Tras vencer las elecciones, Castillo lucha para que su mandato sea reconocido en Perú

Figuras como el escritor Mario Vargas Llosa acusaron al candidato de Perú Libre de ser “una amenaza a la democracia”, sin embargo, es la derecha quien trata de buscar mecanismos para desconocer el resultado de las urnas. Hace 5 años, la victoria por la misma estrecha diferencia fue aceptada sin mayores cuestionamientos, pero el vencedor era un economista y banquero, aliado del neoliberalismo. Esta vez ganó un maestro con discurso socialista.


Este martes (15/6), tras 9 días de escrutinio, la ONPE (Oficina Nacional de Procesos Electorales del Perú) anunció que 100% de las actas de la segunda vuelta de los comicios presidenciales fueron contabilizadas, y que el resultado fue una victoria del candidato de Perú Libre, Pedro Castillo, con 8,83 millones de votos (50,12%) contra 8,79 millones (49,87%) de Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular.

Según las leyes electorales peruanas, la diferencia de poco más de 44 mil votos sería suficiente para oficializar que Castillo es el nuevo presidente electo del Perú. De hecho, esa ventaja es casi igual e incluso un poquito más amplia que los 41 mil votos que le dieron la victoria a Pedro Pablo Kuczynki sobre la misma Keiko Fujimori en la segunda vuelta de 2016.

Hace 5 años, la victoria por diferencia tan pequeña fue aceptada sin mayores cuestionamientos, pero era otro contexto, y sobre todo el vencedor era un economista y banquero, aliado del neoliberalismo. Esta vez ganó un maestro con discurso socialista, de ruptura con el modelo económico que se ha mantenido en el país durante las últimas décadas, por lo que la reacción es distinta.

Algo igual que en 2016, Keiko Fujimori ejerció su derecho de denunciar posibles fraudes en el escrutinio, pero en aquel entonces sus reclamos no impidieron la prensa peruana de declarar a Kuczynski como ganador de las elecciones, mientras se esperaba que el JNE (Jurado Nacional de Elecciones) evaluara y desestimara las acusaciones.

De esta vez, todo lo contrario, ninguno de los grandes medios de prensa se atreve a aceptar que Castillo es el ganador de los comicios, pese a que su ventaja fue mayor (no mucho mayor, pero mayor) que la de Kuczynski. Incluso con varias autoridades del país, incluyendo el mismísimo presidente Francisco Sagasti, afirmando que no hay indicios de fraude en las elecciones.

Por ejemplo, el diario El Comercio, uno de los más importantes de Lima, publicó el fin del escrutinio sin admitir que Castillo es el presidente electo. Prefirió decir que el candidato de Perú “tiene una ventaja al final del conteo de la ONPE”, y además “acusa” lo acusa de “proclamarse presidente electo”, como si no fuera eso que hacen todos los candidatos cuando su ventaja es irreversible.

Vargallosismo

Quizás el ejemplo más curioso de la reacción ante los resultados sea el del escritor Mario Vargas Llosa. Durante la campaña, el ganador del Premio Nobel de Literatura de 2010, sorprendió a muchos al anunciar su apoyo a la candidatura de Keiko Fujimori.

Tal gesto acabó con una rivalidad de 30 años, marcada por la persecución política: en 1989, Vargas Llosa fue derrotado en las urnas por Alberto Fujimori, quien tras el autogolpe de 1992 pasó a amenazar a sus opositores, incluyendo el romancista, quien tuvo que huir a España.

Ante lo que llamó de “amenaza de que el Perú se convierta en Venezuela”, el Premio Nobel decidió olvidar el autoritarismo al que él mismo fue sometido y prefirió apoyar a la candidata de la derecha. Incluso su hijo, el opinólogo Álvaro Vargas Llosa, conocido articulista de medios de derecha y crítico del fujimorismo al igual que su padre, llegó a participar del acto de cierre de campaña de Keiko en Lima.

Además, en 2016, cuando apoyó a Pedro Pablo Kuczynski (quien a la postre renunció a su cargo dos años tras la asunción, luego de descubrirse su participación en hechos de corrupción), Vargas Llosa argumentó que había que confiar en la democracia y en el sistema electoral peruano, y acreditar la victoria de su candidato contra “la hija de uno de los peores dictadores de la historia del Perú”.

En este 2021, la retórica vargallosiana es muy distinta, no solo por haber apoyado a esa “hija de uno de los peores dictadores de la historia del Perú”, sino porque, al ver que su candidata no ganó, ya no cree que el sistema electoral peruano es tan bueno. De hecho, defiende que el JNE “debe intervenir en este caso, es la máxima autoridad para determinar si hubo fraude”.

Quizás por eso el expresidente boliviano Evo Morales afirmó que Mario Vargas Llosa es “el gran perdedor de la elección que definió la presidencia para el hermano Pedro Castillo”, en tuit publicado hace pocos días.

Presión a la justicia electoral

De todas formas, según la prensa peruana, el proceso de evaluación de las denuncias de Keiko Fujimori por parte del JNE puede tardar hasta tres semanas. Mientras tanto, el fujimorismo y otros grupos de derecha convocan marchas con el intuito de presionar el Poder Judicial para que emita un fallo favorable a su candidata.

La candidata de la derecha, sin embargo, aseguró que respetará la resolución del JNE caso su denuncia sea desestimada, y prometió que no llevará su reclamo a instancias internacionales.

Por su parte, el partido Perú Libre rechazó las acusaciones fujimoristas, a través de un tuit en que asegura que su sector “jamás recurrió al fraude electoral, por el contrario, siempre fue víctima de este, y pese a todo supimos enfrentar y vencer”.

Si nada cambia en esas próximas semanas y los resultados son confirmados por el JNE, Pedro Castillo debe asumir la Presidencia del Perú el próximo día 28 de julio.

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