Un Golpe permanente

                   

                                                                   “Nos siguen pegando abajo”

Charly García

Los conjuros seguirán. Y de hecho cada día, cada semana la prensa oligárquica (La Tercera, El Mercurio y los canales de TV con sus periodistas inquisidores) asume el rol de comentarista de Jadue. No proponen nada, ni siquiera leen el programa. Solo producen formas estandarizadas de lenguaje, clichés que operan al modo de conjuros frente a un fantasma que tratan de desactivar. Pero no pueden.


El partido neoliberal y su oligarquía rentista parecen tener un solo objetivo de aquí a noviembre: bajar la candidatura de Jadue, impedir a toda costa que Apruebo-Dignidad llegue a La Moneda. Si bien ven en Jadue la peor de sus pesadillas, esa intensificación fantasmática se produce, básicamente, porque experimentan en Jadue su propia incapacidad de propuesta, su falta de proyecto, la derrota de su discurso.

Por primera vez después de más de 50 años (desde 1970 en que salió elegido Salvador Allende), la oligarquía en su actual configuración fáctica –el partido neoliberal- no tiene el control. No lo tuvo el 18 de octubre de 2019, intentó recuperarlo para el 15 de Noviembre, se le fue de las manos para el 25 de octubre de 2020 y definitivamente se volvió imposible desde la reciente elección del 15 de Mayo de 2021. Confiaron en la declaración del estado de excepción por parte de Piñera llamando a la cacería del “enemigo poderoso” pero no resultó, confiaron en el golpe parlamentario que suscribió al acuerdo del 15 de Noviembre como una forma de recuperar el control. Tampoco tuvo efecto.

Tuvieron una leve esperanza en que la pandemia restituiría el orden y calmaría las pasiones, pero la intensidad política ha podido convivir sino agudizarse durante los encierros, toques de queda y estados de excepción. La derecha fue confiada en una sola lista con la fe de que iría a ganar el tercio de la Convención. No lo hicieron y, peor, Lista del Pueblo y Apruebo-Dignidad ganaron muchos escaños dejando atrás a Unidad Constituyente. Nada parece resultarles. Ni siquiera las acusaciones a Jadue por la empresa “intelcom”, ni la acusación de “antisemitismo”, menos la posibilidad de que el eventual triunfo de Apruebo-Dignidad convertirá a Chile en una nueva “Venezuela”: Joaquín García Huidobro –el columnista de El Mercurio a quien nadie lee, lo dijo con toda claridad: el argumento de “Chilezuela” ya fue usado por la derecha durante la campaña de Piñera y ya no funciona. Todos los conjuros, las formas discursivas que en otro tiempo podrían haber funcionado, ya no lo hacen.

Han sido destituidas; efecto destituyente del partido octubrista que la propia oligarquía no dejó de “condenar” como actos caóticos, violentos, delincuenciales mientras veía hundirse la poca legitimidad que tenía. Los conjuros seguirán. Y de hecho cada día, cada semana la prensa oligárquica (La Tercera, El Mercurio y los canales de TV con sus periodistas inquisidores) asume el rol de comentarista de Jadue. No proponen nada, ni siquiera leen el programa. Solo producen formas estandarizadas de lenguaje, clichés que operan al modo de conjuros frente a un fantasma que tratan de desactivar. Pero no pueden.

No saben cómo. Incluso algunos miembros de cierta comunidad han recurrido a un Anuario de colegio (¡ese nivel de archivo!) donde supuestamente Jadue se mostraría como un antisemita recalcitrante. Un Hitler que habría abrazado la causa palestina no tanto por ser descendiente de Beit Jala, como por ser antisemita en lo profundo. Incluso, la fundación Simon Wiesenthal, con su vacía noción de “antisemitismo” (“vacía” pero eficaz para producir censura) se permitió inscribir al candidato en una lista “negra” para intentar persuadir al mundo de los DDHH que Jadue no puede ser candidato de la izquierda aplicando así el mismo manual que aplicaron contra la candidatura de Jeremy Corbyn al interior del Partido Laborista en Reino Unido.

Pero sabemos que las estrategias sionistas utilizan el término “antisemitismo” como un mecanismo para chantajear ideológicamente a quienes critican legítimamente la política colonial y racista del Estado de Israel en Palestina. Tampoco por ahí parece surtir efecto el conjuro a pesar que todos los días, empeñosamente, los diversos poderes fácticos así lo intentan. Se trata de un golpe permanente, intensificación de la dictadura comisarial que defiende el orden impuesto en 1973 y legitimado en 1990. “Dictadura comisarial” no designa necesariamente una dictadura “militar”, sino un régimen impuesto por la fuerza que ha favorecido a la minoría del país y que se instaló contra su mayoría. Un régimen que pretende usar todos los mecanismos institucionales y mediáticos (sobre todo, sus fuerzas paramilitares llamadas “Carabineros de Chile”) para mantener los privilegios de la oligarquía rentista que triunfó en 1973 y 1990.

Es precisamente a esos privilegios que el fantasma Jadue dirige su pesadilla. Y es precisamente frente a ese fantasma que la oligarquía ha revelado carecer de toda capacidad de mando. Capacidad que fue destituida justamente el 18 de Octubre de 2019. Por vez primera, la oligarquía y sus poderes fácticos no tiene el control de la situación. Y desespera por eso. Se ha perdido incluso, todo pudor liberal: en vez de que frente a una propuesta programática se pueda discutir en base a una lectura medianamente razonada, todo se deja estar en el cliché y la normalización del discurso.

En realidad, no estamos asistiendo a una campaña presidencial, sino a un intento de golpe anticipado, a una apuesta por bajar a un legítimo aspirante a La Moneda. ¿Guerra preventiva? ¿Un “lawfare” como gusta aplicar la América Latina neoliberal? Puede ser. Pero su origen proviene no solo desde la derecha sino también desde el progresismo neoliberal que, por cierto, desde el 18-O de 2019 perdió lo que más aprendió a amar durante estos 30 años: su mayordomía, la capacidad de administrar la hacienda de los poderosos. El escenario de dictadura comisarial o golpe permanente tan solo intensifica la racionalidad aplicada durante 30 años de transición. Porque el proyecto de la transición apuntalado por el partido neoliberal estaba tomado (asediado, capturado) por el fantasma de la Unidad Popular.

Su razón de ser no era otra cosa que impedir que una nueva Unidad Popular volviera a la escena política. Sin embargo, ese fantasma, después de un largo periplo, grandes traiciones y profunda impunidad, vuelve con una potencia inédita con la posibilidad de que la coalición Apruebo-Dignidad pueda, efectivamente, llegar a La Moneda.

Indios atraviesan el Bio-Bio, feministas impugnan al patriarcado, trabajadorxs exigen sus derechos: los proletarixs, en su conjunto, imaginan otra forma de vivir, más allá de las deudas y la paranoia securitaria de la razón neoliberal. La peor pesadilla de la oligarquía se ha patentizado, lo unheimlich (ominoso) se ha cristalizado. Frente al unheimlich proletario no sabe responder, no puede hacerlo, su capacidad de mando ha sido destituida, aunque no completamente vencida. Como Lavín, que siempre inventa algo para sobrevivir a su propia muerte, la oligarquía siempre podrá inventar múltiples “lawfares” contra la potencia de la dignidad.

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