Yasna Provoste y Pamela Jiles, dos maneras distintas de afrontar una misma crisis

Una es Pamela Jiles, quien entendió que lo problemático y lo confuso de esta crisis se hace con ciudadanos/clientes, construidos en estos años, como si ella fuera una gran casa comercial que los abriga con sus brazos de abuela; y Yasna Provoste, senadora y exministra acusada constitucionalmente por un sector que hoy quiere sentarse a conversar con ella.


Durante la tramitación del tercer retiro del 10% de las AFP hemos sido testigos de lo mejor y lo peor de la política; de sus vicios y virtudes. De sus aciertos y desaciertos. De hecho, que se haya tenido que llegar a estas alturas es tal vez el principal desacierto. Pero también una señal de qué es lo que se requiere para poder lidiar con todo lo que conlleva el ejercicio de lo público.

¿A qué me refiero con esto? A que los dimes y diretes, las discusiones, los altisonantes discursos de algunos actores políticos, sumados a la tozudez del presidente de la República, nos revelan qué debe y no hacerse cuando se está ante tamaña crisis como la que vivimos. Y acá sería bueno detenernos en dos figuras que han sido parte esencial de la conversación pública en estos días.

Una es Pamela Jiles, quien entendió que lo problemático y lo confuso de esta crisis se hace con ciudadanos/clientes, construidos en estos años, como si ella fuera una gran casa comercial que los abriga con sus brazos de abuela; y Yasna Provoste, senadora y exministra acusada constitucionalmente por un sector que hoy quiere sentarse a conversar con ella.

Pamela, a partir del tercer retiro de pensiones, ha comenzado una pelea comunicacional con el gobierno en la que pareciera que el objetivo final es demostrar su amor por “su” pueblo. Tras sus acciones está la inmediatez de los paneles de farándula, donde todo y nada era un conflicto. Donde las controversias más explícitas eran realmente un espectáculo donde no hay cosas en juego, salvo cuestiones personales pasajeras.

Para Jiles lo que estaba en juego era su supuesta rivalidad con Piñera, convencida de que el hemiciclo era una de esas discotecas en las que futbolistas y modelos peleaban y se arreglaban en una transmisión televisiva. Y es que olvidó que, a diferencia de cómo pasaba en el comienzo de la década de los 2000 con la farándula, los problemas hoy no se solucionan en el programa siguiente, sino que siguen y transcienden los deseos de un editor periodístico.

Su puesta en escena farandulera da resultado en el momento, pero no alcanza a abarcar la dimensión de lo que seguimos viviendo. La postura de Pamela es vistosa, es divertida y dotada de un sentido del show tal que hace creer que todo está en manos de ella, transformando la tragedia en algo hasta cómico con sus arranques de sarcasmo en comisiones de la Cámara.

Ciertamente si el futuro del país dependiera realmente de su figura, todos los conceptos básicos para sostener un régimen democrático serían reemplazados por una caricatura entretenida pero peligrosa. Si es que ya no están.  Sabemos qué pasa cuando en La Moneda hay alguien que cree que todo se trata de su persona y sus triunfos y derrotas personales.

Por otro lado, tenemos el ejemplo de Provoste, quien, a diferencia de la diputada mencionada, deja lo personal fuera de la discusión. Ella tendría bastante más razones que la “Abuela” para arremeter diariamente en contra de la derecha. La dejaron sin poder trabajar en el servicio público por cinco años debido a una vulgar operación política, como tantas que llevó a cabo el sector oficialista cuando estaba en la oposición. Sin embargo, entiende que la labor pública consiste, para lograr algo más allá de aplausos twitteros, en tratar de llegar a cierta conclusión común, aunque sea transitoria, incluso con quienes hicieron difícil su vida por años.

Rodeada de discursos electorales en su sector, más la dura misión de lograr un acuerdo de gobernabilidad con un presidente y un gobierno a los que el Estado les quedó inmenso, la presidenta del Senado está en el borde entre ser heroína o villana ante una ciudadanía que parece comulgar consciente o inconscientemente más con el facilismo de Jiles, dependiendo del resultado de lo que salga de su conversación con Piñera.

Es un riesgo que parece dispuesta a correr, porque, a diferencia de la colorida candidata, sí conoce los costos de lo político; entiende perfectamente que un día se puede estar entre los acusados y otro entre los acusantes. Porque perdió y ahora, luego de un viaje por el infierno, sabe que no hay nada mejor que ser derrotado para comprender las cosas. ¿Puede decir lo mismo la exopinóloga?

Total
1
Shares
Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Artículos Relacionados
¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medio de comunicación hegemónicos.