Tironi y sus torpedos fallidos

Resulta tan inconsistente la columna de Tironi del 24 de noviembre, en El Mercurio, donde se explaya de manera peculiar sobre el proyecto de la diputada Camila Vallejos que plantea la necesidad de que sea la próxima Convención Constituyente la que genere sus principios y reglas de funcionamiento.


Hay una divertidísima (y también patética) escena de la película Abril, que dirige y protagoniza Nani Moretti. En ella, mientras la televisión transmite un debate político, en el que Silvio Berlusconi luce tan desfachatado como impasible Massimo D´Alema, el personaje de Moretti –muchacho de buen corazón que simpatiza con las causas progresistas-  se desespera ante la situación y termina gritando frente al televisor; “D´Alema, di algo de izquierda, por favor¡ ¡Di algo de izquierda¡”. Ya resignado, agrega: “¡Por lo menos di algo cívico ¡”.

D´Alema fue por años el “delfín” de Enrico Berlinguer, legendario Secretario general del Partido Comunista italiano que publicó, desde marzo de 1974, una serie de artículos titulados “Reflexiones sobre Italia después de los sucesos de Chile”.  Su tesis es conocida; para realizar grandes transformaciones se necesitan grandes mayorías. Lo que para un niño de inteligencia normal resulta evidente no lo era para adultos y políticos profesionales de aquel entonces.

El Partido comunista de Chile, junto con el presidente Allende y otros sectores de izquierda, sostuvo durante el gobierno de la Unidad popular –con notoria debilidad política y conceptual- la necesidad  de contener a los sectores más radicalizados de la izquierda. La lógica inherente de tal planteamiento era que, pese a todas sus limitaciones e injusticias, la democracia existente hasta 1973 era preferible a cualquier salto al vacío.

Los debates políticos que he citado son perfectamente conocidos por Eugenio Tironi. Por lo menos eso se desprende de la lectura de libros como El liberalismo real (1986) o Los silencios de la revolución. (1988).  

En virtud de lo anterior es que resulta tan inconsistente su columna del 24 de noviembre, en El Mercurio, donde se explaya de manera peculiar sobre el proyecto de la diputada Camila Vallejos que plantea la necesidad de que sea la próxima convención constituyente la que genere sus principios y reglas de funcionamiento. Dice Tironi: “El exocet de Camila estuvo destinado a puntualizar que los comunistas no están dispuestos a soportar la arquitectura de acomodos y contrapesos (y su inevitable surco de derrotas) en que se basa toda democracia”. 

Si la interpretación histórica se basa en hechos es justo esclarecer que, por lo menos en Chile, fue Carlos Cáceres –ministro del interior de Pinochet que negoció con la concertación las casi inocuas reformas constitucionales de 1989- quién propuso reponer el voto censitario, como miembro del Consejo de Estado que aprobó el proyecto constitucional de 1980.

De la misma manera, Jaime Guzmán y el gremialismo,  alegaron de manera pública en contra del sufragio universal. Ambos personajes –bueno es recordarlo- no se limitaron a elaborar cabriolas técnico jurídicas sino que actuaron con tenacidad y coherencia para materializar sus convicciones. Bastaría citar al respecto la proscripción civil de don Clodomiro Almeyda, a través del conocido artículo octavo.

En Chile, los misiles a la democracia han provenido de sectores bien distintos a los que Tironi cree apuntar.

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