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Opinión

Un malabarista asesinado por carabineros

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La versión policial es que primero habrían disparado a los pies y que el malabarista habría continuado la agresión. En vista de ello le disparan tres veces al cuerpo, ocasionándole la muerte. Hablan por ello de legítima defensa, basándose en el hecho que el malabarista portaba unos fierros con los cuales realizaba su espectáculo. Una justificación a todas luces inverosímil. El centro de la cuestión es el carácter desproporcionado de la respuesta policial.


Vuelve a repetirse la violencia policial durante este segundo gobierno de Sebastián Piñera.

Antes había ocurrido en los ataques durante el estallido social, en los cuales la represión dejo ciegos o con problemas oculares a varios participantes; en el crimen de Camilo Catrillanca; en el episodio del joven lanzado al río Mapocho.

Las autoridades policiales dicen que el malabarista se lanzó al ataque contra carabineros, resistiéndose además a un control de identidad. Supongamos que la situación existió. La pregunta principal es ¿por qué carabineros no hizo uso de los bastones para enfrentar el ataque? ¿Porque responde con disparos al cuerpo con resultado de muerte?

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Si era necesario disparar ¿porque no lo hace al aire, de modo de no generar una situación catastrófica?

La versión policial es que primero habrían disparado a los pies y que el malabarista habría continuado la agresión. En vista de ello le disparan tres veces al cuerpo, ocasionándole la muerte.

Hablan por ello de legítima defensa, basándose en el hecho que el malabarista portaba unos fierros con los cuales realizaba su espectáculo. Una justificación a todas luces inverosímil.

El centro de la cuestión es el carácter desproporcionado de la respuesta policial.

Además, el malabarista era un habitué del lugar, de sobra conocido por carabineros. Es difícil creer que estos no sabían que era tío del joven lanzado al rio Mapocho. Si existió el enfrentamiento ese parentesco lo explica.

Pero lo que no tiene justificación es la actitud de carabineros: dispararle al cuerpo, causándole la muerte.

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Las autoridades deberían analizar los sucesos posteriores. Ciudadanos iracundos se movilizan, arman barricadas y terminan por incendiar la municipalidad. Se responde a la violencia con la violencia, en este caso generada por el asesinato policial.

Haría bien el sub secretario del Interior, quien se dirigió al balneario de Panguipulli donde ocurrió el incidente, en realizar una investigación a fondo, cuyo punto de partida debería ser la actuación de carabineros.

No es posible aceptar que si un ciudadano se les enfrenta el resultado sea la muerte.

La justificación de carabineros aduciendo legítima defensa no debe ser tolerada. Para enfrentar unos mandobles se dispara al cuerpo con resultado de muerte.

Esa respuesta es totalmente inadmisible, porque de aceptarse sus consecuencias serían graves: montones de víctimas.

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Santos Discépolo. Gritos de actualidad

Discépolo sentencia el fin del progreso y su olimpo. Si bien, bajo el peronismo se baila tango en los salones y en los Estadios, de aquí en adelante -más allá del fetiche cultural- el género será difícilmente tolerado como una expresión genuina de compadritos, de malevos….al estilo del guapo Cruz Medina –valiente y servicial-. Lamentable llego la hora de estetizar los desgarbos arrabaleros del 20’. Presenciamos el fin del periodo “aurático”, fundacional y orillero.

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a la ralea neoliberal

al horrible desasosiego.

Una prosa de Sergio Pujol, “Discépolo: una biografía argentina” (1997), abre una penetrante intuición cuando nos recuerda la “crisis de creatividad” en la obra del dramaturgo argentino bajo los “años dorados” del Peronismo (1946-1955). Si bien ya intuíamos tal hito desde los textos pioneros de Emilio de Ipola, nos referimos a la condición peronofila del hijo de Santos, la idea aún no nos terminaba de seducir. Según ambos autores, el “filosofo del tango”, habría padecido una “crisis experimental” que se puede atribuir al monumentalismo estético del primer peronismo –al cual suscribió sin miramiento de pasiones. No debemos olvidar que Discépolo comprometió una activa participación con Juan Domingo Perón bajo la sátira radial “mordisquito”.

Su entusiasta intervención radial contra el conservadurismo argentino fue desenfadada y le trajo un alto costo dentro de la comunidad tanguera. En plena “década infame” (1930-1943) la “oligarquía carnera” había convenido un envilecido acuerdo con Inglaterra, el famoso pacto Roca-Runciman que data del año 1933 fue el telón de fondo de letras tan existenciales como melodramáticas. Muchas de ellas cargadas de una prosa tremendista y otras desde un catolicismo desesperanzado ante las modernizaciones y los cismas teológicos. Tras esta debacle social (años 30’) la Argentina se asumía como un enclave de la “piratería inglesa” y ello pavimentó el camino a una crisis moral donde el poeta presagió –y supo nombrar- la condición fatídica de los tiempos.

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Por analogía con lo que es un yacimiento cuprífero, y socialmente por la ausencia de mujeres en los años 20 en la Argentina, Discépolo se refiere a este trágico episodio desde una metáfora masculinizante, propia del baile de compadritos, “se nos fue la mina”. A su manera, cual moralista decepcionado, el autor de Cambalache se inscribía como un pensador que presagiaba la decadencia moral de occidente, a la manera en que Oswald Spengler lo había retratado años antes. Como conclusión de lo anterior, la razón moderna se había suicidado.

Una vez que tuvo lugar el “aluvión” de la institución tanguera, que se prolonga desde 1940 hasta 1955, donde las orquestas típicas y las industrias sellaron un pacto nacional-popular con el gobierno de Perón, la “maquinaria” peronista materializa un programa de difusión radial del género. El tango como fenómeno de masas se hace parte de la industria cultural bajo un celebrado cancionero popular. Ello se traduce, entre otras cosas, en la rica filmografía argentina, donde prolifera una amalgama de actores y personajes del tango como Hugo del Carril, Ángel Vargas, Aníbal Troilo, Tita Merello, Raúl Berón y la propia compañera de Discépolo: Tania, motivo soterrado del tango Martirio. Sin lugar a dudas, esta suerte de pacto nacional-popular viene a representar un tiempo glorificante, pero sin advertir que se avecinaba un tránsito que dejaba atrás el origen desarraigado, homo-gay, y contestatario del género.

La consolidación de la industria cultural (¡Gardel for export¡) lesionaba irremediablemente la condición “marginal” del género a comienzos del siglo XX. Me refiero a un contexto que destaca por la inmigración de “tanos” refugiados en prostíbulos; tanos y compadritos que lloran por el drama de la inmigración. El tango como una lengua del desarraigo y una clave crítica de los contratos modernizantes. Bajo la “década infame” (y el naufragio de la Argentina en los años 30’ que Discépolo lo describía como la perdida de “la mina” en alusión al yacimiento) destaca la queja contra la patronal heredada del canto-protesta de Agustín Magaldi y sus reclamos. De ahí en más, la industria del tango está vinculada a la masificación de orquestas típicas.

En virtud de este proceso de “canonización”, Discépolo escribe en los “años dorados del peronismo” una de sus últimas obras póstumas, Cafetín de Buenos Aires (1948). Aquí el poeta del tango explota fundamentalmente el expediente de la nostalgia. Quizás Cafetín representa una inflexión respecto de los más notables registros existenciales de Santos Discépolo. No debemos olvidar que fue el mismo poeta que mediante frases memorables al estilo del tango ¿Qué vachache? (1925), sentenció la irreversible debacle moral de occidente. Crisis de fe, mito y teología.

En su célebre Cambalache (1934) recusaba los vicios inexcusables del programa moderno; “El mundo fue y será una porquería ya lo sé, en el 510 y en el 2000 también…”. En el tango Tormenta sentencia, “yo siento que mi fe se tambalea que la gente mala vive ¡Dios¡ mejor que yo, si la vida es el infierno y el ‘honrao’ vive entre lágrimas ¿cuál es el bien? (1939)”. Aquí Discépolo plasma el más exuberante dramatismo religioso. Un grito desgarrador al igual que Job en el Antiguo Testamento. 

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El autor se siente estafado por ser “uomo bono” y por seguir las enseñanzas de la fe; mirando cómo a su alrededor los “malos” viven mejor que él. Este tango, como todos los de Discépolo, posee una infinita actualidad. Volvamos a otro verso del mismo: “…Si la vida es el infierno/ ¿Cuál es el bien…del que lucha en nombre tuyo, / Limpio, puro?… ¿para qué?. Si hoy la infamia da el sendero / Y el amor mata en tu nombre, ¡Dios!, lo que has besao… / El seguirte es dar ventaja y el amarte sucumbir al mal”. ¡Qué duda cabe¡  lo más prolijo de la poética Discepoleana está concentrada en aquella Argentina de la “década infame” (Gobiernos dictatoriales de Uriburu y Justo). De un lado, tenemos el tango burlón (Chorra, Victoria, Justo el 31), y de otro, el “sublime” drama existencial frente a la modernidad, “…de llorar la biblia frente a un calefón”.

Toda esta expresión está reflejada en letras de bronce como Desencuentro, Yira-Yira, Martirio, Confesión, Canción Desesperada y Desencanto. Todo indica que la producción tanguera más fecunda del autor se ubicaría en el periodo 1925-1939. En este periodo el autor de Cambalache se nos presenta como un moralista decepcionado que declara desahuciado el proyecto moderno -merced a los vicios de los años 30’- el progreso no es posible.  En la suite de tangófilos la década del 30’ marca el fin del periodo más prolijo de aquello que Osvaldo Pugliese definió como un folklor de la plata.

De ser “cierta” la tesis inicial, la crisis de creatividad debería explicarse por el proceso de institucionalización que experimenta el tango en el primer peronismo. Idea abierta por De Ipola y ratificada bajo otro expediente por Pujol. Por ello cabría ir más allá de una apropiación “kish” de un conocido refrán tanguero, cual es “el tango es un pensamiento triste que se baila”.

Cabe agregar que se trata de “una metafísica que se baila” en el lenguaje de Ernesto Sabato. Dicho sea de paso, se baila entre hombres: el “guapo Rivera” del célebre tiempos viejos, era un malevo y también un reconocido bisexual camuflado en el argot de la crónica tanguera. El Tango después del tiempo establece una virilización heterosexual. En cualquier aproximación antropológica habría que escudriñar en la condición sexual del tango. Sin perjuicio de lo último, deberíamos reinterpretar esta máxima y enfrentarnos a otra interrogante fundamental, ¿cómo es posible que un pensamiento triste se baile en medio de una institucionalización carnavalesca? ¡Bailar los dolores de la inmigración¡ ¡bailar en esta tierra negra¡ Esa es, quizás, la intuición discepoleana más primordial; la fatídica relación entre masificación estival (tecnificación) y una pesadumbre que atraviesa a los tiempos modernos. Ese es el recoveco más genuino que debemos subrayar, la desdicha existencial, la desesperanza que se cierne sobre el porvenir. La acritud que recae tras la modernización de las palabras y las cosas.

Discépolo sentencia el fin del progreso y su olimpo. Si bien, bajo el peronismo se baila tango en los salones y en los Estadios, de aquí en adelante -más allá del fetiche cultural- el género será difícilmente tolerado como una expresión genuina de compadritos, de malevos….al estilo del guapo Cruz Medina –valiente y servicial-. Lamentable llego la hora de estetizar los desgarbos arrabaleros del 20’. Presenciamos el fin del periodo “aurático”, fundacional y orillero. No cabe duda que la progresión dramática de Santos Discépolo está relacionada con la década infame (1930-1943). Hay múltiples indicios que nos indican que la escenificación de la orquesta típica es el comienzo del fin y el inicio de vanguardias y ciclos de experimentación de incierta contribución.

Por último, cuando evocamos el sentido universal de su célebre “Cambalache” (1934) y recordamos su densidad pesimista, existe aquí un diagnóstico desolador que anticipa los traumas del pequeño siglo XX. Para Discepolin no fue necesario esperar Auwchitz y su “racional irracionalidad”, la guerra civil española, el conflicto chino-japonés, la burocracia estalinista, “los bolches y los juicios de Moscú del año 1936”. El nefasto corolario de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, los campos de concentración desde Guantánamo a Villa Grimaldi.

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El desbande de la razón, el mismo que desde otra perspectiva había denunciado la escuela de Frankurt, se deja ver en una serie de creaciones donde el dramaturgo en la segunda década del siglo XX subraya la vigencia de la sociedad de las águilas (totalitarismo de izquierda y de derechas). El existencialismo de sus letras nos permite presagiar la debacle del proyecto moderno en los años jóvenes del siglo XX. Por estos días, donde la enfurecida acumulación de capital envilece al lenguaje, donde se resquebrajan los últimos sustantivos, no está demás recordar el Cambalache que gobierna nuestro infinito presentismo.

Trizano. Temuco.

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Opinión

Que el derecho a la vivienda sea norma constitucional

El proceso Constituyente abre una posibilidad única para abordar el problema habitacional y de planificación urbana dentro de un marco normativo que otorgue especial relevancia a los derechos fundamentales, en este caso, al derecho a la vivienda y la ciudad.

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Para un alto porcentaje de la población residente en Chile la vivienda es un derecho inalcanzable; especialmente para las mujeres populares que tienen empleos precarios, sin contrato laboral o trabajan dentro del hogar con escasas posibilidades de ahorro.

En la actualidad, Chile está en una crisis profunda de vivienda. Según la Cámara Chilena de la Construcción, el déficit habitacional alcanza las 739.603 viviendas. A estas cifras, es importante sumar el alza en el número de campamentos, que es parte de las consecuencias de la crisis sanitaria y económica producto de la pandemia de Covid-19. El catastro nacional de campamentos 2020-2021 elaborado por Techo-Chile y la Fundación Vivienda, indica la existencia de 969 campamentos en el país, en los que habitan más de 80 mil familias. Esto corresponde a un 73,5% de aumento en el número de familias que habitan los asentamientos informales, en comparación con el catastro del MINVU del 2019.

Existen diversos aspectos que hacen aún más compleja la solución a un problema que se debe resolver con una mirada que va más allá de la mera construcción de unidades habitacionales. La calidad y localización de las viviendas, las características de segregación de los barrios, y el acceso a bienes y servicios de calidad, son algunas de las discusiones que se dan hoy en diversos espacios que problematizan el quehacer sobre la vivienda, ciudad y territorio. La política pública de orientación neoliberal implementada durante los últimos 40 años en el país, debe reformularse ante el nuevo escenario político nacional e incluso global, con un cambio climático que afecta la convivencia y sus relaciones.

Sucesivos gobiernos han intentado dar solución al tema que guía estas líneas, lamentablemente sin éxito hasta la fecha. Al contrario, la pandemia y las consecuentes restricciones sanitarias de aislamiento y confinamiento expusieron y aumentaron las brechas sociales, una de ellas, la desigualdad provocada por una escasa planificación urbana. Durante años, la solución ha estado centrada en la reducción del déficit habitacional a través de la entrega de viviendas, con escasez de disponibilidad de terrenos fiscales que permita el adecuado desarrollo de proyectos de vida para los sectores populares.

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La insuficiente calidad de las viviendas, su localización periférica o en barrios segregados, la falta de áreas verdes y su preocupante aislamiento de servicios básicos como educación, salud y transporte de calidad, son síntomas de la ausencia de planificación urbana y de un efectivo derecho a la ciudad.

En ese sentido, el proceso Constituyente abre una posibilidad única para abordar el problema habitacional y de planificación urbana dentro de un marco normativo que otorgue especial relevancia a los derechos fundamentales, en este caso, al derecho a la vivienda y la ciudad. Esto permitirá avanzar sustantivamente en los desafíos de desarrollo que tenemos como país y otorgar mayores facultades a la nueva administración que asume en marzo 2022.

Por estas razones, adquiere vital importancia la presentación de la iniciativa popular de norma constitucional 41.126 “Pobladoras y pobladores por el derecho a la vivienda digna”. Esta iniciativa es producto de la articulación y trabajo colectivo de un grupo de convencionales, en conjunto con los movimientos sociales y profesionales especialistas del área, que reivindican el derecho a la vivienda y ciudad.

Las ideas fuerza que guían esta propuesta sobre el Derecho a la Vivienda plantean nudos críticos a discutir en la convención. En primer lugar, la propuesta aborda el rol fundamental del Estado en la planificación y construcción de la ciudad, y en el aseguramiento progresivo del acceso universal de la población a vivienda y hábitat de calidad. Además, la iniciativa aborda la función social y ecológica de la propiedad del suelo, abriendo la discusión sobre un tema profundo y vital para el desarrollo de una adecuada política pública, que permita construir viviendas y ciudades priorizando los fines públicos y sociales en el uso, ocupación y transformación del suelo urbano.

Con el fin de abordar el problema de la aparente escasez de suelo bien localizado para la construcción de viviendas sociales, la iniciativa propone la creación de un banco de suelos públicos, una tarea pendiente que hoy se ha instalado con fuerza en la discusión académica y en la agenda pública. Por último, la propuesta destaca, como eje central, la producción social del hábitat, que permita reconocer el rol de las comunidades en la producción de la ciudad y garantizar la participación popular en los procesos de planificación y construcción democrática, y con perspectiva de género, de un hábitat digno para todas y todos.

Hoy existe amplio y transversal consenso respecto de la deuda que tenemos como país respecto de estas problemáticas. Por lo anterior, las organizaciones sociales y quienes trabajamos en temáticas de vivienda y ciudad valoramos el aporte al debate que instala esta iniciativa popular de norma. Esta propuesta, ingresada a la convención desde diversas organizaciones y posicionamientos políticos, debiera abrir el camino que nos guie a generar puentes, espacios de dialogo y que nos oriente a un nuevo pacto urbano que reconozca el protagonismo popular (el mismo que por estos días canaliza apoyos desde mesas instaladas en diversos lugares de las ciudades de nuestro país) como motor de estas transformaciones para nuestra nación, para nuestro país.

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Opinión

Las brutalidades de Checho Hirane y el oportunismo de La Red

Gutiérrez y su gente construyeron una contraprogramación, luego del estallido social, que si bien ha estado marcada con lo que podríamos llamar ideas progresistas, más que nada insistió en alojar todo tipo de reclamo, grito estridente, incluso de esa derecha que se sentía al margen de la “oficial” (aunque ambas, en el fondo, comparten básicamente la misma premisa ideológica), representada por Hirane y todo personaje que desde un comienzo apostó por la figura de José Antonio Kast para presidente de la República.

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Debido a unas declaraciones en las que Checho Hirane, humorista y comunicador, en su programa de Radio Agricultura llamó al empresariado a obstruir las acciones del futuro gobierno que él considera “malas para el país”, es que el otro medio en el que trabajaba hasta la semana pasada, La Red, decidió terminar su contrato antes de tiempo.

Como siempre sucede con hechos como estos, hubo quienes felicitaron al canal por tomar una decisión política en contra de lo que algunos vieron como un llamado a la sedición, y también personas que acusaron censura de parte del canal privado, llevando, obviamente,  más allá el argumento al extremo de vaticinar, con esto, un futuro oscuro para la libertad de expresión en los próximos años de la administración de Gabriel Boric. Estos últimos sujetos, lógicamente, pertenecen a ese grupo que se autodenomina patriota.

Si uno se detiene en las palabras de Hirane, claramente son antidemocráticas por llamar a un poder de facto, de empresarios que se eligen entre ellos, a poner trabas a un gobierno electo bajo todas las instancias legítimas que un estado de derecho establece. Según este personaje de la ultraderecha, un gremio, sin más validez que la de tener integrantes dueños de grandes empresas, puede establecer qué es bueno o no para Chile, pensando primero en lo que cree que es bueno para una elite económica; idea que determinó el raciocinio político chileno por años, pero que no por eso resulta más aceptable. Menos en días como los que vivimos.

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Sin embargo, parece un poco cínico extrañarse de esto cuando contrataste a una persona casi por las mismas razones. Es raro, o al menos un poco oportunista, por decirlo de alguna manera, jugar al héroe cuando sabes que hay un terreno propicio para hacerlo sin obtener más que halagos.

Es cierto, es televisión, y en momentos como estos debes jugar para ser aceptado por el clima  tajante y líquido que mueve la opinión de las redes sociales, lo que Víctor Gutiérrez, con la nueva programación del canal que dirige, ha hecho a la perfección. Pero a veces hay que detener los sueños épicos cuando estos tienen el peligro de transformarse en pesadillas.

Gutiérrez y su gente construyeron una contraprogramación, luego del estallido social, que si bien ha estado marcada con lo que podríamos llamar ideas progresistas, más que nada insistió en alojar todo tipo de reclamo, grito estridente, incluso de esa derecha que se sentía al margen de la “oficial” (aunque ambas, en el fondo, comparten básicamente la misma premisa ideológica), representada por Hirane y todo personaje que desde un comienzo apostó por la figura de José Antonio Kast para presidente de la República. Y una de las particularidades de esa derecha es precisamente decir todo tipo de brutalidades como si fueran el sentido común.

Por lo que, antes de levantar todo tipo de héroes o luchadores por la democracia, a veces hay que aterrizar un poco los argumentos y ver que muchas acciones están más cerca del simple aprovechamiento de la ocasión, que de algún interés superior. Porque eso a veces no es más que una excusa para quedar en el lado correcto de la historia

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