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Cobertura 18O

VIDEO | Arriba del Caballo: 18 de octubre 2020

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¿Qué sucede arriba del monumento más simbólico de las manifestaciones sociales? En el aniversario del 18-O, por primera vez una cámara accede a filmar en la altura del monumento Baquedano, develando opiniones, imágenes y el cotidiano de una jornada histórica desde una perspectiva única. Autor video: Edgard Wang

Cobertura 18O

Espacio Riesco denuncia que el Minsal le debe 4 millones de dólares

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La pésima gestión de Arturo Zúñiga sigue trayendo problemas, el centro de eventos denunció públicamente la deuda del Estado por el uso del recinto como el Hospital de emergencia en Huechuraba.

Cuatro millones de dólares es lo que le debe el Ministerio de Salud a Espacio Riesco, montos que aún no han sido pagado.

“Creo que hay una responsabilidad importante en el (ex) subsecretario Arturo Zúñiga y sus asesores”, comentó el gerente general Sergio Gutierrez, quién aseguró que hace cuatro meses se debió haber cancelado la deuda.

El director del Servicio de Salud Metropolitano Norte, Guillermo Hartwig, reconoció la deuda, comentando que “nosotros tenemos una deuda con Espacio Riesco de $2.092 millones”, lo que equivale a 4 millones de dólares.

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En esa línea, añadió que “para poder pagarles, nosotros tenemos que enviar la documentación, en este caso el contrato a toma de razón a la Contraloría y, una vez tomado de razón el contrato, se procede al pago”.

Esta situación se suma a la demanda por casi 6 mil millones de pesos chilenos ingresada en contra del Ministerio de Salud tras una fallida compra de ventiladores mecánicos en China.

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Archivo

Otra forma de luchar: El estallido social visto desde el lente de un secundario

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Vivió el inicio de la revuelta con su cámara en mano, vestido de escolar y desde ese día se ha convertido en un testigo documental de la historia reciente chilena. Hoy sigue en las calles registrando las movilizaciones y el proceso constituyente. Esta es su historia.


*Fotos: Luis Araya

Luis Araya (18) viste un cortaviento, pantalones negros, totalmente protegido de perdigones, gases químicos y piedrazos. Antes lo hacía con ropa escolar, antes de la brutal represión policial en las manifestaciones. Recorre las calles de Santiago con su cámara colgada del pecho capturando lo que él define como las injusticias, horrores y bellezas del Chile actual. Esa fisura de desigualdad y rabia. Tiene 18 años y no le gusta ser el centro de atención. Es de bajo perfil y tímido, pero en sus fotos parece todo lo contrario, ya que con su lente ha documentado uno de los acontecimientos políticos, sociales y económicos más importante de los últimos 40 años: el estallido social chileno.

Su primera incursión en la fotografía fue ejerciendo el periodismo estudiantil en el Colegio Salesianos de Alameda y en su rol comunicativo tuvo grandes problemas con las autoridades del colegio, ya que creó una página de memes que no le agradó a los sacerdotes. Lo censuraron y casi lo expulsaron por photoshopear a un cura. 

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Pertenece a esa generación que nació con un celular y un computador en la mano. Creció con las redes sociales y es hijo de la democracia y el consumo de los primeros años del milenio. Mismos hijos que en octubre del 2019 se rebelaron contra el sistema que soportaron sus padres y abuelos.

El 18 de octubre de 2019 junto a sus compañeros pudo salir temprano del colegio, ese viernes se celebraba a los profesores en su día, y al igual que 1.850 estudiantes, comenzaron a manifestarse. En menos de 20 minutos, todas las estaciones próximas al colegio estaban cerradas. 

Recuerda que se fue con un grupo de compañeros al metro Unión Latinoamericana. “Ni siquiera alcanzamos a evadir”, dice entre risas. Mientras sus compañeros arrancaron para capear las lacrimógenas, él se quedó detrás de un árbol sacando fotos, hasta que experimentó segundos de terror: vio cómo los carabineros le tiraron una lacrimógena directo al cuerpo, solo por el hecho de ser estudiante.  

Al igual que muchos chilenos, ese día tuvo que caminar en busca de transporte público para llegar a su casa, mientras que en decenas de estaciones otros miles de estudiantes llamaban a evadir el pasaje recientemente subido de precio. “Caminé por el centro buscando algún hecho que fotografiar, pero solo me encontré con más represión policial por las calles”, cuenta.

En el metro Baquedano no pudo sacar muchas fotos porque estaba rodeado de Carabineros, pero un detalle captó su atención, era una puerta de vidrio quebrada y parchada de forma muy desprolija. “Ese día sentí que algo se había roto”, comenta.

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Luis estaba hambriento, tras llegar a su casa y devorar un contundente plato de lentejas, se fue a dormir y despertó pasada las seis de la tarde. Para él fue como despertar en otro país. El Metro de Santiago ya se encontraba con todas sus estaciones cerradas. De fondo se escuchaban las cacerolas y en casi todas las esquinas se habían encendido barricadas. “En ese momento no sabía hacer muy bien fotos de noche, era la primera vez que me enfrentaba a protestas nocturnas”, dice. 

En mi barrio ni siquiera para el 11 de Septiembre prendían una barricada. Esa fue la primera muestra de que algo raro estaba pasando”, recuerda. Nada era normal, ese día precisamente 20 estaciones del metro de Santiago fueron vandalizadas y en las poblaciones la gente se volcó a las calles. En las primeras horas del 19 de octubre, la capital amaneció bajo Estado de Excepción Constitucional y Toque de Queda, este último no se aplicaba en la ciudad desde la dictadura. 

La rabia, el temor al pasado, entre otros sentimientos, provocaron que la gente se convocará en las calles ese sábado de octubre. Su padre lo acompañó a reportear hasta la estación Las Rejas. Luis se emociona al recordar las conversaciones y espíritu de la protesta recién floreciendo. La gente no quiere ser violenta todo el día”, espeta.  

Y vinieron más marchas, las que solo hibernaron con la llegada de la pandemia.

El momento más simbólico de la revuelta fue el 25 de octubre del 2019, en la llamada “La marcha más grande de Chile”, donde miles de personas gritaron y exigieron dignidad en todo el territorio chileno. En comparación al resto de las manifestaciones populares, estas fueron catalogadas por el Gobierno, Carabineros y canales de televisión como una protesta pacífica.  

“No fue pacífica, sí hubo represión”, dice Luis. En pocos días en la calle, a esa fecha, ya había sido reprimido en varias ocasiones.

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El desenfoque de alguna de sus fotos de ese momento dejan entrever ese miedo de los primeros días de manifestaciones. “Estaba cagado de susto, todo era muy irreal”.

Luis al igual que muchos de su generación, nunca imaginaron lo que habían detonado cuando saltaron los torniquetes del metro Santa Ana.

“Más que miedo, pasé a sentir rabia de que se dijera que todos lados que había sido pacifico y que estaba bien, cuando yo había visto gente herida”, relata.

Uno de los momentos más impactantes para el joven fotógrafo fue ver a una persona herida en el cuello por un perdigón percutado por Carabineros en el cruce de Ramón Corvalán con la Alameda. “En ese momento todo era muy improvisado, y me acuerdo que al tipo le estaban haciendo un tapón en el cuello (…) Me gusta mucho eso, porque en la foto se refleja la solidaridad de las personas”, recuerda.

Así fueron pasando los días hasta que llegó el cumpleaños del presidente Sebastían Piñera y los manifestantes decidieron ir hasta su casa ubicada en el sector oriente de la capital, no precisamente para cantarle el cumpleaños feliz, sino que a manifestarse. En ese momento también estaba Luis, quien trató de asistir a ese lugar lo más “decente” posible para no levantar sospecha, pero se olvidó de un detalle: sacarse el aro. “Me rotearon”, cuenta entre risas.

Pese a esto, logró registrar en ese momento cómo los vecinos de Piñera le daban desayuno al grupo de Fuerzas Especiales.

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A la protesta por el alza del transporte público se sumaron las pensiones, los problemas en educación y salud; incluso salió al baile la Constitución de 1980, impuesta en dictadura a través de un plebiscito sin registros electorales. 

El 15 de noviembre los partidos políticos suscribieron “El acuerdo por la paz” para implementar un artículo que incluyera la posibilidad de someter a plebiscito un cambio constitucional. Los chilenos y chilenas deberán decidir si cambian o no la constitución de 1980 y bajo qué mecanismo lo iban a realizar. 

La pérdida del miedo lo instó a asistir a las marchas por el rechazo, en las cuales muchos periodistas fueron agredidos por miembros del grupo Capitalismo Revolucionario. Sacó pocas fotografías porque mientras estaba capturando imágenes, fue identificado y expulsado de la protesta.

Hoy Luis continúa en las calles. Ahora registrará parte del plebiscito y asiste a diversas convocatorias para capturar el presente del proceso y lo que vendrá. Ese futuro, que aunque no le guste admitirlo, él fue precursor, como tantos otros estudiantes.

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Cobertura 18O

Cuando la bandera se tiñó de negro: Historia de un símbolo de resistencia

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El estallido social del pasado 18 de octubre estuvo siempre rodeado de arte e iconografía pop. Rayados, canciones, personajes e ilustraciones se comenzaron a convertir, con el pasar de los días, en emblemas que acompañaban la protesta social, tanto en las calles como en las redes sociales. Es allí donde comenzó a viralizarse, desde el primer día, la versión “en luto” de nuestra bandera tricolor. La solitaria estrella de bordes blancos sobre un fondo completamente negro se fue tomando, primero, uno a uno los perfiles digitales de distintos músicos nacionales, para luego transformarse en el símbolo por antonomasia de la primavera chilena. Una bandera que fue pensada tres años antes.


Una de las jornadas más importantes de nuestra historia reciente como país fue la del pasado viernes 18 de octubre de 2019, cuando las protestas estudiantiles evadiendo el Metro de Santiago escalaron en masividad e intensidad tras una fuerte respuesta represiva por parte de Carabineros. Varias estaciones del tren subterráneo comenzaron a ser tomadas y luego incendiadas, mientras en las calles tanto del centro de Santiago como en algunos otros puntos de la capital se llenaban de barricadas.

En tanto, al gobierno de Sebastián Piñera no le tembló la mano para que, a pesar de su estrecho vínculo con la dictadura, decretara Estado de Excepción Constitucional, volviendo a vivir toques de queda con militares en la calle, pero en democracia.

El sonido de las cacerolas era incesante y se propagaba por todo el país. Los noticiarios de nuestra televisión abierta no tardaron en bautizar al histórico momento como estallido social. Un despertar ciudadano que se llenó rápidamente de eslóganes (como “revolución de la chaucha” o “no son treinta pesos son treinta años”) e iconografía pop.

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No pasó mucho tiempo –gracias a la ayuda de las redes sociales– que las manifestaciones que se sucedieron a las de aquel 18 de octubre se convirtieran en receptáculo de la conciencia e imaginación colectiva. De forma orgánica, músicos, dibujantes, ilustradores, actores y ciudadanos con el fuego a manifestarse, vieron en la cultura pop su forma de sumarse a la protesta. Desde la megaescultura del Negro Matapacos a ‘El derecho de vivir en paz’ sonando fuerte por los balcones; desde el mural del “Guernica chileno” a los bailes de la Tía Pikachú. El arte se manifestó, impactó y se coló entre el humo de las lacrimógenas.

En este contexto, surge una imagen que se viralizó a tal punto que se transformó en el símbolo inequívoco del estallido: la bandera chilena despojada del característico blanco, azul y rojo para mostrarse como un emblema en luto, completamente en negro, donde solo destaca la solitaria estrella también oscurecida, pero con su contorno en blanco.

Ilustración: @martin_gubbin

“Una bandera negra refleja el abecedario de un país en ruinas”

Inicialmente comenzó siendo un avatar. Al otro día de los hechos que dieron inicio al estallido, la compositora nacional Paz Court (radicada en México), publicó una imagen de una bandera nacional negra en su Instagram con un mensaje que hacía eco del espíritu subversivo de las manifestaciones de aquel viernes.

“Chile explota y estoy lejos . Lo veo salir a las calles , lo veo arder en llamas y lo escucho en orquesta de cacerolas indignadas . Mientras los militares ocupan las calles de Santiago infundiendo el miedo que a todos nos recuerda el pasado negro de la dictadura . La gente está en las calles porque no es solo el alza en el valor del transporte . Somos todos ya agotados del sistema neoliberalista , de la injusticia , de la violencia y la represión . Si esta es la forma como esto al fin va a cambiar , entonces que así sea”.Paz Court

Quizás por la extensión del texto, pasó desapercibida su última frase, en donde daba los créditos de la ilustración usada: “La imagen es una foto de la más reciente obra de @martin_gubbins (dixit)”.

Martín Gubbins (49) es abogado de la Universidad de Chile. Las leyes han sido su sustento, donde destaca profesionalmente. Sin embargo, su inquietud por las manifestaciones artísticas, sobre todo la poesía, lo llevó a Inglaterra a realizar un Magíster en Literatura Inglesa Moderna en la Universidad de Londres, además de arte y fotografía en la Universidad Católica.

Desde entonces, en paralelo a su quehacer en la abogacía, ha realizado lecturas, performances y exposiciones, individuales y colectivas, en diferentes lugares de Chile y el extranjero. También, ha publicado parte de su trabajo enfocado en la poesía visual, terreno en donde es considerado como una figura distinguida de la escena literaria de vanguardia en Latinoamérica.

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“Me gusta la imagen del poeta en acción, inmerso en una comunidad y de cara a una audiencia, buscando una comunión desafiante con el público, al que sitúo como co-creador. Entiendo el poema como una obra de arte basada en lenguaje y compuesta de un modo en que forma y contenido se enlacen desprejuiciadamente, desplazándose libremente entre la alta definición y lo abstracto; lo visual, semántico y sonoro”.Martín Gubbins

Post tenebras lux

En septiembre de 2016, se realizó el II Festival de Poesía y Música PM en el Centro Cultural España. En tres días de presentaciones gratuitas, distintos proyectos expusieron sus propuestas vanguardistas que proyectan en vivo poesía en performances no convencionales y con amplio sentido sonoro. En aquella oportunidad, Martín se presentó junto al guitarrista Tomás Gubbins con su proyecto Colectivo Gubbins.

En aquella oportunidad, mostraron una obra inédita hasta entonces: Post Tenebras Lux. La expresión en latín traducida como “después de las tinieblas, la luz”, fue uno de los emblemas del primer Escudo de Chile en la Patria Vieja, durante el gobierno de José Miguel Carrera, en 1812. El detalle sobre la historicidad de la frase no es menor, ya que la performance montada por el dúo se trataba justamente sobre la oscuridad existente en Chile desde los albores de la Independencia.

Con textos sacados de la Aurora de Chile, del Libro de Job (Antiguo Testamento) y de fragmentos del filósofo italiano Giorgio Agamben, entre otras referencias que se manifiestan en la experimental intervención sonora propuesta por el Colectivo Gubbins, el telón de fondo fue una perfecta bandera chilena ennegrecida con sus bordes en blanco. Esa fue la primera vez que aquel diseño, realizado por Martín, se exhibía públicamente.

Creada por motivos personales “para hablar de luto y tristeza”, Gibbens vuelve a utilizar, por segunda vez, su versión de la bandera patria en negro para diseñar el afiche promocional de la performance visual y sonora Banderas de Chile. #MejorHagamosUnAsado, intervención que realizaría junto al también artista Felipe Cussen en en la Galería AFA.

Pese a lo personal de la creación, al final de esta performance Gubbins realiza un más que interesante vínculo político de su obra, y que dado los hechos, se estrecha aún más con el alcance que ha tomado la imagen de la bandera en negro.

“Pueden degustar esta deliciosa carne hecha a propósito del proceso de reforma constitucional, de las elecciones, y también pueden degustar estos buenos deseos de las asambleas constituyentes, son los top ten elegidos por la gente en las asambleas ciudadanas (…) lo que la gente dejó para la memoria histórica. Ojalá que quede en alguna parte”, dice el poeta visual al final de la performance.

El uso de algunos de los textos que fueron parte del proceso de consulta ciudadana para la reforma constitucional realizada durante el segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, hacen visible el hilo rojo que conecta la obra de Gubbins con el significado que el pueblo chileno le ha dado a la bandera que ha flameado en cada marcha hace ya un año.

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El luto de un pueblo

El rescate de la memoria histórica fue uno de los temas centrales de la exposición Caminos Australes, la obra multiplataforma que Martín Gubbins inauguró en 2019 en la galería de arte contemporáneo Isabel Rosas Contemporary (Cerro Alegre, Valparaíso). Fecha: 12 de octubre, la misma semana donde se iniciaron las movilizaciones de estudiantes secundarios luego del aumento del transporte público, punto de arranque del estallido social.

En este nuevo proyecto es donde aparece la bandera chilena intervenida en distintas formas: la ya exhibida en negro con la marca de las líneas interiores, otra solo con la estrella solitaria en fondo negro, e incluso una versión en negativo de la primera, completamente blanca con bordes negros.

Todas respetaban las proporciones originales del emblema nacional, definidas en el Decreto Supremo No. 1.534 del Ministerio del Interior. Detalle que, de alguna forma, le da fuerza a su uso como emblema del despertar de Chile y que para Gubbins fue fundamental.

“El proyecto Caminos Australes pretende desafiar la idea imperante de una “ruta escénica” o “ruta de los parques de la Patagonia”, que aspira a generar una idea de vuelta al estado virgen de la región, y cuyo peligro es borrar la historia civil, las cualidades materiales de la obra y las durísimas y abusivas condiciones de su ejecución sobre todo en dictadura. El proyecto no busca poetizar ni la carretera ni la Patagonia de manera idealizada, sino adentrarse en algunos de sus claroscuros identitarios, en este caso de la Carretera Austral en tanto obra históricamente estigmatizada, para reivindicar su memoria civil”.Nucleo Lenguaje Creación

Al igual que la performance Banderas de Chile, Caminos Australes también tiene un fuerte argumento sociopolítico. El propio Gubbins dice sobre la Carretera Austral –su objeto de estudio– que “simbólicamente, es muy compleja esa obra porque su parte principal fue hecha en dictadura y Pinochet se la atribuyó siempre como propia, como su gran legado de infraestructura”. Bien entonces podemos hacer la asociación de aquella herencia dictatorial con la genuina demanda que la calle realizó para cambiar, de una vez por todas, la Constitución de 1980, legado de también los cómplices civiles de la dictadura, como el arquitecto de la Carta Magna e ideólogo de la derecha chilena actual, Jaime Guzmán.

Con el alma llena de banderas

“Noche” y “Bandera” son dos fotografías que fueron parte de la última instalación de Martín Gubbins. Dos imágenes de banderas negras que se comenzaron a viralizar por artistas y que representaban la rabia y el dolor de las acciones que el gobierno de Piñera ejerció contra los manifestantes al militarizar las calles y desplegar una orden de represión letal contra el pueblo; torturas, mutilaciones y asesinatos a manos de las fuerzas de orden que desencadenaron una ola de críticas a nivel internacional.

En el acto genuino de graficar esos sentimientos, se proyectó la utilización de estas banderas en las redes sociales pero que no tardaron en materializarse en la realidad, manteniendo el luto hasta poder generar las instancias de cambios profundos y estructurales que necesita nuestra sociedad.

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La misma Paz Court compartió días después una segunda imagen con la bandera sin bordes. La foto se replicó en los avatares digitales de casi todos los músicos nacionales vigentes, sin importar estilo ni generación. Pocos días pasaron para que esos mismos artistas formaran el colectivo Músicxs de Chile y se juntaran a grabar una versión de ‘El derecho de vivir en paz’ de Víctor Jara, canción que se transformó en himno luego que Sebastián Piñera le declaró la guerra al país que se estaba manifestando. La nueva versión, que contó con una decena de músicos nacionales, se subió a las plataformas de streaming con una imagen representativa: la bandera negra de Gubbins.

De ahí en más, la obra fue masificándose a niveles impensados. Se fue transformando, mutando. Se materializó en banderas reales, estampadas y pintadas a mano; con y sin las líneas interiores; con diferentes formas en la estrella y de todos los tamaños posibles.

Se transformó en merchandising. Los vendedores ambulantes la vendían en las protestas y hasta pequeños emprendedores comenzaron hacer chapitas, stickers y hasta poleras con la imagen, sin ser especialmente la foto original. También se transformó en grafiti e inspiró poesías (como la de Juan Carlos Villavicencio, ‘Octubre de Chile‘).

Hoy, es el símbolo por antonomasia del estallido social; emblema de lucha y resistencia. Cuelga en balcones. La gente la lleva a las marchas. Se hacen intervenciones urbanas con ella en Chile y el extranjero. Ha sido usada para diseños de afiches y hasta de portadas de libros. Incluso, se le ha visto como parte de la escenografía para videos en vivo, como el de Mon Laferte cantando ‘La carta’ (de Violeta Parra) desde México o cuando Fran Valenzuela la utilizó durante su presentación en el Festival de Viña durante la interpretación de ‘Los poderosos‘, la primera canción del show.

Curiosamente, Gubbins se ha mantenido al margen de todo lo que ha provocado y significado su creación. En sus redes la ha posteado, aunque siempre con algún otro gesto estético (como la imagen girada o la bandera blanca), quizás para desmarcarse de su simbolismo mediático. De todas formas, igual ha ido juntado cada imagen que encuentra en internet o que le envían sus cercanos en donde aparece alguna versión de su obra.

Observando de lejos, Gubbins trata de entender cómo su obra se transformó en un emblema más grande de lo que pudo alguna vez imaginar. Un icono transversal que, como tal, guarda en sus significados algunos claroscuros del que le gustaría no estar asociado. Pero las obras de arte, a veces, escapan de los imaginarios y proyecciones de sus propios creadores. Hoy, a un año de haber sido apropiada por el pueblo, la bandera negra continúa flameando por los aires de un país que sigue sin recuperar sus colores.

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Algunas fotos de las distintas apropiaciones populares de la bandera negra de Gubbins:

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