A un año del trauma ocular: La batalla de Nicole Kramm

Nicole es fotógrafa y realizadora audiovisual. Durante las celebraciones de Año Nuevo en Plaza Dignidad en 2019, fue víctima de un disparo de Carabineros de Chile. Sufrió un trauma ocular severo y perdió el 95% de la visión de su ojo izquierdo. A un año de la agresión, cuenta la travesía para conseguir un tratamiento y su lucha para que no haya impunidad. La justicia aun desconoce la identidad del uniformado que le disparó.

Faltaban pocos minutos para la medianoche el 31 de diciembre de 2019. Nicole, junto a un grupo de amigos, caminaban a Plaza Dignidad con cámaras y micrófonos para grabar la celebración de Año Nuevo, estaban realizando un documental. El ambiente era festivo, en medio de la alegría de la gente y las “cenas solidarias”. Ella también estaba contenta.

A pocos metros de la plaza se encuentra el Monumento a los Mártires de Carabineros de Chile. Desde inicios de la revuelta social ese lugar fue un punto de conflicto entre los manifestantes y los uniformados. Sin embargo, aún estaba tranquilo en ese momento. Entre una pequeña plaza y las vallas papales que protegían el monumento, a lo lejos, se podía divisar un grupo de Fuerzas Especiales.

Al pasar, Nicole y sus amigos se dieron cuenta de que Carabineros comenzó a disparar.

Aceleraron el paso para salir, sintió un golpe fuerte en su ojo. Tan fuerte que la derribó. En ese mismo momento escuchó gritos mientras llegaba la brigada de salud a socorrerla. Pensó de inmediato en Gustavo Gatica, en las otras víctimas de lesiones oculares.

Todos corrieron y la cargaron hasta el interior del GAM. Allí le practicaron primeros auxilios y la estabilizaron.

-¡Trauma ocular! ¡Trauma ocular!-, gritaban quienes que la socorrieron. Volvió a recordar a Gustavo Gatica.

Nicole no veía nada y sentía que se ahogaba. Era un dolor insoportable, intentó abrir el ojo, pero no pudo. Estuvo ahí hasta las tres  de la mañana.

Horas después, luego de intentar descansar en la casa de un amigo, acudió a Urgencias del Hospital del Salvador para ser atendida en la Unidad de Trauma Ocular. Fue diagnosticada con Edema de Berlín, uveítis y maculopatía traumática. Su retina se había dañado completamente y perdió el 95% de la visión de su ojo izquierdo.

***

A un año de la agresión, recuerda el hecho desde Estados Unidos. Salió del país justamente buscando terapias, algo que la ayude a recuperar un porcentaje de su visión, ya que en Chile no existen tratamientos para el daño que tiene.

Estuvo en la UTO del Hospital del Salvador, fue a médicos especialistas en Integramédica, acudió al Programa de Reparación y Atención Integral de Salud (PRAIS) y a la Clínica IOPA, especialista en oftalmología. Sin embargo, no había nada que pudiera ayudarla en Chile.

Durante meses, siguió distintos tratamientos. Desde la medicina tradicional, con retinólogos, oftalmólogos, psicólogos, psiquiatras y terapia ocupacional; hasta medicina alternativa, como acupuntura y biomagnetismo.

-Los médicos me decían que tenía que aprender a vivir así, pero con mi familia queríamos agotar todas las instancias. Mientras existiera la posibilidad de hacer algo lo íbamos a hacer. La vista es lo más importante en mi vida, porque es mi herramienta de trabajo-, confiesa.

Nicole recuerda las primeras veces que intentó fotografiar luego del disparo. Se demoraba mucho más en conseguir imágenes que antes le costaban segundos, era difícil enfocar, todo salía borroso.

Su travesía buscando tratamientos partió en marzo. Investigó que en España, Alemania y Estados Unidos existían tratamientos experimentales realizados con células madre. También averiguó sobre trasplantes de retina que se habían realizado en estos últimos dos países. Así, Alemania y Estados Unidos se convertían en su objetivo.

Logró hablar con Amnistía Internacional de Alemania para que le ayudaran a buscar médicos especialistas. Ya tenía los pasajes para viajar, pero el vuelo fue cancelado por la pandemia. Pasaron meses donde la incertidumbre estuvo latente, hasta que le dijeron que podría viajar a fines de noviembre. A mediados de ese mes, cancelaron nuevamente el vuelo y comenzó a buscar otras opciones.

Así es como llegó a Estados Unidos. Su pareja vivía allá y su madre, quien trabaja en el área de salud, los ayudó buscando centros médicos. Hablaron con el Wills Eye Hospital, un hospital líder mundial en oftalmología.

A pesar de haber encontrado un centro médico que contara con la especialidad que necesitaba, ingresar era complejo, ya que las atenciones estaban copadas hasta marzo de 2021. Consiguió un cupo por ser un caso en el contexto sobre Derechos Humanos.

-En enero tendré todos los exámenes, pero eso no significa que tenga tratamiento. Esto es para iniciar un estudio, una evaluación. Me pidieron 2.500 dólares para el estudio, para que los expertos y científicos vean si es probable hacer algo, dice Nicole.

***

En enero de este año también se unió a la Coordinadora de Víctimas de Trauma Ocular. Los conocía por el documental que estaba realizando, pero jamás pensó que sería parte de ella.

-Jamás me vi ahí, nunca me imaginé que un día me tocaría a mí. Esta violencia siempre se escuchaba lejana, como de la dictadura. Crecí con el lema de “Para que nunca más en Chile” y no podía creer que nos estuvieran disparando, que hubiese tantas personas heridas. Era súper difícil digerir que la violencia desatada de parte de las policías se estuviera repitiendo-, explica.

Su testimonio enmudeció a la sala cuando le tocó presentar frente a una comisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Dos meses después de la agresión empezó su trabajo dentro de esta organización, en el área de justicia y reparación. Ayudó a construir un petitorio que fue entregado al Hospital del Salvador y al Ministerio de Salud, exigiendo que el Programa Integral de Reparación Ocular se cumpliera.

-Empezó la pandemia en marzo y nos cancelaron todos los controles médicos. No había ni siquiera para hacer las prótesis. Algunos fueron heridos en octubre, al inicio del estallido social, y aún no les daban una hora. Nos estaban humillando y revictimizando una y otra vez-, comenta.

Además de las fallas en el programa de reparación, el Estado chileno ha estado ausente en todos los ámbitos. Debido a los traumas oculares, muchas víctimas quedaron sin trabajo y no tenían cómo costear necesidades básicas. Comenzaron a hacer rifas para juntar dinero. Nicole dice que todas las semanas hay una rifa nueva.

El petitorio fue entregado a las autoridades en julio de este año. Como coordinadora han mantenido mesas de trabajo con la Subsecretaría del Gobierno, el Senado y el Ministerio de Salud, pero hasta ahora no han conseguido avances.

-Ha sido una pelea estar diciéndoles todo el tiempo las deficiencias, y que a estos tipos les entra por un oído y les sale por el otro, es super agotador-, relata.

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En marzo, Nicole interpuso una querella por apremios ilegítimos, apelando a crímenes de lesa humanidad junto a Carolina Cubillos, abogada de la Comisión Chilena de Derechos Humanos. Hasta ahora, no ha visto avances en la investigación.

Ambas luchan por conseguir, a lo menos, el nombre de quién le disparó. Carolina Cubillos pidió una cuenta al Ministerio Público, presionando para que Carabineros entregue la nómina de los funcionarios que se encontraban en el lugar el día de la agresión y las armas que utilizaron. Pero no ha pasado nada. A un año, aún no hay justicia.

Ha sido muy desolador porque hemos entregado toda la información que tenemos. Encontramos muchos testigos, pero la Policía de Investigaciones aún no los anexa a la carpeta investigativa. Les están pidiendo sus declaraciones a través de un documento Word, ni siquiera están trabajando en terreno (…) Lo más doloroso es que te das cuenta de que pasa el tiempo y no hay ni justicia ni reparación. El Estado sigue totalmente ausente, el abandono es gigantesco-, dice.

El caso de Nicole no es una excepción. Esta realidad ocurre con la mayoría de las víctimas de trauma ocular que han tomado acciones legales. Casos como el de Gustavo Gatica y Fabiola Campillai son parte de los pocos que han tenido avances.

Desde el Gobierno, les dicen que son ‘accidentados’. Nicole piensa que al tratarlos así no se le toma el peso a la situación y la gravedad que conlleva.

-Esto no es una lesión ni un accidente, es un crimen de lesa humanidad, un apremio ilegítimo. No puede ser que pierdas la visión por manifestarte, por haber pasado justo caminando por ese lugar, o por estar trabajando, como me pasó a mí-, agrega.

***

A un año de la agresión, a veces cree que la justicia real no existe. Nadie va a poder devolverle la vista. Su vida cambió para siempre. En su caso, los médicos le dijeron que en un par de años más su ojo puede ponerse blanco o sufrir glaucoma. Desde entonces salir a la calle es una preocupación constante por el miedo a herir su ojo derecho.

-Pienso que puedo agacharme por ejemplo y enterrarme la rama de un árbol, o que pase una micro y levante una piedrita de la calle y me llegue en el ojo. Siempre estás pensando en la ceguera. Nadie me va a devolver esa seguridad, la tranquilidad de vivir. Nunca más voy a vivir tranquila-, confiesa.

Nicole piensa que para que haya justicia, todos quienes son responsables de disparar deben estar en la cárcel. Eso sería un descanso para las víctimas de trauma ocular. También considera que la reestructuración de Carabineros es fundamental para garantizar la no repetición de crímenes de lesa humanidad.

-Es frustrante ver que se siguen violando los derechos humanos, una reparación para nosotros sería que no haya impunidad en estos casos, una reparación social, que haya un precedente de que hay justicia para que no se repita-, dice al terminar la entrevista.

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