Una nueva educación para Chile

Una nueva Constitución nos permitirá establecer nuevas reglas del juego para que en un futuro podamos proponer una educación de calidad. No debemos volver a construir un sistema que genere personas como mano de obra barata, más bien necesitamos una educación que posibilite el autoconocimiento personal, la interacción comunitaria y que nos lleve a alcanzar nuestro máximo potencial humano


Según una encuesta realizada por Elige Educar en septiembre de 2020, el 87% de los docentes padecía “tensión” y el 77% declaraba encontrarse “estresado” o “muy estresado”, situación que podemos asumir empeoró considerablemente tras el periodo de cierre de semestre, que además incluyó una serie de despidos injustificados en tiempos de pandemia. ¿Cuánto más pueden aguantar estas personas, y en general, el sistema educativo chileno actual?

Durante años, generaciones de estudiantes hemos marchado en las calles y nos hemos organizado para exigir nuestro derecho humano a una educación de calidad. Y no sólo eso, sino que un gran porcentaje de la ciudadanía también ha congeniado y adherido a esta demanda. ¿Por qué nos hace tanto sentido que es necesaria una nueva educación para Chile?

La educación es considerada como la base para una sociedad justa, igualitaria y autosuficiente. A su vez, la educación debe ser considerada como la oportunidad que ofrece desarrollo comunitario y progreso social, dos anhelos históricos del pueblo chileno. Pero, ¿cómo planteamos una mejor educación para el país? Yo creo que una jugada interesante sería intentar resolver estas tres preguntas clásicas: ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? Y ¿Para dónde vamos?

¿Quiénes somos? ¿Somos acaso un pueblo resignado a seguir produciendo riquezas para los mismos de siempre, o somos un pueblo resiliente que intentará buscar el bienestar colectivo?

¿Dónde estamos? ¿Seguimos siendo los jaguares de Latinoamérica o nos dimos cuenta que somos una ciudadanía malherida, azotada por la pandemia, con muchos desafíos y deudas sociales aún por resolver?

Y más importante aún ¿Para dónde vamos? ¿Seguiremos respaldando este modelo educativo vigente que genera trabajadores sin pensamiento crítico, o comenzaremos a construir un modelo humanista que ponga en su centro al estudiante, le prepare para los desafíos del siglo XXI, y a su vez le permita desarrollarse como ciudadano de bien? ¿Seguiremos dando énfasis en ciertas materias tradicionales, o comenzaremos a formar ciudadanos con consciencia ambiental, emocional, financiera, y colectiva?

Una nueva Constitución nos permitirá establecer nuevas reglas del juego para que en un futuro podamos proponer una educación de calidad. No debemos volver a construir un sistema que genere personas como mano de obra barata, más bien necesitamos una educación que posibilite el autoconocimiento personal, la interacción comunitaria y que nos lleve a alcanzar nuestro máximo potencial humano. Una nueva educación es posible, es necesaria, y es una de las dimensiones que más deberá defenderse en la futura Convención Constitucional. Los tiempos de transformación están ocurriendo y es nuestra responsabilidad hacernos protagonistas y no permitir que los mismos de siempre vuelvan a escribir las reglas bajo sus propios intereses.

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