Vee Bravo, director documental “Primera”: “Uno se va inspirando con la energía del pueblo. De ahí viene el grabar esto con dignidad”

Con el subtitulo «La primera línea de defensa de Chile», el documental “Primera” narra la historia del levantamiento del pueblo chileno iniciado el 18 de octubre de 2019, cuya lucha derivó en el plebiscito que abrió el camino a la construcción de una nueva Constitución.


“Todavía pienso que no he procesado todo” nos confiesa de manera telemática Virgilio “Vee” Bravo, cineasta y periodista independiente chileno residente en Estados Unidos. Esto, tras los elogios recibido en el Tribeca Film Festival hace unas semanas a su documental “Primera”, película sobre la revuelta popular iniciada en octubre de 2019 y que decantó en la posibilidad de cambiar la Constitución de 1980 escrita en dictadura, proceso que actualmente se está llevando a cabo en la Convención Constituyente.  

Con más de 15 años de trabajo documentando lo que ocurre en la comunidad latina y afroamericana, Vee cuenta que apenas supo lo que estaba pasando en Chile, dejó de lado el proyecto en el que estaba trabajando sobre el racismo sistémico en la industria carcelaria de Nueva York, tomó un vuelo a Chile y salió a las calles a grabar las manifestaciones posteriores al estallido social del vienes 18 de octubre de 2019.

Pronta a estrenarse en el país como parte de la cartelera del Sanfic 2021, Bravo conversa en profundidad con La Voz de los que Sobran.

– Estabas en Estados Unidos trabajando en otro proyecto cuando te enteraste de lo que estaba pasando acá. ¿Dejaste todo y tomaste un vuelo a Chile?
– Sí. Estaba trabajando en un documental de cómo en el Bronx se contribuye a una “economía de cárcel y prisión masiva” acá en los EE.UU. Es una población en donde se detiene a caleta de gente. Imagínate si los pacos en Chile se enfocaran solo en una región y metieran a todas las personas presas, ahí se crea una economía, porque a los presos hay que comprarles ropa, comida, hay que verles el sistema de salud, educación, entonces se convierte en una economía potente. Justo estaba haciendo esa pega y llegó la noticia de lo que pasaba en Chile, del 18 de octubre. De ahí se hizo una convocatoria acá con la gente chilena y los que apoyan a los chilenos y llegué con mi compañero RodStarz y ahí nos dio la idea que no podíamos quedarnos acá, con toda la experiencia que tenemos de ser periodistas, gente que tiene conocimiento. Ahí dije: “si estoy acá, apañando el pueblo latino que son puertorriqueños, dominicanos, colombianos, de más que tengo que regresar a mi país”. Había que hacerlo, no había de otra. Me moví de un día a otro y me conseguí algunos recursos para poder viajar.

Una vez que llegaste a Chile, ¿cómo fue el proceso de armar la red de contactos, conseguir las imágenes de los primeros días, los testimonios que destacas en el documental y que van relatando esta historia de resistencia ante la revuelta?
– Cuando aún estábamos acá en Brooklyn, tuvimos una conversación con la comunidad de gente exiliada que en su época luchó allá contra la dictadura y ahí se dieron unos contactos para llegar a las familias de sobrevivientes y las familias que tenían caídos. Eso fue en la primera semana. Entonces llegamos primero a Peñaflor, a la casa de Marusella, hermana de César Mallea, porque ese fue el primer caso que recibió una cobertura internacional y justo yo tengo familiares por allá. Un amigo me dio los datos y cuando llegué a Santiago, me fui directamente a entrevistarla para empezar a hacer un registro de todo el abuso y la matanza, y mostrársela a toda la comunidad latina, a la comunidad negra, para que se dieran cuenta que en Chile hay abuso y estaba pasando algo terrible. Además de eso, nos empezamos a enfocar cuando llegamos en las protestas y nos dimos cuenta que todas las escopetas, lacrimógenas, y todo el equipamiento y armamento se preparaba en EE.UU. Después de las protestas andábamos buscando como arqueólogos en el suelo los envases de las bombas lacrimógenas, y ahí nos dimos cuenta que la represión contra el pueblo se está financiando con ayuda militar de los EE.UU.

– ¿Qué significó ese dato para ti?
– Ese fue un enganche para nosotros después cuando regresamos de ese viaje, enganchar al público latinoamericano y gringo, decirles “miren, en Chile, la gente se está levantando y la están reprimiendo con armamento que se está fabricando acá”. Ahí hay una conexión. Y así empezamos a hacer las conexiones con la gente acá para que se sintieran conectados a la historia, porque sino es “ah, lo que pasa en Chile, pasa en Chile… mala onda, pero no tenemos ninguna conexión”.

– Volviendo al documental, ¿cómo continuaste con la grabación?
– Con RodStarz teníamos clara la película, esto estaba dentro de un ecosistema mucho más amplio. Después que empezamos a registrar estos casos, como el de Marusella, llegamos al CODEPU, que estaba también representando a varias personas que habían caído, que habían sido baleadas, y de ahí fuimos conociendo diferentes personas que recién habían salido del hospital, gente que era víctima de trauma ocular. Conocimos a compañeras que habían sido baleadas y de ahí puras entrevistas y cultivando relaciones amistosas, porque no queríamos explotar a nadie. Anduvimos en Chile hasta como la mitad de diciembre de 2019 y me volví para acá sin saber que había una película. Sabía que tenía un buen registro y ahí lo que hicimos fue editar algunos cortes y empezamos a hacer charlas en las comunidades latinas para que vieran lo que estaba pasando.

– ¿Y cuando te diste cuenta que podías hacer un documental con todo el material que tenías?
– Por ahí por enero del 2020. Y de ahí con un compañero colombiano, Kevin López –co-productor junto a Catherine Gund–, empezamos a ver el material y nos dimos cuenta que aquí había algo poderoso, que había una historia de gente valiente, gente que no tiene miedo, otra generación, y que teníamos que contar esa historia al mundo. De ahí empezó la estrategia de regresar nuevamente a Chile y armar un arco que vaya contando lo que está pasando. Pero entre eso no podíamos adelantarnos porque estábamos grabando mientras todo esto estaba pasando. Entonces cuando nosotros llegamos de nuevo en febrero, en marzo ya se había establecido que el primer plebiscito iba a ser en abril, y empezamos a grabar como que en abril la película se termina y que esta iba a ser la película más corta del mundo (ríe). Andábamos grabando cuando empiezan a cerrar las fronteras de los EE.UU. y ahí me di cuenta que el Covid era cosa seria.

– ¿Pero alcanzaste a salir?
– Esa es una de las anécdotas: pude salir con el material en el último vuelo a EE.UU. antes que cerraran las fronteras en Chile. Nunca me voy a olvidar, como a las 11 de la noche pude salir y ahí empezar a desarrollar el documental. Después, no me acuerdo si fue en marzo o abril que Piñera dijo que se iba a postergar el plebiscito. Chile se cerró y usaron como excusa el coronavirus para controlar a la población.

– Hubo igualmente manifestaciones durante el 2020, sobre todo en los momentos que Santiago salía de cuarentena.
– Y ahí seguimos grabando, no íbamos a parar. La idea era que, si el pueblo sigue luchando, nosotros seguimos filmando. Y sabíamos que no éramos los únicos. Hay muchos compañeros y compañeras en las calles filmando lo que pasa en las calles. Tengo un tremendo respeto por toda la gente chilena que vive allá y ha salido con sus cámaras, gente valiente también. Ahí llegamos a septiembre-octubre, el nuevo plebiscito y grabamos todo eso, pero no quise esperar que todo ese proceso terminara para empezar a editar, entonces fuimos armando el cuento mientras íbamos produciendo, para poder sacarlo en tiempo record este año, tipo olimpiadas. En enero de este año ya teníamos el corto y en febrero llegamos a los 90 minutos.

Equipo de producción “Primera”

– Con la experiencia que tienes en retratar movimientos sociales latinoamericanos en EE.UU., ¿cuál crees que es la característica del estallido chileno?
– En mi experiencia siendo activista y manifestante en la calle, tanto como periodista, es que cuando hay un estallido en la calle y la calle se toma durante una semana, ¿después que pasa? Mientras la policía ataca al pueblo llegan los políticos a hacer la paz con un discurso tipo de “hay que tener reformas”, pero lo que se vio en Chile fue muy diferente. Es como que el pueblo no quiso soltar las calles y llegaron a un conocimiento súper bacán e importante de reconocer que esos mismos políticos eran parte del problema. Entonces se le negó a la clase política que entrara en ese discurso, y eso yo nunca lo he visto.

– Una élite política que esa misma semana decía que la protesta “no prendió”.
– Fue un rechazo total. Decir “gracias, pero no. Acá el pueblo va a construir lo que queramos y de ahí lo otro”. Y lo otro es que los pacos siguieron atacando a los estudiantes, tampoco quisieron parar, entonces eso se convirtió en una explosión social y pienso que ahí se fue fortaleciendo, tomando carácter, actitud, posición. Y es comunitario, ya no es solo la típica persona que ya está comprometida en la lucha. Llegó gente del centro, gente que de repente apoyaba desde lejos pero no iba a manifestarse. Eso vi en noviembre en las marchas multitudinarias y también en marzo cuando salieron todas las mujeres para el 8M. Entonces pienso que eso es muy especial en la historia de Chile. Y lo otro que a mi siempre me ha asombrado de Chile y me da orgullo es que allá irse contra los pacos es como una forma de vivir. Es como “nos encontramos el viernes en Dignidad, vamos a luchar”. Es una posición política contra el Estado, como “te vamos a enfrentar, ya no tenemos miedo”, y eso para mi es algo muy interesante. Pienso que ya es parte del ADN de los chilenos y chilenas.

– Te inspira esta lucha.
– Para mi como periodista me inspiró mucho. Uno se va inspirando con la energía del pueblo. ¿Y sabí qué? Ahí viene el estilo de grabar esto con dignidad. Si la gente va a salir a la calle, grabémoslo poéticamente. Si voy a escribir un libro de lo que está pasando, va a ser un libro bien escrito. Eso es respetar la lucha del pueblo de manera artística. Por eso para mí era muy importante conseguir y grabar buenas imágenes, porque tenía bien claro también que para que la gente enganchara, lo visual debía ser de calidad, debía tener un buen sonido, una buena iluminación. No quería que la gente no pescara lo que estaba pasando en Chile porque la imagen no era de calidad. Y como profesional siempre me voy a esforzar para que el resultado sea bacán, y si uno no tiene las monedas, por lo menos trata que quede bien. Tomar un dólar y hacerlo ver como si gastaste 100.

– Me emociona lo que dices, porque uno ve el tráiler y se nota la buena factura, por un lado, pero también esa intención de hacerlo sangre y cariño.
– Es que, como la gente de población, hay que poder soñar que también podemos hacer hueás bacanes. Tenemos ese don, porque puta, siempre la gente pobre inventa cosas de la nada. Entonces ahí dije que mi contribución, porque somos muchos, va a ser enfocarnos en la historia y mostrarlo de una manera bacán.

Trailer “Primera”

– ¿Crees que ese espíritu luchador de nuestro pueblo que se veía en las calles y que se coartó tras las cuarentenas se reflejó luego, por ejemplo, en la organización de las ollas comunes que explotaron en los territorios?
– Totalmente. Para mi fue una tremenda inspiración ver cómo la lucha se amplificó a los territorios. El pueblo que llegó a Plaza Dignidad, que luchó contra los pacos, que formó brigadas médicas, que fueron observadores de DD.HH., fue creando una comunidad mucho más amplia que llegó a los territorios y empezó a ayudarse con las ollas comunes, y también a sanitizar pasajes, desinfectar los buses y hasta el Metro. Sin proponérselo de esa manera, el pueblo tomó el papel del Estado. La defensa del pueblo no es solo contra los pacos. La defensa del pueblo es proteger al pueblo, que estén alimentados, que tengan para comer, que tenga una frazada cuando llegue el invierno, que tengan mascarillas, ayuda legal. Ahí me di cuenta que esto es realmente un movimiento poderoso que ya paró de ser solamente una manifestación en la calle, esto es conciencia colectiva que nosotros tenemos que ayudarnos a nosotros. Una mano lava la otra. Y dentro de eso vas conociendo gente que se va encontrando en este camino.

– ¿Conociste mucha gente durante la grabación?
– Durante un período de ocho meses conocí a tanta gente bacán en la calle. Me acuerdo de los que andaban protegiendo a los perritos. Otra vez que andaba en Plaza Dignidad, comiendo una sopa de lentejas de una olla común, y de repente me topé con un profe que había llevado a su clase allá. “Hoy día les voy a dar la clase en la plaza”, le dijo a los cabros,  y yo dije “oh, la hueá bacán”. Acá hay una revolución completa. Acá la gente no lo está viendo solo como la lucha, sino como un capítulo de la historia; estamos enseñándole algo importante a las próximas generaciones. Imagínate tener 12 años e ir Plaza Dignidad, a entender todo eso, a vivirlo, y después contarlo 10 o 20 años después.

– Sin ir más lejos, es gracias a esa generación que empezó todo, con los secundarios saltándose los torniquetes del Metro.
– Sí, y ojo, que también están los chiquillos del Sename. Conocí a muchos niños y adolescentes que ya llevan toda una vida en la calle. Me tocó ver cómo ellos mismos asumen un tipo de liderazgo por esa misma experiencia. Ellos dicen “nosotros sabemos cómo se mueven los pacos porque vivimos en las calles y somos los más reprimidos y tenemos un tipo de inteligencia social de cómo movernos”.

– A propósito de este impulso joven, de una nueva generación, no deja de llamar la atención que desde ellos surgiera uno de los eslóganes potentes que se pudo leer en las paredes de la ciudad y en pancartas: “Nos quitaron tanto que nos quitaron hasta el miedo”. ¿Qué te pasó al ver esos mensajes en medio de otros nuevos símbolos de la protesta, como la bandera chilena en negro, por ejemplo?
– Desde un principio me llamó la atención la imagen del Negro Matapacos como un símbolo muy popular, el quiltro que siempre apaña y que siempre está a tu lado. También cuando empiezan a aparecer las banderas mapuches y ahí uno se da cuenta que la gente se está viendo más allá de ser ciudadano chileno, sino que se está reconociendo en sus antepasados y además viviendo algo que a los mapuches siempre les ha pasado. La represión es algo con lo que el pueblo mapuche siempre ha tenido que batallar. Entonces aparecen las banderas mapuches, las banderas negras, el Matapaco que es un quiltro de color negro que creo también tiene un simbolismo, al identificarse con un símbolo no blanco, a la larga no hegemónico. Empiezan aparecer los rostros de quienes quieren que nos olvidemos: de Macarena Valdés, de Camilo Catrillanca. Yo quedé en shock cuando llegué a Chile y empecé a ver por todos lados los rostros de Víctor Jara, Salvador Allende, Gladys Marín, y ahí otra historia sobre la pérdida del miedo, reconociendo que la lucha viene de antes.

– Y qué decir de LasTesis también, que marcaron un hito. Otra vez las mujeres empujando la historia.
– Y para qué hablar del liderazgo de la compañera que se asume en la lucha. La compañera siempre ha estado, solo que no se le ha dado el espacio en los medios de comunicación, no se le ha dado el protagonismo. Pero aparecen para demostrar que el patriarcado está dentro del sistema y que hay que batallar contra eso.

– ¿Crees que esta lucha tiene un componente de género clave?
– Mira, yo me crié con mi mamá y mi hermana, vengo de una familia de mujeres luchadoras. Entonces yo veía eso claro desde chico. Es importante que como hombres entendamos que no siempre debemos estar en el rol de líder, que puede existir un mundo mucho, mucho mejor si las compañeras se hacen cargo. No es necesario que nosotros tengamos un tipo de protagonismo dentro del movimiento. Eso lo sé por carne propia, de vivir en un hogar con una mamá poderosa, que llegó a este país (EE.UU.) como inmigrante durante la dictadura. Yo ya estoy acostumbrado a que si las mujeres están en el liderazgo mi vida es mejor (ríe).

– El documental se estrenó en el Festival de Tribeca y recibió muy bonitos elogios. ¿Cómo sentiste esas primeras impresiones del mundo del cine que valoraron este trabajo que viene desde lo popular?
Para mi fue muy emocionante porque me crié en las calles de acá de Nueva York, soy un producto. Aunque yo sea un chileno que nació en San Antonio, que soy hijo de micrero, llegué acá y me formé en esta ciudad y no con los gringos, sino con los latinos negros del barrio. Y ahí me formé como periodista, 30 años luchando en las calles, entonces me sentí súper bien de poder traer este trabajo desde mi país natal y compartirlo con mi otro hogar. Pienso que la gente respetó el trabajo, la motivación; respetó lo que está pasando en Chile y mucha gente todavía sigue con interés. Cada día nos llega una invitación, si podemos llevar la película a Portland, a San Francisco, a Texas, a Miami, pero en onda comunitaria. Ya se está corriendo la voz de que acá hay algo potente con lo que pasó en Chile. Mucha gente acá se conforma con una reforma, pero acá es cambiar el sistema entero, y ahora con la noticia que la compañera mapuche (Elisa Loncon) va a guiar este proceso de escribir la nueva Constitución, como que es súper poderoso. Lo lamentable sí es que están los presos políticos, que tienen que ser reconocidos como tal y liberarlos, darles amnistía. Así que la historia continua.

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