Sin lentejuelas: La vida de las transformistas en medio de la pandemia

La catástrofe ocurrida en materia de empleos en Chile afectó de manera transversal a todos los sectores, especialmente al rubro del espectáculo. Las llamadas “reinas de la vida nocturna”, las transformistas, fueron unas de las más perjudicadas. Precarizadas desde siempre, tuvieron que organizar ayuda para sus compañeras y buscar nuevas formas de expresar su arte y generar recursos. Estas son sus historias.


Ignacia Oxmans aparece en la puerta de su casa envuelta en una bata gris oscuro y con una sonrisa pícara en la cara. Tiene el rostro deslavado y comienza su relato mientras camina por el departamento en Recoleta. Busca entre su maquillaje la paleta de sombras favorita. Dice que lleva seis meses en proceso de transición, lo que describe como una verdadera “montaña rusa de emociones”.

Esta lista para realizar una transmisión en vivo por Instagram, prende su aro de luz. Siente nostalgia por las luces y los aplausos.

– Extraño hacer shows de noche, ahora volvemos a hacerlos pero es muy distinto realizarlos a la luz del día, ni siquiera dan ganas de tomar algún copete. Extraño compartir con mis compañeras, que van a volver más veleidosas que nunca. La verdad han sido momentos complicados, en un momento se acabó la plata que tenía ahorrada y ahí dije, ya ¿qué voy hacer?-, comenta.

La crisis producida por el COVID-19 ha terminado con miles de empleos, este fenómeno ha afectado sobre todo a las personas que se desempeñan en locales nocturnos, hombres y mujeres que no han podido trabajar de forma normal desde la implementación del toque de queda. Las transformistas se han visto en la obligación de reducir sus espectáculos al espacio digital y últimamente en algunas terrazas.

Este es el caso de Ignacia, quien lleva ocho años dedicándose al transformismo. Prepara su ropa y se maquilla nuevamente para presentar el espectáculo. Esta vez en la terraza del Infierno Divas.

Los espacios para realizar presentaciones con público son relativamente nuevos en el contexto de la pandemia, la mayoría de las transformistas se ha dedicado a realizar transmisiones en vivo desde las redes sociales donde hacen humor, bailan, interactúan con el público, hacen concursos o instalan especies de café-concert digital para pedir aportes a sus seguidores.

Mientras Ignacia desliza el pincel por los contornos de su rostro, la miran sus fieles seguidores a través de Instagram.

Logra mantener a sus fans entretenidos, maquillarse y responder todas las preguntas. Relata que hay transformistas que no pudieron adaptarse a este formato por no tener la tecnología o conexión a internet. No pudieron realizar su oficio durante todos estos meses de pandemia.

A fines de febrero, cuando el virus aún se percibía como un problema de países remotos, reconoce con pesar que no le tomó el peso al impacto de la pandemia.

Ahora, cuando la crisis ya caló hondo en su realidad, reclama que el gobierno tampoco se ha preocupado de las personas que trabajan de noche. Las discotheques no van a abrir todavía y con una nueva ola de contagios, la vuelta a la normalidad se ve muy lejana.

-En un momento estaba quedando la cagá en China y en Europa, nosotras ´hueviávamos´ con el tema en los shows, pero pasaron dos semanas y quedamos todas sin pega. Incluso algunas de mis compañeras tuvieron que vender sus cosas para tener algo de plata-, cuenta.

***

En una jornada normal una transformista prepara por horas su vestuario, peluca, maquillaje y repasa el show para entrar a su hábitat natural: el escenario.

Allí lucen sus talentos para un público mayoritariamente disidente, el que celebra con euforia. Históricamente estas musas nocturnas se congregan en locales como el Bar Dionisio o Fausto discotheque, donde en una buena noche podían llegar entre 300 y 400 personas.

Vanessa Karelli conoce esos lugares desde hace doce años, así lo relata en una entrevista a través de Zoom. Lleva el rostro deslavado y enciende un cigarrillo mientras conversa.

Dice que a pesar de su larga trayectoria no contaba con ningún tipo de resguardo laboral frente a la crisis. En sus palabras devela la nostalgia de los aplausos, las luces, el contacto y cercanía con el público.

Tanto Vanessa como Ignacia representan al segmento de transformistas que tiene su espectáculo como principal fuente de ingresos, trabajo que no es fácil de establecer y mantener en el tiempo. Ambas confirman que en Santiago se paga muy poco a los transformistas, de hecho, para lograr un monto favorable, dentro de la semana realizaban al menos cinco presentaciones, podían hacer dos y tres  en la misma noche pasando por distintos locales.

En consecuencia, al no contar con un lugar estable para trabajar, cada semana Ignacia emprendía al menos dos viajes a otras regiones para asegurarse “dos monedas semanales”.

Para ellas, los primeros meses de la pandemia fueron los más dramáticos.

-Pasé de ganar mi plata durante la semana y el fin de semana, cuando viajaba a la Serena para trabajar en Arcángel, a no ganar nada y estar viviendo de los ahorros que uno tiene-, lamenta.

Vanessa dice que en estos espacios disidentes es extraño que se hagan contratos laborales, lo que tiene como consecuencia la precarización de su oficio. Por lo tanto, no pagan cotizaciones y les es más difícil acceder a beneficios gubernamentales. Rodeada en una nube de humo de cigarro, comenta  con pesar que si bien se han hecho esfuerzos para ayudar a las compañeras sin trabajo, se debe seguir intentando ayudar principalmente a las transformistas que se presentan en circos.

-Ellas pertenecen a un segmento del transformismo que esta super dejado de lado, ¿cachái? Trabajan todo el año casi siempre en bingos y esas cosas, no tienen el resguardo de una discotheque, que es un poco más estable- , dice.

***

Ángela Sullivan, se peina con las manos el pelo liso y rosado. Está lista para unirse a una transmisión en vivo, como es costumbre cinco días a la semana.

Con 22 años de trayectoria en los escenarios conoce muy de cerca lo que significa subsistir solamente del transformismo y los pocos resguardos que existen para las personas que se dedican a este arte.

Ángela recuerda con melancolía la época dorada de su juventud, tiempos donde se pudo dedicar por completo a su pasión y relata la primera vez que se vistió del género opuesto para entretener.

-Debuté en un cumpleaños, era una simple ´colita´ sin nada en una fiesta cerca de Conchalí.  Fui escondida a hacer un show para los vecinos que estaban de cumpleaños. Corté una cortina de baño floreada en dos partes, una me la puse como vestido y la otra en el pelo, como Celia Cruz-, recuerda entre risas.

Ángela también cuenta que con el tiempo tuvo que tomar la decisión de pensar en su futuro por sobre sus pasiones.

-He pasado por la mierda, por todos lados, ya viví la experiencia de estar como transformista al 100%, pero hay que pensar en lo que me espera más adelante-, dice respecto a la falta de estabilidad económica en el rubro.

Luego de considerar sus posibilidades, de ver que la plata se iba acabando, se decidió a trabajar de día en locales de comida rápida.

-Del transformismo yo siempre he sacado plata para mí, igual aportaba un poquito a mi casa, pero tuve que pensar que no siempre iba a poder ser transformista, que es un oficio exigente y caro. Ahora estoy trabajando en la cadena KFC que me está dando harto, puedo apoyar a la casa y darme gustos que yo antes no podía-, confiesa. 

Ante la desprotección de las artistas nocturnas, se organizaron y surgió el sentimiento de solidaridad que abunda en los espacios marginados. Durante los primeros meses de la pandemia, Ignacia Oxmans decidió recolectar dinero a través de transmisiones en vivo junto a Fernanda Newman para ayudar a sus compañeras que no corrían con la misma suerte. Gracias a esta iniciativa, también lograron repartir cajas con mercadería al personal operativo de los locales que estaban en su misma situación. El evento se llamó “La ayudatón” pudieron asistir a los garzones del Dionisio, al circo de transformista Show Fama y a otras compañeras que estaban realizando eventos de beneficios.

También en mayo de este año se reunieron todos los canales de entretenimiento LGBTQIA para crear una instancia inédita, la primera “Teledragton” del país. El evento tuvo una transmisión ininterrumpida de “27 horas de amor” donde hicieron diversos segmentos interactivos. Se pretendía reunir la suma de un millón ochocientos para ir en ayuda de 18 compañeras afectadas por la pandemia. Lograron reunir doce millones. El fondo llegó a más 120 transformistas.

La maratónica transmisión fue conducida por Maureen Junott. Ella recuerda con emoción los resultados y comenta con orgullo que sólo durmió entre tres y cuatro horas.

Dentro de la escena nacional del transformismo abundan personajes icónicos, pero en este espectro pocas se pueden comparar a Maureen. Oriunda de Melipilla, emigró a Santiago para generar una carrera que ya tiene más de treinta años.

En la entrevista se ve al hombre tras su personaje. Habla con un tono de voz un poco más profundo, pero con el mismo desplante característico de la anfitriona del Fausto. También muestra nostalgia por los escenarios.

Maureen confiesa que aún no supera la jornada histórica que vivió junto a sus compañeras transmitiendo durante 27 horas.

-Era la primera vez que se hacía esto, entonces había que hacerlo con prudencia, porque no sabíamos si íbamos a generar un interés en el público. Me di cuenta de que somos muchas más de las que pensábamos y que estuviéramos todas unidas fue una cosa inédita-, recuerda.

Comenta que afortunadamente posee una carrera de día, se dedica al diseño de vestuario y es maquillador profesional, antes de la pandemia se encontraba colaborando con compañías de teatro y producciones audiovisuales. También ha tenido papeles de actriz , su aparición más reciente en la pantalla grande fue en la escena inicial de la adaptación de la novela Tengo miedo torero de Pedro Lemebel.

Desde su hogar en la comuna de Providencia, cuenta que ha tenido extremo cuidado respecto al Covid, lleva un aislamiento estricto desde que llegó el virus al país. Hace varios años es uno de los principales rostros de Fausto Discotheque, el más antiguo bar gay de Chile, donde a diferencia de sus compañeras posee un contrato estable. 

Siente preocupación por el futuro de los transformistas, sabe que la ayuda ha sido escasa, que hay discriminación.

 -Los crímenes de odio están súper presentes en nuestros días, no se ha logrado erradicar la discriminación y hay que tener la conciencia de quienes nos han oprimido históricamente. Hay conservadurismo y se le ha dado la espalda a nuestra comunidad-, dice.

***

A medida que las restricciones sanitarias se van aflojando, se abre el espacio a que más de estas artistas de la performance puedan volver a montar sus espectáculos, todo esto mientras se respete el distanciamiento social. Pero les preocupa la nueva ola de contagio.

En cualquiera de los casos, Angela, Vanessa, Ignacia y Maureen continuarán realizando lives en sus cuentas de Instagram, donde también están actualizando constantemente  la información de los locales dónde se presentarán.

Ignacia se pega delicadamente un par de pestañas postizas para su look. Es un ritual al que está acostumbrada. Comenta que en sus ocho años de ser anfitriona en locales nunca le han propuesto un contrato de trabajo.

-Harto han dicho los dueños de discotheque sobre que se le ofrece esto a las transformistas, pero nunca me hicieron contrato, ni boletas, nada-, dice tajantemente y suspira mientras pasa un lápiz delineador por sus labios.

Se despide de los espectadores en su live de Instagram. Se pone una peluca castaña y se va para presentar un show en Infierno Divas, un local nuevo en Bellavista.

Confiesa que le gustaría ver a alguna sus compañeras participando de la Convención Constitucional, para que representaran a una comunidad invisible frente a las autoridades.

– La discriminación nunca ha parado, dicen que estamos más abiertos, pero al ´colita´ le siguen gritando “maricón” en la calle, yo salgo de mujer, porque soy mujer y la gente te grita huevadas, es algo de siempre. Las transformistas somos un tabú, somos miradas como prostitutas y drogadictas, nos menosprecian. Sería bastante bueno que en el proceso se eligiera a una travesti o una lesbiana, sueño con alguien que nos pueda representar-, agrega antes de despedirse.

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