Una semana negra para la educación

Mencionan que las horas no lectivas van aumentando progresivamente, pero nada dicen de que estas se distribuyen entre consejo de profesores, entrevistas a apoderados y estudiantes, planificación, estudio, etc. Porque quienes ejercemos la docencia sabemos que preparar material y elaborar una clase no alcanza en ese horario, muchas veces esa parte del trabajo se termina en nuestros hogares y, más en pandemia, a altas horas de la noche y el fin de semana. Con un alto costo personal y familiar. 


Sabido es que la educación en nuestro país lleva años siendo uno de los principales temas dentro del debate público. Las movilizaciones estudiantiles, principalmente el 2006 y 2011, y la expresión del malestar en su germinación el 2019 da cuenta de aquello.

Sin embargo, esta última semana ha vuelto ese cuestionamiento que varios pensaron que con el estallido había terminado, esto es, volver a criticar no el proceso educativo, sino principalmente a las y los docentes en su quehacer cotidiano. Una crítica por lo demás, nada de pedagógica.

Son tres los hechos que marcan estos días aciagos para quienes ejercemos el rol docente: en primer lugar, la filtración de una apoderada fanática de carabineros contra lo que llaman los sectores conservadores, “adoctrinamiento”. Luego, se pudo ver en redes sociales la cuestionada información de Elige Educar, plataforma que mostró algunos de los mitos que envuelven la tarea de las y los docentes. Para terminar la semana con los dichos del exministro Ignacio Briones quien, en un derroche de originalidad, propuso traer del extranjero a docentes capacitados y mejor preparados. 

Se pueden decir un montón de cosas, pero en los tres hechos se vuelve a clarificar algo que el gremio docente lleva planteando hace años: nuestro rol, siempre subvalorado, puede ser cuestionado con una liviandad desde cualquier sector de la sociedad, pero siempre obviando nuestra propia experiencia.

Es más fácil grabar 3 minutos de una clase de historia, sin dar el contexto, sin permitir la defensa de la docente, para hacer gárgaras de que se adoctrina. Sería interesante saber qué piensa esa misma persona respecto a que una institución como la Armada dicte un curso de formación ciudadana antes de que entregue información clave en materia de DD. HH. Lo único que refleja el concepto de adoctrinamiento es el miedo que existe al pensamiento crítico, reflexivo, autónomo y consciente de la realidad. Esto recuerda aquella entrevista que sostuvo el presidente Piñera con una familia, que comentaba abiertamente que el estallido social fue culpa de las y los profesores/as por inculcar ideas contestatarias. Otros más radicales dirán incluso, odio y resentimiento.

Por otro lado, Elige Educar expone en sus redes sociales que dentro de los mitos que conlleva ser docente está que ganamos poco, olvidando la precarización de la labor docente. Comentan de manera rimbombante los cursos del CPEIP, y sabemos que en Chile hacer un curso, un diplomado o un Magister es más que nada para competir en el mercado laboral, porque no se refleja en salario. Mencionan que las horas no lectivas van aumentando progresivamente, pero nada dicen de que estas se distribuyen entre consejo de profesores, entrevistas a apoderados y estudiantes, planificación, estudio, etc. Porque quienes ejercemos la docencia sabemos que preparar material y elaborar una clase no alcanza en ese horario, muchas veces esa parte del trabajo se termina en nuestros hogares y, más en pandemia, a altas horas de la noche y el fin de semana. Con un alto costo personal y familiar. 

Por último, lo de Ignacio Briones. Con la liviandad que menciona que se deben traer docentes del extranjero, no cabe duda que hay una idea a priori de que parte del problema para él somos las y los docentes. Es más fácil traer docentes del extranjero que mejorar las condiciones de trabajo del profesorado. Es más fácil traer docentes del extranjero que pagar mejores sueldos (lo dice como medida a largo plazo). Parte esto último es también clave para incentivar a que mejores puntajes ingresen a pedagogía. Lo que sí, en nada ayudan las palabras del candidato presidencial de Evopoli a incentivar a que ingresen a pedagogía estudiantes con mejores resultados, si justamente otra de las problemáticas es la poca valoración social al quehacer docente. Lo anterior lleva a preguntar, como lo planteó la diputada Camila Rojas, ¿vendrían docentes del extranjero a ejercer la docencia en las condiciones en que trabajamos nosotros y nosotras?

No se trata de colocarnos como víctimas bajo un caos indomable, sino más bien de constatar la realidad docente en Chile y de todo el camino que hay que recorrer efectivamente antes de poder tener una educación de calidad desde la perspectiva de las y los profesionales de la educación.

Todo lo anterior, si pensábamos que faltaba algo, va coronado con la aparición del ministro Raúl Figueroa, quien lleva hablando un año del regreso presencial a clases, siendo este discurso su leitmotiv para evitar la desigualdad. Como si esta pasara única y exclusivamente por ir a clases o no. Dejando todo lo que conlleva esa desigualdad en educación de lado. Figueroa ahora retoma la disputa a que los colegios adecuen el horario para dejar la franja deportiva de la mañana. Parece increíble, pero esa es ahora su gran apuesta. Lo peor, es que el presidente del Colegio de Profesores/as es más reactivo que propositivo, porque hasta ahora, sale en los medios como contrapunto del ministro, pero de disputa de construcción del currículo o de acercar efectivamente los colegios a las comunidades, poco. 

Dentro de una coyuntura tan compleja y adversa como la actual, con la pandemia acechando, con un gobierno que tanto en materia educativa como general sigue dando palos de ciego, lo que queda es la unidad del gremio, la reflexión permanente, la organización activa y que permita la discusión en términos pedagógicos. Queda retomar esa idea de transformación social que como docentes debemos tener, más que por vocación, por convicción. Debemos ser las y los docentes quienes estemos en la primera línea de la discusión pedagógica y en la toma de decisiones. Es eso, o la repetición de otras varias semanas negras. 

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