto permanente y cooperan en actividades territoriales.

Durante los últimos meses, varias mujeres del pasaje Nueva Bueras han sufrido problemas en sus ciclos menstruales, y según relatan, son más dolorosos e irregulares en comparación con los meses previos al estallido social. Incluso, algunas han vivido dos periodos en un mismo mes. Si bien, sus ginecólogos no descartan la posibilidad de que los químicos- que llevan respirando durante tanto tiempo-  puedan alterar sus ciclos menstruales, tampoco es algo que  se descarta.

-Me gustaría saber qué nos está pasando, pero lamentablemente nadie se atreve a investigar a fondo-, dice una de las afectadas.

De acuerdo a un estudio científico elaborado en Francia a mujeres manifestantes del Movimiento Chalecos Amarillos, existe una relación entre las alteraciones en la menstruación a causa del estrés al que se someten en las manifestantes. De igual modo, se desconoce en qué medida impacta el gas CS en el ciclo femenino y los científicos afirman que se requiere mayor investigación. El 2 de noviembre, el medio Interferencia publicó los resultados del estudio que arrojó que los ciclos menstruales sí se ven afectados luego de exposiciones intensas a lacrimógenas.

Otro estudio (titulado en ingles The link between CS gas exposure and menstrual cycle issues among female Yellow Vest protesters in France), luego de examinar los casos de 145 manifestantes del movimiento en Francia, reveló –que aunque se requiere de mayor investigación al ser hallazgos preliminares- sí podrían manifestarse alteraciones en la menstruación a causa del estrés al que se someten los manifestantes cuando son gaseados, sin saberse aún en qué medida se ve afectado el ciclo menstrual por el gas CS y/o por el sometimiento a estrés.

“Las lacrimógenas podrían afectar el ciclo menstrual a través de una disfunción molecular a raíz de una disminución de los niveles de oxígeno en la sangre (una consecuencia del incremento de cianuro en los niveles de la sangre)”, se explica en la investigación. Además se  comprobó que el gas CS, una vez metabolizado en el organismo, genera cianuro en la sangre, un químico en extremo tóxico.

***

Coco Fritz (30) también vive en el Eje Dignidad y hasta el día de hoy confiesa verse profundamente afectada por la presencia policial. El 15 de noviembre de 2019 debió comenzar un intenso tratamiento psicológico y psiquiátrico con antidepresivos para combatir las crisis de angustia que surgían tras escuchar el helicóptero de Carabineros sobrevolar sobre su departamento.

La psiquiatra le informó que estaba con un alto nivel de crisis de angustia, algo que estaba relacionado con el estrés post traumático y eso implicaba que siempre podía volver a tener nuevas crisis.

-Ha sido la época más dura que he vivido y aún no me siento libre. El ver tanta violencia me ha hecho muy mal. Despertaba llorando, tenía sueños de guerra con muertes. Después me daban crisis en el trabajo y ahí ni siquiera estaba en un lugar peligroso. Me da miedo volver a sentirme así-, confiesa.

Y así, como ella, otros habitantes de la zona revelan los mismos síntomas.

Víctor Lara (27) también comenzó terapia psiquiátrica tras los hechos de violencia ocurridos alrededor de su hogar y aún sigue tomando antidepresivos todos los días. Dice que de alguna manera ya se resignó a que la represión no va a terminar.

-Ahora estoy más regulado y la terapia me ha permitido controlar mis emociones. Antes me ponía a llorar de la nada, tenía pesadillas con que los pacos llegaban a buscarme al departamento, me costaba mucho quedarme dormido y despertaba a cada rato-, dice.

La organización “El Barrio Que Queremos”, que reúne a vecinos del Barrio Lastarria, Parque Forestal y Bellas Artes, realizó una encuesta entre el 27 de noviembre y el 5 de diciembre de 2019. Allí preguntaron sobre la salud de los habitantes y su entorno de flora y fauna durante las movilizaciones. El sondeo lo respondieron más de  100 personas y evidenció los graves problemas psicológicos de la comunidad. Sus resultados serán publicados y compartidos mediante infografías durante los próximos días.

-En cuanto a salud mental, la mayoría de los vecinos respondieron que los problemas más repetitivos fueron episodios de angustia y ansiedad. Además, sentimientos de tristeza y desanimo. Mayor cansancio, resta de energía y problemas de sueño. Todo esto lo vivió un 70% de los encuestados-, explica Elena Stephens, vecina de Lastarria.

La presidenta de la organización comenta que, en su caso, le cuesta respirar y se cansa más durante el día.

-El Estado es el que nos ha atacó por manifestarnos o por ir ayudar a quienes se manifestaban. En ninguno de los dos casos tiene sentido el nivel de agresiones y violencia al que se llegó. El Presidente llegó a hablar de que era una guerra, ¿guerra contra quién? Si los que tenían armas eran ellos-, dice.

El académico de la Universidad de Chile y miembro de la ONG “Salud a la Calle”, doctor Juan Villagra, mencionó en un reportaje publicado por este medio, la necesidad de comenzar la discusión sobre denominar la “Zona cero” como “Zona de Sacrificio Sanitario” dado los altos índices de exposición a gases químicos.

-No está mal hablar de ´zonas de sacrificio sanitario’, dado que cumple las características similares y una reacción activa que genera una contaminación ambiental en una zona donde viven personas, permanentemente y de manera consistente, hay uso de esos químicos todos los días, en los lugares cercanos a la plaza-, dice Villagra

Recientemente se publicó un informe desarrollado por la agencia londinense Forensic Architecture que concluyó que durante la tarde y la noche del 20 de diciembre de 2019, se usaron al menos 594 cartuchos de gas lacrimógeno en contra de manifestantes que protestaban de manera pacífica en el área de la Plaza de la Dignidad, además de los múltiples despliegues de vehículos que lanzaban agentes químicos similares al gas lacrimógeno a los manifestantes.

En esa línea, se logró establecer que la densidad de los químicos tóxicos en el aire en algunos puntos de la Plaza de la Dignidad excedió por lejos los niveles de toxicidad considerados seguros de acuerdo al manual de utilización de estos gases de Carabineros. Durante un período determinado, la concentración de gas lacrimógeno en un cierto volumen del radio alcanzó niveles de toxicidad alrededor de 135 veces el límite recomendado, lo que «puso en riesgo las vidas de los manifestantes«, explica la investigación.

***

Para Consuelo Navarro, abogada e integrante fundadora de la Brigada Jurídica del Eje Dignidad, esta situación nunca se hubiese permitido en la comuna de Las Condes. En su opinión, el Estado está dispuesto a dejar de lado ciertas comunas, porque son más pobres.

-Creo que sí corresponde llamar a este lugar “Zona de sacrificio”, porque estamos hablando de una ausencia del Estado, de una omisión y acción por parte del Estado. Aquí directamente ellos generan la contaminación. Nunca han hecho estudios, nunca han preguntado, el alcalde nunca se ha referido a temas puntuales de esto y la salud de la comunidad. No hay una mínima preocupación”, dice la abogada.

René Molina y Camilo Le Fort también son miembros fundadores de la Brigada. Ellos viven en las inmediaciones de Plaza Baquedano y prestan ayuda legal a quienes viven en el sector.

El 10 de diciembre de 2019 presentaron un recurso de protección en representación de 42 vecinos del sector Coronel Santiago Bueras afectados por la presencia policial, uso de fuerza por parte de Carabineros, utilización de gases y líquidos lacrimógenos, disparos de balines y perdigones, entre otras materias. El informe fue respaldado por una gran cantidad de evidencia fotográfica, audiovisual y testimonial, sin embargo, no fue considerada por los tribunales de justicia.

-Esperamos que nos den alegatos en la Corte Suprema para que escuchen lo que está pasando con los vecinos. Hoy, en ningún caso, la salud de la gente que vive en Plaza Italia es prioridad-, agrega Camilo Le Fort.

(*) Algunas de las fotografías presentes en este reportaje fueron cedidas por Benjamín Sánchez, José Tomás Donoso y Pavel Pavelic

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