Violento Parra y la rebeldía poco rebelde de Daniela Vega

                  

Lo que intentó hacer el humorista Violento Parra fue usar una visión sobre la transexualidad que aún se sostiene en lugares de la sociedad chilena, para, más que burlarse de la comunidad aludida, mofarse de quienes tienen esa mirada sobre ella. ¿Qué pasó? No se entendió.


A raíz de una rutina humorística que, al parecer, no logró el objetivo de hacer reír, el foco de la discusión en las redes sociales ha estado entre Mauricio Palma, alias Violento Parra, y Daniela Vega, reconocida actriz trans. La razón fue porque en parte de su presentación en el programa Mentiras Verdaderas, en que el comediante interpreta a un cantautor de derecha y barrio alto, se habla de manera peyorativa del mundo transexual, pero siempre desde la ironía, o mejor dicho, desde la utilización del lenguaje que se ataca.

Esta técnica en el humor no es nueva. En Chile, el programa noventero Plan Z la utilizó de manera inteligente, causando molestia en el mundo de la izquierda con un sketch donde se contaba el golpe de Estado de 1973 desde la perspectiva de la derecha chilena. En el material audiovisual, que se encuentra actualmente en Youtube, podemos ver a un Salvador Allende borracho y fiestero, personificado por Rafael Gumucio, y a un Augusto Pinochet patriota y temeroso de acabar con las vidas de sus contrincantes políticos.

Sin lugar a dudas, la ironía es una constante en todo lo que dura esta supuesta revisión de la historia reciente de Chile; sin embargo, no fue entendida por muchos hacia los que no iba la burla. Logró incomodar a los dos principales sectores políticos del país.

Lo de Violento Parra es algo similar. Lo que intentó hacer el humorista fue usar una visión sobre la transexualidad que aún se sostiene en lugares de la sociedad chilena, para, más que burlarse de la comunidad aludida, mofarse de quienes tienen esa mirada sobre ella. ¿Qué pasó? No se entendió.

En este caso podemos agregar más factores que los que aparecen cuando revisamos lo que pasó con Plan Z, ya que la rutina no era tan divertida, no solo por el hecho puntual, sino porque no es tan gracioso, aunque no se quiera decir, personificar a una persona de barrio alto hoy en día. El recurso parece muy usado, muy fácil y demasiado común, por lo que todo lo que intentara sostenerse sobre ese relato, ya parecía no tan divertido.

Pero vamos a la reacción de Daniela Vega y el mundo LGTBI. Como suele suceder últimamente, el hecho fue visto como un agravio a todo un mundo. No importaba si se argumentaba que era la utilización de los modismos del que se tacaba para hacer un chiste, debido a que habitamos una realidad en la que ser “tonto grave”, como se dice vulgarmente, es casi una bandera de lucha por estos días.

A diferencia de lo sucedido con el mencionado sketch del programa del extinto canal Rock & Pop, actualmente  “cancelar” a la gente, sin importar la razón real por la que se hace, se ha convertido en una herramienta de acción política donde el otro, el que se pretende combatir, no existe. Hoy no es que los chistes, malos o buenos, no se entiendan, sino que no se quieren entender si es que estos tienen un atisbo de algo disonante para un coro uniforme.

Vega, quien ha prometido por un tiempo ser algo así como el rostro de una renovación cultural y política en Chile, ha encabezado ese coro desde una postura de censora moral que, si uno lo piensa, no se establece desde una marginalidad hacia el discurso del poder. Vega es una empleada del poder. Por más que haya sido una gran promesa de emancipación, lo cierto es que no es más que la cuota trans de series de televisión y fue rostro de una gran tienda de moda. Y Ahí no hay subversión alguna, sino sumisión a algo más grande, a un relato multicultural y diverso donde la multiculturalidad y la diversidad no son más que estímulos del mercado para agregarle o bajarle valor a ciertos productos.

La verdadera subversión, como lo hicieron por años comunidades de la diversidad, es apropiarse de los epítetos que lo establecido le dio a la homosexualidad o transexualidad. Es combatir la seriedad de los poderosos con la risa de los perseguidos. Pero hoy muchos de los que fueron discriminados son más bien grandes funcionarios de una historia oficial que solo logra que las multinacionales suban sus utilidades.

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