Yamile Cabrera ex monja candidata a alcaldesa por Quilicura: “La clase política está con una venda en los ojos, los mueve el poder y no el servir”

La candidata independiente a alcaldesa, fue religiosa por 33 años, pero ahora se encuentra en proceso de tránsito para poder ejercer cargos públicos. Dice que la política ha sido parte de su vida siempre, porque se dedica a servir a los demás. Ahora su camino apunta a la comuna de Quilicura, cuando desde la revuelta social, vio que tanta desigualdad explotó. En ese momento “sintió el llamado”. Y tiene “calle”, su trabajo más valioso ha sido con los inmigrantes, los olvidados de este tiempo.


Yamile Cabrera vive en Quilicura hace más de diez años y llegó a esa comuna luego de aventurarse en Colombia durante los ’90, donde se formó como religiosa. Desde ese territorio marginado de Santiago, habla sobre su intento para llegar a ser alcaldesa. Actualmente se encuentra juntando las firmas necesarias para su candidatura independiente. Está contenta.

Yamile se encuentra en un proceso de tránsito: fue parte de la Congregación de las Terciarias Capuchinas por tres décadas, pero esta con los trámites para pasar al Instituto Secular Fraternidad Franciscana y seguir siendo una mujer consagrada y a la vez poder ejercer un cargo público.

Trabajó once años en la Municipalidad de Quilicura y fue Coordinadora del Departamento de la Mujer y en la Oficina Municipal para Migrantes y Refugiados. Por eso conoce de cerca  la realidad de los migrantes, de los olvidados de siempre y mucho más en época de pandemia.

Su pasada por Colombia y en Benín, África Occidental la preparó para empatizar con ellos. También sabe hablar un poco de francés, por lo que tiene un papel esencial con la comunidad haitiana de la comuna.

Yamile llevaba un tiempo pensando en una posible candidatura. Y se decidió el año pasado, cuando se anunció que Juan Carrasco no podría ir a la reelección. También cuando vio que la olla a presión de la desigualdad explotó en la revuelta social. Era hora de hacer política para los más necesitados, los de abajo.

“Con todo lo que se ha vivido últimamente en el país, siento que, al escuchar a la gente hablar sobre este descontento social, tuve, como dicen las religiosas, un llamado. Siento que puedo aportar a este nuevo Chile que se está generando, que habla del diálogo, del encuentro, de formar comunidad”, confiesa.

Desde las calles de Quilicura, y la comunidad que ha construido con sus vecinos, los mismos que la saludan en la calle, decidió emprender el camino hacia la Municipalidad de esta comuna. Lo suyo es el trabajo territorial, con su gente.

-¿Cómo comenzó su camino en el mundo político? 

-Creo que toda la vida he ejercido política. A los 14 años, participaba en la Iglesia y los curas que me formaron pertenecían a la Teología de la Liberación. Luego de la dictadura, acompañaba a los jóvenes a inscribirse para votar, porque eso es la democracia y era importante. He sido defensora de los Derechos Humanos y he peleado con mi Iglesia por los abusos que se han cometido. Siempre he vivido metida en la política. Toda la vida he tenido esa ciencia del servir, de escuchar al otro. 

-¿Qué significa ser religiosa y adentrarse en el mundo político?

-Es un desafío. Es saber construir sin que el poder te ciegue. Lo único que le pido a Dios es que el poder no me ciegue, no me dañe. Es un reto llegar a ser la primera chilena, que fue religiosa, en convertirse en alcaldesa. Mi presente es este sueño de llegar a la alcaldía para construir y reconstruir a nuestra comuna de Quilicura con la gente, no a puertas cerradas.

¿Qué piensa sobre la situación política actual de Chile?

-Creo que en Chile una de las cosas que perdimos fue hacer comunidad. Y en la pandemia volvimos a hacerla, en las ollas comunes, por ejemplo. Estamos en el momento justo para dejar de hacer una política individualista, y hacer una política real.

-¿Y de la clase política actual?

-Hace muchos años Chile perdió esa mirada del político que se la juega por la gente. A mí me duele mucho que los políticos ganen tanta plata sabiendo que hay gente que está pasando hambre y que no haya un gesto de parte de ellos de bajarse los sueldos, por ejemplo. La clase política está con una venda en los ojos y los mueve el poder y no les mueve el servir. A mí me mueve el servir, y a la gente que está alrededor mío también.

Escuchar la calle

Yamile es religiosa, pero rechaza el conservadurismo de la iglesia chilena. Sobre el aborto cree que hay que acompañar a la mujer en la decisión que tome. Además, no entiende que sean hombres los que legislen sobre lo que ocurre con el cuerpo de las mujeres.

Tiene la certeza de que la dictadura destrozó este país y lo privó de vivir en comunidad. Sabe también que la revuelta social fue una gesta de los jóvenes, que habían sido años de apatía, que nos conformamos con los abusos. “Estamos escuchando a los vecinos y construyéndolo junto a ellos. Queremos devolver la confianza en la estructura municipal a la ciudadanía, con una comuna segura, comprometida con el medio ambiente y con infraestructura y conectividad requerida. Nosotros hemos hecho nuestro proyecto así, como preparar una rica comida donde queremos que todos la prueben”.  

Usted tenía la preocupación de que el proceso constituyente fuera “secuestrado por los políticos de siempre”, ¿cómo ve eso ahora? 

-Me enoja ver que los que han estado siempre en política se metan en estos temas. Creo que hay que darles oportunidades a otras personas. A los independientes se les cierran mucho las puertas y se le ponen muchos obstáculos. Quienes van con partidos entran a la primera, mientras los independientes luchan para conseguir las firmas. ¿Por qué no apostar por esta gente nueva que viene con nuevas miradas?

¿Entonces el proceso fue secuestrado?

Sí… pero esperemos que bueno, el 11 de enero se sabe quiénes quedan, ahí veremos. Si no quedan representados los independientes, los pueblos originarios, las mujeres, sería triste, porque las decisiones las tomarían los mismos hombres y clase política de siempre. Sería una falta de respeto al pueblo.

Su trabajo se relaciona con las comunidades migrantes, ¿qué opina sobre las políticas migratorias del país?

-Lo que se hizo ahora no sé si fue pensado en el migrante como una oportunidad. Cuando tú miras al migrante como una amenaza, no construyes y haces leyes como las de hoy. Hicieron firmar a la gente y no pueden volver en diez años. No sé qué país hace eso. Me da vergüenza. Fui migrante, y ahí aprendí. Por ejemplo en África hablaban idiomas que no entendía y aquí, al hablar un poco de francés, puedo hacerme entender un poco con los haitianos y sienten alivio. Es ponerse en el lugar del otro. Es reconocer al que es distinto a mí y que se está integrando a mi cultura y yo a la suya. Chile no ha querido nunca hacer esa etapa, faltan voluntades políticas.

¿De qué maneras cree que se puede hacer frente a la desigualdad social que ha generado el sistema en el que vivimos?

-Creo que una nueva Constitución sería un gran aporte. Donde el centro sean las personas y no lo económico, donde no todo sea puesto en las manos de los privados. Teniendo una Constitución así, vamos a tener mayor educación, derecho a la salud, a la vivienda. Creo que una de las herramientas para cambiar la desigualdad es construir oportunidades.

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