Vivir con trauma ocular y tras las rejas: La historia de Jordán Ponce, preso de la revuelta de Lo Hermida

La vida de Jordán Ponce está cruzada a fuego por Carabineros, el jueves 19 de diciembre de 2019 un funcionario de la institución le causó un trauma ocular en su ojo izquierdo. 11 meses más tarde, y tras una serie de allanamientos, fue detenido en Lo Hermida y acusado de ser parte de una organización que atacaba la 43 Subcomisaría de Carabineros. Hoy cumple una condena de 4 años y 240 días por asociación ilícita y desórdenes públicos en Santiago 1. Esta es la historia de Jordán y cómo es vivir con trauma ocular tras las rejas.


Jordán Ponce tiene 20 años y vive con sus bisabuelos en el sector de La Faena, una población cercana a Lo Hermida, en la comuna de Peñalolén. Ambos son personas jubiladas. Sin embargo, y como tantos otros miles de jubilados en el país, el bisabuelo de Jordán debe seguir trabajando para poder sobrevivir a este sistema de pensiones de miseria a las cuales están condenados los adultos mayores. Jordán, antes de ser detenido, se dedicaba a estudiar y destinaba su tiempo libre a trabajar para ayudar a sortear los gastos de la casa. Durante las tardes se desempeñaba instalando fibras ópticas y en las noches asistía a un complejo educacional para poder terminar su enseñanza media. Todo lo anterior se quebró abruptamente, cuando un carabinero se cruzó en su camino.

Jordán Ponce

El 18 de octubre de 2019, Jordán salió a protestar, a alzar su voz en contra de la injusticia, tal y como lo hicieron miles de personas en todo Chile para exigir sus derechos. En su caso particular, una de sus motivaciones principales fue luchar por la dignidad de sus bisabuelos, siempre manteniendo un cachito de esperanza, que las reglas del juego por fin cambiaran en beneficio de ellos, y alcanzaran a ver algún tipo de ayuda que les permitiese vivir tranquilamente antes que ocurriera lo inevitable.

La brutalidad policial en Lo Hermida 

La revuelta había estallado en todo el país, y en el sector de Lo Hermida se profundizó a partir del lunes 11 de noviembre del mismo año, tras una manifestación de vecinos que llegaron hasta la Viña Cousiño Macul –colindante con la Subcomisaría y Lo Hermida– para exigir la expropiación del fundo y la construcción de viviendas sociales.

La respuesta de Carabineros fue brutal, y los enfrentamientos se trasladaron a la población, donde se produjeron violentas detenciones y el uso indiscriminado de gas lacrimógeno durante toda esa jornada. Las que vinieron después fueron un calco de ese día. Precisamente, en una jornada de manifestación en Lo Hermida, donde las y los vecinos del sector realizaban un cacerolazo, Jordán fue víctima de un trauma ocular.

El 19 de diciembre de 2019, Jordán se encontraba en una protesta pacífica en Lo Hermida, muy cerca a la subcomisaría. “Ese día había una manifestación tranquila, era un cacerolazo más en el sector. Los carabineros, desde las afueras de la subcomisaría, al ver que la gente no tenía ninguna manera de defenderse, comenzaron a tirar piedras e incluso sacaron hondas para arrojar con más fuerza las piedras. La gente se molestó, tenía mucha rabia. Con un grupo de personas que había ahí, comenzamos a defendernos de su ataque. En eso, me llegó una piedra lanzada por Carabineros de frente, a no más de cinco metros de distancia. El proyectil me llegó en mi ojo izquierdo, me produjo un trauma ocular. Ahora estoy con cataratas postraumática, se me inflamó la retina, se me deformó. Me operaron hace poco”, señala Jordán Ponce.

Jordán interpuso una querella contra Carabineros por la lesión que le causaron, pero, al igual que la mayoría de los casos de violencia policial y violaciones a los derechos humanos ocurridas a partir del 18 de octubre de 2019, los avances en las pericias son casi nulos, y la impunidad con la que actuaron los agentes del estado parece perpetuarse. 

Jordán es uno más de los cientos de víctimas de trauma ocular. A pesar de lo arriesgado que es salir a manifestarse en Chile, donde Carabineros dispara directamente a los ojos, él siguió manifestándose para exigir sus derechos, con todo lo entregado por sus bisabuelos en el corazón, y con las necesidades del día a día en la mente. Siguió en las calles hasta la madrugada en que fue detenido tras un allanamiento en el sector de Lo Hermida.

Detenciones, allanamientos y una supuesta asociación ilícita en Lo Hermida 

Durante la madruga del 15 de octubre de 2020, una serie de allanamientos se produjeron en la emblemática población de Peñalolén tras una investigación realizada desde agosto por la Fiscalía Metropolitana Oriente y el OS7 de Carabineros. En total fueron 11 personas las detenidas, entre ellas 3 menores de edad. Se les acusaba de formar parte de una red que atacaba la 43ª Subcomisaría de la comuna.

Tanto la Fiscalía Metropolitana Oriente, Carabineros y los medios de comunicación masiva no tardaron en señalar que Erika Meza, dueña del inmueble, era la líder de esta supuesta asociación ilícita. Sin embargo, fue desestimado por la investigación. Luego se acusó a Wilson Rojas, pareja de Erika, de ser el líder. No obstante, él se encuentra en libertad en estos momentos y no existen pruebas concluyentes de lo señalado por la Fiscalía. Finalmente, como si fuera un pinponeo legal donde la intención es dar con el eslabón más débil y achacarle la responsabilidad, la acusación de ser líder de esta organización ahora pesa sobre Jordán.

“El fiscal Miguel Orellana no sabía nada, se dejó llevar por muchas cosas. En la acusación como asociación ilicitica, prácticamente todos éramos los líderes, ya que sacaba a uno y ponía a otro a medida que iban saliendo en libertad. Eso lo hizo para que no se le cayera el tema de la asociación ilícita, ya que siempre debía existir un líder”, señala Jordán Ponce ante la consulta sobre el constante cambio de teorías por parte de Fiscalía.

Jordán estaba en la casa de Erika Meza aquel 15 de octubre puesto que se le había hecho tarde, pero muchas veces se quedaba a dormir ahí. Conoció a Wilson porque vivían en el mismo sector y a Erika por su nieta, con la que Jordán pasaba largas tardes conversando. El lazo con Wilson y Erika se fue profundizando e incluso compartieron grandes jornadas de entretenimiento y fiestas. “Son como una familia para mí”, comenta Jordán. 

En una entrevista realizada a Erika en el mes de abril del presente año, comentó que “lo que había en mi casa era un vínculo familiar y no lo quisieron ver. Solo por el hecho de que estábamos viviendo juntos, para ellos, éramos una asociación ilícita y todo el tema. ¿Usted cree que, si fuéramos una asociación ilícita, la municipalidad, la asistente social o la (Carolina) Leitao me hubiesen dado camarotes para los niños que yo tenía acá? Me mandaban cajas mensualmente para los niños. Si fuéramos delincuentes, si fuéramos una banda, no creo que la municipalidad se hubiese prestado para eso. La Leitao (alcaldesa) decía que éramos una banda, entonces ¿Por qué me mandaba mensualmente mercadería, me regalaron camarotes, colchones, frazadas, sábanas, ticket de galones de gas? Eso la Leitao jamás lo dijo en la televisión”.

Erika Meza

Al mismo tiempo, Erika Meza y Wilson Rojas, a quienes se acusó primeramente de ser los líderes de la supuesta asociación ilícita que atacaba la 43 Subcomisaría, señalaron que en el allanamiento ocurrido el 15 de octubre de 2020, Carabineros llegó a su casa con aserrín, con bencina e incluso con ropa para presentarlas como prueba. Según ellos, buscaban “cargarlos” con lo que fuera con tal de justificar su acción. Además, mientras ambos estaban en prisión preventiva, su casa nuevamente fue allanada por Carabineros el 18 de febrero del presente año por falta de pruebas.

Traumas oculares: El Estado y sus instituciones siguen fallando 

Jordán, producto del trauma ocular que le ocasionó Carabineros, está adscrito al Programa Integral de Reparación Ocular que se desarrolla en el Unidad de Trauma Ocular del Hospital Salvador. En el, además, se trata psicológicamente, puesto que el daño que le originó Carabineros lo dejó con varias limitaciones, entre ellas perder la orientación de dónde están las cosas o poder hacer deporte en la cárcel, que es uno de los pocos escapes que tiene de la realidad cotidiana que le toca vivir.

A pesar de que Jordán es parte de un programa de reparación por parte del Estado, no va regularmente a su atención producto de la negativa de Gendarmería de Chile, quienes se excusan señalando que no tienen personal, tampoco disponibilidad de vehículos para trasladar a Jordán a su tratamiento. Las pocas veces que lo han llevado, el joven va engrillado de pies y manos.

Gendarmería no es la única institución que falla, sino que también el Ministerio de Salud, a través del programa PIRO y el Instituto Nacional de Derechos Humanos. Sin ir más lejos, el pasado jueves 1 de julio, y a través de un comunicado público, la Coordinadora de Víctimas de Trauma Ocular denunció encontrarse en una situación crítica. 

En el escrito difundido por redes sociales, señalaron que “no nos ha garantizado jamás una buena atención. En el transcurso de esta semana nos hemos enterado de manera informal que ya no contamos con oftalmólogo ni psiquiatra, lo cual provoca interrupción en nuestras atenciones y terapias, situación que se agrava considerando que hay un solo personal por cada área para el total de personas que nos atendemos en el PIRO”.

La coordinadora también tuvo palabras de rechazo a la decisión de Sergio Micco, director del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), sobre modificar la forma en que se contabiliza a las víctimas de trauma ocular -considerando solo a aquellas que han presentado querellas junto a dicha entidad-, lo que se ha traducido en una disminución estadística de 460 a 179. Según la Coordinadora, este cambio “repercutirá directamente en el programa PIRO y, en consecuencia, en nuestras atenciones y vidas”.

Para finalizar, las víctimas de la represión del Estado exigen que se les atienda dignamente, que se cumplan los compromisos adquiriros por el gobierno de Sebastián Piñera, que se transparenten los dineros destinados al cuestionado programa de reparación y, “por, sobre todo, que se haga justicia y paguen todos/as aquellos quienes nos arrebataron parte de nuestras vidas y mutilaron nuestros cuerpos”.

La vida tras las rejas, los abrazos que faltan y los nuevos lazos que se forman

Jordán vivía en la casa de sus bisabuelos desde el 2018. Sin embargo, desde muy pequeño fue cercano a ellos, e incluso, muchas veces se escapaba de casa para poder visitarlos y estar con ellos. Son las personas que más falta la hacen, y teme no poder estar el tiempo suficiente con ellos. No tiene ningún resquemor en señalar que es “mamón” y lo mucho que los extraña, “pero no voy a arriesgar a que mi bisabuela me venga a ver en plena pandemia a la cárcel. Además, me da cosa llamarla, puesto que cada vez que la llamo, me pregunta cuándo voy a volver, no sabe cuándo voy a volver, se pone a llorar. Me dice que me porte bien para que salga antes, pero aquí no funciona así. Me da mucha pena”, señala Jordán.

La vida a Jordán se le ha hecho muy difícil, nuevamente habla de su bisabuela, “soy muy mamón, muy de piel, muy apegado a mi familia. Siempre me ha gustado mi libertad, yo andaba para todos lados. Como te dije, soy una persona muy de piel y me quitaron todo eso. El Estado y las instituciones me arruinaron la vida”.

Jordán comenta que salió a manifestarse contra la injusticia. Estaba cansado de que siempre pase lo mismo, que no haya ningún carabinero en la cárcel por las graves violaciones a los derechos humanos que cometieron. “Están prácticamente en la playa, cumpliendo sus condenas en las comisarías. Ellos no cumplen como nos obligan a cumplir a nosotros, no se les priva como a nosotros. Tienen beneficios impensados y condenas que ni siquiera podrían catalogarse como condenas. El Carabinero que mató al malabarista está en la calle, los carabineros que causaron traumas oculares están en la calle, los carabineros que mataron están con arresto domiciliario, y nosotros que no hemos matado a nadie estamos aquí, alejados de nuestras familias y de nuestra libertad. Nosotros estamos presos porque salimos a manifestarnos, pero al Estado no le importa eso, cuidan más sus bienes privados que la vida de su pueblo”, señala Jordán respecto a la diferencia con la que se trata a quienes cometieron graves violaciones a los derechos humanos y quienes salieron a manifestarse y fueron perseguidos y encarcelados por protestar.

Sin embargo, al interior de la cárcel otros pasos acompañan el caminar el Jordán. “Me he unido a compañeros de la revuelta de otros sectores de Santiago. Nos hemos reunido aquí, tenemos nuestro caminar, compartimos todos los días, desayuno, almuerzo, hablamos hartos”, Finaliza Jordán a propósito de los nuevos lazos que ha establecido en el encierro y cómo en los otros presos de la revuelta ha encontrado una nueva familia y contención.

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