Un año en Santiago Uno: Mauricio Cheuque, el obrero mapuche torturado por carabineros y acusado de portar una bomba molotov

La madrugada del 15 de noviembre del año pasado en La Victoria, “El Cheuque” fue atropellado, golpeado y detenido mientras caminaba cerca de una manifestación tras la conmemoración del asesinato de Camilo Catrillanca. En la tenencia del sector lo torturaron por ser mapuche y posteriormente lo acusaron de portar una bomba molotov. Él y su familia denuncian que todo es parte de un montaje policial. Esta es su historia.  


Es la mañana del 26 de noviembre del 2020 y a las afueras del ex Congreso Nacional un grupo de personas, en su mayoría estudiantes secundarios, está encadenada en la reja del frontis. Entre sus manos temblorosas sostienen un papel que reza “Amnistía total para los presos políticos de la revuelta”. En medio del ajetreo, una pancarta verde brillante, con letras negras y la fotografía de un hombre, llama la atención de quienes observan la manifestación.

“Mauricio Cheuque, poblador de La Victoria, acusado de un montaje. Libertad ahora”, se lee. Al cabo de unos minutos, el grupo fue desalojado y detenido por Fuerzas Especiales. Entre los manifestantes estaba C.C (15), hija de Mauricio, quien ha batallado sin descanso por la libertad de su padre.  

-Hemos dejado los pies en la calle pidiendo justicia por Mauricio. Esta lucha empezó hace un año, cuando fue detenido por un montaje-, dice Jocelyn Barrera, esposa del trabajador.

El jueves 14 de noviembre del 2019, Mauricio Cheuque Bustos (38) salió a las 16:30 horas de su jornada laboral en Vespucio Norte. Regresó más temprano ya que pronto comenzarían las manifestaciones por el primer aniversario del asesinato de Camilo Catrillanca. El constructor en aluminio partió rumbo a la casa de sus padres en la población La Victoria.

Tras dos horas de viaje en metro y micro, llegó al antiguo hogar, abrazó a sus padres y tomaron once entre risas. Minutos después, salió a recorrer la población para saludar a sus amigos de la infancia y compartir una cerveza. A la medianoche, el alcohol se acabó, por lo que caminó hacia la botillería del barrio ubicada en Aurora de Chile con Unidad Popular. En el trayecto escuchó el sonido metálico de las cacerolas. La protesta estaba encendida, se quedó un rato observando y conversando.

De pronto, los gritos alrededor de una barricada alertaron a Mauricio quien no entendía lo que estaba pasando. “¡Los pacos, vienen los pacos!”, se escuchó a coro, mientras todos huían por los pasajes. El obrero trató de correr pero dos furgones policiales iban tras él. Avanzó un par de metros, hasta que sintió la embestida de uno de los vehículos policiales y lo derribaron.

La caída lo dejó casi inconsciente y los focos de los furgones lo encandilaron. Se sentía débil, pero pidió ayuda. Gritó.

Los carabineros se bajaron y empezaron a golpearlo en el piso. Le pegaron combos, patadas, mientras vecinos les gritaban que pararan. “¡Soy el Cheuque de los Mártires de Chicago! ¡Soy el Cheuque de La Victoria!”, grito para identificarse. No le hicieron caso.  

-Después de ese momento, comenzó la pesadilla-, explica Jocelyn al otro lado de la línea telefónica.

***

Según la querella en contra de los funcionarios policiales patrocinada por la Defensa Popular, el furgón policial Z-5786, conducido por el carabinero Diego Araya, giró hacia la vereda y lo atropelló.

“Luego del atropello me toman detenido, pegándome combos y patadas, sin explicar motivo de mi detención en ningún momento, la golpiza se torna muy violenta pues fui el único detenido esa noche, los vecinos salieron a mi auxilio, se detuvo la golpiza momentáneamente, me suben al furgón y me llevan a la Tenencia de La Victoria”, se lee en la declaración fechada el 17 de octubre del 2020.

Según el testimonio de Mauricio, al llegar a la Tenencia de La Victoria (Unidad dentro de la 51 Comisaría de Pedro Aguirre Cerda), dos carabineros le mostraron una piedra y una bomba molotov. Le aseguraron que las habían encontrado en su bolso de trabajo. No entendía de dónde habían conseguido esos elementos. Nada de eso era suyo. Dijo que no había participado de la protesta y entendió que lo que se venía era mucho peor.

Ese momento llegó cuando revisaron su cédula de identidad y constataron el apellido de origen mapuche.

“Los funcionarios ya se habían percatado de mi ascendencia mapuche, la cual en el día de la conmemoración del fallecimiento de Camilo Catrillanca adquirió importancia (…) Esa noche recibí una serie de insultos y amenazas “indio culiao” “Así que te gusta andar quemando bosques” “a ti te va a pasar lo mismo que a Catrillanca”. En la comisaría mientras me iban insultando, también me escupieron, me grabaron con celular, me humillaron, cada funcionario que pasaba me golpeaba, insultaba o escupía”, relata en la querella por los delitos de tortura, violencia innecesaria e infracción a la ley de tránsito.

Debido a todo lo que ocurrió en el retén, Mauricio no se percató de una herida abierta en el muslo izquierdo ocasionada por el atropello, por lo que durante la madrugada del viernes 15 de noviembre, fue derivado al Hospital Barros Luco a constatar lesiones. El corte de 15 centímetros tuvo que ser suturado por la gravedad.

En el recinto policial también le fracturaron la nariz por los golpes que recibió.

A la mañana siguiente, se realizó el control de detención en el Décimo Juzgado de Garantía de Santiago, pero fue suspendido ya que aún no estaban los resultados de las pruebas de hidrocarburos.

Mientras tanto, Jocelyn Barrera aún lo esperaba en su departamento en la comuna de Lo Prado, en compañía de sus cuatro hijas. Hasta que un llamado la alertó.

-Me llamó una amiga de la población (La Victoria), y me pregunta cómo estaba Mauricio, yo le dije que bien, que estaba en la casa de sus papás y ella me dice “Al Mauricio lo tomaron detenido anoche”, fue súper fuerte, porque él jamás había sido detenido, así que pensé que era por estar tomando en la calle. No sé. Nunca creí que era por una bomba molotov-, comenta.

La formalización por el delito de porte de artefacto incendiario tipo bomba molotov, fue la mañana del sábado 16 de noviembre. Esta acusación la sostuvo el fiscal Guillermo Adasme, de la Fiscalía Metropolitana Sur, y quedó en prisión preventiva en Santiago Uno.

Desde esa fecha ha transcurrido más de un año y continúa privado de libertad en el módulo 19.

***

Mauricio Cheuque Bustos nació el 18 de abril de 1982 en La Victoria, población que lo vio crecer. Es hijo de un mecánico y una dueña de casa y el cuarto de cinco hermanos. En el barrio son conocidos como “Los Cheuque”, debido a su ascendencia mapuche por parte paterna. Nunca se avergonzaron de su origen, ni fueron discriminados en el sector. Son una familia muy querida por sus vecinos.

Al salir de cuarto medio, comenzó a trabajar en construcción y se especializó en aluminio, viajó por todo Chile. En el 2002 se casó con Jocelyn Barrera, y al año siguiente recibieron a su primera niña. En total tienen cuatro hijas de 17, 15, 10 y ocho años.

Para él sus pequeñas lo son todo. Jocelyn cuenta que uno de sus panoramas favoritos era ir al supermercado a comprar “cositas ricas”, e ir a casa a ver alguna película con ellas

-Mauricio es un excelente padre. Todos los días se levantaba a las 5:30 de la mañana y se iba a las seis para ir al trabajo, después volvía a casa a las ocho de la noche. No le importaba el cansancio, con tal de tenerles todo a las niñas y preparar las vacaciones de verano. Teníamos una vida tranquila. Ahora nuestra familia está completamente destruida-, confiesa Jocelyn.

El 20 de noviembre del 2019, fue la primera vez que pudo verlo luego de la detención. Al reencontrarse, Mauricio lloró. En la sala de visitas de Santiago Uno le repitió una y otra vez que él era inocente.

-Desde hace nueve meses que no vemos a Mauricio por la pandemia. Un día, mi hija de 10 años me dijo “Mamá, ¿dónde puedo llamar al presidente para que saque a mi papá de la cárcel? Solo quiero que me lo devuelva”. Eso es muy fuerte. Y lo peor es que mi esposo es inocente, es víctima de un montaje-, relata Jocelyn y se emociona por primera vez.

Dentro de la investigación, se tiene contemplada como prueba testimonial a tres testigos, todos funcionarios de Carabineros de la 51° Comisaría de Pedro Aguirre Cerda: El Teniente Sergio Salas, el Suboficial Juan Briones y el carabinero Diego Araya, quienes se refirieron a la detención de Mauricio, la incautación de las especies y las primeras diligencias en el procedimiento policial. El retén ya era conocido por las golpizas, torturas y fuerte represión contras los manifestantes durante el estallido social.

El 13 de julio de este año Mauricio Cheuque declaró vía Zoom ante la jueza Gloria Lolas en el Décimo Juzgado de Garantía. Allí narró el atropelló, la detención y los hechos posteriores en la comisaría.

“Me echaron al furgón como un saco de papas (…) Me toman los datos y llega un carabinero y dice este joven andaba con una botella molotov y un camote y dijeron que era mío, y yo en ningún momento anduve con esas pertenencias porque yo no soy una persona que participe en protestas, en nada de eso. Maldigo el día que estuve en esa esquina. Tuve la mala suerte de estar parado ahí. Yo me declaro inocente, soy un padre de familia”, dijo enfático.

Su abogada defensora, María Rivera, explica que los peritajes de hidrocarburos realizados a Mauricio salieron negativos, es decir, ni en su ropa ni en su cuerpo había muestras de haber manipulado bencina, kerosene, petróleo, nada que fuese fundamental para preparar un elemento incendiario. Tampoco traía consigo guantes.

-El afirma que jamás usó, ni sabe cómo hacerlo, ni tuvo una bomba molotov en sus pertenencias, es por eso que se habla de montaje, y la defensa efectivamente va por esa línea. En el juicio vamos a intentar hacer todos los esfuerzos de absolverlo-, relata la abogada de Defensa Popular.

El juicio oral recién se iniciará en febrero y arriesga cinco años de presidio por la Ley de Control de Armas.

-Este año he sobrevivido vendiendo números de rifas, colaciones o aguas minerales en Plaza Dignidad. Tenemos deudas, y tengo que salir adelante con mis hijas. Mauricio era el sostén de la familia y ya no está. El Estado destruyó mi familia. Mis niñas ya no son las mismas. Nos cagaron la vida, todo por un montaje policial-, confiesa Jocelyn antes de finalizar la entrevista.

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