Visibilidad, reconocimiento y justicia para las lesbianas

Los costos para las lesbianas de esta invisibilización permanecen en pleno 2020, donde se continúa reproduciendo la hegemonía patriarcal en la representación en la cultura y en el imaginario del lesbianismo, impregnado de machismo, desde la mirada patriarcal y sexualizada. Ejemplo de ello es que recién el año pasado se cambió el algoritmo de Google, donde al buscar lesbianas las sugerencias iban hacia la pornografía.

Desde el 2015, las colectivas lesbofeministas conmemoran el 9 de julio como el Día de la Visibilidad Lésbica en Chile para recordar el caso de Mónica Briones Puccio, lesbiana visible asesinada en esta fecha hace 36 años, y conmemorar la creación de la primera organización lesbofeminista en Chile, Ayuquelén.

Desde el feminismo comprendemos que las mujeres sufrimos violencias sólo por el hecho de serlo y en el caso de las mujeres lesbianas esta violencia aumenta por amar a otras mujeres. Nuestra orientación sexual es mucho más que eso: es una rebeldía político sexual continua ante la heterosexualidad obligatoria, término acuñado y popularizado por Adrienne Rich en “Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana” de 1980 y que todavía se usa para referirse al régimen político de la heterosexualidad que se nos impone de forma sistemática en este mundo patriarcal.

“La ignorancia de su misma historia de luchas y logros ha sido una de las principales formas de mantener a las mujeres subordinadas”, escribió sabiamente Gerda Lerner. Por lo mismo, la reflexión de las mujeres lesbianas es muy importante, y no debe ser obviada, pues en sus historias de luchas también se denuncian la exclusión sexual, racial y política, no sólo en la sociedad, sino también en las teorías del conocimiento que prevalecen en las ciencias legitimadas en los espacios académicos y científicos que no consideran la existencia lesbiana.

Los costos para las lesbianas de esta invisibilización permanecen en pleno 2020, donde se continúa reproduciendo la hegemonía patriarcal en la representación en la cultura y en el imaginario del lesbianismo, impregnado de machismo, desde la mirada patriarcal y sexualizada. Ejemplo de ello es que recién el año pasado se cambió el algoritmo de Google, donde al buscar lesbianas las sugerencias iban hacia la pornografía.

En Chile la falta educación sexual integral en todos los niveles ha llevado al desconocimiento, al mito entorno al lesbianismo, lo que viviendo en un patriarcado se traduce en violencias a lo disidente al sistema. El lesboodio es pan de cada día y se ha traducido en crímenes como el cruel asesinato de Nicole Saavedra Bahamondes el 2016.

El estudio realizado por la agrupación lésbica Rompiendo el silencio, realizado a 450 mujeres lesbianas y bisexuales, arrojó que sólo al 1% de los casos de violencia y discriminación a lesbianas y bisexuales se les brinda un efectivo acompañamiento desde las instituciones que tienen esa responsabilidad, como el Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género. En la mayoría de los casos la denuncia no llega a nada y la justicia cumple un rol agravante en la violencia cuando no realiza las gestiones de manera expedita, muestra del abandono que vivimos las lesbianas, una deuda histórica del Estado con nuestra existencia.

A esto se suman las miles de mujeres que están confinadas conviviendo con sus agresores, dentro de ellas muchas lesbianas, que en sus propias familias son agredidas y discriminadas por existir. Sin duda un año difícil para todas.

En este día reconozcamos la importancia de la resistencia lésbica en un mundo que va en nuestra contra y la inserción de la voz lésbica dentro del movimiento feminista, ya que el lesbianismo no puede ser considerado simplemente como una “orientación sexual”. En una sociedad que nos oprime, que es patriarcal, heterosexual y capitalista; hay militancia en existir, porque las lesbianas existimos porque resistimos y resistimos porque existimos.

Hay una postura política importante al enunciar que el lesbianismo es algo real, simplemente eso, algo que sucede y que no debe ser objeto de consumo ni de discriminación, porque es tan real como cualquier otra forma de amar y el mundo ya no necesita que haya personas que le digan a las mujeres que su amor por las mujeres no es legítimo.

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