¡Ya no se puede ocultar!

¡Ya no se puede ocultar!

Estas escenas, me transportaron a unos años atrás, cuando viví junto a mi hijo la crudeza de la salud pública, lo precaria y humillante que puede llegar a ser cuando no se tienen recursos y se padece alguna enfermedad grave. Recuerdo que esos años vivía con mucha angustia la falta de medicamentos, insumos, camas, las postergadas horas de las cirugías y las cancelaciones de las horas de los especialistas. Sumándole a esto, las pensiones de miseria, el no pago de las licencias médicas y todas las situaciones denigrantes que se han expuesto a los chilenas/os durante décadas.

Muchas escenas que hemos visto estos últimos meses de ollas comunes, de pobreza y hambre, son consecuencias de las condiciones de vida de un país con un sistema económico, que posee severas limitaciones de recursos en la calidad de vida de las personas. Además, creador de políticas asistencialistas y de privatización, que ven los derechos como un tema de caridad y que están sujetos al tamaño de la billetera.

Estas escenas, me transportaron a unos años atrás, cuando viví junto a mi hijo la crudeza de la salud pública, lo precaria y humillante que puede llegar a ser cuando no se tienen recursos y se padece alguna enfermedad grave. Recuerdo que esos años vivía con mucha angustia la falta de medicamentos, insumos, camas, las postergadas horas de las cirugías y las cancelaciones de las horas de los especialistas. Sumándole a esto, las pensiones de miseria, el no pago de las licencias médicas y todas las situaciones denigrantes que se han expuesto a los chilenas/os durante décadas.

En la misma línea, la filósofa y feminista Silvia Federici, se refiere a este sistema capitalista como promotor de la vida humana únicamente para ser explotada y  consecuencia de ello, millones de personas no disponen de los medios básicos, que les garanticen la subsistencia. Algo que ha  quedado al descubierto en Chile desde el estallido social y que hoy se ha profundizado de manera brutal por la pandemia.

Sin embargo, vemos al gobierno y gran parte de la derecha de este país, en una especie de ritual religioso defendiendo a este sistema perverso y a una de sus principales estructuras que son las AFP.  Las que en buena parte, han contribuido a mantener, sostener y reproducir la pobreza en este país.

En efecto, la mayoría de la gente no puede realizarse, porque se encuentran ejerciendo trabajos para sobrevivir día a día. Los cuales, están lejos de su vocación y voluntad. El sueldo se les va en arriendo, no tienen acceso a salud, educación, vivienda, pensiones dignas y dependen de una tarjeta de crédito para comer. Para mí eso es pobreza!!

Esperemos, que el momento difícil que estamos viviendo, sea un paso para elaborar un nuevo camino que no deje atrás a nadie. Hoy es el momento de luchar, contra ese poder que ocultaba bajo cifras y eufemismos la desigualdad inmoral que existe en nuestro país. Tirar la toalla hoy, es un lujo que nadie que cree en la dignidad humana se puede dar.

Sobre el Autor

Karen Espíndola

Feminista, comunicadora y autora del libro Mi Testimonio Aborto Estado e Hipocresía en Chile.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *