“Se insinúa que yo habría enviado a mi hijo a quemar la iglesia”: Madre tarotista de Darío Chacón acusa “caza de brujas” en Ancud

Julita Velásquez explica que desde la detención del estudiante en enero de 2020 y la publicación de antecedentes familiares personales, “comenzó un juicio moral y amenazas a través de las redes sociales de una manera terrible”. Un hostigamiento que ella relaciona directamente con su oficio de tarotista y que se ha traducido también en otros simbólicos amedrentamientos en su propio hogar.


La noche del 16 de septiembre pasado Natalia Chacón (19) tomó su teléfono y llamó al Plan Cuadrante de Carabineros de Ancud. Un hombre había ingresado a su casa. Su madre se encontraba donde una vecina en ese momento y la joven temía por su seguridad. Razones tenía.

Al llegar al domicilio ubicado en la calle San Carlos, los funcionarios de la 1era Comisaría se encontraron con este adulto al que nadie en esa familia conocía. Como quedó plasmado en el parte denuncia ingresado a Fiscalía tras su detención por el delito de “violación de morada”, el sujeto ”no entregó motivos por los cuales se encontraba en el interior de ese inmueble”. En conversación con La voz de los que sobran, aseguró que aquella noche iba camino a su casa en estado de ebriedad durante el toque de queda, por lo que al ver a un grupo de Carabineros decidió esquivarlos escondiéndose en ese domicilio.     

Sin embargo, para Natalia y Julita, su madre, este hecho vino a aumentar al extremo la inseguridad que como familia estaban experimentando desde hacía meses, exactamente desde el 22 de enero de ese año. Aquel día, Darío, hijo de Julita y hermano de Natalia, había sido detenido y acusado nada menos que de quemar la Iglesia San Francisco de Ancud, declarada Monumento Histórico Nacional. De ahí en adelante, denuncian que una “caza de brujas” se ciñó sobre su familia. 

La detención

Darío Chacón Velásquez (25), estudiante de Informática y músico autodidacta, fue detenido pasadas las 6 de la mañana en las cercanías de la Iglesia San Francisco, donde a esa hora tenía lugar un incendio que la consumía por completo y en el cual resultó lesionado en uno de sus brazos el párroco al intentar apagar el fuego y rescatar algunos enseres.

Darío junto a su hermana Natalia

La acusación del Ministerio Público contra Chacón, a quien sindican como único autor del siniestro, se sustenta principalmente en el relato de un testigo que al igual que el joven vive en la calle San Carlos, arteria que cruza con Errázuriz, donde se ubica la iglesia. A partir de esta declaración se instala la tesis de que la persona que este vecino vio minutos antes sacando una bolsa de basura desde la reja de su casa -lo que quedó registrado en una cámara de seguridad de la casa de enfrente de dicho testigo-, habría sido Darío, quien luego apareció a torso desnudo en las cercanías del recinto religioso mientras este se quemaba.

En momentos en que Chacón era interrogado en un cuartel de la PDI, funcionarios de esta institución llegaron sin una orden judicial hasta la casa del joven, quien vive con su madre y su hermana, llevándose entre otras cosas la ropa que supuestamente vestía Darío cuando fue visto por este testigo. 

Por otra parte, este mismo vecino fue quien alertó a un funcionario de Carabineros que custodiaba el sector durante el siniestro, de la presencia de Chacón, quien observaba lo que ocurría a torso desnudo. De acuerdo a la declaración judicial del policía, este le realizó entonces un control de identidad al joven, constató que olía a alcohol -debido a que había estado horas antes bebiendo junto a unos amigos en su casa-, lo trasladó a una comisaría porque “no portaba ningún documento que acreditará su identificación”, según se lee en el parte denuncia, y lo entregó luego a la Policía de Investigaciones para un interrogatorio.

En su declaración ante la PDI, el carabinero agregó que al revisarle las vestimentas a Darío encontró en uno de sus bolsillos “un encendedor de color verde, una caja de fósforos y una tarjeta del Banco Estado Cuenta RUT”. Consultados los amigos del joven sobre esto por la policía civil, señalaron que mientras estuvieron con él Chacón no portaba ni fósforos ni un encendedor, debiendo pedir a uno de sus invitados fuego para encender cigarrillos.

Cerca del lugar donde se produjo el incendio fue hallada la polera que supuestamente habría andado vistiendo Darío. Esta, junto con toda la ropa incautada al joven (pantalón, zapatillas, calcetines, chaqueta y cortaviento) fue periciada por el Laboratorio de Criminalística Regional de la PDI, al igual que sus manos. El análisis arrojó que “se obtuvo resultado POSITIVO solamente en el pantalón, para hidrocarburos aromáticos (bencénicos y alifáticos ramificados) pertenecientes al grupo de los acelerantes de la combustión (sic)”. El resto, incluidas sus manos, arrojaron negativo.

A Julita Velásquez le fue permitido sentarse al lado de su hijo durante la formalización. “Le tomé las manos para ver si había olor a humo, o si tenía algo quemado -tenía el pelo relativamente largo- y no había nada. No tenía una pestaña quemada; le miré las zapatillas… Una persona que genera un incendio de esa magnitud, mínimo que tenga algo quemado, u olor a humo por último… y no había nada de eso”, enfatiza la mujer.  

Por su parte, en su declaración ante la PDI Chacón sostuvo que tras oír bocinazos cerca de su domicilio mientras dormía, salió a observar qué ocurría, percatándose de que emanaba humo desde la Iglesia San Francisco, ubicada a una cuadra y media de su hogar, por lo que fue a mirar.

El fiscal a cargo del caso, Javier Calisto, está pidiendo 10 años y un día de cárcel para Darío. “El tema patrimonial para nosotros es relevante, y siendo un lugar de culto estamos aludiendo a agravantes de responsabilidad”, declaró recientemente a la prensa el persecutor. “Estamos peleando contra un poder que es tremendo, como la Iglesia; uno de los querellantes es el Obispado de Ancud”, apunta en ese sentido la madre del acusado.   

El “juicio moral” y los medios de comunicación

Este 22 de enero Darío Chacón cumplió un año privado de libertad en el Centro de Detención Preventiva (CDP) de Ancud, sin la realización de un juicio oral, cuya preparación fue reagendada el pasado 21 de enero para el próximo martes 23 de febrero, retrasándose con ello en un mes más. Es decir, hasta ahora no ha sido declarado inocente ni culpable. Sin embargo, su madre califica lo ocurrido como un “proceso horrible” desde el mismo momento en que su hijo fue detenido, difundiéndose profusamente por la prensa local, especialmente por el medio La Opinión de Chiloé, el rostro y nombre completo del joven, así como antecedentes familiares y hasta clínicos de Chacón, como un informe del Servicio Médico Legal.

A los comentarios sobre un supuesto consumo de drogas por parte de la madre o de una crianza irresponsable, se sumaron otros de más grueso calibre. “Ahí comenzó el juicio moral y las amenazas a través de las redes sociales de una manera terrible. Es un juicio tremendamente irracional. Decían ‘quemémoslo vivo’, ‘linchémoslo en la plaza pública’. No había ni siquiera un juicio y ya era culpable; hubo incluso amenazas de quemar mi casa. Mis amigas me tuvieron que sacar de mi domicilio y estuve alojando varios días afuera”, relata Julita.

Como es posible observar en notas del aludido medio, no solo se entregó a la ciudadanía información de Darío y su madre, sino que también se deslizó a través de titulares la idea de que Chacón había “simulado” problemas de salud mental, esto luego de que un informe del Servicio Médico Legal señalara que no se justificaba su permanencia en la Unidad Psiquiátrica del Hospital de Puerto Montt, donde estuvo entre enero y abril de 2020. Sin ir más lejos, el periódico calificó abiertamente de “farsa” los argumentos esgrimidos por su defensa. “Darío tenía antecedentes de una depresión anterior, problemas de salud mental, había pasado por hartas crisis”, detalla su madre.

“Bruja”

Sin perjuicio de lo anterior, para Julita Velásquez el hostigamiento en contra de ella y su familia ha estado atravesado inevitablemente por un particular antecedente: su calidad de tarotista, de “bruja”. Un factor demasiado relevante para una comunidad como la chilota, con iglesias que son veneradas religiosa y patrimonialmente, y donde además se ha creado todo un imaginario colectivo en torno a la llamada Recta Provincia, organización de “brujos” perseguida como asociación ilícita a fines del siglo XIX por el Estado y finalmente desarticulada, tras un proceso en donde se acusó la utilización de torturas. “Yo siento que acá hay una lucha entre la iglesia y la cultura más profunda, la de nuestros ancestros, la gente que vivía acá”, explica Julita.

“Yo soy tarotista. Entonces, lo que se insinúa es que yo habría enviado a mi hijo a quemar la iglesia. Se plantea todo esto y comienza esta ‘caza de brujas’. Fueron unos tres meses de acoso constante a través de redes sociales”, narra Velásquez. La mujer advierte que al menos en dos oportunidades personas con el rostro cubierto ingresaron a su hogar, intimidándolas a ella y a Natalia, quien tiene una hija de tan solo 3 años. Frente a este complejo panorama, la decisión fue visibilizar ante sus vecinos lo que les estaba pasando con el objetivo de estar un poco más resguardadas. “No dormíamos nada. Teníamos casi que estar en tono de vigilia”, apunta.

Pero eso no fue todo. “En el exterior de mi casa empezaron a aparecer cosas ‘extrañas’, por ejemplo excremento, una bola de pelos, que son amenazas para una que es ‘bruja’, son lenguajes que nosotras manejamos. Para leer el tarot yo trabajo con el naipe español, que es el que ocupan las gitanas, y un día apareció la carta que me representa, la Reina de Copas, y varias otras marcadas con una letra x”, relata Velásquez.

Belén Lizama conoce hace muchos años a Darío y su familia. Estudia Pedagogía en Historia en Temuco y ahí decidió movilizarse con sus compañeros de la organización anticarcelaria “Solidaridad como arma” para comenzar a ayudar en el caso de Chacón. “Hay una presión pública porque se trata de una iglesia, y para la cultura chilota -de la cual yo me desmarco- es como muy importante el patrimonio de la iglesia. Es una pena que se haya quemado, pero eso no justifica que haya una persona humana, una familia, sufriendo solamente por la presión social”, sostiene. “Cualquier persona activa socialmente puede observar el hostigamiento que ha sufrido Julita, primero de forma virtual, nombrándola muchas veces a ella, hasta más que a Darío, culpándola por la quema de la iglesia. Y bueno, a Darío lo tildan de enfermo mental”, destaca. Fue frente a este escenario que Belén decidió viajar hasta Ancud para ver a la madre de Darío. “La vi totalmente quebrada, como desesperada”, cuenta.  

Algo en lo que coincide Andrea Covacevich, amiga de Julita Velásquez y quien comparte con ella el oficio del tarot, además de desempeñarse como terapeuta en Psicología Transpersonal y Medicina Naturopática. “A Julita la han perseguido de todas las formas posibles: mediáticamente, en el pueblo y también la fueron a amedrentar a la casa. Lo ha pasado pésimo, se enfermó gravemente, tuvo consecuencias graves por esta persecución. Le han tirado cosas a su casa, en la noche han aparecido hombres amedrentándola. Se dio el vuelco como para decir ‘como es hijo de bruja, la iglesia era simbólica’”, reflexiona.

“No sé cómo transmitirte el dolor de una madre y de un ser humano que es maltratado, hostigado, amenazado, perseguido y con su hijo acusado injustamente. Ella está deshecha”, añade Andrea. “No es solo Darío el que está privado de libertad; somos todos nosotros también”, concluye Julita Velásquez.

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