Tiempos de cambios, lo llaman algunxs, yo prefiero llamarlos de ruptura y transformación

Los cambios siempre han venido a apagar incendios, a entregar bonos, a entregar créditos y a mantener el modelo con sutiles adaptaciones a la evolución cultural. Combate, luchas y rupturas permanentes, esos son los tiempos de ahora, porque las movilizaciones populares y las luchas sociales continuas convergen en un mismo fin, buscando imponer un nuevo “orden” y desestabilizar al modelo neoliberal.


Ilustración @catabaeme.enpapel

Nos encontramos inmersxs en un ambiente de tensión, tensión constante con los movimientos sociales, instalada desde hace mucho por este y los anteriores gobiernos. Tensión que aumentó desde la revuelta de octubre y pasó de ser una tensión para instalarse claramente como una forma de relacionarse de este gobierno con el pueblo. 

En esta relación, la violación sistemática de los derechos humanos por parte de las fuerzas policiales del estado dejó más de 30 personas muertas y cientos de personas baleadas y/o mutiladas – que no debemos olvidar.

Hemos vivido – yo desde lejos y muchxs en primera persona –, de manera más latente las desigualdades políticas, sociales, culturales y, sobre todo, económicas, que nos han acompañado desde que este país le fue arrebatado a su pueblo y desde mucho antes, con el colonialismo en base al cual este país fue fundado.

Lo que como pueblo hemos visto claramente es la necesidad de una transformación, una transformación profunda que necesitamos y merecemos después de 209 años desde la primera junta de gobierno, 202 años de la declaración de Independencia y 176 años de reconocimiento de nuestra “independencia”.

Todos estos procesos, fueron dominados por una oligarquía altamente clasista, machista, racista y LGBTIQ+fóbica. Una dominación que todos estos años nos ha hecho naturalizar todas las desigualdades que instalaron en nuestro país, llevando a muchos sectores a abandonar las luchas sociales y a utilizar el clientelismo como encubridor de un modelo extremadamente abusivo.

Modelo, que creó una ilusión sobre la realidad de este país y que maquilló un oasis con alto crecimiento económico, conduciéndonos a validar todo por el bienestar material.

Tiempos de cambios, lo llaman algunxs, yo prefiero llamarlos de ruptura y transformación. Los cambios siempre han venido a apagar incendios, a entregar bonos, a entregar créditos y a mantener el modelo con sutiles adaptaciones a la evolución cultural.

Combate, luchas y rupturas permanentes, esos son los tiempos de ahora, porque las movilizaciones populares y las luchas sociales continuas convergen en un mismo fin, buscando imponer un nuevo “orden” y desestabilizar al modelo neoliberal.

Caminar en busca de transformaciones, en estos tiempos, es orientar la lucha política y social buscando la conquista de justicia social y real democracia, que no alcanzaremos sin antes eliminar el legado de Pinochet, que no es representativo de nuestro pueblo y que jamás podrá proporcionar, igualdad y justicia social.

Sin que antes deje de imperar la impunidad, que exista una real democracia y participación popular en los procesos y eso encarne un pacto social donde todas, todos y todes nos sintamos igualmente parte de este pueblo sin exclusiones de ningún tipo.

Sin duda que la cancha que se nos presenta no es lo que como pueblo nos merecemos, las reglas del juego se pusieron un 15 de noviembre y fue lo que nos entregó una pequeña esperanza. Ahora toca actuar y organizarnos, porque los mismos de siempre vendrán con su mejor arsenal para conservar sus privilegios y perjudicar a los mismos de siempre.

No hay mejor diagnóstico sobre lo que pasa y sobre lo que se necesita, que el que cada chileno, chilena y chilene puede hacer desde su propia realidad. Este diagnóstico y análisis de la actual situación requiere que converjan las ideas de todo el pueblo, que exista pluralidad y con ello una oposición robusta dispuesta a comprender que las viejas prácticas y el Chile de los acuerdos quedó en el siglo pasado.

Hoy como pueblo no solo debemos soñar, son tiempos de pensar y materializar un nuevo Chile y que se termine por siempre, como decía Gladys, la negra noche de la dictadura.

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