Tres disparos en la noche: La historia del joven asesinado por un carabinero en Villarrica

Era el 20 de septiembre en la población Chile Barrio y había comenzado el toque de queda. Elvis sintió ruidos en la calle y quiso interceder en la detención de un vecino. Era lo que siempre hacía, ayudar a quiénes lo necesitaban. Su pareja salió pocos segundos después y lo encontró tendido en el piso. Falleció producto de un disparo a quemarropa, pero según testigos fueron tres los tiros percutados por Diego Tropán, un carabinero de la Séptima Comisaría de Villarrica. Hoy su familia pide que su muerte no quede en el olvido.


A las once de la noche Elvis Riffo, de 29 años, y su pareja Erica, escucharon voces afuera de su casa, parecía que alguien pedía auxilio. Estaban acostados. Él salió primero y ella se demoró mientras se calzaba unos zapatos. Fue cosa de segundos. Sintió tres  disparos y corrió desesperada a la calle.

Varios carabineros tenían reducido a un hombre y el cuerpo de Elvis yacía en la vereda.

Luego vinieron los gritos de los vecinos. Todos permanecen en el lugar, nadie corre a esconderse. Erica queda petrificada, o así lo recuerda. Sí, era Elvis. Había intentado socorrer a alguien que en ese momento era detenido.

 -¡Le dispararon hueón, le dispararon a mi compadre!-, se escucha el lamento de un amigo.

Varios de los funcionarios policiales miran sin hacer nada. Elvis está quieto con las piernas y los brazos extendidos. La sirena de una patrulla es la única luz en esa noche negra.

¿Cuánto vale la vida de un hombre? Se preguntará un vecino después.

– Les pedimos que nos ayudarán por lo menos a llevarlo a algún hospital, pero no hicieron nada. Llamamos a la ambulancia, y no llegó. Justo una vecina que tenía auto nos llevó hasta el Hospital de Villarrica, pero ya era muy tarde-, recuerda Erica frente al computador, mientras enjuga sus lágrimas con un pañuelo desechable.

Elvis era hijo de una asesora del hogar, el tercero de cinco hermanos. Llegó hasta segundo medio porque, cuando tuvo edad suficiente para trabajar, dejó todo para ayudar en su casa. Pasar de niño a la adultez fue un salto abrupto.

Hacía ‘pololos’ en la construcción, hasta que aprendió a usar maquinaria pesada. Logró ser operador de retroexcavadora en la empresa Sintec, con la llegada de la pandemia renunció.

Alex, uno de sus primos, habla de él en presente. Le decía “el luchón”, porque siempre estaba defendiendo a la gente, narra cosas con la seguridad de lo que  cree que ocurrió esa noche: Elvis murió por ayudar.

Pese a que era un año menor que él, lo defendía frente a todos. Su madre luego explicará con una anécdota de la adolescencia la forma de ser de ese hijo combativo: Si Elvis pescaba tres peces en el río cerca de su casa, uno era para la familia y dos para regalar. En otras ocasiones daba hasta su ropa a quién lo necesitara, la poca que tenía.

-El murió por defender a otro hombre, así era mi primo y vino este inhumano y lo mató a él, pero también mató a la familia-, confiesa Alex al otro lado de la línea.

La felicidad de Elvis se encontraba en esa vida simple que había logrado. Aquella mañana había barnizado un macetero, almorzó pescado y cantó paseándose por la casa. Su compañera se queda con esos recuerdos, los acuña. Hace memoria con el rostro cansado, con la mirada quieta y a ratos  toma  sorbos de agua para aclarar la voz.

Lily Carrasco (54), su madre, crió a sus hijos sola cuando su esposo murió en 1990, fue  atropellado en el camino a Lican Ray.  Confirma que Elvis fue un niño que creció de golpe y se convirtió en su apoyo, tanto así que vivía solo cuatro casas más allá en la Villa Chile Barrio, una población ubicada a tres kilómetros del centro de Villarrica.

En ese terruño creció Elvis, en medio de gente que lo conoce desde los cinco años, y que llegó desde la toma de terrenos de Laura Vicuña.

Elvis palpó la desigualdad, quizá nunca les faltó un plato de comida, pero cuando llegaron a esa casa, fue como ver un castillo.

A Lily le daba gustaba verlo “pichangueando” con los otros niños del barrio. La familia había alcanzado la tan ansiada tranquilidad.

Días antes de su muerte, la policía hizo rondas nocturnas por el barrio, no era extraño que pasaran el domingo inspeccionando que el toque de queda se cumpliera a cabalidad. Esa noche un grupo de personas estaba en un auto blanco y llegó la policía a detenerlos.

Durante el estallido social, mientras la gente se manifestaba por las calles de la villa, los carabineros llegaron varias veces a reprimirlos. Es un lugar de resistencia. Los vecinos dicen que en varias oportunidades carabineros disparó al aire para disolver la protesta, y muchas veces en esas manifestaciones había niños.

El caso de Elvis trajo el recuerdo de José Matus Matus, un joven que se fugó de la cárcel de Vilcún el 2010 y en su recaptura fue asesinado por los carabineros de la misma comisaría.

En el barrio tienen la certeza que en esa normalización de violencia, hay vidas que importan menos.

Es un sector de casas básicas, un lugar de gente humilde, de familias hacinadas y abandonadas por las autoridades. Vecinos que viven en medio de la segregación y el microtráfico.

En el parte policial dice que Diego Tropán, el carabinero de la Séptima Comisaría de Villarrica que le disparó, utilizó su arma en legítima defensa porque supuestamente la víctima se abalanzó contra él con un objeto “contundente”.

Uno de los vecinos—que prefiere mantener su nombre en reserva- comenta que todo pasó en segundos, que no hubo provocación de parte de Elvis, quien ya estaba reducido cuando recibió los disparos a quemarropa y uno lo hirió en el tórax. El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) regional, baraja la misma tesis.

La audiencia de formalización en contra de Tropán, por el delito de homicidio simple, se realizó la mañana del martes 22 de septiembre, en el Juzgado de Garantía de Villarrica, mientras vecinos y familiares despedían a Elvis en su funeral.

Jorge Calderara, el fiscal de la Unidad de Derechos Humanos, explicó que “Riffo resultó herido mortalmente, siendo su causa de muerte una herida  torácica por proyectil de arma de fuego”.

La Fiscalía solicitó las medidas cautelares de arresto domiciliario nocturno, arraigo nacional, prohibición de acercarse a la familia de la víctima y firma mensual en las dependencias de la Policía de Investigaciones de Villarrica, medidas que fueron acogidas por el juez Julio Sandoval. El plazo de investigación fijado fue de cinco meses. Es decir, Tropán sale de día y aún sigue trabajando en la institución.

“El empleo de armas letales es una medida extrema, aceptable sólo en circunstancias excepcionales que supongan un peligro inminente de muerte o lesiones graves para el Carabinero o para cualquier otra persona (…) Principio de Proporcionalidad significa que debe haber un equilibrio entre el grado de resistencia o de agresión que sufre un Carabinero y la intensidad de fuerza que se aplica para lograr que la persona se someta al control policial. Igualmente este principio conlleva que el uso de la fuerza tiene como límite que no puede infligir más daño, que aquel que se pretende evitar con su empleo”, se explica en la Circular 1832 de Carabineros de Chile, sobre el Uso de la Fuerza, firmado en marzo del 2019.

La madre de Elvis considera que las medidas cautelares son insuficientes y tiene miedo que el asesinato de su hijo quede en el olvido, como tantos otros.

En medio de la entrevista, los recuerdos parecen calmarla, a veces para, apenas puede murmurar algunas palabras.

Vuelve a las anécdotas y dice que sus amigos le decían “El Rey” por Elvis Presley y que le daba gusto que hubiera formado su hogar con Erica, esa vecina con la que siempre fueron amigos.

Elvis tenía planes, habló con un conocido de la villa y “pituteó de carpintero durante las últimas semanas. Lily lo acompañó el fin de semana, ahí le contó que el lunes tenía una entrevista de trabajo, quizá volvería a manejar maquinaria pesada y tal vez con esa plata  podía ayudar a Erica a emprender el negocio de artesanía con el que soñaba. Estaba feliz.

Luego cuenta, su versión de cómo sucedió todo.

A eso de las once de la noche, Lily escuchó ruidos en la calle, se asomó por la ventana a mirar qué estaba pasando: a un vecino le estaban pegando por el toque de queda, miró un rato y le dio miedo.  Se alejó de la ventana. Después escuchó tres disparos, nunca pensó que podía ser Elvis. Quizás eran balas al aire. Su hijo debía estar durmiendo. Pasaron un par de minutos, y los vecinos llegaron a su casa gritando.

-¡Le dispararon al Elvis, le dispararon, ya se lo llevaron!-, le avisaron.

A Elvis lo habían subido a ese auto de la vecina que partió a toda velocidad con rumbo al Hospital. Ella llegó después y se encontró con Erica. No pudieron hacer nada. Murió a las 00:10.

Sintió que no pudo despedirse.

-No quiero que sigan pasando estas cosas, la institución de Carabineros tiene que hacerse responsable por la muerte de mi hijo, y tiene que hacerse justicia, escuchen mi auxilio. Elvis no merecía morir de esa manera, ninguna persona. Necesito que mi alma descanse-, dice antes de finalizar la entrevista.

* Este medio se contactó con la Fiscalía de Temuco donde confirmaron que estableció un periodo de cinco meses para establecer si el formalizado realmente actuó en legítima defensa o si hizo un uso inapropiado de su pistola..

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