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Opinión

San Ramón merece más que Aguilera o la derecha

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Los hechos son categóricos: abundan los relatos de agresión y hostigamiento a funcionarios y dirigentes opositores al alcalde y de vínculos entre algunos funcionarios y delincuentes; existe una querella por parte del Consejo de Defensa del Estado contra Miguel Ángel Aguilera por eventual fraude al fisco; la destitución de un concejal del PS por corrupción; entre otros. 

Hoy es más importante que nunca distinguir entre la realidad de miles vecinos y vecinas de la comuna de San Ramón, que con su esfuerzo cotidiano sacan adelante nuestro país, y la decadente gestión municipal con el alcalde Miguel Ángel Aguilera a la cabeza. 

Tampoco se puede confundir a funcionarios municipales honrados, que intentan con escasos recursos tratar de mejorar la realidad de los vecinos y las vecinas, con quienes han creado una red de poder que ha sido amiga del clientelismo asistencial y que, como va quedando más en evidencia con el correr del tiempo, tiende puentes con delincuentes.

Los hechos son categóricos: abundan los relatos de agresión y hostigamiento a funcionarios y dirigentes opositores al alcalde y de vínculos entre algunos funcionarios y delincuentes; existe una querella por parte del Consejo de Defensa del Estado contra Miguel Ángel Aguilera por eventual fraude al fisco; la destitución de un concejal del PS por corrupción; entre otros. 

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La mala gestión municipal, la poca transparencia en el uso de los recursos y el clientelismo  no es algo propio de la actual administración, sino que responde a una forma de hacer política desarrollada por los partidos políticos tradicionales que han tenido presencia en la municipalidad, pero que se ha exacerbado con Aguilera.

Es de conocimiento público que el alcance de la red del alcalde es importante. Posee contactos estrechos con ex candidatos y con concejales actuales de otros partidos en San Ramón, también con dirigentes políticos de otras comunas, además de la continuidad de su influencia al interior del PS, lo que ayuda a explicar su supervivencia política en un escenario tan desfavorable

Así es como durante mucho tiempo casi la totalidad del concejo municipal hizo la vista gorda, por lo que recién a casi 1 año de la destitución de Zapata y a 3 años de que se hicieran públicas estas denuncias, se consiguieron las firmas para pedir la destitución de Aguilera. Valoramos el ejercicio de este deber político, pero es importante aclarar que muy difícilmente esta acción, dado los plazos, permita la destitución del alcalde antes de las elecciones municipales.

Con esto la preocupación no es sólo la posible reelección de Aguilera, sino que también el hecho de que asuma una persona de su cercanía o de quienes han recurrido a prácticas que han llevado a la comuna hasta este punto. 

Por otro lado, nos inquieta que la única alternativa al alcalde y sus redes sea una persona de derecha. Chile, luego del estallido social demanda ideas diferentes y una cara carismática no puede esconder el hecho de que los militantes de Chile Vamos rinden cuentas al peor gobierno de nuestra historia y que desean perpetuar el neoliberalismo a cualquier precio, manteniendo el alto costo de la vida, las desigualdades y la ausencia de derechos sociales que este modelo genera.

Como Convergencia Social deseamos contribuir en la emergencia de un proyecto alternativo, con todas las actorías decentes y transformadoras que estén convencidas de que otro San Ramón es posible. Como Frente Amplio consideramos que por casos como el de Aguilera, el foco no es hablar de unidad vacía como oposición, se requieren mínimos programáticos y candidaturas éticas, que le pongan freno a la corrupción, al clientelismo y que sea capaz de sentar las bases para una política de desarrollo local distinta, para que el día de mañana hablar de San Ramón sea hablar de una comuna que salió adelante.

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Opinión

“Desigualdades que matan” y el impuesto a los “súper ricos”

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El reciente lunes 17 de enero se publicó el informe “Desigualdades que matan” de OXFAM, una fundación de organizaciones no gubernamentales de ayuda contra el hambre. En el reporte destacan cifras y datos impactantes respecto a la brecha de desigualdad durante estos casi dos años de pandemia de Covid-19, y se realiza una crítica a lo que califican como “violencia económica”, en la que -como advierten- se “beneficia a los más ricos y poderosos”.

El 11 de marzo de 2020, hace casi dos años, se declaraba como una pandemia a la emergencia global por contagios por Covid-19, con esto se daba inicio a un periodo de grandes cambios en el estilo de vida de la humanidad: desde la implementación del uso de mascarillas de manera cotidiana, del lavado de manos, uso permanente alcohol gel, hasta viajes y traslados limitados o la prohibición de estos. 

Junto con esto comenzó una serie de ajustes en el mercado laboral, desde el teletrabajo y la automatización, regulaciones y restricciones debido al aforo permitido, hasta la flexibilización laboral, reducción de salarios y despidos. 

Por otra parte, la pandemia dejaba en evidencia la crisis que se asomaba en la salud pública, con falta de implementos como camas críticas o de personal de salud, de limpieza, y la incapacidad para responder ante emergencias de tal magnitud. Algo que después de una relativa vuelta a la “normalidad”, se vió reflejado en despidos de amplios sectores que habían puesto su tiempo y expuesto sus vidas para colaborar ante tal crisis, aun con jornadas extenuantes y condiciones laborales muchas veces precarias. 

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Se estima que a la fecha la pandemia ha cobrado más de 5.5 millones de vidas.

VIOLENCIA ECONÓMICA

Según el mencionado informe de OXFAM, “esto nunca ha sido fruto del azar, sino el resultado de decisiones deliberadas: la ‘violencia económica’”. Con lo anterior la ONG se refiere a que “las decisiones políticas a nivel estructural están diseñadas para favorecer a los más ricos y poderosos, lo que perjudica de una manera directa al conjunto de la población y, especialmente, a las personas en mayor situación de pobreza, las mujeres y las niñas, y las personas racializadas”.

Y es que las contradicciones sociales se han vuelto mucho más evidentes con la pandemia; de esa misma manera se deja en evidencia que el sistema político, económico y social está previsto para proteger a las grandes fortunas del mundo, y con el objetivo de aumentarlas.

De hecho, cabe recordar que las principales fortunas del país, bajo la administración del Presidente Sebastián Piñera y en plena pandemia, aumentaron sus ganancias. Mientras el sistema de salud colapsaba, o mientras la mayoría de la población tuvo que recurrir a ayudas estatales como el IFE, el Seguro de Cesantía, o a nuestros fondos de pensiones (que mayormente se usaron para el pago de deudas, alimentación y recursos básicos). Mientras, además, vivíamos momentos de mucha inestabilidad laboral e incertidumbre producto de despidos y flexibilización laboral.

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Asimismo, el informe advierte que “los diez hombres más ricos del mundo han duplicado sus fortunas (…), mientras que los ingresos del 99% de la humanidad se habrían deteriorado a causa de la COVID-19”.

Según Forbes, al 30 de noviembre de 2021 la riqueza de los diez hombres más ricos del mundo se había incrementado en 821.000 millones de dólares desde marzo de 2020. Según la lista, los diez hombres más ricos son (de izquierda a derecha y desde arriba en la imagen): Warren Buffett, Mark Zuckerberg, Bill Gates, Elon Musk, Jeff Bezos, Steve Ballmer, Larry Ellison, Bernard Arnault, Sergey Brin y Larry Page. 

Por otra parte, el informe afirma que “según se estima, más de 160 millones de personas han caído en la pobreza”. Otro dato expresa la aplastante desigualdad, donde desde el inicio de la pandemia “se suma un nuevo milmillonario cada 26 horas”. Esto, mientras que -según se agrega- “la riqueza de una pequeña élite de 2.755 milmillonarios ha crecido más durante la pandemia de COVID-19 que en los últimos 14 años, que ya había sido una época de bonanza económica para ellos”.

Instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y Crédit Suisse, así como el Foro Económico Mundial, “han estimado que la pandemia ha provocado un aumento de las desigualdades dentro de los países en todo el mundo”. Mientras, en  forma paralela, “como mínimo 73 países se enfrentan a posibles medidas de austeridad respaldadas por el FMI, lo que puede agravar las desigualdades entre países, así como todas las formas de desigualdad a nivel interno”. 

Dentro de las consecuencias que tienen las medidas de austeridad, los derechos de las mujeres y la brecha de género, son de las más golpeadas, atrasando los avances en torno a estos temas. De hecho, el mismo informe advierte que se “ha retrasado el camino para cerrar la brecha de género toda una generación, ya que ahora se tardarán 135 años frente a los 99 años antes de la pandemia”.

UNA VACUNACIÓN DESIGUAL

Otro aspecto importante que se desgrana del informe “Las desigualdades matan” es el valor de la vida y la salud en contexto de pandemia, puesto que el Covid-19 y su rápida expansión hizo patente la crisis de la salud pública y privada, no solo en términos de recursos técnicos/tecnológicos y humanos, sino también en términos de quienes tienen más derechos o acceso a salud. 

En este sentido el informe aclara, por ejemplo, que “la desigualdad de ingresos resulta más determinante que la edad a la hora de estimar si alguien perderá la vida a causa de la Covid-19”.

Por esta misma razón se explica, por ejemplo, que los países blancos/occidentales tienen mayor acceso a procesos de vacunación que África, India o países de Latinoamérica. 

“Estas milagrosas vacunas que tanta esperanza daban a la humanidad, han estado desde el primer día reservadas al servicio del beneficio privado y del monopolio. En lugar de vacunar a miles de millones de personas en países de renta media y baja, hemos creado milmillonarios a costa de estas vacunas, mientras las grandes farmacéuticas deciden quién vive y quién muere”, advierte el informe, que además considera que se ha creado un “apartheid de las vacunas”, lo que se ve expresado en que se ha cobrado “innecesariamente las vidas de millones de personas en países con acceso limitado a las vacunas”.

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Foto: Minsal

Todo esto impacta en las brechas existentes y el crecimiento de las desigualdades entre naciones, donde los países ricos aumentan sus vacunaciones y vuelven a una relativa “normalidad”, permitiendo a los ricos, de casi cualquier país, el poder de aguantar la crisis económica profundizada por el Covid-19.

LA MUERTE, UN ELEMENTO INTRÍNSECO DEL CAPITALISMO

“Que las personas en situación de pobreza, las mujeres y las niñas, y las personas racializadas se vean afectadas y mueran de manera desproporcionada en comparación con las personas ricas y privilegiadas, no es un error fortuito en el modelo actual de capitalismo, sino un elemento intrínseco de este sistema”, advierte Oxfam.

Y es que mirado desde afuera, por así decir en tercera persona, la relación del capitalismo con la humanidad ha sido en desmedro del avance social y está focalizado en la acumulación de riquezas, a costa de la vida humana. Evidencia de esto es en gran medida lo mostrado por el informe de OXFAM, que actualiza datos en relación a la desigualdad profundizada por la pandemia. Sin embargo, previo a la pandemia ya podemos ver que la desigualdad era parte del sistema. Un ejemplo de esto es que “desde 1995, el 1% más rico ha acaparado cerca de 20 veces más riqueza global que la mitad más pobre de la humanidad”, como apunta la ONG. De esta misma manera, “conjuntamente, 252 hombres poseen más riqueza que los mil millones de mujeres y niñas de África, América Latina y el Caribe”.

Esta misma lógica la podemos trasladar a distintos ámbitos de la vida, por ejemplo, en la emisión de gases contaminantes, en relación directa con el cambio climático. En el informe se presenta como ejemplo, señalándose que “se estima que el promedio de las emisiones individuales de 20 de los milmillionarios más ricos es 8.000 veces superior a la de cualquier persona de entre los mil millones más pobres”.

IMPUESTO A LOS SUPER RICOS

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Otra aspecto interesante del citado informe es que no solo nos entrega un panorama actual de la desigualdad, sino que además propone algunas medidas ante este escenario.

La primera es “reintegrar la riqueza extrema en la economía real para abordar las desigualdades”. Con esto se refiere a que los gobiernos se pongan en campaña para aplicar gravámenes o impuestos extraordinarios a las grandes fortunas y sus ganancias durante la pandemia. “Por ejemplo, un impuesto excepcional del 99% sobre las ganancias acumuladas durante la pandemia por los diez hombres más ricos del mundo, permitiría recaudar 812.000 millones de dólares”, apunta OXFAM.

Otra de las medidas propuestas es la de “reorientar la riqueza para salvar vidas e invertir en nuestro futuro”, haciendo una exigencia a los gobiernos para que “el legado de la pandemia debe ser unos servicios públicos de salud universales y de calidad financiados con dinero público, para que nadie tenga que volver a pagar de su bolsillo por acceder a estos servicios”. Y lo mismo se sugiere en otros temas de relevancia pública, como medidas para acortar la brecha de género, abordar el cambio climático y la contaminación, entre otras.

Finalmente, el documento propone “cambiar las reglas y las dinámicas de poder en la economía y la sociedad”, lo que implicaría “la eliminación de leyes sexistas, incluidas aquellas que hacen que casi 3.000 millones de mujeres no puedan acceder por ley a las mismas opciones laborales que los hombres. Esto incluye también la derogación de las leyes que socavan los derechos de sindicalización y huelga de los trabajadores y trabajadoras”. 

Para tener en consideración, el informe propone un impuesto progresivo y extraordinario solo considerando las riquezas producidas en plena pandemia. “Un impuesto del 99% sobre los ingresos extraordinarios que los 10 hombres más ricos han obtenido durante la pandemia de COVID-19, podría movilizar dinero suficiente para fabricar suficientes vacunas para toda la población mundial y cubrir el déficit de financiación de las medidas climáticas, financiar unos servicios de salud y protección social universales, y apoyar los esfuerzos para abordar la violencia de género en más de 80 países. Y aun así, estos hombres seguirían teniendo 8.000 millones de dólares más que antes de la pandemia”, concluye al respecto OXFAM. 

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Opinión

Santos Discépolo. Gritos de actualidad

Discépolo sentencia el fin del progreso y su olimpo. Si bien, bajo el peronismo se baila tango en los salones y en los Estadios, de aquí en adelante -más allá del fetiche cultural- el género será difícilmente tolerado como una expresión genuina de compadritos, de malevos….al estilo del guapo Cruz Medina –valiente y servicial-. Lamentable llego la hora de estetizar los desgarbos arrabaleros del 20’. Presenciamos el fin del periodo “aurático”, fundacional y orillero.

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a la ralea neoliberal

al horrible desasosiego.

Una prosa de Sergio Pujol, “Discépolo: una biografía argentina” (1997), abre una penetrante intuición cuando nos recuerda la “crisis de creatividad” en la obra del dramaturgo argentino bajo los “años dorados” del Peronismo (1946-1955). Si bien ya intuíamos tal hito desde los textos pioneros de Emilio de Ipola, nos referimos a la condición peronofila del hijo de Santos, la idea aún no nos terminaba de seducir. Según ambos autores, el “filosofo del tango”, habría padecido una “crisis experimental” que se puede atribuir al monumentalismo estético del primer peronismo –al cual suscribió sin miramiento de pasiones. No debemos olvidar que Discépolo comprometió una activa participación con Juan Domingo Perón bajo la sátira radial “mordisquito”.

Su entusiasta intervención radial contra el conservadurismo argentino fue desenfadada y le trajo un alto costo dentro de la comunidad tanguera. En plena “década infame” (1930-1943) la “oligarquía carnera” había convenido un envilecido acuerdo con Inglaterra, el famoso pacto Roca-Runciman que data del año 1933 fue el telón de fondo de letras tan existenciales como melodramáticas. Muchas de ellas cargadas de una prosa tremendista y otras desde un catolicismo desesperanzado ante las modernizaciones y los cismas teológicos. Tras esta debacle social (años 30’) la Argentina se asumía como un enclave de la “piratería inglesa” y ello pavimentó el camino a una crisis moral donde el poeta presagió –y supo nombrar- la condición fatídica de los tiempos.

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Por analogía con lo que es un yacimiento cuprífero, y socialmente por la ausencia de mujeres en los años 20 en la Argentina, Discépolo se refiere a este trágico episodio desde una metáfora masculinizante, propia del baile de compadritos, “se nos fue la mina”. A su manera, cual moralista decepcionado, el autor de Cambalache se inscribía como un pensador que presagiaba la decadencia moral de occidente, a la manera en que Oswald Spengler lo había retratado años antes. Como conclusión de lo anterior, la razón moderna se había suicidado.

Una vez que tuvo lugar el “aluvión” de la institución tanguera, que se prolonga desde 1940 hasta 1955, donde las orquestas típicas y las industrias sellaron un pacto nacional-popular con el gobierno de Perón, la “maquinaria” peronista materializa un programa de difusión radial del género. El tango como fenómeno de masas se hace parte de la industria cultural bajo un celebrado cancionero popular. Ello se traduce, entre otras cosas, en la rica filmografía argentina, donde prolifera una amalgama de actores y personajes del tango como Hugo del Carril, Ángel Vargas, Aníbal Troilo, Tita Merello, Raúl Berón y la propia compañera de Discépolo: Tania, motivo soterrado del tango Martirio. Sin lugar a dudas, esta suerte de pacto nacional-popular viene a representar un tiempo glorificante, pero sin advertir que se avecinaba un tránsito que dejaba atrás el origen desarraigado, homo-gay, y contestatario del género.

La consolidación de la industria cultural (¡Gardel for export¡) lesionaba irremediablemente la condición “marginal” del género a comienzos del siglo XX. Me refiero a un contexto que destaca por la inmigración de “tanos” refugiados en prostíbulos; tanos y compadritos que lloran por el drama de la inmigración. El tango como una lengua del desarraigo y una clave crítica de los contratos modernizantes. Bajo la “década infame” (y el naufragio de la Argentina en los años 30’ que Discépolo lo describía como la perdida de “la mina” en alusión al yacimiento) destaca la queja contra la patronal heredada del canto-protesta de Agustín Magaldi y sus reclamos. De ahí en más, la industria del tango está vinculada a la masificación de orquestas típicas.

En virtud de este proceso de “canonización”, Discépolo escribe en los “años dorados del peronismo” una de sus últimas obras póstumas, Cafetín de Buenos Aires (1948). Aquí el poeta del tango explota fundamentalmente el expediente de la nostalgia. Quizás Cafetín representa una inflexión respecto de los más notables registros existenciales de Santos Discépolo. No debemos olvidar que fue el mismo poeta que mediante frases memorables al estilo del tango ¿Qué vachache? (1925), sentenció la irreversible debacle moral de occidente. Crisis de fe, mito y teología.

En su célebre Cambalache (1934) recusaba los vicios inexcusables del programa moderno; “El mundo fue y será una porquería ya lo sé, en el 510 y en el 2000 también…”. En el tango Tormenta sentencia, “yo siento que mi fe se tambalea que la gente mala vive ¡Dios¡ mejor que yo, si la vida es el infierno y el ‘honrao’ vive entre lágrimas ¿cuál es el bien? (1939)”. Aquí Discépolo plasma el más exuberante dramatismo religioso. Un grito desgarrador al igual que Job en el Antiguo Testamento. 

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El autor se siente estafado por ser “uomo bono” y por seguir las enseñanzas de la fe; mirando cómo a su alrededor los “malos” viven mejor que él. Este tango, como todos los de Discépolo, posee una infinita actualidad. Volvamos a otro verso del mismo: “…Si la vida es el infierno/ ¿Cuál es el bien…del que lucha en nombre tuyo, / Limpio, puro?… ¿para qué?. Si hoy la infamia da el sendero / Y el amor mata en tu nombre, ¡Dios!, lo que has besao… / El seguirte es dar ventaja y el amarte sucumbir al mal”. ¡Qué duda cabe¡  lo más prolijo de la poética Discepoleana está concentrada en aquella Argentina de la “década infame” (Gobiernos dictatoriales de Uriburu y Justo). De un lado, tenemos el tango burlón (Chorra, Victoria, Justo el 31), y de otro, el “sublime” drama existencial frente a la modernidad, “…de llorar la biblia frente a un calefón”.

Toda esta expresión está reflejada en letras de bronce como Desencuentro, Yira-Yira, Martirio, Confesión, Canción Desesperada y Desencanto. Todo indica que la producción tanguera más fecunda del autor se ubicaría en el periodo 1925-1939. En este periodo el autor de Cambalache se nos presenta como un moralista decepcionado que declara desahuciado el proyecto moderno -merced a los vicios de los años 30’- el progreso no es posible.  En la suite de tangófilos la década del 30’ marca el fin del periodo más prolijo de aquello que Osvaldo Pugliese definió como un folklor de la plata.

De ser “cierta” la tesis inicial, la crisis de creatividad debería explicarse por el proceso de institucionalización que experimenta el tango en el primer peronismo. Idea abierta por De Ipola y ratificada bajo otro expediente por Pujol. Por ello cabría ir más allá de una apropiación “kish” de un conocido refrán tanguero, cual es “el tango es un pensamiento triste que se baila”.

Cabe agregar que se trata de “una metafísica que se baila” en el lenguaje de Ernesto Sabato. Dicho sea de paso, se baila entre hombres: el “guapo Rivera” del célebre tiempos viejos, era un malevo y también un reconocido bisexual camuflado en el argot de la crónica tanguera. El Tango después del tiempo establece una virilización heterosexual. En cualquier aproximación antropológica habría que escudriñar en la condición sexual del tango. Sin perjuicio de lo último, deberíamos reinterpretar esta máxima y enfrentarnos a otra interrogante fundamental, ¿cómo es posible que un pensamiento triste se baile en medio de una institucionalización carnavalesca? ¡Bailar los dolores de la inmigración¡ ¡bailar en esta tierra negra¡ Esa es, quizás, la intuición discepoleana más primordial; la fatídica relación entre masificación estival (tecnificación) y una pesadumbre que atraviesa a los tiempos modernos. Ese es el recoveco más genuino que debemos subrayar, la desdicha existencial, la desesperanza que se cierne sobre el porvenir. La acritud que recae tras la modernización de las palabras y las cosas.

Discépolo sentencia el fin del progreso y su olimpo. Si bien, bajo el peronismo se baila tango en los salones y en los Estadios, de aquí en adelante -más allá del fetiche cultural- el género será difícilmente tolerado como una expresión genuina de compadritos, de malevos….al estilo del guapo Cruz Medina –valiente y servicial-. Lamentable llego la hora de estetizar los desgarbos arrabaleros del 20’. Presenciamos el fin del periodo “aurático”, fundacional y orillero. No cabe duda que la progresión dramática de Santos Discépolo está relacionada con la década infame (1930-1943). Hay múltiples indicios que nos indican que la escenificación de la orquesta típica es el comienzo del fin y el inicio de vanguardias y ciclos de experimentación de incierta contribución.

Por último, cuando evocamos el sentido universal de su célebre “Cambalache” (1934) y recordamos su densidad pesimista, existe aquí un diagnóstico desolador que anticipa los traumas del pequeño siglo XX. Para Discepolin no fue necesario esperar Auwchitz y su “racional irracionalidad”, la guerra civil española, el conflicto chino-japonés, la burocracia estalinista, “los bolches y los juicios de Moscú del año 1936”. El nefasto corolario de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, los campos de concentración desde Guantánamo a Villa Grimaldi.

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El desbande de la razón, el mismo que desde otra perspectiva había denunciado la escuela de Frankurt, se deja ver en una serie de creaciones donde el dramaturgo en la segunda década del siglo XX subraya la vigencia de la sociedad de las águilas (totalitarismo de izquierda y de derechas). El existencialismo de sus letras nos permite presagiar la debacle del proyecto moderno en los años jóvenes del siglo XX. Por estos días, donde la enfurecida acumulación de capital envilece al lenguaje, donde se resquebrajan los últimos sustantivos, no está demás recordar el Cambalache que gobierna nuestro infinito presentismo.

Trizano. Temuco.

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Opinión

Que el derecho a la vivienda sea norma constitucional

El proceso Constituyente abre una posibilidad única para abordar el problema habitacional y de planificación urbana dentro de un marco normativo que otorgue especial relevancia a los derechos fundamentales, en este caso, al derecho a la vivienda y la ciudad.

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Para un alto porcentaje de la población residente en Chile la vivienda es un derecho inalcanzable; especialmente para las mujeres populares que tienen empleos precarios, sin contrato laboral o trabajan dentro del hogar con escasas posibilidades de ahorro.

En la actualidad, Chile está en una crisis profunda de vivienda. Según la Cámara Chilena de la Construcción, el déficit habitacional alcanza las 739.603 viviendas. A estas cifras, es importante sumar el alza en el número de campamentos, que es parte de las consecuencias de la crisis sanitaria y económica producto de la pandemia de Covid-19. El catastro nacional de campamentos 2020-2021 elaborado por Techo-Chile y la Fundación Vivienda, indica la existencia de 969 campamentos en el país, en los que habitan más de 80 mil familias. Esto corresponde a un 73,5% de aumento en el número de familias que habitan los asentamientos informales, en comparación con el catastro del MINVU del 2019.

Existen diversos aspectos que hacen aún más compleja la solución a un problema que se debe resolver con una mirada que va más allá de la mera construcción de unidades habitacionales. La calidad y localización de las viviendas, las características de segregación de los barrios, y el acceso a bienes y servicios de calidad, son algunas de las discusiones que se dan hoy en diversos espacios que problematizan el quehacer sobre la vivienda, ciudad y territorio. La política pública de orientación neoliberal implementada durante los últimos 40 años en el país, debe reformularse ante el nuevo escenario político nacional e incluso global, con un cambio climático que afecta la convivencia y sus relaciones.

Sucesivos gobiernos han intentado dar solución al tema que guía estas líneas, lamentablemente sin éxito hasta la fecha. Al contrario, la pandemia y las consecuentes restricciones sanitarias de aislamiento y confinamiento expusieron y aumentaron las brechas sociales, una de ellas, la desigualdad provocada por una escasa planificación urbana. Durante años, la solución ha estado centrada en la reducción del déficit habitacional a través de la entrega de viviendas, con escasez de disponibilidad de terrenos fiscales que permita el adecuado desarrollo de proyectos de vida para los sectores populares.

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La insuficiente calidad de las viviendas, su localización periférica o en barrios segregados, la falta de áreas verdes y su preocupante aislamiento de servicios básicos como educación, salud y transporte de calidad, son síntomas de la ausencia de planificación urbana y de un efectivo derecho a la ciudad.

En ese sentido, el proceso Constituyente abre una posibilidad única para abordar el problema habitacional y de planificación urbana dentro de un marco normativo que otorgue especial relevancia a los derechos fundamentales, en este caso, al derecho a la vivienda y la ciudad. Esto permitirá avanzar sustantivamente en los desafíos de desarrollo que tenemos como país y otorgar mayores facultades a la nueva administración que asume en marzo 2022.

Por estas razones, adquiere vital importancia la presentación de la iniciativa popular de norma constitucional 41.126 “Pobladoras y pobladores por el derecho a la vivienda digna”. Esta iniciativa es producto de la articulación y trabajo colectivo de un grupo de convencionales, en conjunto con los movimientos sociales y profesionales especialistas del área, que reivindican el derecho a la vivienda y ciudad.

Las ideas fuerza que guían esta propuesta sobre el Derecho a la Vivienda plantean nudos críticos a discutir en la convención. En primer lugar, la propuesta aborda el rol fundamental del Estado en la planificación y construcción de la ciudad, y en el aseguramiento progresivo del acceso universal de la población a vivienda y hábitat de calidad. Además, la iniciativa aborda la función social y ecológica de la propiedad del suelo, abriendo la discusión sobre un tema profundo y vital para el desarrollo de una adecuada política pública, que permita construir viviendas y ciudades priorizando los fines públicos y sociales en el uso, ocupación y transformación del suelo urbano.

Con el fin de abordar el problema de la aparente escasez de suelo bien localizado para la construcción de viviendas sociales, la iniciativa propone la creación de un banco de suelos públicos, una tarea pendiente que hoy se ha instalado con fuerza en la discusión académica y en la agenda pública. Por último, la propuesta destaca, como eje central, la producción social del hábitat, que permita reconocer el rol de las comunidades en la producción de la ciudad y garantizar la participación popular en los procesos de planificación y construcción democrática, y con perspectiva de género, de un hábitat digno para todas y todos.

Hoy existe amplio y transversal consenso respecto de la deuda que tenemos como país respecto de estas problemáticas. Por lo anterior, las organizaciones sociales y quienes trabajamos en temáticas de vivienda y ciudad valoramos el aporte al debate que instala esta iniciativa popular de norma. Esta propuesta, ingresada a la convención desde diversas organizaciones y posicionamientos políticos, debiera abrir el camino que nos guie a generar puentes, espacios de dialogo y que nos oriente a un nuevo pacto urbano que reconozca el protagonismo popular (el mismo que por estos días canaliza apoyos desde mesas instaladas en diversos lugares de las ciudades de nuestro país) como motor de estas transformaciones para nuestra nación, para nuestro país.

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