Violencia de género en Pichilemu: Dos mujeres, un mismo calabozo

Violencia de género en Pichilemu: Dos mujeres, un mismo calabozo

Una mujer violada y una madre cultivadora de cannabis medicinal denunciada por su ex pareja, comparten dramática noche en calabozo.

Dos mujeres de la comuna de Pichilemu, con distintas vidas e historias, fueron gravemente vulneradas en su dignidad y sus derechos la noche del domingo 5 de julio.

Todos nos sorprendimos e indignamos con el trato cruel e inhumano recibido por una mujer de la localidad de Pichilemu por parte de carabineros y del ministerio público; la víctima, después de ser violada, acudió a la casa de una vecina, desde donde llamó al personal policial para denunciar la agresión sexual. Sin embargo, al llegar, los efectivos la tomaron detenida estando afuera de la vivienda en horario de toque de queda. Según detalló Defensoría, el tribunal de Garantía de Pichilemu declaró ilegal la detención, señalando que Carabineros debió auxiliar a la mujer como víctima de un delito sexual y, en ningún caso, haberla tomado detenida por no respetar el toque de queda.

Asimismo, la Fiscalía Regional de O’Higgins confirmó la apertura de una investigación penal en contra de los dos fiscales del Ministerio Público y los funcionarios de Carabineros que participaron en la detención de la mujer en Pichilemu.

Pero esa noche en el calabozo la víctima no estuvo sola. Otra joven mujer, madre y artista, valorada y querida por la comunidad, pasó esta horrorosa noche con ella. La segunda mujer de esta historia es Pamela Navarro, también víctima de la violencia de género; su ex pareja, con orden de alejamiento hacia ella y su hijo menor por agresiones físicas y psicológicas sostenidas en el tiempo, la denunció a carabineros de tener plantas de cannabis. Efectivamente, Pamela ejerce su derecho a usar cannabis con fines medicinales, bajo supervisión médica. En un procedimiento cargado de violencia e incluso burlas, con sus pequeños hijos presentes, carabineros la saca esposada de su casa. Ya en auto policial, y aún esposada, ve cómo, increíblemente, ellos vuelven a entrar a su domicilio en compañía del denunciante, quien, recordemos, tiene orden de alejamiento.

Curiosamente, salen del domicilio con un frasco de cannabis… que jamás ha pertenecido a Pamela; ella solo tenía cuatro plantas en etapa de crecimiento. Es conducida entonces a la comisaría, empezando así la peor noche de su vida. “Me encerraron en un calabozo asqueroso, lleno de todos los fluidos corporales que se te ocurran, no me dejaron ni siquiera sacar mi mascarilla, no me dejaron llamar a mi abogado, no me dejaron siquiera ir al baño”. Y es en este lúgubre escenario donde las historias de ambas mujeres se cruzan. Pasadas las cuatro de la mañana, ingresan al calabozo a una mujer en evidente estado de shock, mojada, vestida casi como payaso, con ropas absurdas que claramente no le pertenecían. Y pasado un rato de silencio, las mujeres hablaron, compartieron sus dolores, su impotencia, su rabia… ambas tras las rejas después de haber sido víctimas de la violencia de género que campea en nuestro país, a pesar de tantos años de lucha.

Así, Pamela pudo conocer la verdadera historia vivida por esta mujer de 23 años; fue invitada a un “carrete” en un típico lugar de encuentro, cerca de unas cabañas. Lo único que recuerda es haber bebido un vaso de alcohol. Luego, horas después, despierta tirada en una quebrada, mojada, con su ropa desgarbada y adolorida, con claros signos de haber sido abusada sexualmente. Se da cuenta de lo ocurrido, comprende que fue drogada. Como pudo se reincorporó y llegó por sus propios medios a la casa de una vecina del sector, quien la acogió y llamó a Carabineros para dar cuenta del hecho.

Al llegar al lugar, los funcionarios policiales encontraron a la mujer y su vecina en las afueras de la casa, sin embargo, por aberrante que parezca, tomaron detenida solo a la víctima de la agresión sexual por no respetar el toque de queda, pese a que relató lo sucedido. Carabineros luego la llevó a constatar lesiones al hospital, donde se confirmó el daño físico atribuible a una violación, y se le facilitó, aunque duela decirlo, un vestuario inadecuado, que claramente no era de su pertenencia y más bien parecía un disfraz de payaso.

 A pesar de lo anterior, carabineros mantuvo a la mujer retenida, llevándola al calabozo en el que, desde hace horas, se encontraba detenida Pamela.

¿Cómo se atreven? ¿Cómo es posible que sean las propias instituciones que deben protegernos, quienes terminen vulnerando nuestra dignidad, con actuaciones no ajustadas a protocolos vigentes? ¿Cómo es posible que se presten para ignorar el clamor de una mujer violada, cómo se prestan para apoyar estratagemas de machos golpeadores y despechados?

Esperamos que ambas situaciones que tan tristemente reflejan el peligro de ser mujer en Chile, sean estudiadas a fondo por el Ministerio de Género y Equidad, así como por la Presidenta del Senado, en su relevante rol y gran desempaño al liderar la Mesa Género y Covid-19. Ambos tipos de violencia son claramente reseñados en la Agenda de Género que emanó de dicha mesa, compuesta por 80 organizaciones de mujeres, que le fue presentada a la ministra Mónica Zalaquett el viernes recién pasado:

«Investigar con la debida diligencia los casos de violencia denunciados, disponiendo la realización inmediata de las primeras diligencias probatorias y asegurando que los procesos judiciales se lleven a cabo sin dilaciones y respetando las garantías del debido proceso» (Actores: Poder Judicial y operadores de Justicia, MGC19) *Punto 4 apartado de Violencia

«Asegurar respeto a madres y mujeres que ejercen el derecho existente a cultivar cannabis para uso medicinal, evitando allanamientos e incautaciones, situaciones de gran violencia y abuso hacia ellas y sus familias» (Actores: Ministerio de Salud, Ministerio de Justicia, Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género) *Punto 8 en apartado de Salud

Parafraseando a Las Tesis… con el silencio cómplice, con la fuerza como amenaza … el patriarcado es un juez, que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que no ves…

Sobre el Autor

Ana María Gazmuri

Directora Ejecutiva Fundación Daya.

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