Un autopréstamo con nuestros propios ahorros: la triste realidad a la que nos lleva el gobierno

Foto: Agencia Uno

Ese es el insulto que nos lanzan a la cara: no te ayudo con los recursos que el Estado debería entregar en este momento, te reprendo por haber retirado los fondos por primera vez, y ahora cuando nuevamente no te ayudo, llamo al árbitro constitucional para que frene un segundo uso libre de tus ahorros, y te obligo a pedirte un préstamo a ti mismo.


Es realmente indignante lo que está haciendo el gobierno de Piñera con el tema del segundo 10%. En una jugada de último minuto, mientras el proyecto del Congreso avanza al final de su tramitación, con el fin de que las personas cuenten con su dinero antes de Navidad, el Ejecutivo lo manda al Tribunal Constitucional, en una maquinación repentina, para priorizar su propio proyecto de retiro, caracterizado por una diferencia fundamental: la obligación de reintegrar nuestro propios recursos bajo una fórmula desconocida; es decir, un auténtico autopréstamo con nuestros propios ahorros bajo una modalidad incierta. 

Es aquí cuando el proyecto del gobierno se convierte en una acción denigrante a nivel de Estado. Un gobierno que desconoce el hambre que aún prima en los sectores más pobres de Chile, un gobierno que obvia que la gran clase media ha debido desprenderse de sus bienes para llegar a fin de mes; un gobierno que ha negado nuevos recursos de emergencia de traspaso directo a las personas -para una segunda ola del virus, dicen que vendría otro IFE, como si ahora no existiera precariedad y cesantía-, ahora avisa que sí tiene una solución: apoyar un segundo retiro de fondos de pensiones, pero obligándonos a devolver nuestros propios recursos, aquel dinero que toda la vida nos dijeron era nuestro y exclusivamente nuestro.

Ese es el insulto que nos lanzan a la cara: no te ayudo con los recursos que el Estado debería entregar en este momento, te reprendo por haber retirado los fondos por primera vez, y ahora cuando nuevamente no te ayudo, llamo al árbitro constitucional para que frene un segundo uso libre de tus ahorros, y te obligo a pedirte un préstamo a ti mismo.

Es tal el nivel de abandono del gobierno, y la burla hacia todos los chilenos y chilenas, que hacia el futuro sólo asegura incertidumbre en cuanto al anunciado reintegro, al pago del crédito que nos pedimos a nosotros mismos, mientras ellos se lavan las manos sin haber desembolsado un peso más. Esta es la verdad que se debe conocer al hablar del retiro del gobierno: el pago del autopréstamo lo haremos con una cotización extra, de nuestros sueldos, cuyos montos y periodos los fijará la Superintendencia ¿Pueden llamar política pública de ayuda en tiempos de emergencia un autopréstamo que compromete nuestros ingresos a futuro, un futuro en el que ni siquiera tenemos garantizado que tendremos trabajo y sueldo estable?

Eso sí que es pan para hoy y hambre para mañana, no la amenaza precaria de una peor pensión en el futuro, pensiones que son tan bajas que no alcanzan a ser dramáticamente tocadas por estos retiros a un modelo de inversiones tan distante a un efectivo sistema de seguridad social. 

¿Por qué lo hacen ahora -recurrir al TC- y en el primer retiro no? ¿Qué ha cambiado en su convicción de defensa o no de lo constitucional? Nada, lo único que aparece como cierto es el interés de activar una estrategia política que ubique al gobierno liderando un retiro que ya es una realidad; y cuidar lo más que puedan al debilitado sistema de AFP.

Tomaron la decisión política, no constitucional, de liderar la foto del éxito del retiro, pero a su manera, con todas las restricciones y obligaciones que convierten el “beneficio” en una acción casi pecaminosa que deberemos redimir con el daño a nuestros propios sueldos futuros. 

Así, el proyecto del gobierno aparenta ser más un castigo al clamor popular de un segundo retiro para pasar la crisis que un auténtico plan de ayuda económica. Con un plazo cuatro veces mayor para recibir el dinero, en dos cuotas, con pago de impuestos, y la obligación de devolverlos, el acceso a nuestros propios ahorros se presenta casi como algo indebido, un pecado limitado con barreras anunciadas como “institucionales”, pero que no son más que el mezquino límite a un deseo instalado como un derecho en tiempos en que el gobierno del país -con sus IFE y otras ayudas focalizadas- no ha gastado ni la mitad de lo que han gastado las personas echando mano a sus ahorros del seguro de cesantía y fondos de AFP. Esa es la triste e ineludible realidad de los tiempos del Covid bajo uno de los peores gobiernos de la historia. 

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