“Una catarsis mágica”: Resignificando el Himno Nacional

himno

El pasado domingo, en la jornada donde se establecía por primera vez la Convención Constitucional, se vivió una tensa situación cuando se intentó inaugurar la ceremonia a través de la ejecución del himno patrio ya que, en esos precisos momentos, se le informaba a algunos constituyentes que Fuerzas Especiales de Carabineros estaban reprimiendo a la gente que se había congregado entorno al ex Congreso Nacional. Así es como en medio de los gritos de quienes pedían libertad a los presos de la revuelta, el sonido de kultrunes de los representantes del pueblo mapuche y el canto del propio himno por algunos presentes, el cuarteto de cuerdas a cargo de niños y niñas de la FOJI interpretó –de principio a fin– la pieza compuesta por Ramón Carnicer, en base al arreglo de Osiel Vega. Justamente para él, la superposición de estas sonoridades fue algo surrealista pero bello. “Un himno que está siendo resignificado porque lo necesitamos, porque Chile necesita encontrarse consigo mismo en este proceso”, manifiesta en exclusiva el compositor para La Voz de los que Sobran.


El 11 de marzo de 1990 fue una jornada trascendental para la historia reciente de nuestro país. Patricio Aylwin asumía como Presidente de la Nación luego de 17 largos y sangrientos años de dictadura cívico-militar, recibiendo la banda presidencial de manos del mismo tirano, Augusto Pinochet. Ese día, el democratacristiano hizo un gesto republicano muy importante en marco del esperado retorno a la democracia: cuando se entonó el Himno Nacional, al momento de la controvertida tercera estrofa, se sienta y no la canta. Con esa expresión de desobediencia civil, Aylwin marcó simbólicamente el fin de la dictadura, que cuatro días más tarde materializa en el Decreto 260 que elimina la polémica estrofa en actos y ceremonias.

Al igual que ese día, la mañana del domingo 4 de julio de 2021 también era histórica: la conformación oficial de la Convención Constituyente. La ceremonia se desarrolló en el edificio del ex Congreso Nacional, en el corazón de la capital, cuyos alrededores contaba con distintos cordones de seguridad debido a las manifestaciones que se habían anunciado para ese día. En uno de ellos, además, estaban los familiares, amigos, asesores y adherentes de algunos constituyentes que no podían ingresar al recinto por protocolo sanitario. Sin embargo, la presencia de carros antidisturbios –lanza agua y lanza gases–, más varios contingentes de Fuerzas Especiales no auguraban nada positivo para el devenir de la crucial jornada.

La ceremonia, iniciada con una hora de atraso, fue presidida por la secretaria relatora del Tribunal Calificador de Elecciones, Carmen Gloria Valladares. La interpretación del arreglo para cuarteto de cuerdas (dos violines, viola y violonchelo) del Himno Nacional por niños y niñas de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI) sería el inicio solemne de la sesión. En esos precisos momentos, a un grupo de convencionales le comienza a llegar información del exterior: Carabineros estaba reprimiendo a los manifestantes.

Esta vez, sí importaba lo que ocurría con el pueblo tras las fronteras de la ceremonia, porque muchos de sus representantes estaban en el acto. De hecho, se vio cómo la constituyente Elsa Labraña (Lista del Pueblo) recrimina la ejecución del himno en frente de Valladares durante su interpretación.

Los gritos de lucha por los presos de la revuelta se escuchaban cada vez más fuerte en la transmisión oficial y, a la larga, se convirtieron en una especie de proto-intro al arreglo de cuerdas de la canción nacional que comenzó a sonar tímidamente, musicalizando la tensión del ambiente.

Mientras algunos constituyentes se sumaban al canto del himno –mayoritariamente los representantes de Chile Vamos–, otros enardecían sus gritos de protesta. “Liberar, liberar, a los presos por luchar”, se escuchaba fuerte y claro. Estremecedor. En ese entramado sonoro, se sumaron los kultrunes de los representantes mapuches como una pulsión de la tierra que se dejaba oír. Palmas, pitos, banderas de los pueblos originarios, la bandera chilena, ramas de canelo y algunos pañuelos verdes feminista también eran parte de la fotografía de aquel instante único.

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Para Lito Celis, cantautor, productor, profesor de música y musicólogo, “lo que pudimos audiovisionar ayer, donde se estaba interpretando el Himno Nacional en vivo y podíamos ver a los y las estudiantes de la FOJI que tocaban el arreglo del cuarteto de cuerdas, fue la manifestación del espíritu de la época”.

“Pudimos escuchar sonoramente en este acto oficial, en el cual se quieren construir las nuevas bases de un país, de un Estado, de una nación, la representación de aquello que va a hacer el resultado final de la próxima Constitución”.

Lito Celis

Más allá de los lamentables hechos que estaban ocurriendo fuera del ex Congreso, que finalmente llevaron a suspender la ceremonia por algunas horas, lo que pasó durante la interpretación del himno no fue menor. Para muchos, su interpretación fue inadecuado por el contexto en donde, por primera vez, los pueblos originarios están siendo voz y parte de este proceso constituyente, y la canción nacional no los representaría, y más bien simboliza un emblema del huinca opresor. Esto, a pesar de la existencia de traducciones –de libre interpretación conceptual– al mapudungún que ha tenido el texto del himno (como la de Sofia Painequeo) o versiones cantadas como las del coro de niños de Alto Biobío que se puede escuchar al final de la canción ‘Canto de las estrellas‘ (1996) de Inti-Illimani.

“Uno de los primeros elementos que se pone en cuestionamiento cuando hay una crisis son los símbolos patrios: la bandera, el escudo, el himno”, cuenta Osiel Vega, compositor, musicólogo y autor del arreglo para cuarteto de cuerdas del Himno Nacional, escrito en el año 2000 en marco de su investigación antológica sobre las versiones existentes de la obra de Ramón Carnicer y Eusebio Lillo (Himno Nacional de la República de Chile. Antología de versiones vocales e instrumentales), y que se ha usado en otras instancias, como en la ceremonia de investidura del primer gobierno de Michelle Bachelet en 2006.   

“Desde un punto de vista musicológico, es importante connotar que cada una de las versiones existentes del himno corresponden a contextos de la época”, precisa Celis ante de afirmar su postura frente a la híbrida versión del himno que se pudo escuchar el domingo.

“Debe ser, por lejos, la mejor versión del Himno Nacional que se ha realizado en un acto oficial de Estado. El arreglo de cuerdas de Osiel Vega, interpretado por jóvenes de la FOJI y con base de percusiones hechas por los elegidos del pueblo y percusiones étnicas por los representantes de pueblos originarios. Una superposición sonora que representa a cabalidad el estado del arte de la nueva política chilena”.

Lito Celis

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A diferencia de lo que se cree popularmente, tanto la letra como la música del himno patrio han sufrido variadas modificaciones a lo largo de los años, desde el encargo para su creación en 1819 realizado por Bernardo O’Higgins al diputado por Buenos Aires, Bernardo de Vera, autor de la primera versión del Himno Nacional de la República de Chile, y de la cual solo se conserva el texto perteneciente al coro.

De ahí en más, la letra y música de la canción nacional han tenido diversas modificaciones, siendo importantes las que ocurrieron en 1828, cuando el compositor catalán Ramón Carnicer entregó una pieza musical que consideraba no solo la línea melódica, sino que también una introducción, el acompañamiento en piano y un arreglo a tres voces; y en 1847, tras el reconocimiento oficial de la independencia de Chile por España, quienes solicitaron oficialmente al gobierno del general Manuel Bulnes el cambio de la letra, “por estar cargada de oprobios y rencores hacia España”, por lo que les “resultaba inaceptable asistir a ceremonias públicas y tener que escuchar, inmutables, aquellos versos injuriosos”, razón por la cual se le encomienda la tarea al joven oficial auxiliar de gabinete, Eusebio Lillo (de quien se dice poseía cualidades para la escritura) redactar un nuevo texto para el Himno Nacional.

“Hay una anécdota de cuando Eusebio Lillo escribe el texto, y en el estribillo puso «Libertad, invocando tu nombre / La chilena y altiva Nación / Jura libre vivir de tiranos / Y de extraña, humillante opresión», Andrés Bello –máxima autoridad de la época en las letras y el arte– dijo después de leerlo «por ningún motivo va esto. El pueblo de aquí en adelante va poder usar el himno como grito de lucha contra un gobierno constituido». Deciden entonces componer otro, pero Lillo se opone, por lo que rectifica usar el mismo texto que había escrito Bernardo de Vera, siendo el que se canta hasta el día de hoy”.

Osiel Vega

A inicios del siglo XX, sucedieron diversas propuestas de modificaciones menores al texto que no prosperaron. Sí se encuentran diversas variantes en cuanto a cambios tonales, transformación de partituras y arreglos para diversos instrumentos. Oficialmente, hasta 1973, de las seis estrofas del himno se cantó siempre la quinta más el coro. A partir del golpe de Estado, se dictaminó incluir también la tercera estrofa, acción que ya en 1847 Andrés Bello había advertido: que el texto del himno se podría utilizar políticamente.

Osiel Vega plantea algo similar: “Lo que ocurre con el himno es muy especial. Se ha usado en un montón de oportunidades como un gesto político de parte de los que están en el poder y eso le ha dado muy mala fama en algunos instantes”, nos cuenta, y da como primer ejemplo una versión para guitarra de Tomás Valdecantos después de la Revolución de 1891, dedicada a Jorge Montt, quien asumió en el gobierno después del derrocamiento de José Manuel Balmaceda.

Sin ir más lejos, esta apropiación u oportunismo político en el uso del himno se vivió el mismo día domingo, y no precisamente en la inclusión de la FOJI en el programa de la ceremonia inaugural de la Convención Constituyente por parte de los organizadores –la Secretaría General de la Presidencia–, sino que luego de haberse producido la suspensión temporal de esta, como un acto de clara provocación, adherentes al pinochetismo situados en las afueras del ex Congreso, colocan a todo volumen la versión del Himno Nacional que incluye la tercera estrofa usada en dictadura. La escena es captada en vivo por cámaras de TVN mientras la constituyente Isabel Godoy (representante del pueblo Colla) es entrevistada, siendo el periodista Kevin Felgueras quien advierte la situación.

“Sin duda, el momento más terrible fue para la dictadura, cuando se obliga a cantar la tercera estrofa («Vuestros nombres valientes soldados / Que habéis sido de Chile el sostén»), que para nada se refiere a ese Ejército (ya manipulado por los graduados de la nefasta Escuela de las Américas), pero sí fue utilizado políticamente para poder empoderar y salvaguardar a los militares adherentes del golpe de Estado”.

Osiel Vega

¿Ha podido el Himno Nacional dejar atrás este oscuro estigma? Sin duda que sí. En la última década, al menos, se ha transformado en la arenga deportiva por antonomasia, sobre todo en los partidos de la Selección Nacional Masculina de Fútbol, tras la épica dada desde el Mundial de Sudáfrica de 2010. Por protocolo FIFA, los himnos nacionales deberían durar solo 90 segundos, cortando justo a la mitad el estribillo del nuestro. Sin embargo, en un impulso nacionalista y de fe a un equipo que alimentaba esperanzas de triunfo (dirigidos por Marcelo Bielsa), tanto el público como los jugadores siguieron cantándolo a capella, actitud aplaudida dentro del paradigma de “la cultura del aguante” que se ha repetido hasta el día de hoy, otorgándole a los versos «Que o la tumba serás de los libres / O el asilo contra la opresión», un símbolo de lucha que antes no poseía. Imaginario que, por cierto, la derecha política se ha querido apropiar como reflejo de su “patriotismo”.

Otra resignificación que se le dio a la canción nacional fue cuando en el segundo gobierno de Michelle Bachelet (2014-2018), la expresidenta utilizó, para todos sus actos oficiales, la versión para guitarra sola del destacado compositor Juan Antonio “Chicoria” Sánchez. Osiel Vega recuerda incluso que “Chicoria tocó en la gala de investidura de Bachelet y él le dedicó su versión a todas las víctimas del terrorismo de Estado de cualquier época en Chile, por lo tanto, desde ahí adquiere un significado importante. Un gesto que está sobre lo político, porque lo que hizo la dictadura fue colocar y obligar a un pueblo a escuchar y a cantar el himno (con la tercera estrofa), en cambio Chicoria invita a una reflexión y a una resignificación”. De hecho, en otras entrevistas, el músico incluso le ha dedicado esta versión a Víctor Jara.

“Esta música marcial, que tiene esta cosa militar, es algo que a mí me cuesta, la verdad (…) Pero lo que sí me interesa, es esto de qué es lo que nos une, qué música tiene que ver con nosotros, entonces ahí está el Himno Nacional, es así. Entonces hice este arreglo para mí, pero después adquirió un significado mayor del que había esperado, porque lo hice cuando se cumplían 30 años del golpe. Desde entonces, tiene sentido tocar el Himno Nacional dedicándoselo a todos los chilenos y chilenas que han sido víctimas de desaparición, tortura y asesinato por agentes del Estado de Chile. Es el caso de Víctor”.

“Chicoria” Sánchez

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Pese a que para Osiel Vega el contexto en la que se desarrolló la performance del himno el pasado domingo fue “una catarsis mágica” por “lo bello y surrealista de la superposición de sonidos, los gritos de los constituyentes, los kultrunes y las voces”, desde aquel mismo instante surgieron voces en relación a que si es el actual Himno Nacional un símbolo de unión entre todas y todos quienes conforman este territorio que aspira a identificarse como un país plurinacional.

Elisa Loncón, presidenta de la mesa directiva de la Convención Constitucional, mencionó ese mismo domingo en la noche que los constituyentes electos de los pueblos originarios solicitaron no cantar la canción nacional, ya que esta “no significa la liberación de un pueblo, sino que la instalación de un sistema colonial”. Al otro día, la constituyente Isabel Godoy manifestó que “se usó el Himno Nacional para provocar a la gente que estaba ahí, se nos enrostró, entonces las pifias no fueron al himno sino que fue a ese gesto provocativo que tuvo el grupo de convencionales de la bancada de derecha hacia el resto de la gente”.

En la misma línea, en el programa de La Red, Mentiras Verdaderas, el también convencional Jorge Baradit señaló: “a mí me representa el Himno Nacional, me representa la bandera, pero también entiendo que estos dos símbolos han ofendido y en el nombre de ellos se han exterminado pueblos que tienen tanto derecho como nosotros a existir. En ese momento se utilizó el Himno Nacional como una frazada para cubrir lo que estaba ocurriendo, con mucha gente pidiendo que se suspendiera la sesión”.

“Existe una teoría hecha por Jacques Attali –economista, ensayista y compositor francés–, quien dice que la música siempre se ha adelantado a los momentos políticos de cada uno de los espacios y territorios en donde se desenvuelve”, menciona Lito Celis y, al igual que Vega, vislumbran una resignificación del himno en base a lo ocurrido, más que la eliminación de este, como lo planteó, por ejemplo, la convencional Elsa Labraña. “Creo que lo que pudimos audiovisionar el domingo es lo que se ha construido y lo que se va a construir: una superposición de estándares y de cánones distintos que generan un nuevo paradigma. Lejos es la versión más ecléctica de la canción nacional, que se debiese escuchar así de aquí en adelante”, dice convencido el musicólogo.

“Por un lado, tenemos una marcha con muchas estrofas pero que se musicaliza y se toca con instrumentos de cuerda europeos, como base de fondo, acompañada por gritos pletóricos con respecto a la no más represión y a la liberación los presos políticos tomados injustamente durante la revuelta del 18 de octubre en adelante y que desencadenaron en el proceso que empezamos a vivir ayer. Además, hubo un espacio pequeño de personas cantando el himno, aplaudiéndole y gritando vítores de “C-H-I”; y entremedio de todo eso, teníamos también las percusiones ad-tempo, que eso es muy interesante, no había nada descuadrado. En un momento todo se alineó, en un mismo pulso, a un mismo ritmo. Los gritos, los vítores, los reclamos, la gente cantando, los estudiantes de la FOJI tocando los instrumentos europeos con un arreglo de otro chileno, todo como un adelanto de lo que vamos a estar construyendo y lo que se nos viene como país, que es, por primera vez, una representatividad absoluta, desde la sonoridad, de cómo suena cada una de las partes de este país y se acoplan bajo esta nueva versión”

Lito Celis

Sobre eliminar el himno, Osiel Vega es tajante. “Creo que borrarlo tampoco es posible, pero sin duda debemos limpiarlo o bien a volver a transformarlo en algo mucho más cercano. Por ejemplo, la versión del himno que grabaron los haitianos residentes en Chile para agradecer el recibimiento que tuvieron en nuestro país. Es preciosa, de un instinto, de un sentido de libertad al que nosotros no estamos acostumbrados, porque nuestro sentido de la libertad está sesgado por Fuerzas Especiales, por un Estado policial y por una sucesión de gobiernos ineptos que nos han llevado a esta situación que hoy nos tiene haciendo una nueva Constitución”.

“Después de lo que ocurrió en la fundación de la Convencion Constitucional –que ojo, igual se tocó completo–, hoy veo al himno como la bandera agujereada del joven que marcha todos los viernes en Plaza Dignidad, y en donde cada agujero representa un ojo perdido de la personas que han sufrido trauma ocular. Eso es tremendamente impactante. Entonces, lo veo como una música que está agujereada donde se superpusieron las voces de los constituyentes, los kultrunes y otros gritos que todos escuchamos. Eso es un himno agujereado, pero además dignificado. Esta siendo resignificado, porque lo necesitamos, porque Chile necesita encontrarse consigo mismo en este proceso”.

Osiel Vega
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