Yasna Lewin, periodista: “Hay políticos, empresarios y autoridades que están muy acostumbrados a mentir”

yasna Lewin

En el último tiempo, el nombre de Yasna Lewin resuena entre titulares. De estilo punzante y con una personalidad que ella misma describe como “intensa”, se ha encargado de interpelar al poder cada vez que advierte una imprecisión de parte de alguna autoridad. Desde que se incorporó a La Red, su popularidad ha ido creciendo, sin embargo, lo importante está en el off the record, en todos esos momentos no captados por la cámara, los frames que componen su vida y su trayectoria.


En conversación exclusiva con La Voz de los que Sobran, la destacada periodista que hoy integra el panel del programa de conversación política Pauta Libre, junto a Alejandra Matus, Mónica González, Mirna Schindler y Paula Molina, rememora todos esos recuadros que la han forjado profesionalmente, con un relato que entremezcla recuerdos vívidos de hechos históricos, risas y trabajo codo a codo con destacados referentes del periodismo nacional y la memoria de Chile aún vigente.

Fue el 30 de abril que el diputado de Renovación Nacional (RN), Gonzalo Fuenzalida, se quedó sin palabras de peso para seguir defendiendo su idea. Férreamente convencido de una realidad incierta, insiste en que hay países que tienen privatizados sus servicios estatales. Yasna Lewin lo mira sorprendida, sin dar crédito a la propuesta del legislador sobre vender Codelco para financiar una renta básica universal.

En el registro, la periodista no pierde el tiempo y comienza a enrostrarle una larga lista de hechos de corrupción posibles solo gracias a la privatización de empresas estatales sin mayores regulaciones de parte del Estado. Como si estuviera en un bucle o fuera parte de un escueto discurso que se repite incansablemente, el diputado Fuenzalida se retrotrae a sus palabras iniciales y vuelve a apuntar que hay países con empresas estatales privatizadas, sin ser capaz de precisarle a Lewin a qué naciones se refería. En vivo y en directo, ante miles de espectadores, la autoridad confirmó lo evidente. Se encontraba desarmado frente a una periodista con argumentos más sólidos que su endeble discurso.

Una rareza, a nivel de televisión abierta. Así se podría definir el episodio del 30 de abril.

“Hay políticos y hay empresarios, y hay, en general, autoridades de todo tipo, que están muy acostumbrados a mentir y, sobre todo, a entregar cifras que son falsas o argumentos con experiencias comparadas, porque no están acostumbrados a ser confrontados con personas que se preparan un poco más en esos temas”, advierte Lewin en conversación con este medio.

“También hay que reconocer que, para los periodistas es súper difícil dominar todos los temas, porque son demasiadas áreas, pero con el tiempo una empieza a lograrlo, y eso permite confrontar algunos argumentos que son falsos o son desvirtuados, o por lo menos no tienen algún asidero o tienen otras teorías, por ejemplo. Entonces, viene un político y cree que te puede tirar una cifra porque nadie se la va a rebatir y no está acostumbrado a que la periodista o el periodista le diga ‘esa cifra no es así, sino que es esta otra'”, dice la periodista.

Ese tiempo de preparación es el que ha formado a Lewin, lejos de las cámaras. Así lo reconoce ella misma, apuntando que “nadie me conocía porque cuando uno no está en la tele no existe, lo que no sale en la tele no existe. Llevo 30 años haciendo periodismo y siempre he sido igual, siempre he tenido la misma manera de ejercer, pero claro, la tele siempre tiene más impacto. A mí me ha sorprendido harto, como que me empezaron a llegar tuits y me llené de cosas. No estaba acostumbrada, siempre he sido una profesional de bajo perfil, entonces ha sido una experiencia extraña”, comenta como si aún no asimilara del todo esta suerte de valoración popular al trabajo que por décadas ha realizado.

– Esta dinámica de confrontación es relativamente nueva. ¿Qué representa, en términos de televisión, por la influencia que tiene el medio en particular?


– Este es un canal de televisión abierta y, en general, la televisión abierta tiene un impacto y un alcance en audiencia mucho mayor que cualquier otro medio, salvo algunas radios que son de menores audiencias. Pienso que ahora La Red está haciendo una propuesta audaz porque está apuntando con valentía y con voluntad de realmente abrir espacio, y la prueba es que resulta. Piensa que, además, la estructura de propiedad de los medios los sesga mucho, entonces tú tienes medios de comunicación que pertenecen a dueños que son todos de una misma afiliación ideológica, o agencias de publicidad que solo avisan en esos medios, porque los empresarios, cuando no les gusta una línea editorial, sacan el avisaje, como pasó en CNN con Juan Sutil.

Entonces eso ha generado una suerte de hegemonía de un solo pensamiento a través de la necesidad de financiamiento, pero un medio masivo que logra un alcance de audiencia tan grande como el que estaba logrando La Red, de todas maneras, finalmente, el interés publicitario trasciende al interés ideológico, entonces les interesa avisar, y además, en la medida que las empresas internacionales se van involucrando, en general en el mundo no hay esa derecha económica tan ideológica como en Chile, es bien anómalo el caso chileno, entonces, los dueños de medios, en Estados Unidos, tienen posiciones, pero tienen posiciones ideológicas distintas, no todos son de derecha. En Chile hay una tendencia muy marcada a un gran empresariado que tiene afinidad con la derecha.

– Si uno observa el desempeño que tienen los programas de La Red, uno diría que era Yasna Lewin la escogida. Si repasa toda su trayectoria, ¿qué elementos podría decir que la marcaron para llegar a configurarse ahora, de plano, frente a la televisión, con esta propuesta?


– Primero, creo que la Universidad de Chile, que es donde estudié, salí con una buena formación, y a la generación a la que yo pertenezco, para entrar a periodismo en la Universidad de Chile, se necesitaba un muy alto rendimiento. En segundo lugar, me he preocupado de prepararme. Hice un magister en la Universidad Católica y, tercero, siempre me dediqué al periodismo político, es mi especialización, y lo hice desde el diario. La prensa escrita te exige mucha más profundidad y eso permite que cuando llegas a radio o televisión, tener la capacidad de poder profundizar en temas, que es algo que, tengo la impresión, que periodistas que se han formado en televisión, no han tenido la oportunidad de profundizar más, por los tiempos, por el formato. En televisión y en radio hay poco tiempo para entrar en mayor análisis, es otro formato.

De inmediato, Lewin recuerda una de esas frases grabadas a fuego en su memoria, dejando entrever, con un lúcido análisis de los medios, uno de esos frames que la componen como periodista.

“Antes de las plataformas digitales, se decía que la radio informa, la televisión muestra y el diario explica”, dice como si estuviera compartiendo una de esas grandes cátedras de pasillo, difíciles de olvidar en la práctica y que a veces representan mucho más que horas de preparación técnica.

A veces, más que recuerdos e instancias, se trata de momentos y experiencias. Rememora, con una mezcla de orgullo y cariño, su paso por el medio Primera Línea, formado a principios de la década de los 2000 bajo el alero del Diario La Nación.

“Ese fue uno de los primeros diarios electrónicos junto con El Mostrador, pero este nació al alero de La Nación, y lo fundamos con Juan Pablo Cárdenas como director y yo como editora general. Fueron las primeras experiencias de periodismo digital”, comenta de entrada.

“Tengo unas tiras de Micco –dice recordando al dibujante y muralista Luis Henríquez–, ¿lo conoces? Él me regaló, cuando lo cerraron, me regaló el primer y el último cómic del diario, por ahí lo tengo colgado. El cómic empezó cuando volvió Pinochet de Londres y terminó con la caricatura que dice ‘última línea'”.

Yasna sonríe cálidamente, cómo si se tratara de uno de esos tesoros intangibles, que a medida que pasa el tiempo, se vuelven más valiosos. “Lo cerraron, el diario La Nación hizo una apuesta, porque no existía La Nación digital, entonces la primera tentativa fue hacer este diario digital distinto, con una línea editorial tratando de ser más autónoma del Gobierno, La Nación, acuérdate, que era un diario más que del Estado y del Gobierno. Siempre procuró una cierta autonomía, pero no era tan fácil, entonces este experimento del primer diario digital, Primera Línea, era más apartarse de esa marca más gobiernista, pero nunca tuve muy claro los motivos, yo creo que más bien presión porque no les gusto que fuera interpelador del poder (…) Al gobierno no le gustaba que su propio diario los criticara”.

Primera viñeta Primera Línea
última viñeta Primera Línea

–¿Cuándo le ha gustado eso al Gobierno?


– Era en el Gobierno de la Concertación, entonces era un diario al que le daban cierta autonomía para poder hacer periodismo de calidad, pero hasta el momento en que los empezamos a criticar, y ahí nos cerraron, ahí se acabó el proyecto, duró como tres años.

– Lo que vemos ahora es una periodista con credenciales y trayectoria, pero si volviéramos a la época en que era estudiante en la Universidad de Chile ¿Cómo se definiría como estudiante y cuál fue el primer trabajo que siente que impactó dentro de usted?


– Lewin se ríe, como si estuviéramos hablando de una persona distinta pero muy cercana. De alguna forma lo es, es ella misma en un recuerdo distante. Entonces se reincorpora al presente y continúa. Ahora me acuerdo, teníamos que hacer un reportaje del plebiscito del 88′, yo estaba en primer año, y fue una mezcla de vivencial con reporteo, porque en primer año no sabíamos reportear, no sabíamos nada, estábamos empezando. Imagínate, estábamos en octubre que fue el plebiscito. En esa época eran muy pocos los estudiantes que no se involucraban en el movimiento estudiantil opositor a Pinochet. Había un par de compañeros que no se involucraron, pero en general todos íbamos a las marchas, entonces todos nos encontramos en Plaza Italia para celebrar el Plebiscito, y el primer trabajo fue escribir esa experiencia, pero era una crónica informativa, entonces tampoco daba como para contar mucho detalle, pero fue bonito hacerlo !Me costó sí!

Fue la redacción uno, con un par de carillas, y a máquina, en ese tiempo eran unas máquinas Underwood, ni siquiera era una máquina eléctrica –Yasna levanta las manos y empieza a apretar teclas imaginarias. Sincroniza sus dedos índice con su boca para emular el sonido del aparato, y sonríe como si tuviera entre sus manos la hoja de un gran trabajo ya finalizado– ¡Y si te equivocabas tenías que borrar con corrector! Metafóricamente hablando, sí es uno de sus escritos más importantes, se trata de un trabajo de vida, de su vida, plasmada en tinta indeleble y artículos de prensa

– A nivel general, si hacemos un repaso por los trabajos que más la marcaron ¿Cuáles serían?


– Partí en Radio Minería, haciendo mi práctica. La Radio Minería ahora no existe, pero era una Radio de mucha tradición, como la Radio Agricultura, en tiempo en que las industrias tenían su medio de comunicación, y era un medio, por supuesto, de inclinación de derecha. Era un buen medio, eso sí, la radio siempre es muy bonita, y lo que recuerdo, el momento más desafiante fue cuando mataron a Jaime Guzmán, porque eso ocurrió en la tarde, y normalmente los turnos de radio son muy largos, entonces la gente que empieza a las 6 de la mañana, a las 4 de la tarde ya se va, y yo como estudiaba todavía, entraba a trabajar en la tarde, entonces me acuerdo que me llamaron y me dijeron al tiro que me fuera al Hospital Militar. Y me fui a reportear.

–¿Había mucha gente?


– ¡Sí! Había una procesión, si piensa que Jaime Guzmán era el gurú de un partido político grande. Estaba lleno, y me acuerdo que había gente llorando, muy triste, y había también mucha prensa, claro, si fue un hecho histórico, un de los hechos más importantes de la transición. Y me acuerdo que salió Sergio Romero, que era un senador, a informar que había muerto, porque estuvimos varias horas a ver qué pasaba, no murió al tiro, llegó y lo mantuvieron tratando de hacer maniobras de reanimación y finalmente murió, y salieron por una puerta a informar, y ahí yo tenía que despachar en vivo, y estaba con uno de los primeros celulares – dice, preguntando si alcanzo a verla mientras hace una caja imaginaria con las manos. comenta que los aparatos de ese tiempo pesaban cinco kilos– Había solo dos en la radio, y como yo era la única reportera en la tarde, siempre me tocaba uno a mí, y ahí despaché en vivo, yo te diría que fue mi primer despacho en vivo, y que me marcó mucho, porque había que darle contexto político, fue un hecho periodísticamente histórico. Fue la primera gran noticia que me tocó. Tampoco estaba tan triste, no es que me pareciera un hecho alegre, pero me costó procesarlo políticamente, era muy sorprendente, no se sabía quién había sido, se pensó en un minuto que era un acto de infiltración del FPMR, que todavía estaba infiltrado por la CNI que todavía existía ilegalmente, entonces era todo muy incierto, y a esa edad difícil hacer un buen análisis político.

– Si nos desmarcamos un poco del ámbito profesional, en su vida personal ¿Qué hechos siente que la marcaron como periodista?


– En mi vida personal, la esposa de mi papá, mis papás eran separados, y la esposa, no sé por qué, me dijo “tú tienes que ser periodista, porque tienes muchas inquietudes, porque eres movida”, y me convenció. A los 14 años ya tenía decidido ser periodista– dice, añadiendo que la carrera es dinámica y vertiginosa, muy acorde a su personalidad.

– ¿Siempre en el ojo del huracán?


– ¡Así es!

Yasna toma un sorbo de café y responde con firmeza enérgica. Luego recuerda el movimiento estudiantil. año 85.

“Estuve en el movimiento estudiantil desde los 15 años, cuando en la enseñanza media hacían marchas y tomas. Aunque estuve en un colegio particular donde nadie se involucraba tanto en política, pero me metí”. 

– Usted trabajó también en el Ministerio de las Culturas y las Artes.


– Era directora de comunicaciones con la ministra Paulina Urrutia.

– ¿Es muy diferente el mundo observando la política más desde dentro?


– Es como estar del otro lado, porque la tarea de las comunicaciones estratégicas es vender un producto,  fomentar una buena imagen pública de la institución y, por lo tanto, mostrar lo bueno, y tratar de evitar la crítica, no callarla, uno lo ejerce de una manera ética, pero te toca mostrar lo mejor de algo. Ahora, el Ministerio de las culturas, en ese tiempo, era distinto al de hoy, no era un ministerio, era un Consejo de la Cultura y las Artes en que la ministra presidenta era designada por el Gobierno, pero tenía un consejo que era de la sociedad civil, entonces era una mezcla entre el gobierno y la sociedad civil, era raro.

– ¿Entonces también se conocen los errores de la política cuando esta se comunica desde adentro hacia afuera?


– Sí, ahora, a mí, que lo viví bastante desde dentro, debo decir que nunca vi una mala práctica, nunca. Yo creo que por lo que te digo, que se trataba de una ministra actriz, que venía del mundo de la cultura, no de la política, y todos los funcionarios tenían ese perfil, entonces no habían esas prácticas más políticas, que se dan en los partidos y las redes del poder político propiamente tal, pero es una rareza.

– ¿Como una excepción?


– No, yo no creo que la transición haya sido entera corrupta, entera adaptativa al modelo, creo que predominó un sector, pero había bastante diversidad, pero también había un modelo, un sector y una constitución que establecía muchas barreras para hacer cambios, y un sector bastante convencido de que el modelo en Chile era el correcto, y ese sector fue el que dominó en la concertación, pero había otras formas de pensar también, y había gente con malas prácticas y con buenas prácticas. Esta es la impresión que tuve ya como reportera política. Y vi de todo, convicciones políticas decentes y otras no tanto, de todo.

– ¿Qué tipo de malas prácticas?


– El financiamiento de la política, en ese tiempo era peor que ahora, no había ninguna regulación, entonces la concertación, los partidos de la concertación, se financiaban con los gastos reservados del gobierno, y los partidos de derecha se financiaban con los empresarios, y cada uno obedecía a sus patrones, y no había ninguna regulación, y en el fondo el que tenía más plata era el que ganaba la elección, y la plata no venía de la ciudadanía, sino de intereses muy específicos.

– Si nos remitimos a su infancia, ¿cómo diría que era su hogar, su familia?


– Tengo una familia muy diversa, porque tengo una familia materna que venía de una tradición de izquierda, y una familia paterna pinochetista. Estaban separados mis padres, y eso me permitía transitar de un mundo a otro y ver las cosas de forma muy dual, aunque a veces muy binariamente, porque no había un centro en mi vida familiar, y tanto mi papá como mi mamá eran bastante politizados, no militantes, pero politizados, conversaban mucho de política. Yo creo que eso también me permitió entender la política de otra manera, con más perspectiva, no verla como algo entre buenos y malos. Independiente de la diferencia política que yo tenga con un sector, entiendo que en general hay convicciones detrás de eso, hay un modelo que le parece que es el más adecuado para una mejor sociedad, ahora, hay otros que no, y que sencillamente obedecen a intereses personales puros y duros.

-Que ya no son convicciones…


– No, no lo son.

– En términos de personalidad, ¿cómo se definiría?


– Intensa, muy intensa –responde al instante, serenamente pero con una mirada fija y determinada, como si hubiese leído la pauta antes de la entrevista–. Creo que eso me define. 

Un caso hipotético: si estuviéramos en una entrevista laboral, ¿qué es lo que destacaría de usted misma?


– Capacidad de análisis para tomar buenas decisiones o entender bien las noticias y los procesos, yo creo que eso es lo que a mí más me enorgullece de mí misma.

– ¿Y si estuviéramos en el diván de un psicólogo, cuál sería la parte negativa de Yasna?


– Yasna duda y fija su mirada en el vacío– Un ánimo muy vulnerable, me achaco fácilmente o me pongo contenta fácilmente también.

– ¿Qué investigaciones ha realizado que siente que hayan sido impactantes dentro de la opinión pública?


– Cuando trabajaba en La Época me tocaba cubrir tribunales y Derechos Humanos, entonces tenía que reportear causas de derechos humanos cuando recién se estaban abriendo muy tímidamente, y creo que de lo que más orgullosa me siento es de haber tenido acceso a la primera entrevista por un caso de Detenidos Desaparecidos que le hicieron a Manuel Contreras, que había hablado, pero del caso Letelier nada más. Pero todavía no se abrían los casos de detenidos desaparecidos y torturas, y empezaron a abrirse, y yo tuve acceso al primer interrogatorio que le hicieron sobre el papel de la DINA en las violaciones a los derechos humanos, fue el primer interrogatorio judicial y yo lo vi entero, porque tenía el archivo judicial.

La interrumpo y la pongo a prueba. Le pregunto por su fuente. Su sólida y contundente respuesta denota su profesionalismo. A pesar del tiempo que ha pasado, la periodista exclama entre risas “¡No poh! ¡No te puedo contar mi fuente!”, y continúa.

“Lo tuve en mis manos muy poco rato. Entonces tenía que leer mientras grababa, leía y grababa porque no alcanzaba a copiar”, recuerda mientras hace el gesto de acercarse una grabadora imaginaria a la boca. “Es como si ese documento aún lo estuviese escribiendo. Después lo transcribí”. 

– ¿Cuál ha sido el medio en el que se ha sentido más cómoda?


– Ahí en La Época, y en Primera Línea, porque era un proyecto nuevo, distinto, de algo que no se había hecho en periodismo. En La Época me tocó esa cobertura de Derechos Humanos, no había oficina de comunicaciones en el Poder Judicial, había un banquillo, y tenías que estar persiguiendo a jueces y abogados, tampoco había acceso a un expediente, todo era secreto. Ese proyecto lo armamos yo y Juan Pablo Cárdenas, y todo un equipo detrás. ¿Sabes quién más estaba? Julio César Rodríguez, yo era la editora general, él era el editor de cultura. Ahí nos conocimos, yo era su jefa, y él formó un muy buen equipo de cultura, y era bien anti-televisión. Le cargaba que habláramos de la tele –dice, y luego suelta una risa de esas que con su profundidad agudizan la voz– Encontraba que había que destacar otros aspectos de la cultura y no el establishment, la cultura dominante, pero era bien anti-tele, por eso me llamó tanto la atención cuando entró a la televisión. 

– ¿Algunos colegas que la hayan marcado por el rol que tuvieron dentro de un medio?


– La misma Alejandra Matus, que éramos pares, pero ella tenía una pasión investigativa admirable, siempre la admiré, reporteábamos juntas a medias, a veces escribíamos a cuatro manos las notas, pero ella era muy superior a todos en el diario en capacidad de investigación, siempre destacó, desde muy jovencita… Y Juan Pablo Cárdenas, también, que era un gran líder para un equipo, diría que esas son las dos grandes personas con las que me ha tocado trabajar. Bueno, y Mónica González también, muy buena investigadora y gran capacidad de liderazgo. Ella me contrató, de hecho, en La Nación. Y después en el Siete+7, que fue una revista que duró muy poco tiempo.

Respecto a este estilo confrontacional, ¿planea mantenerlo? ¿Es sostenible?


– A mí me gusta mucho. Confrontacional en el sentido que me parece que las personas que tienen poder y autoridad tienen que responder, y tienen que responder con interpelaciones, no con preguntas suavecitas y simpáticas, en ese sentido, pero no es para atacarlos, no me interesa atacar, sino que pienso que hay que interrogarlos y que tienen que responder preguntas difíciles. Ahora, si estoy entrevistando a un experto o se trata de un testimonio, es distinto, a ese tipo de entrevistados hay que escucharlos y ponerles el micrófono, y preguntarles para satisfacer inquietudes, pero ahí no hay un estilo de interpelar, porque son personas que hablan desde sus vivencias o desde su expertiz. Pero creo que un periodista tiene el deber de, cuando una persona tiene poder, interpelarla, no hay que ser tan agresiva –dice ladeando su cabeza como si tanteara el caso a caso– sino que la intención es hacer más bien preguntas que pueden resultar incómodas, por supuesto, investigar sus partes débiles.

No sé por qué estaba pensando en el tema de Fuenzalida.


– Lo que pasa es que me pareció…

– ¿Aberrante?


– No, no aberrante, pero me parece que si tú estás en un clima donde la idea es buscar acuerdos, salir con una tontera, porque es una tontera, no resiste análisis de ningún técnico, ni de izquierda ni de derecha, entonces, es gente que trata de robar cámara con cuestiones poco consistentes, creo que hay que desnudarlas, por lo menos preguntarles en qué se funda una propuesta tan absurda. Es como que venga un demócrata-cristiano y proponga estatizar empresas justo cuando estás buscando llegar a un acuerdo. Y él hizo esta propuesta en el marco de una conversación para llegar a un acuerdo sobre el financiamiento de una propuesta de protección social decente. Lo interpelé, además, es una persona con poder, y es lo que hay que hacer, es un diputado y tiene que explicar bien las propuestas, no es llegar y tirar algo para robar cámara. No tengo nada contra él, me parece que es simpático, de hecho, pero no era el objetivo.

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